Iron Maiden: La muerte le sienta bien Apuntes sobre su octavo concierto en Chile Sábado, 12 de Marzo de 2016 Viernes 11 de marzo de 2016 Estadio Nacional 1. Bruce Dickinson mide 1.68, estatura promedio tirando a baja. En persona, frente a frente, su presencia no debe ser nada impresionante. Todo cambia arriba del escenario: ahí es donde a ratos se agiganta y se vuelve más grande que el altísimo Eddie de look maya que acompaña a Iron Maiden en este "The Book of Souls Tour". Dickinson se para sobre la tarima del Estadio Nacional y te convence de que está cantando Fear of the Dark sólo para ti. Con público incluido, el recinto principal de Chile le cabe en el bolsillo. 2. Llega un momento en que, efectivamente, Eddie se bate a duelo con Dickinson. Ocurre mientras la banda toca The Book of Souls , una de esas canciones que se abren paso con el galope majestuoso de un fina sangre, típica estampa Maiden. Cuando la mascota aparece, sobrepasa en tamaño a cualquier ser humano, pero el vocalista inserta un puño certero en su pecho y le extrae el corazón. Lo deposita en una vasija humeante y luego lo saca para estrujarlo con sus manos hasta que la sangre chorrea, una cita al tipo de sacrificio maya en que, aparte de un verdugo, la ceremonia contemplaba la actuación de músicos. 3. De fondo, en la pantalla gigante, Chichen Itzá, una de las nuevas maravillas del mundo. Los mayas creían en la vida después de la muerte. Para ellos, la esencia que habita los cuerpos se renueva y, tras purificarse, vuelve para ocupar otra carne. Tiene sentido que Maiden se fije en una vieja civilización con esa clase de ideas. A los numerosos títulos que ostenta (músico, empresario, piloto), su vocalista ahora añade el de sobreviviente. También es un afortunado: la quimioterapia es asunto serio y muchos salen trasquilados después de un tratamiento tan invasivo. Iron Maiden, como cualquier grupo veterano de metal que se precie, ha lidiado a lo largo de su carrera con la muerte como tópico, pero una cosa es cantar sobre ella. Otra muy distinta es mirar de frente al verdadero encapuchado con guadaña y vivir para contarlo e incluso darse el lujo de bajarle el perfil: shit happens fue la única mención a los meses de incertidumbre en los que nadie conocía el futuro del cantante. 4. El jueves falleció Keith Emerson. El martes, George Martin. En menos de tres meses, también Lemmy Kilmister, David Bowie y Glenn Frey, entre otros. Además, emblemas del calibre de Rush y AC/DC (tal como los conocemos) ya no volverán a los escenarios. Iron Maiden están conscientes como nunca de la mortalidad, propia y de otros, justo en un momento sensible para el rock. "Éste es un tema triste sobre un hombre divertido" es la presentación de Tears of a Clown , dedicada a Robin Williams, el actor y comediante que vivió un calvario personal antes de suicidarse. En su memoria, ágiles cambios rítmicos y guitarras que pegan zarpazos como un enorme felino que lucha en la selva. Antes de rematar el concierto con Wasted Years , desenfundaron la siempre conmovedora Blood Brothers , que además de ser originalmente para el difunto papá de Steve Harris, ha sido ofrendada a otros caídos, como Ronnie James Dio y las víctimas de catástrofes en diversos países. Acá en Santiago -y en el contexto de un llamado a la fraternidad- se mencionaron, solapadamente, las crueles atrocidades cometidas en el estadio durante la asquerosa dictadura militar. 5. La mañana del viernes, el community manager de Carabineros de Chile se anotó un punto con un tuit brillante que convertía el coro de The Number of the Beast en un recordatorio del número telefónico de la institución: One, three, three, the number of police . Horas más tarde, y justo después de hacer The Number of the Beast como Satán manda, con perfecta concordancia entre espectacularidad musical y escénica, Bruce Dickinson tomó una wenu foye o bandera mapuche, adhiriendo, posiblemente sin querer, a la causa de los muchos (¡demasiados!) que han muerto en el sur a manos de la policía. Por detalles así, Iron Maiden nunca será la banda favorita de las autoridades. En su libro Metalheads: Heavy Metal Music and Adolescent Alienation, el psicólogo e investigador Jeffrey Arnett plantea que los conciertos de heavy metal se parecen a los rituales de transición de niño a hombre que han tenido lugar por siglos en diversas culturas alrededor del grupo. Típicamente, estos rituales tienen la función de educar a los niños sobre los roles que se espera que cumplan hombres adultos. Sin embargo, aunque el heavy metal contiene algunos elementos de esos rituales, difiere porque lleva al adolescente en contra de las ideas de los adultos, representa una negación de ellas. Cuando Bruce Dickinson llama a la unión de los pueblos, casi en plan Imagine de Lennon, está llevándole la contra a un sistema que vence dividiendo. Cuando Iron Maiden exige que suspendamos la incredulidad y nos asombremos con un enorme Eddie inflable, mientras los ecos del punk siguen retumbando en Iron Maiden , reman en dirección opuesta a la de una sociedad cada vez más cínica. 6. No hay respiro alguno entre If Eternity Should Fail y Speed of Light , las dos primeras canciones de la noche. Bruce Dickinson juega peligrosamente con el pedestal del micrófono en Death or Glory . Janick Gers apunta hacia las estrellas con su diapasón como si quisiera dispararle un rayo al cielo santiaguino, durante esa odisea laberíntica de 13 minutos llamada The Red and the Black . La interacción en la que entran las tres guitarras del grupo a veces se vuelve una prueba de velocismo olímpico. Cómo pasar por alto el arrojo con el que se maneja Iron Maiden en vivo, probablemente es una de las razones por las que sigue cautivando la imaginación de tanta gente joven: su música se conecta sin problemas con el brío de un adolescente. Y a los que ya tienen cierta edad los lleva directo a su pasado más impetuoso. Para qué negar que el grueso del público recién se manifestó con efusividad a la tercera canción, Children of the Damned , un rescate del disco The Number of the Beast. O que los momentos más excitantes fueron los clásicos archiconocidos que datan de hace muchos años: The Trooper , con Dickinson cambiando de atuendo en un santiamén tras sacarse el polerón negro y revelar su famosa chaqueta roja, entre pirotecnia y humo; Powerslave , con Dave Murray ejecutando un clasicista solo y el rostro del cantante cubierto por una máscara de Blue Demon, uno de los principales íconos de la lucha libre mexicana; y Hallowed Be Thy Name , enérgica, categórica, recibida con una bengala en la cancha por un fan que de seguro esperaba ese tema para prenderle fuego. 7. Llegará un día en el que todos los que fuimos al Estadio Nacional el viernes 11 de marzo vamos a estar muertos. Pero, hasta que cada uno tenga que lidiar con su propia finitud, en nuestras memorias quedará almacenado el recuerdo de una noche con Iron Maiden. Una noche en la que no supimos de finales porque fuimos, por un rato, eternos. Andrés Panes Tags #Iron Maiden # IronMaiden # Bruce Dickinson # Adrian Smith # Nicko McBrain # Janick Gers # Dave Murray # Steve Harris # Anthrax Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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