Meshuggah: Disonancia perpetua Analizamos la discografía de los suecos desde el "menos bueno" al mejor Jueves, 24 de Febrero de 2022 Meshuggah puede ser demasiado desafiante y cerebral para muchos auditores, pero aun así es una banda capaz de conformar todo un culto en torno a su obra. Su nombre significa “Loco” en hebreo y no podría ser más elocuente. Los patrones polirrítmicos desquiciados, los riffs en afinaciones bajas y una técnica compleja no solo son las bases de su distintivo sonido, sino que conforman las piedras fundamentales del djent, estilo del cuál no se sienten parte aunque hayan dejado una huella imborrable para una camada que se ha tomado el metal moderno como Animals As Leaders, Tesseract o Periphery. Con 6 EPs, 2 discos en vivo y 8 de estudio, Bulldozer se dedicará a analizar estos últimos para establecer una hoja de ruta en la discografía del quinteto europeo, dejando afuera con el dolor del alma a publicaciones complementarias del gusto del fanático como “None” (1994) o “I” (2004), pero concentrándonos en su evolución desde la búsqueda de “Contradictions Collapse” (1991) hasta el competente “The Violent Sleep Of Reason” (2016), una mirada racional a la disonancia perpetua traída desde la atmósfera del caos. 8.- The Violent Sleep of Reason (2016) Escuchar disco Este octavo disco de los suecos podría ser fácilmente el mejor en la discografía de cualquier banda de djent, pero, mirando el cuadro completo, es un registro que no ostenta el vértigo de su material más aclamado, independientemente de que cortes como ‘Clockworks’ y ‘Born in Dissonance’ ya tengan su lugar asegurado en el directo. Era la primera vez desde el EP “None” (1994) que el quinteto grababa todos los instrumentos al mismo tiempo para evitar la sobre digitalización del material a fin de que sonara “menos perfecto”, según las palabras del baterista Tomas Haake. ¿El resultado? Un disco orgánico en el que sobresale la química del grupo, especialmente cuando le dan más preponderancia al groove en ‘By the Ton’ o ‘Stifled’. Eso sí, se siente el peso de los años, lo que pudo haber noqueado a algunos, pero aun así muestra a un Meshuggah que mantiene la fórmula y sigue sonando relevante. 7.- Koloss (2012) Escuchar disco Tras el golazo de “obZen” (2008), la expectativa ante los próximos pasos de Meshuggah estaba por las nubes, habían entrado de lleno a las ligas más altas del metal mundial y estaban llamados a mantener el estatus. Y no solo eso, tenían que lidiar con el robo a mano armada que varios discípulos hicieron de sus discos más emblemáticos. Podrían haberse vuelto más ilegibles para escapar de los copiones, pero decidieron lo opuesto. “Koloss” (2012) es un registro un poco más humano que sus predecesores, sin volverse completamente digerible. Desde el groove opresivo de ‘I Am Colossus’, pasando por la densidad de ‘Behind The Sun’ y la potencia de ‘The Hurt That Finds You First’ hasta la siniestra ‘Demiurge’ y el desolador cierre instrumental de ‘The Last Vigil’, el séptimo disco del quinteto pone en un punto de equilibrio su faceta más agresiva con el metrónomo al límite y su lado técnico-progresivo, esquivando las tendencias de sus imitadores. Quizá lo único que se le puede reclamar a “Koloss” (2012), al igual que a “The Violent Sleep Of Reason” (2016), es que se queda cortos en avance y propuesta, más bien funcionan como monolitos de un sonido que se rehúsa a caer en las garras de la comercialización. No es que lo necesiten tampoco, Meshuggah ha demostrado con creces que cuando se trata de elaborar metal espeso y obsesivo siguen siendo colosales. . 6.