Yngwie Malmsteen: Prepárate para la guerra Entrevista exclusiva con el mítico guitarrista sueco Lunes, 13 de Septiembre de 2021 Amado por muchos, odiado por otros, el siempre complejo héroe sueco de la guitarra está de regreso este año con “Parabellum”, en donde una vez más se encargó de la mayor parte del trabajo. Sobre su carrera, actualidad y estilo de trabajo, conversamos en exclusiva para Bulldozer. No es fácil referirnos a Yngwie Malmsteen. Si bien álbumes como “Rising Force”, “Odyssey” o “Trilogy” gozan de un imborrable status de clásicos del Metal Neoclásico, la personalidad del guitarrista sueco ha afectado bastante a su figura, dividiendo a críticos y fanáticos por igual. Más allá de cualquier comentario negativo al respecto, sobre todo tras desafortunadas declaraciones y una que otra rencilla, su figura como guitarrista sigue estando en lo más alto, con una técnica que ayudó a forjar un estilo y que sigue presente en generaciones posteriores, además de nunca mostrar pausas en su carrera, al estar constantemente mostrando nuevo material. Las apreciaciones finales, obviamente, quedan para cada uno. Considerando todo lo anterior, fue suerte tener la oportunidad de encontrarlo amable y dispuesto a la conversación para esta entrevista. “He estado haciendo muchas”, es lo primero que nos comenta entre risas tras el correspondiente primer saludo. Este complejo año regresa con “Parabellum”, volviendo al estilo que lo hizo famoso, tras adentrarse en el Blues con su antecesor “Blue Lightning”. “No diría que fue diferente en verdad, porque tuve alrededor de tres años para hacer todo eso de la escritura”, comenta al teléfono consultado acerca del proceso de composición y grabación en estos tiempos, lo cual hizo en su gran mayoría completamente en solitario, sin contar con otros importantes músicos como alguna vez fueron Jeff Scott Soto, Derek Sherinian o Mike Terrana, solo por nombrar algunos. Si me pidieses que escriba una canción, Country, Metal, cualquier canción, te la podría hacer ahora mismo, en diez minutos. Pero no funciono así. Cuando hago música para lanzar, espero que llegue un momento, que se dé un momento mágico, y eso es algo que sucede en tu mente, como en la película Amadeus, ahí es donde escucho todo lo que después sale. Lo que más me importa es que después no se me olvide nada. Es una verdadera locura, porque cuando estoy de gira, toco mis canciones de una forma distinta cada día, hay distintas inspiraciones a la hora de hacer eso, en la prueba de sonido se me pueden ocurrir algunas cosas y me quedo con ellas. Para este álbum, tuve un año completo en el estudio, pudo haber salido mal, pero fue algo bueno, porque sé cómo lidiar con ello. Básicamente, de cien ideas que tuve, me aterricé en diez, es un álbum de Yngwie Malmsteen muy personal, lo más puro que puedes tener. Me inspiré mucho, por alguna razón, en cosas que seguían pasando ahora, más que de lo normal, y fue completamente sin diluir, sin compromisos, sin distracciones. Y no le mostré nada a nadie hasta que estuvo terminado, lo terminé en el estudio yo sólo, a lo pintor, a lo Picasso pintando un cuadro, es muy profundo, ¿sabes? En ese sentido, no tuve ninguna interrupción ni nada. •El título del álbum viene de una frase en latín referente a la guerra. ¿Qué me puedes contar sobre ella y por qué decidiste usarla? -Básicamente significa ‘Prepárate para la Guerra’. ‘Sic Vis Pacem Para Bellum’ significa ‘Si Quieres Paz, Prepárate para la Guerra’. Me gusta cómo suena, es muy simbólico, me gusta la historia y viene de Roma, no recuerdo si lo dijo César o un Centurión. Y también es algo que se aplica hoy. Ronald Reagan dijo algo parecido también, ‘Paz a través de la Fuerza’. Soy apolítico, no haría algo político porque no me nace desde el corazón, pero así es la humanidad, se aprovecha del débil, lo explota y lo ataca, pero si no eres débil, no te tocan (risas). •Como músico, ¿cómo ha sido para ti el hecho de no poder hacer giras como solía ser antes de la