Black Country, New Road: Himnos como afectos en tiempos de tempestad Entrevista con Tyler Hyde y Charlie Wayne Sábado, 04 de Octubre de 2025 Publicado en revista Rockaxis #266, agosto de 2025. En tiempos de coleccionistas vacíos, singles como marketing y creatividades algorítmicas, hablamos con Tyler Hyde y Charlie Wayne de Black Country, New Road sobre creación colectiva, vulnerabilidad y el poder de la música como forma de resistencia frente al dolor y el silencio. Karin Ramírez A solo dos días del lanzamiento de “Ants From Up There” (2022), se hizo pública la noticia de la salida de Isaac Wood. La voz principal de una de las bandas que emergió en pleno auge de la incipiente escena de Windmill (Squid, Shame, black midi, The Last Dinner Party, Heartworms, Goat Girl, Fontaines D.C.) dejaba su lugar. Este segundo disco se convirtió en ese amor que nunca llegó a concretarse: un amor que habita en las sombras, en el recuerdo de lo que pudo haber sido, pero no fue ni será. Con el video de la presentación de Live From the Queen Elizabeth Hall como despedida, Isaac se alejó, intentando aplacar un dolor interno, profundo y persistente. Sin embargo, su partida también marcó el inicio de un nuevo camino para la banda. Con los instrumentos como armadura y sus primeros discos como ruta recorrida, Tyler Hyde (bajo, guitarra), Charlie Wayne (batería) y compañía configuran en el tiempo una reinvención; no solo reestructurando el ejercicio de composición, sino abriendo paso a nuevos futuros posibles. De esto, Tyler nos comenta: «supongo que somos una banda que carece del concepto de limitación. Ya somos seis y nuestros intereses son infinitos. No deseamos ser los mejores en nuestros instrumentos, pero sí deseamos tocar constantemente y divertirnos. Nuestra forma de hacerlo es explorando distintas maneras de contar historias a través de diferentes sonidos y texturas». Con la confirmación de su tercer álbum de estudio, y sin la voz quebrada de Isaac Wood al frente, Black Country, New Road se ubicó en una encrucijada compleja dentro del panorama de nuevos lanzamientos. Ojos oscuros –como cuervos hambrientos– acecharon cada uno de sus pasos, en una suerte de cacería de brujas mediática. Pero la verdadera magia no ocurría en los titulares, sino en el silencio compartido de seis jóvenes que, entre confesiones y acordes, admiten que «nos aburrimos con facilidad. Y creo que eso a veces nos hace tener dificultades, porque tenemos demasiadas herramientas para jugar o elegir». Allí, entre el caos y la creación, se abría un nuevo camino. Operación “Forever Howlong” y el Comandante James Ford Un set de 11 canciones trajo la alquimia de los nativos de East Cambs en abril de este 2025, donde las emociones afloran desde sus diversas aristas. Como si cada track fuese una fragmentación equidistante de diversas experiencias que configuran la profundidad de una nueva era. Como si permitir que el dolor se subvierta e implicara dejar atrás una parte de nosotros mismos: «nos inspiramos –y esto fue incluso antes de saber realmente qué iba a ser el álbum– en las sesiones de Smile de los Beach Boys. Hay una canción, ‘Our prayer’, la primera del disco, que es instrumental, una especie de pieza vocal a capela, una hermosa introducción coral. Esa canción fue uno de los puntos de partida para el álbum. Iba a ser una especie de introducción instrumental para dar paso a las voces, que son un punto central del álbum». Pese a que el miedo se colaba entre los huesos, esta nueva producción de los británicos contaba con una mastermind al frente; alguien que había estado tras los controles de las bandas que admiraban en su infancia, y que ahora les ayudaba a dar forma a sus propias visiones. En medio de una creatividad rumiativa e impetuosa, su guía les permitió ordenar las ideas y darles un cauce claro a aquello que deseaban transmitir. Tyler, entre la contundencia y el humor, lo expresa con lucidez. «Gracias al cielo por James Ford, quien fue el cerebro detrás de la producción de este álbum. Logró que todo fuera coherente y tuviera sentido. Si hubiéramos estado solos, habríamos llevado todo más allá: habría cien instrumentos más y habría sido un caos». Pero esta creatividad impetuosa que llevaba el nombre de Ford tatuado desde la infancia, posiciona al productor como una fisura en el tiempo, una abertura hacia futuros posibles. Una temporalidad utópica donde lo que aún no es, se vislumbra como promesa. Allí, donde la linealidad del presente no basta, Ford aparece como una constante que atraviesa las mentes de Black Country, New Road; una brújula en medio del caos creativo. «Lo mejor de trabajar con él fue que, ante todo, es músico. Puede hablar desde múltiples perspectivas: como músico, productor, humano… incluso como guía espiritual, no sé. Conectamos con él en todos esos niveles. Tiene el temperamento perfecto para tratar con gente como nosotros: claro, directo, con ideas firmes, pero sin ser autoritario. Creía en lo que nos proponía para desafiarnos o impulsarnos», sentencia Hyde. No obstante, la experiencia de “Forever Howlong” llega con una nueva pieza en el puzle, construyendo así la memoria oral del patrimonio intangible de James Ford, según narra Tyler: «siempre supo equilibrar sus palabras y cómo manejaba las situaciones. Confiaba plenamente en él. No es que estuviera de acuerdo con todo lo que decía, pero confiaba en sus intenciones y de dónde venían. Nos llevamos increíble, a pesar de lo diferentes que somos. Somos seis y, aunque coincidimos musical y emocionalmente, tenemos muchas diferencias. Y que alguien pueda liderar y atender a todos es un poder mágico que no sé cómo se logra». Pero como los músicos avezados que buscan ser en este tercer intento, también parten no solo por profesionalizar las partituras y su vínculo con las sonoridades, armonías e instrumentos, sino que dan con la necesidad de abrazar la admiración, para enfrentar con confianza este nuevo proceso de producción creativa, sobre esto, Charlie nos comenta: «intentamos mantenerlo todo bajo perfil para ser profesionales. Creo que a él le habría parecido raro convivir tres semanas con un grupo de fans entusiastas, porque varias de las cosas que ha producido nos han influenciado enormemente. Como personas más jóvenes que estamos formando nuestros gustos musicales, bandas como Arctic Monkeys –especialmente los primeros discos– nos marcaron mucho, a mí y a Tyler». Desde esta perspectiva, Charlie nos abre la puerta hacia las profundidades de su construcción identitaria. Nos entrega, con delicadeza, una llave para reencontrarnos con su niño interior, ese que soñaba con formar parte de una banda sin saber aún que los sueños, a veces, encuentran su cauce. «Fue una gran influencia en cómo aprendí a amar la música y formar un gusto musical. Su producción fue la primera de la que supe conscientemente. Así que trabajar con él después fue un poco surrealista. También trabajó con Florence + The Machine y Klaxons. Ha dado forma a un sonido con el que varios de nosotros crecimos». Canciones como himnos. Himnos como afectos Pero la construcción identitaria de BCNR no se escribe únicamente de decisiones correctas en momentos indicados, también se escribe con afectos, experiencias y resistencias. Se escribe en las fisuras, en esas marcas que arden como rizomas en las trayectorias vitales, particularmente en aquellas de las mujeres que han aprendido a habitar el silencio como una dimensión estructural de lo que implica ser mujer en el mundo. Por lo mismo, uno de los tópicos más densos y complejos del álbum se revela en la enigmática ‘Nancy tries to take the night’, una canción que, aunque profundamente narrativa, se despliega como un juego de formas abiertas, donde la libertad interpretativa cobra un valor central. Es una pieza que no busca cerrar sentidos, sino que nos invita a dejarnos afectar por lo que no se dice del todo. En palabras de Tyler, «en cuanto a la letra, trato de no ser demasiado explícita con los significados, porque me gusta que las cosas se mantengan interpretativas o secretas. Pero esa canción trata un tema difícil». El libre albedrío, tantas veces exaltado como emblema de libertad individual, se oculta, en realidad, como una cláusula de benefacción dentro de estructuras autoritarias que condicionan los cuerpos y las decisiones. En ese paisaje de tensiones, la maternidad puede presentarse como destino bendito para algunas, pero también como condena impuesta para otras. «While there's pain in your stomach and there's pain in your throat», advierte un verso que expone crudamente una verdad silenciada: hay mujeres que viven con el peso del dolor alojado en lo más íntimo de su cuerpo, como memoria encarnada de la violencia estructural. «Just imagine a life, there's a baby and wife / What the times would look like when compared to the knife», apuntan en otra estrofa. La vida imaginada –el “deber ser” doméstico y normado– se contrasta aquí con el cuchillo, metáfora filosa de la desesperación, de la renuncia o del quiebre. Desde esta lectura, ‘Nancy tries to take the night’ se revela como uno de los pasajes más enigmáticos y potentes del disco. Una pieza que, en su teatralidad ambigua, despliega múltiples capas de sentido que resisten ser fijadas. La canción no pretende contar una historia unívoca, sino tensionar la noción de relato como forma cerrada. «Intento abordarlo a través de distintos cuadros o escenarios, disfrazado en un formato teatral. Diría que es bastante teatral. Es una historia moderna ambientada en el Londres de Dickens, porque vivía en una zona antigua de la ciudad y los sonidos de las calles me influenciaron. No es que estuviera leyendo a Dickens –nunca lo he hecho, me parecen aterradores sus libros–, pero es una historia también aterradora, sobre varias cosas, contadas desde la mirada de distintas mujeres y sus luchas». Aunque vívido en imagen, este álbum guarda la memoria de la diversidad emocional que es plausible experimentar en el trayecto vital, por lo mismo Charlie comenta que «las canciones abarcan muchas cosas, pero hay ideas centrales que atraviesan el disco. Se exploran