- Catch Thirty Three (2005) Escuchar disco Pocos entendieron “Catch Thirty Three” (2005) cuando apareció y no es para menos. El disco consta de una sola canción de 47 minutos y 15 segundos dividida en 13 partes que develan la cara más experimental del combo europeo. A pesar de que Tomas Haake usó baterías programadas, este es un detalle poco perceptible entre el caos imperante tanto en las piezas de corto minutaje (‘Autonomy Lost’, ‘Imprint Of The UnSaved’ o ‘Disenchantment’), de mediano minutaje (‘The Paradoxial Spiral’, ‘Mindâs Mirrors’) como en las más extensas (‘Sum’, ‘In Death Is Death’). La decisión tiene que ver con los cambios constantes de las guitarras de Fredrik Thordendal y Mårten Hagström durante el proceso de grabación, por lo que a Haake le hubiese tomado el doble del tiempo grabar su instrumento. A pesar de que no cuenta con el beneplácito cerrado de la crítica, los fanáticos saben apreciar su extrañeza y su barbaridad, sino pregúntenle a cualquiera que vivió carne propia la vorágine de ‘Mind's Mirrors/ In Death - Is Life/In Death - Is Death’ el 12 de noviembre del 2013 en un Teatro Caupolicán que no tenía nada que envidiarle al más tenebroso de los círculos del infierno. Definitivamente, “Catch Thirty Three” (2005) es por lejos el disco más ambicioso de Meshuggah. 5.- Contradictions Collapse (1991) Escuchar disco Editado en un año clave para el rock y el metal, el debut de Meshuggah no puede hacerle más justicia a su nombre: es un colapso de contradicciones. Por un lado, combina la veta thrash con un filo death metal de tintes altamente progresivos que incluso se adelanta un par de años al “Focus” (1993) de Cynic. Pero por otro, es un Meshuggah inmaduro. Eso sí, vaya manera de presentarse. Las trazas de jazz fusión en ‘Paralyzing Ignorance’ muestran a un Peter Nordin sumido en acordes de bajo intrigantes, mientras en ‘Choirs of Devastation’ destaca un Tomas Haake soberbio en la batería y el spoken word. La guitarras de Fredrik Thordendal aún no encuentran su personalidad y beben mucho del thrash técnico de Voivod, a la vez que Jens Kidman se viste de una combinación entre el James Hetfield de “And Justice For All” de Metallica (1988) y el Karl Agell más aguerrido de “Blind” (1991) de Corrosion of Conformity, pero con toda la violencia del metal extremo en sus cuerdas vocales. “Contradictions Collapse” (1991) no es un debut perfecto, pero es lo suficientemente peculiar para ser la chispa que desencadenaría este bombazo atómico llamado Meshuggah. 4.- Chaosphere (1998) Escuchar disco El tercer largo de los suecos es su desprendimiento definitivo de la veta thrash que hasta ese momento tenía su peso específico. Tras el largo tour respaldando el sophomore “Destroy Erase Improve” (1995), Kidman, Haake, Thordendal, Hagström y Gustaf Hielm, único registro en el que figura como bajista, elaboraron un larga duración tumultuoso hasta decir basta. La definición de “caos” en el diccionario debería venir con esta portada, así de simple. La punzante ‘Concatenation’, la celebrada ‘New Millennium Cyanide Christ’, inspirada en los cultos suicidas de Jim Jones, o el eterno feedback del final de ‘Elastic’ anuncian a una máquina muy bien aceitada que tiene tiro y cancha para hacer lo que quiera. El disco se elaboró bastante rápido y para ello trabajaron día y noche sin descanso, según las palabras del propio Jens Kidman que recoge la revista Revolver: “Todo el disco es una reflexión de cómo se hizo. Todo era nuevo. Nunca habíamos tocado ninguna de esas canciones antes de entrar al estudio, solo ‘Sane’. Fue intenso”. La forma de componer también fue distinta, ya que es el primero en el que trabajaron por separado, lo que les permitió evaluar de mejor forma cada parte de las canciones. Con este disco, Meshuggah dio vuelta el tablero del metal al final de una década tan demente como las ocho canciones que lo componen. ¿Quieres saber cómo suena la locura? “Chaosphere” es el disco. 3.- obZen (2008) Escuchar disco Dejemos en claro una cosa. Meshuggah no es Mastodon, ni Opeth, ni Gojira. No nos malentienda, querido lector o querida lectora, no es una crítica ácida hacia esas agrupaciones ni mucho menos, es solo para graficar lo difícil que es que Kidman y sus protegidos se lancen a lo comercial, suavicen su sonido al extremo de erradicar el metal de su fórmula o que hagan concesiones para buscar nuevas audiencias. De un modo u otro, las bandas nombradas lo han hecho con resultados que pueden gustar más o menos a la galería. Y si bien, a Meshuggah se le puede reclamar un cierto estancamiento en el último tramo de su carrera, no se les puede acusar de venderse al mainstream. Lo más cercano que encontramos en su