pandemia? -Es horrible, pero ha servido para centrar mi atención en el nuevo álbum, tampoco he dejado que sea simplemente tiempo perdido. No es tan diferente a lo que solía hacer en el pasado, para grabar un álbum como “Trilogy”, por ejemplo, estaba en el estudio nueve meses, lo he hecho antes, pero tenía grandes giras mundiales, pasaban más cosas. De todas formas, he estado muy ocupado, tuve varias entrevistas, hoy tuve tres, ayer recibí a varios japoneses en mi casa, y es muy emocionante poder sacar mi arte, por decirlo de alguna forma, no me gusta llamarlo producto. Mi arte tiene a muchas personas interesadas, así que tengo que mostrarlo, por supuesto. •Una vez más, grabaste todo en este nuevo álbum, sin colaboradores externos ni nada. ¿Por qué decidiste hacerlo de esta manera? ¿Consideraste a alguien más como en discos pasados? -Bien, te lo haré muy simple: cuando era muy pequeño, a los cinco años, me dieron una guitarra. Era el menor de la familia, todos mis hermanos, tíos y padres eran músicos clásicos y cantantes. Tuve un violín en mi cuarto cumpleaños, una guitarra al quinto y así sucesivamente, hasta tuve clases de piano y toda esa mierda. A los siete, vi a Jimi Hendrix destrozando su guitarra en el escenario en la tele, y dije ‘quiero tocar guitarra’. Empecé a tocar ese mismo día, apenas lo vi. A los 8 o 9, empecé a armar bandas en la escuela y todo eso, ahí era el compositor, cantante, guitarrista, todo. Nunca, pero nunca, estuve en una banda. Era ‘my way or the fuckin highway’, ‘my way or Ynwgie’. He hecho esto toda mi vida. A los 18 envié un cassette a la revista Guitar Player, el cual tenía ‘Black Star’ y otras canciones. Ahí toqué la guitarra, bajo, batería, grabé la voz, todo. He hecho eso toda mi vida, porque mi tío construyó un estudio de grabación en los 50’, antes de que yo naciera, que usaba mi abuelo como baterista por años, estaba rodeado de músicos, técnicos, ingenieros, y todo eso. Con la batería de mi abuelo, mi hermano también tocaba batería, podía armar las canciones yo sólo, cosa que he hecho toda mi vida. Ahora, cuando llegué a Estados Unidos, tuve la oportunidad de grabar un álbum con una banda llamada Steeler, y antes de lanzarlo, ya la había dejado. Luego formé la banda conocida como Alcatrazz, yo la fundé, yo mandaba, escribía las canciones, y tenía apenas 19 años, pero hacía todo en esa banda. Entonces, mi música llegó a Japón, y desde allá dijeron ‘oh, este chico es genial, queremos que grabes un álbum en solitario’. Desde 1984 en adelante he hecho álbumes solistas. Si tuve a alguien cantando o tocando teclados en alguno, les daba un cheque, nunca colaboraron, nunca fueron miembros de una banda, nunca tuve una banda desde 1984. Esto cansa, porque lo he dicho en cada puta entrevista que he hecho. Siempre lo trato de explicar. Esto no es una banda, soy yo, es un producto en solitario. Soy solista, y realmente lo soy, la gente que pone sus nombres en los álbumes a veces no hace nada, yo produzco y toco. La razón por la que lo hago es porque trabajo de la misma manera que lo haría un pintor, como Picasso o Rembrandt. Ellos no decían ‘¿puedes venir a pintar esto?’, ‘¿puedes pintar la esquina y yo hago esa figura en el fondo y lo otro?’. No puedo trabajar así, soy un creador, dentro del género del Rock, supongo, pero eso es lo que soy. Hay bandas geniales que me encantan, los Rolling Stones, Van Halen, Deep Purple, lo que sea, me encantan, son más geniales que la mierda. Y todas ellas son una colaboración entre los guitarristas, vocalista, y todo eso, les funciona genial y me encanta, pero yo no funciono así. Si viajamos a mi centro más profundo, como dije en la entrevista anterior, este álbum, “Parabellum”, es el más puro de Yngwie Malmsteen que he hecho. El más puro, porque no tuvo distracciones, nada que diluyera el resultado ni la inspiración, ninguna influencia externa, nada. Si lo odias, puedes odiarlo, está bien, porque esto es arte, y el arte la creación de una persona, una expresión de su ser, de su alma, y se la ofreces al mundo, básicamente. Y la razón por la que aquello no me preocupa, es porque me siento satisfecho, contento, y orgulloso del resultado final. Puedes odiarlo y me daría lo mismo. Si te encanta, te lo agradezco, si lo odias, hay muchas otras cosas que puedes escuchar. ¡He tocado guitarra 50 años! Piensa un poco en eso, es medio siglo. No tengo tiempo para juegos de mierda, no hago eso. Estoy aquí para, ojalá, darle al mundo mi creación, para que después pueda seguir aquí por siempre después de que me vaya. No diluiré eso con ‘oye, ¿puedes venir y tocar esto?’