Lito Vitale: de tangos, rock, folklor, reencuentros y mucho más Conversamos con el pianista argentino antes de su show en Chile junto a Juan Carlos Baglietto e Hilda Lizarazu Viernes, 11 de Abril de 2025 A más de dos décadas de la última visita conjunta a Chile de los músicos argentinos Lito Vitale y Juan Carlo Baglietto -lean la reseña de aquel concierto de 2001 en el entonces Teatro Providencia, aquí-, ambos artistas regresan a nuestro país, para, junto a Hilda Lizarazu, realizar el espectáculo “Símbolo de Paz, homenaje al rock argentino”, en el que reviven grandes clásicos de aquella tradición musical: Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Charly García, Serú Girán, Manal, Divididos, Luis Alberto Spinetta, Soda Stereo, Man Ray, etc., sin que falten aquellos tangos obligados de Baglietto-Vitale. Los tres artistas se presentará el próximo jueves 17 de abril a las 21 horas en el Gran Arena Monticello. (Concierto suspendido) Aprovechando este importante retorno, conversamos en extenso con Lito Vitale, figura trascendental de la música argentina y latinoamericana, no solo sobre este concierto que podremos ver en Chile, sino que también de su historia que comenzó en MIA (Músicos Independientes Asociados), siguió desarrollándose en el trío Vitale-Baraj-González, hasta llegar a su reconocido Lito Vitale Cuarteto o sus emblemáticas colaboraciones con Baglietto. Además de poder escudriñar en profundidad en las características únicas de la música argentina, Vitale nos invita a un recorrido por las historias y los grandes logros artísticos de tradiciones musicales tan ricas de nuestro continente, como lo son el tango, el folklore y, por supuesto, el rock, motivo de este nuevo show que lo trae de vuelta en este novedoso formato de trío. Del concierto y mucho más, acá la conversación con Lito Vitale. -Hola Lito, muchas gracias por la entrevista. Hablemos de este espectáculo “Símbolo de Paz, una celebración del rock argentino” que llegan a mostrar a Chile junto a Juan Carlos Baglietto e Hilda Lizarazu. ¿Cómo surgió esta idea y qué, más o menos, es lo que podremos ver el próximo jueves 17 de abril acá en Chile? -Con Hilda tenemos un espectáculo armado que se llama “Hilda canta a Charly”, con canciones de Charly García y, paralelamente, con Baglietto hicimos un proyecto que bautizamos “Baglietto Vitale Ahora, Rock”, con canciones del rock argentino. Entonces, para aunar fuerzas y, entre comillas, hacer algo más potente para el público chileno, teniendo en cuenta hace tantos años que no vamos para allá, se nos ocurrió armar una especie de combinación de ambos proyectos, pues los dos tienen que ver con el rock argentino y lo denominamos “Símbolo de Paz”. Es un recorrido por un montón de canciones de distintos autores de rock argentino, que vamos a tocar allá en Chile y que para nosotros será un reencuentro con el público de allá, por lo que te decía: hace largo tiempo que no vamos. -¿Por qué eligieron el nombre de “Símbolo de Paz” para este show? ¿Qué les dice o qué quieren expresar con aquel nombre de esta emblemática canción de Charly García? -Tiene que ver con los inicios del rock, con la complicidad de la gente de una determinada etapa de inicios de los 70, cuando había una especie de necesidad de juntarse para hacer algo diferente y a través de la paz y la creatividad, vivir en un mundo más amable y amoroso. Eso tiene que ver con los inicios del rock en todo el mundo, básicamente, por lo que sucedió en Estados Unidos con Vietnam y los hippies. De alguna manera, algo parecido, aunque no tan extremo, pero con esa frecuencia, a lo que pasó en Argentina con las distintas dictaduras que tuvimos y el paralelismo que plantearon los artistas en ese momento. Varios países de América Latina sufrieron dictaduras también y surgió la contracultura, la bajada de línea ligada a lo artístico que nos regalaron tantos músicos. En el caso nuestro, ligados al rock, pero, por supuesto, hay un montón de diversos creadores de otros estilos