discografía para responder al llamado de las masas es el increíblemente exitoso “obZen” (2008). Tras la peladera de cables que dejó “Catch Thirty Three” (2005), el sexto registro de los suecos se encarga de devolver las canciones al catálogo y ahí están ‘Combustion’, ‘Pineal Gland Optics’, ‘Pravus’ y sobretodo ‘Lethargica’ para probar que pueden hacer mucho con duraciones estándar. En la vereda de las canciones extensas, el exquisito final de ‘Dancers to a Discordant System’ y la catártica ‘Bleed’, lo más próximo que Meshuggah ha tenido a un hit con todas sus letras, sacan la cara por esas cacofonías que erizan los pelos, esos riffs pulverizantes que desbordan los sentidos y la energía radioactiva de una instrumentación de otro planeta, que aun así edifica la obra más melódica del quinteto. ‘obZen’ (2008) no solo es una de las tres obras maestras de Meshuggah, es todo un suceso para el metal del siglo XXI. 2.- Destroy Erase Improve (1995) Escuchar disco El ingreso de Mårten Hagström no pudo haber sido en mejor momento, era el impulso que necesitaban para el giro que se venía. “Contradictions Collapse” (1991) era el esfuerzo de una banda de proto thrash extremo y técnico, pero este sophomore son palabras mayores. ‘Future Breed Machine’ es una verdadera patada en la cabeza que te deja aturdido inmediatamente, evidencia de que algo había cambiado para siempre. El carácter de ‘Beneath’, el cuerpo de la instrumental ‘Acrid Placidity’ y el instinto salvaje de ‘Inside What's Within Behind’ fueron vitales para el desarrollo del metal progresivo y el mathcore, no por nada la Rolling Stone lo incluye en el número 42 de su lista de “50 mejores discos de prog rock de todos los tiempos” y ocupa el puesto 77 entre los “100 mejores discos de metal de todos los tiempos”. Es una placa impredecible, se mueve en una dimensión distinta que se distancia a años luz de su predecesor y de los primeros demos como “Psykisk Testbild” (1989). Una de las gracias de este DEI es que Jens Kidman deja la guitarra para concentrarse en ser un frontman y establece la configuración de su totémico legado de una manera mucho más clara. Todo lo que estaba verde en “Contradictions Collapse” (1991) madura de manera espectacular en “Destroy Erase Improve” (1995), con mucha menos inspiración en otras bandas y una búsqueda interna más profunda. En otras palabras, destruyeron los elementos que no les eran propios, borraron toda señal de repetición y mejoraron al punto de crear una máquina hambrienta de futuro. 1.- Nothing (2002) Escuchar disco Si hay un disco que define a Meshuggah es “Nothing” (2002), más que ningún otro. “obZen” (2008) es el popular, “Destroy Erase Improve” (1995) es el que asienta la innovación, pero “Nothing” (2002) es el punto medio perfecto entre el pasado, el presente y el futuro del grupo. La baja del tempo que se percibe desde el principio en ‘Stengah’, la experimentación con las guitarras de ocho cuerdas de Fredrik Thordendal y Mårten Hagström en el grosor de ‘Rational Gaze’ y ‘Perpetual Black Second’, a pesar que los modelos personalizados de las guitarras Nevborn no estuvieron listos y tuvieron que usar los de Ibanez, y el pisotón bestial a los sentidos que producen los beat discordantes de ‘Closed Eye Visuals’, ‘Glints Collide’ o ‘Organic Shadows’ le cambiaron la cara al metal para siempre con las letras contemplativas del baterista Tomas Haake que Jens Kidman aborda con una madurez tanto lírica como musical. Pasan los años y “Nothing” (2002) sigue siendo uno de los discos más refrescantes de la década de los 00, cuya complejidad tenía distancias siderales con las modas musicales de principios del siglo XXI como el Nu Metal, y sin embargo, se paraba de igual a igual en escenarios como el Ozzfest. Digámoslo con todas sus letras, “Nothing” (2002) ya es un clásico, una obra reputada, intimidante, fascinante y monumental que inscribió el nombre de Meshuggah en los libros de historia del metal con la intensidad de un fuego abrasador. Por Pablo Cerda Tags #Meshuggah # Ranking discos Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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