David Bowie: Nunca me decepciones La historia de un álbum resistido Viernes, 19 de Enero de 2018 (Publicado originalmente en revista #Rockaxis177, enero de 2018) El álbum "Never Let Me Down" de 1987 y la gira correspondiente, Glass Spider Tour, son considerados como los momentos más bajos de la carrera de David Bowie. ¿Fue tan así? EPÍLOGO. 28 DE NOVIEMBRE DE 1987. GLASS SPIDER TOUR cierra en Auckland, Nueva Zelanda, y el ánimo no puede ser peor. La gira comercialmente más exitosa en la carrera de David Bowie hasta esa fecha, es un tormento para el músico y su equipo. Ha recorrido durante ocho meses Europa, Norteamérica y Oceanía, incluyendo países donde toca por primera vez como España e Italia. Hay noches en que el guitarrista Carlos Alomar sale en rescate de la dañada voz de la estrella. El carácter del cantante se ha vuelto agrio. Culpa al resto de las malas críticas que rondan al tour acusándolo de pretencioso. Curiosamente Bowie esta en la cúspide de su fama a nivel planetario. Ese mismo año protagoniza junto a Tina Turner un spot para Pepsi con 'Modern Love' de fondo, con la letra impúdicamente alterada para fines comerciales. La gaseosa auspicia la gira que arranca el 17 de marzo en Toronto. Al cierre se registran ganancias por 86 millones de dólares mientras las cifras de asistencia registran 3 millones de espectadores. Una gigantesca araña de 18 metros de alto y 360 toneladas transportada en 43 camiones por tres continentes, es la estructura central de un montaje alambicado y conceptual diseñado por Chip Monck, el hombre tras los escenarios de Woodstock y las giras más salvajes de The Rolling Stones a comienzos de los 70. Para The Boston Globe, en crónica del 18 de septiembre de 1987, “el espectáculo es el experimento de rock más progresivo del verano, fusionando música, teatro, danza y cine en un provocativo bombardeo de 2 horas y media”. En Europa las reseñas son diametralmente opuestas y describen un número confuso donde el astro intenta resumir sus intereses visuales y musicales sin cuajar. Las críticas del Viejo Continente hacen particular mella en el ánimo del astro. Uno de los flancos apuntados por la prensa son las largas intervenciones solistas de Alomar y Peter Frampton en guitarra, reclutado por la amistad que le une desde niño con Bowie. Noche a noche son unas interminables batallas de solos largos y tediosos. La monumental puesta en escena de Bowie será la antesala de Steel Wheels/Urban Jungle tour, la gira que The Rolling Stones emprenderá dos años más tarde, formato exclusivo de estadios que U2 pondrá en práctica a partir de 1991. El músico de Brixton una vez más se ha adelantado. En las cercanías del aeropuerto de Auckland, según la versión de David Bowie, cogieron la infame araña y la quemaron. “Sencillamente la colocamos en un terreno y le prendimos fuego ¡Fue una liberación!”. Bonita historia pero no fue así. Peter Grumley, un tour manager con carrete desde los 70 y amigo de quienes trabajaron en esa gira de Bowie, compró como chatarra la estructura y la almacenó en Auckland. Cree que invirtió más de lo que ha podido recuperar. Hasta 2016 aún le quedaban un par de escaleras de aluminio de 4 metros de largo. EL ORIGEN DE ESE TOUR ESTÁ EN EL ÁLBUM "NEVER LET ME DOWN" que Bowie grabó en Montreux, Suiza, donde residía. La idea era trabajar un material más directo y focalizado en formato banda de rock y, de paso, quitarse el sabor amargo ante los malos comentarios cosechados por su anterior álbum "Tonight" (1984). Sin embargo, en vez de asociarse a un guitarrista de talento como siempre fue su rúbrica, comenzó a trabajar con el multiinstrumentista Erdal Kizilcay. Juntos dieron forma a un puñado de canciones que a pesar de convertirse luego en base de un tour conceptual, no tenían mayor relación entre si. "Never Let me Down" es absolutamente paradigmático del sonido de aquel tiempo en que programaciones y sintetizadores dominaban la textura de la música rock popular. Las baterías resonaban gigantes y robóticas, los golpes orquestales provenían de teclados mientras las guitarras se preocupaban más de lucir punteos que ofrecer riffs para tararear. Bowie compartió producción con David Richards, de moda en aquel entonces por haber trabajado junto a Queen en "A Kind of Magic" (1986). "Never Let me Down" contiene una versión de 'Bang Bang', una horrible canción compuesta por un Iggy Pop desesperado de éxito en 1981, y un curioso cameo del actor Mickey Rourke haciendo algo parecido a un rap en 'Shining Star (Makin‘ my Love)'. A su vez Bowie recita en el inicio de 'Glass Spider', una pieza de electrónica fallida que en cierta medida adelanta su trabajo en esa zona en los 90. Entre los once temas originales (posteriores reediciones han sumado cuatro cortes), hay canciones que realmente superan la prueba del tiempo. 'Time Will Crawl' llegó a convertirse en una las favoritas del cantante. 'Beat of Your Drum', a pesar de la sonoridad paradigmática del pop anglo en 1987 -la percusión electrónica programada y reverberante, los sintetizadores creando atmósferas-, es una joya que merece ser revalorizada. Oscila entre un ambiente espacial y Bowie entonando en su mejor faceta crooner para llegar a un coro donde guitarras y bronces se toman revancha para cerrar una pieza atesorable. Tanto 'Day-I Day-Out' como el tema que da nombre al álbum también merecen sacudir el polvo. La primera contiene una magnífica interpretación vocal -con esos memorables uh-uhh que después le arrebataría Brett Anderson de Suede- y un bajo digno de Duran Duran, mientras 'Never Let me Down' propone soul de ojos azules con suave embrujo. Pese a su éxito comercial inicial, el álbum pronto se convirtió en una especie de lastre para David Bowie, un símbolo de su agotamiento creativo tras casi dos décadas en la primera línea del rock. Pasarían seis años antes de lanzar nuevamente material con su nombre. Algo grogui por la experiencia del disco y la gira, Bowie se reconvirtió en un artista algo anónimo al formar Tin Machine junto al guitarrista Reeves Gabrels en 1988. "Ahora escucho Never Let Me Down”, diría a la revista NME en 1993, “y ojalá hubiera sido menos indiferente a su producción, porque había algunas buenas canciones, pero lo solté y se volvió muy suave musicalmente (...) no era la forma en que lo hubiera hecho si hubiera estado más involucrado”. Marcelo Contreras Tags #David Bowie # Never Let Me Down #Erdal Kizilcay Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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