. Te tengo una buena historia. Cuando tenía ocho años, ya era un buen artista, mis padres eran artistas, así que fui a la escuela de arte e hice dibujos, pinturas y cosas así. Durante una clase, hice un dibujo muy elaborado, no creerías que lo había hecho un niño de ocho años, y apareció otro chico con un crayón y empezó a dibujar encima. Le pegué en la nariz, le dije que se alejara de mi dibujo, y la profesora dice ‘¿por qué no dejaste que rayara tu dibujo?’, a lo que respondí ‘él puede rayar su propio maldito dibujo’. Es una historia real (Risas). Para mí, el arte es arte. Stephen King no deja que nadie le escriba sus malditos libros. Y para aclarar, no hago esto por ser una persona ególatra, lo hago porque soy un artista, y lo que hago no es una mierda Rock n Roll para festejar y tener sexo de una noche, es arte, verdadero arte, de mi alma, y alguien más tiene el derecho a hacerlo también, pero esto es lo mío, este es mi legado, mi creación. •Claro, no todos hacen las cosas de corazón... -Sigo siendo un incomprendido, porque creen que yo solo quiero brillar. ¿Por qué mierda dicen eso? Mi baterista tiene un solo cada noche, ¿tener un solo de batería es querer brillar? Me da lo mismo. Creo que la mejor analogía para esto es la del pintor. O mejor, Wolfgang Amadeus Mozart, soy muy como él, entro en un trance cuando hago lo mío, no quiero distracciones. No puedo tener un productor, o un coescritor de mierda, porque me distrae y diluye mi arte, ¿me entiendes? No lo he intentado, lo odio. •Aparte de tu sonido característico, también has grabado un álbum de Blues y otro orquestal. ¿Has pensado en hacer algo con otro sonido en el futuro? -No, porque, como te decía antes, si quieres que escriba algo Country, podría hacerlo pero no lo haría. La cosa es que, después de tanto tiempo, encontré mi llamado, encontré aquello de lo que me trato. No es que vaya pensando ‘ahora quiero hacer esto’. Lo que escuchas es lo que soy, no intento ser algo, es lo que es, eso soy. Cuando hice el álbum de Blues fue un pedido, y fue entretenido, porque he tocado Blues toda mi vida, y me decían ‘deberías hacer un álbum de Blues’ siendo que nunca me habían escuchado tocándolo. Así que dije ‘a la mierda, hagámoslo’, pero no ando pensando ‘ojalá poder hacer esto o aquello’, porque soy alguien que hace, hago las cosas que hago, y las hago como quiero. •Ya son casi 40 años desde que te estableciste en Estados Unidos. ¿Cómo fue el cambio respecto a hacer música en tu natal Suecia? -Como te decía, empecé a tocar muy muy joven, siempre he tratado de armar música, conseguir contratos y todo eso desde que tengo memoria. Antes era un músico a sueldo, a fines de los 70 hacía eso para ganarme la vida. Por supuesto, soy guitarrista y vocalista, así que he tenido miles de bajistas y bateristas. He intentado todo lo que he podido. En Suecia tuve muchos seguidores, agotaba shows y nos tenía que escoltar la policía y esa mierda. Era genial, pero no daba para hacer shows masivos, eran en escuelas, centros de juventud o cosas así, en el escenario de un cine, más un par de festivales. Hacíamos ruido, pero no pasaba nada, porque lo que hacía no era indignante. Un día decidí enviar la cinta a Guitar Player (Risas), y no tenía ninguna expectativa al respecto. Antes de saberlo, el puto teléfono estaba sonando mucho, ¡todos me estaban llamando! “Hey dude!”, con ese acento estadounidense. Varios me decían que fuera para allá, así que dejé todo, tomé mi guitarra y un cepillo de dientes y partí hacia Estados Unidos. No sabía qué pasaría, no tenía idea. Eso fue en 1982. En un show con Steeler toqué frente a 30 personas, abriendo para Glenn Hughes, a la semana siguiente hicimos un show en The Trobadour, y desde los camarines en el segundo piso podías ver la calle, y desde ahí se veía una fila que daba vuelta a la esquina. Ahí supe que estaba funcionando. Pregunté ‘¿quién toca esta noche?’