temas similares en distintos contextos y voces, y eso es muy central para el propósito del álbum. “Forever Howlong” es una especie de álbum totalizador sobre la vida y cómo la experimentamos de muchas formas. Aunque también no lo es, al mismo tiempo. Es bonito cómo esas ideas pueden expresarse en lugares diferentes, formas distintas, desde lo cotidiano y lo realista hasta lo fantasioso». Pero esta experiencia de aprender a trabajar la diversidad de emociones, también yace en la experiencia de “Ants From Up There” (2022), un disco épico que entre sus himnos guarda ‘Concorde’, el otro enigma de los británicos; canción que lejos de tener una idea rígida de interpretación, desde la diversidad de comunidades internautas, nunca han terminado de definir si se aborda desde la complejidad de depresión como móvil y experiencia, como una ruptura o una lucha constante hacia la búsqueda de un objetivo escurridizo. Por lo mismo, Charlie confiesa que la épica fue un resultado de lo que representó el eterno amor de este álbum. «“Ants From Up There” es un disco de ruptura bastante épico, aunque no fue planeado así. Pero si estás pasando por una ruptura, te puede acompañar mucho. Es música triste y épica. Había algo emocionante en componerlo, a pesar del contenido. Fue un proceso bonito». La grandeza de la historia que se teje en este segundo disco –aquel que guarda entre sus himnos la intensidad de ‘Bread song’– no reside en la gloria de los festivales ni en el brillo fugaz del reconocimiento. Reside, más bien, en la intimidad compartida de quienes alcanzaron a vivirlo en carne viva, en el ritual irrepetible de la música en vivo, en esa comunión donde lo sonoro se convierte en refugio; por eso, Charlie confiesa que «me siento muy orgulloso, sobre todo porque la gente ha conectado emocionalmente con él. Eso es lo más increíble que puede lograrse con un proyecto creativo. Pero también es raro hablar de eso. Pasaron muchas cosas justo después y cambió mucho. Somos jóvenes todavía, pero de otra forma. Y si lo hiciéramos hoy, sería desde otro ángulo». Palestina en llamas. El silencio como cómplice Durante el último tiempo, Palestina ha sido el epicentro del dolor, el hambre y la agonía. Infancias sin consuelo, familias destruidas. El silencio como emperador y verdugo a mano del fuego. En este contexto de desolación, parece ser que la visibilización es una estrategia ante el genocidio. Si nos callamos, olvidamos. Si olvidamos, perpetuamos siglos de carencia y traición. «Usé esa camiseta de Palestina en nuestra presentación en Glastonbury porque no sabía si la BBC iba a mostrar la bandera. Han sido algo controversiales frente al genocidio que ocurre en Palestina y Gaza. Hablo por mí. No soy famoso ni una celebridad, pero cualquier tipo de influencia que se tenga debe usarse», nos comenta Tyler. Este acto de resistencia no nace del gesto vacío ni de lo meramente performativo. Su origen está en una convicción profunda: la música posee una potencia transgresora que solo puede brotar desde la valentía. Es una creencia encarnada, no decorativa; una urgencia política que asume la incomodidad como parte de su ética. «Hay muchas personas que estarían de acuerdo con nosotros: debemos mantenernos firmes por Gaza y Cisjordania. Incluso quienes están de acuerdo, callan. Y lo peor que podemos hacer es dejar morir la conversación. Siento un fuerte deber de usar mi plataforma. Para quienes dicen que la música no es política, están completamente equivocados». Porque callar también es tomar partido. Y cuando el arte se convierte en refugio, también debe ser trinchera. «No se puede evitar hablar de Palestina. Yo estoy del lado de la humanidad, más allá de la política. Mi mayor pasión es humanitaria. Estamos viendo cómo masacran personas. ¿Cómo puedes quedarte callado? Trato de estar calmada, pero siento mucha rabia al ver a otros callar. No pido que cambien el mundo, solo que digan “Free Palestine”. Solo eso, en cada show. No es mucho pedir». Para BCNR, “Free Palestine” no es un eslogan, es un llamado urgente a no ser cómplices. A no callar cuando todo duele. A hacer del escenario un espacio de justicia simbólica y de la creación, una forma de acompañar a quienes hoy resisten con el cuerpo, con la voz y con la esperanza. Porque si el arte no interpela, si no incomoda, si no conmueve, entonces no está cumpliendo su rol, el de recordarnos, incluso en la oscuridad, que aún podemos elegir el lado correcto de la historia. En tiempos donde el horror se transmite en directo y la indiferencia se disfraza de neutralidad, levantar la voz no es un gesto simbólico, es un acto de humanidad. La denuncia no es opcional cuando el silencio sostiene la maquinaria del exterminio. La música, lejos de ser un mero espectáculo, se vuelve lenguaje de duelo y de lucha; una forma de articular lo indecible, de cargar con el dolor del exterminio sin dejar que se pierda en la niebla del olvido. Tags #Black Country, New Road #2025 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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