vinculados a ese momento de transición muy importantes a nivel artístico, por ejemplo, en el caso de ustedes, con grupos como Quilapayún y en el nuestro con Víctor Heredia, León Gieco y otros. Elegimos ceñirnos a la cosa rockera, porque el “símbolo de paz” tiene más que ver con eso, con la paz y el amor y, además, como te comentaba, coinciden con los proyectos actuales que tenemos con Hilda y con Baglietto. -Conversemos un poco, justamente, de la gran tradición del rock y la música argentina. ¿Cuál es tu visión de aquel movimiento tan importante surgido a fines de los 60 en tu país, con exponentes de gran variedad, que comienzan con Manal, Los Gatos y Almendra, avanza con Sui Generis, Vox Dei, M.I.A. y Crucis, llegando a, no sé, Sumo, Soda Stereo y Daniel Melero, y donde también es fuerte la figura omnipresente de Astor Piazzolla? ¿Cuál dirías que es la esencia o marca (s) definitoria (s), si es que las hay, de la música argentina? -La música argentina en el caso del rock tiene mucha combinación con el tango, que es la música, no tanto de Argentina, sino que específicamente de Buenos Aires. El rock, ligado al folklor, posee algunas pequeñas cosas o guiños hechos por bandas como Divididos o los inicios de Arco Iris, pero la particularidad de algunas canciones de Charly, de Spinetta o de Soda Stereo, tiene que ver con el tango, con esa conexión con el dramatismo, la nostalgia y ese sentimiento profundo del tango. Creo que ese factor fue lo que diferenció al rock argentino del rock chileno o del español o de distintas variantes del fenómeno rock cantado en castellano. De hecho, creo que Argentina fue en el primer país que se cantó rock en nuestro idioma. Es decir, fue, sin querer, un país que fue pionero en aquello, con artistas como Litto Nebbia, Almendra, Manal o Miguel Abuelo. Cada país, obviamente, tiene sus particularidades, pero dentro del rock creo que hay bandas de los 80 como Soda o Los Enanitos Verdes, entre un montón de otros grupos, que fueron muy populares en otros países de Latinoamérica y abrieron puertas para, de alguna manera, seducir a un montón de músicos a hacer rock en español en cada uno de los países. Entonces, me parece que, sin querer, Argentina fue como pionera del rock en castellano. -Vamos un poco al pasado en tu trayectoria. A mediados de los 70 formaste MIA (Músicos Independientes Asociados), una cooperativa que también funcionó como banda entre mediados de los 70 y principios de los 80 y con los que editaste tres discos en estudio. ¿Qué recuerdos tienes de aquellos años y cuál es tu visión de esos álbumes, ahora ya clásicos de la música latinoamericana? -La existencia de la cooperadora MIA se relaciona mucho con la realidad que vivíamos como país por aquellos años, porque, te diría, fueron los peores años de Argentina. De 1975 a 1982, es decir, del final del peronismo más de derecha, con la Triple A -Alianza Anticomunista Argentina- y todo aquello, hasta la recuperación de la democracia. En esos años, era muy difícil hacer cosas acá en nuestro país y nosotros tuvimos la idea, con mi familia, mi viejo, que auspiciaron de organizadores, de juntar una cantidad de gente, no solamente músicos individuales, sino que también un coro, sonidistas, etc. Era una gran cooperadora de personas que necesitaban hacer cosas en ese contexto tan difícil de Argentina. Más allá del resultado específicamente musical, que lo escucho a través de los años y algunas cosas me gustan y otras no tanto porque tiene que ver con el comienzo de todos nosotros, la fuerza de MIA estaba basada más que nada en la organización y en poder hacer cosas más allá de las compañías discográficas. De alguna manera, sin querer, también sentó un precedente en la producción independiente, que más tarde tomarían muchos grupos, que fueron populares y muy exitosos a partir de la gestión independiente. Obviamente que el ejemplo más fuerte son Los Redonditos de Ricota, que empezaron grabando en nuestro sello, después hicieron el suyo propio y les fue muy