. ‘Tú’. ¡Me demoré una semana en dar vuelta Los Angeles! Fue una locura. Ahí dije ‘¡Yeah! A la mierda, aquí me quedo’. Eso fue lo que sucedió. •Aparte de aquello, ¿qué otros momentos consideras fundamentales dentro de tu carrera? -Hay varios, de hecho. Creo que la primera vez que oí a Paganini es uno. Como te decía, tuve una guitarra antes de empezar a tocar, hasta que vi a Hendrix rompiendo la suya. No fue algo musical (risas), pero lo encontré cool. Por supuesto, llegar a Estados Unidos fue probablemente lo más importante. Una vez que llegué aquí, fue como que tuve que ir pasando por varias etapas, tuve que ir haciendo lo que tenía que hacer durante los 80 y 90, obviamente siempre teniendo el control. •Otro que muchos recordamos es tu participación en ‘We’re Stars’, junto a varios otros músicos y vocalistas liderados por Ronnie James Dio. George Lynch incluso dijo que tu participación en el tema fue su favorita. ¿Qué recuerdos tienes de esa grabación? -Eso es muy amable de George. Recuerdo que estaba de gira en Europa y volé a Los Angeles solo para hacer eso, y más encima tuve jet lag. Llegué al estudio, todos estaban de fiesta, y pregunté cuándo era mi turno. Brad Gillis estaba dentro, luego venía Lynch, y después yo. Pensé que no se demoraría tanto. Cuatro horas y media después, Brad Gillis todavía estaba adentro. ‘¿Qué mierda?’, pensé. George luego estuvo dos o tres horas, hizo un solo de 16 bars. Cuando me tocó, desde el momento que entré al estudio, hice el solo y salí, fue un total de 15 minutos. Entré, toqué, di las gracias, y me fui. Ronnie me explicó, seguí las instrucciones, grabamos, y listo. Así es como trabajo. No es que haya mirado en menos a los demás, pero es lo que recuerdo. Ah, y también recuerdo cuando conocí al tipo de Spinal Tap, porque soy un gran fanático. Spinal Tap es la mejor película jamás hecha. •Y sobre Ronnie, más de alguna vez se habló de que podrían haber hecho un álbum juntos. ¿Existió realmente esa posibilidad? -Escucha, cuando llevaba apenas dos días en Estados Unidos, un sujeto me dijo que escuchara Rainbow, y yo apenas lo tomé en cuenta. Ahí estaba Ronnie, desde siempre lo amé, mi primer show fue a los 12 años, Richie Blackmore’s Rainbow, el primero que vi, con Richie, Ronnie, Cozy, Jimmy Bain. Él iba a los shows de Steeler, nos conocimos, conversamos, era muy amistoso, debí haber hecho unas 20 giras con él, recorrimos Hawái, compartimos escenario varias veces y grabé dos canciones en estudio. Nos conocimos muy bien hasta el día que murió, fuimos muy buenos amigos. La cosa es que él sabía, y yo también, que era muy rígido, las cosas se hacían como él quería, al igual que yo. No hubiese salido bien, pero fuimos muy buenos amigos. •Estuviste en Chile un par de veces, la primera hace ya 20 años. ¿Cómo fueron para ti esas visitas? -Tengo los mejores recuerdos, todo fue de lo mejor. Lo único que una vez me hizo enojar fue que me atrasé en el vuelo o algo, y el productor del show hizo entrar al público antes de que pudiese hacer la prueba de sonido, eso no me gusta para nada. Pero el público en Chile... ¡Dios mío! Ustedes son los mejores. Me encanta, estoy ansioso por volver, espero que sea pronto. Mientras tanto, disfruten el álbum, trabajé mucho en él. Espero verlos muy pronto. Luciano González Fotos: Mark Weiss y Austin Hargrave Tags #Yngwie Malmsteen # Parabellum # Wolves at the Door # Suecia Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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