The Chemical Brothers: Cuando el ritmo deja de sonar y empieza a respirarse La noche en que el pulso electrónico volvió a latir en Chile Sábado, 14 de Febrero de 2026 Viernes 13 de febrero, 2026 Espacio Riesco, Santiago Galería de imágenes AQUÍ Desde que aparecieron en los noventa, The Chemical Brothers entendieron algo que muchos artistas electrónicos tardaron años en descubrir: la pista no es solo un lugar para bailar, es un espacio para compartir energía. Por eso su regreso a Chile después de más de una década no se sentía como una fecha más, sino como el retorno de un pulso conocido, de ese tipo de música que no se escucha solamente con los oídos, sino con el cuerpo entero. El DJ set en Espacio Riesco confirmó que su esencia no depende del formato. No había robots ni la arquitectura visual de sus shows más monumentales, pero bastó el mensaje “Hold Tight” en pantalla para que el ambiente se comprimiera en expectativa. El arranque llegó con ‘Go’, que funcionó como encendido inmediato del recinto, una especie de señal de que la noche no iba a construirse desde la nostalgia, sino desde el movimiento. El groove continuó asentándose con ‘Do It Again’, donde el ritmo empezó a entrar en la piel y la multitud comenzó a sincronizarse sin necesidad de instrucciones. A partir de ahí, el set empezó a tomar forma narrativa. ‘Through Me’ introdujo una textura más profunda, casi introspectiva, mientras ‘All Of A Sudden’ sostuvo la tensión con un pulso continuo que parecía estirar el tiempo. El viaje se volvió más oscuro con ‘Electronic Battle Weapon 8’, donde la crudeza rítmica empujó la pista hacia un terreno más industrial, y ese clima se expandió aún más con ‘Ghosts’, aportando una capa moderna y envolvente que demostró que el dúo no vive de su legado, sino que sigue dialogando con el presente. El primer gran estallido emocional llegó cuando apareció ‘Hey Boy Hey Girl’. No hizo falta que entrara completa; bastó el guiño del ritmo para que la reacción fuese inmediata, casi reflejo condicionado. En ese instante la pista dejó de ser un conjunto de individuos y se transformó en un solo organismo vibrando en la misma frecuencia. El set aprovechó esa energía para endurecer su textura con ‘Saturate’ y luego con ‘Reflexion’, donde los graves comenzaron a presionar con más fuerza y el trance se volvió colectivo, casi físico. Lejos de bajar la intensidad, ‘Free Yourself’ empujó aún más el movimiento, recordando que incluso en formato cabina el dúo piensa en grande. ‘No Geography’ mantuvo ese impulso, con una claridad de mezcla que permitía que cada capa respirara sin perder potencia. Para entonces, la sensación no era la de estar escuchando canciones, sino la de estar atravesando estados emocionales distintos, todos guiados por la misma arquitectura rítmica. Uno de los momentos más finos de la noche llegó con la manera en que se insinuó ‘Star Guitar’. No irrumpió como un golpe frontal, sino que fue apareciendo lentamente, infiltrándose entre loops y texturas hasta desplegarse completa. Cuando finalmente lo hizo, la energía cambió: menos euforia explosiva, más trance compartido, ese instante en que la pista no salta, sino que flota. El set se permitió entonces un giro inesperado con la mezcla de ‘The Salmon Dance’ y ‘Swoon’, donde lo lúdico y lo oscuro convivieron con naturalidad, demostrando que su narrativa musical siempre deja espacio para el contraste. En esa misma línea apareció ‘Ring the Alarm’, donde la voz flotante y las capas sintéticas reforzaron la sensación de estar dentro de una maquinaria rítmica en constante expansión. Ya en el tramo final, la tensión acumulada durante toda la noche encontró su liberación natural con ‘Galvanize’. Más que un cierre, se sintió como la síntesis de todo lo vivido: groove, identidad, comunidad y ese tipo de energía que convierte un recinto en un solo pulso colectivo. Espacio Riesco dejó de ser un lugar y se transformó en un estado compartido, una comunión rítmica que recordaba por qué el dúo sigue siendo referencia absoluta en la electrónica mundial. Lo que dejó esta visita no fue la sensación de haber visto una versión reducida de The Chemical Brothers, sino la confirmación de que su poder nunca estuvo en el espectáculo visual ni en la escala del show. Siempre estuvo en el ritmo, en su manera de construir tensión, en esa capacidad casi quirúrgica de leer la pista y convertir la música en experiencia física. Porque cuando encuentran el pulso correcto, su música deja de ser sonido. Se vuelve un idioma común. Matías Arteaga S. Fotos: Nico Molina Tags #The Chemical Brothers Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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