bien. Luego vinieron La Renga, Los Piojos y varios más. Pienso entonces que MIA fue el inicio de poner en valor lo independiente, de ser dueño de las ideas y de la producción de cada movida artística, cosa que, por suerte, hizo sentido en un montón de músicos. -Siguiendo con MIA, ¿cómo se insertaba en la escena de los 70 en Argentina? ¿Tenían relaciones con, no sé, Alas, Vox Dei, Crucis, Ave Rock, Invisible o La Máquina de Hacer Pájaros? ¿Cuánta cohesión había entre las distintas bandas? ¿Se podría hablar de una escena más menos organizada y afines estética y musicalmente? ¿Se conocían? -Sí, claro, nos conocíamos entre todos, pero nosotros éramos muy familiares, una cosa medio naif. No estábamos en la movida del rock más fuerte, pertenecíamos al mundo del rock, pero desde un lugar mucho más ingenuo. Así y todo, nos venía a ver Charly y nosotros íbamos siempre a shows de Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros y hasta Serú Girán. También tuvimos la felicidad de tener a Spinetta como invitado a unos ciclos que hicimos en 1979, después yo participé en Spinetta Jade en el año 80. Arco Iris era otra banda que estaba muy cerca nuestro, Aquelarre que era una banda excelente, y Crucis y Alas también. Era como una cofradía, pero como te digo, nosotros siempre un poquito aislados en relación a lo que tenía que ver con el mundo más reventado del rock and roll del que no participábamos mucho. Lo que sí tenemos, son bellos recuerdos de visitas a nuestra casa de Villa Adelina de Miguel Abuelo, de Alejandro Medina de Manal, de Gustavo Santaolalla y más. -Otro de tus proyectos importantes, es el trío que tuviste con Bernardo Baraj en saxo y con Lucho González en guitarra, simplemente llamado Vitale-Baraj-González. Juntos proponían una muy idiosincrática fusión de estilos que iban desde el tango, el folklore, el rock y el jazz. ¿Cuál es tu visión de esos discos con el paso del tiempo y cuál crees que es la importancia que tienen para el canon de la música trasandina? -Creo que el trío, sin querer también, dio como una visión particular del folklore, de tomarlo, en algunos casos, como estándares de jazz. La forma jazzera, en el que tocas la melodía y después haces solos arriba de la armonía. Esa fórmula la utilizábamos mucho con el trío. Fue algo que se dio naturalmente. Obviamente, que nosotros habíamos aprendido de esa libertad musical de músicos anteriores como Manolo Juárez, Chango Farías Gómez, Dino Saluzzi y un montón de músicos que ya venían de hace muchos años, desde los 60 haciendo cosas diferentes dentro del folklore y el tango. Nosotros bebimos de aquello y con eso nos influenciamos. Tuvimos la suerte de conseguir un muy buen momento con el público, un éxito bastante considerable. Ahora tengo una formación en trío, con el vientista Víctor Carrión y el guitarrista Mariano Delgado, con quienes, de vez en cuando, tomamos parte de ese repertorio, sumamos un par de cosas más y tocamos en ese formato de trío y de armado de las músicas. Músicas tradicionales con libertades jazzeras, por llamarlo de alguna manera. -Quizás tu proyecto de mayor alcance fue Lito Vitale Cuarteto, con quienes hacían una mixtura bastante única e inclasificable de jazz, algo de progresivo y new age. Discos como “Ese Amigo de Alma”, "La Senda Infinita" o "La Cruz del Sur" fueron muy importantes en distintos países, entre ellos, en Chile, donde los casetes editados acá se escuchaban mucho a principios de los 90. ¿Qué reflexión puedes hacer de aquellos años con esas formaciones y cuál crees que sigue siendo su presencia e importancia? -Sí, claro, recuerdo que hicimos varios conciertos en Chile con la banda. En esa época, teníamos una conexión, aunque no total, con el movimiento new age, que era una música instrumental más de reflexión. Algo de eso tenía el cuarteto y, de alguna manera, tomamos esta ola del new age y nos pegó a favor, porque mucha gente empezó a escuchar lo que hacíamos, no solamente en Chile, sino también en España, donde hicimos