Molchat Doma: intensidad, frialdad y comunión total Entre luces frías y cuerpos en trance, la oscuridad también bailó Miércoles, 12 de Noviembre de 2025 Martes 11 de noviembre de 2025 - Basel Galería de imágenes AQUÍ. Desde su aparición a mediados de la década pasada, Molchat Doma se ha convertido en uno de los nombres más intrigantes del panorama alternativo global. Originarios de Minsk, Bielorrusia, el trío formado por Egor Shkutko, Roman Komogortsev y Pavel Kozlov logró trascender el idioma y las fronteras gracias a un sonido que combina lo mejor del post-punk soviético, la cold wave y la electrónica minimalista. Su estética sombría, cargada de nostalgia industrial, se mezcla con letras que retratan el desencanto y la alienación de la vida moderna. Aunque comenzaron como un fenómeno de culto, su música se expandió con fuerza a través de internet, especialmente luego del éxito viral de ‘Sudno (Boris Ryzhyi)’, una canción que capturó a toda una generación en busca de melancolía bailable. Con discos como “S krysh nashikh domov” (2017), “Etazhi” (2018) y “Monument” (2020), el grupo consolidó su identidad: sintetizadores fríos, bajos punzantes y una voz monocorde que suena tan distante como emocional. En 2024 lanzaron “Belaya Polosa”, su álbum más refinado hasta la fecha, donde las influencias de Depeche Mode y el synthpop de los ochenta se sienten más presentes, sin perder su esencia minimalista. Fue justamente bajo esa nueva etapa que Molchat Doma regresó a Chile por tercera vez, presentándose el pasado 11 de noviembre en Basel Venue, ante un público fiel y expectante. El ambiente era intenso desde temprano: entre luces tenues y un aire cargado de ansiedad, la noche comenzó con la intro que marcó el inicio de un viaje sonoro hipnótico. Sin embargo, la apertura se vio empañada por un problema que afectaría buena parte del arranque: el sonido. Durante los primeros minutos, la voz de Egor Shkutko quedó casi sepultada bajo los sintetizadores, y por momentos la mezcla se volvió confusa, especialmente en ‘Kolesom’, donde el público intentaba seguir el ritmo pese a los desajustes. Con ‘Ty Zhe Ne Znaesh Kto Ya’ la energía empezó a nivelarse, y la banda encontró su pulso. Molchat Doma no necesita palabras para conectar; su lenguaje es corporal, repetitivo y casi ritual. Con ‘III’ y ‘Doma Molchat’, esa tensión fría y mecánica se transformó en una ola que envolvió a todos los presentes, mientras los haces de luz —único elemento visual del show— acompañaban el ritmo con precisión minimalista. El sonido finalmente se estabilizó y el concierto tomó vuelo. ‘Ne Vdvoem’ y ‘Obrechen’ trajeron la oscuridad melódica que define su estilo, seguidas por ‘Belaya Polosa’, el tema que da nombre a su nuevo álbum, más melódico y cercano al pop electrónico. En ‘Chernye Tsvety’ y ‘Son’, la voz profunda de Shkutko se fundió con un bajo demoledor que hizo vibrar el recinto, mientras ‘Volny’ y ‘Lyudi Nadoeli’ llevaron al público a un trance colectivo, entre la quietud emocional y el movimiento casi involuntario. En ‘Ya Tak Ustal’ y ‘Discoteque’ la atmósfera se volvió más bailable, sin perder la oscuridad que los caracteriza. ‘Na Dne’ y ‘Beznadezhnyy Waltz’ cerraron el cuerpo principal del show con un tono introspectivo, casi fúnebre, que parecía una despedida silenciosa. El regreso al escenario fue recibido con una ovación ensordecedora. El encore comenzó con ‘Kletka’, una descarga de ritmo y tensión que encendió nuevamente la pista, seguida por ‘Toska’, donde la voz y los sintetizadores alcanzaron uno de los momentos más intensos de la noche. Luego, ‘Tancevat’ transformó el Basel en una pista de baile post-soviética, con luces estroboscópicas y cuerpos moviéndose en sincronía. El cierre, inevitable y esperado, fue ‘Sudno (Boris Ryzhyi)’: el himno melancólico que unió a todos los presentes en un coro que sonó tan triste como hermoso. Sin grandes discursos, sin visuales, sin artificios, Molchat Doma ofreció un show directo, frío y emocional. Hubo fallas de sonido que empañaron parte del comienzo, sí, pero la energía y la entrega del trío compensaron con creces cualquier problema técnico. Lo suyo es una experiencia sensorial: un viaje donde la oscuridad se baila, y la tristeza encuentra su ritmo. Puede que no haya sido su mejor concierto en Chile, pero fue un recordatorio poderoso de por qué su propuesta sigue creciendo en todo el mundo: porque Molchat Doma logra lo que pocos hacen hoy —convertir el desencanto en arte, y la melancolía en movimiento. Matias Arteaga S. Fotos: Hernán Urtubia Tags #Molchat Doma #2025 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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