cuatro años de giras muy fuertes. Esa música, claro está, no eran clásicos de la música argentina, sino que piezas compuestas por mí. De vez en cuando, armo un quinteto para tocar esos temas, pero muy esporádicamente. Estoy pensando este 2025 grabar un disco con música original mía, porque hace muchos años que no hago uno y este año me estoy entusiasmando para hacerme el tiempo y registrar algo. Tengo muy buenos recuerdos del cuarteto, fue una etapa muy fuerte, muy linda y emotiva. -Tu relación con Juan Carlos Baglietto ha sido fructífera en el rescate y modernización del tango y de la canción popular. Discos como “Postales del alma”, “Qué más hacer en esta tierra incendiada sino cantar” o el más reciente “Tangos”, solo por nombrar unos pocos, han sido importantes en esta revitalización. ¿Cuál dirías que es el valor de estos rescates y reinterpretaciones y cómo definirías el tango en relación a tendencias folklóricas de Latinoamérica? -El tango tiene muy poca influencia de la música del norte de nuestro país, que es el folklor. Es un estilo muy arraigado en lo porteño y tiene la particularidad que, desde sus inicios, autores como Aníbal Troilo, Juan Carlos Cobián, Mariano Mores, los grandes compositores de la música de los tangos, eran grandes músicos. Las armonías y el armado de las canciones de tango, son de alto vuelo compositivo en muchos casos, lo que generó un fenómeno muy particular. Una música muy popular, muy bien hecha y muy compleja en algunos casos, además de ser un fenómeno único. Por ejemplo, la música chilena tiene su arraigo en su folklor, que viene en gran parte del rescate que hizo Violeta Parra. La música del norte de nuestro país es lo mismo, al igual que en Ecuador y distintos lugares de Latinoamérica, donde hay un folklor que tiene que ver con la música arraigada en la cultura de cada país. En el caso de Argentina, hay como dos países dentro de uno: la parte folklórica y la tanguera, está última, específicamente surgida de lo porteño, con esa cuestión de centralización que desde el inicio estuvo impuesta en nuestra nación y que nosotros nos la fumamos porque ya venía así. Baglietto, a pesar de ser un cantante rosarino, del interior de la Argentina, por su padre o distintas influencias que ha tenido, interpreta el tango de una manera, para mí, bárbara, muy original. Por mi parte, el tango siempre estuvo en mi vida, porque mi madre cantaba piezas de tango, se hacían reuniones musicales donde sonaban mucho los tangos tradicionales, así que en mi trabajo los acompaño y los produzco de una forma particular, entre comillas, diferente. Entonces ahí se genera un fenómeno especial que, inclusive en este concierto “Símbolo de paz”, aunque no tenga nada que ver, en el medio tocamos un par de tangos. Es imposible que no hagamos algo de tango, porque sentimos que lo tocamos desde un lugar rockero. -Finalmente Lito y volviendo al concierto, ¿qué les dirías a los fanáticos de tu música, de la de Juan Carlos e Hilda y del rock argentino en general, sobre este concierto del próximo jueves. -Hace mucho que queríamos volver a Santiago de Chile y no lo habíamos podido concretar antes por diferentes razones. Para nosotros es un reencuentro. Si bien el título es “Símbolo de paz”, va a haber algunos clásicos de Hilda, más allá de reinterpretar a Charly y, como te decía, aunque será un show de rock, también vamos a tocar un par de tangos de Baglietto-Vitale, además de ‘Ese amigo del alma’, que es mi tema instrumental emblemático. Así que es una especie de camino bastante extenso, basado en el rock, pero con los ingredientes de lo que más nos conectan con el público en las distintas etapas de nosotros tres. Queremos reencontrarnos con el público de Chile. Héctor Aravena A. Tags #Lito Vitale #Juan Carlos Baglietto, Lito Vitale & Hilda Lizarazu #Símbolo de Paz #MIA #Vitale-Baraj-González #Lito Vitale Cuarteto #Baglietto/Vitale Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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