W.A.S.P.: el dios de neón era real Sábado, 04 de Junio de 2005 Viernes 3 de junio, 2005 Galpón 6 La publicidad del concierto anunciaba que el evento sería una fiesta del heavy metal de los 80’s ¡y así fue! Una larga cola de metalheads esperaba por entrar, mientras al interior del recinto que ya comenzaba a llenarse, el DJ Claudio Torres entretenía a la concurrencia con una selección de hits metaleros de los ochentas, los que la gente cantaba a todo pulmón. El ambiente era de fiesta y todo el mundo estaba pasándola en grande. Pero lo mejor estaba por venir y fue cosa de que se apagaran las luces para que la locura estallara en el recinto. Con la intro ‘The overture’ sonando de fondo, las altísimas siluetas de los músicos de Los Angeles comenzaban a tomar posesión del escenario. Uno a uno fueron ingresando en la penumbra y por supuesto el último fue el señor Blackie Lawless que desató la algarabía de los presentes. Las luces estallan multicolores y WASP en pleno está ahí, para presentarnos su espectáculo “The Neon God South American Tour”. La descarga se inicia con un medley que incluye ‘On your kness’ (de su primer disco homónimo del ’84) e ‘Inside the electric circus’ (de su tercer disco de mismo nombre del ’86). Sin decir ni media palabra, Blackie ya tenía a toda la gente en su bolsillo, con un sonido potente y una presencia escénica y visual impactante, con toda la banda rigurosamente vestida de negro y con las antiguas sierras de acero adornando las muñecas de Blackie. La locura siguió con ‘L.O.V.E. machine’ (también del primer disco) y ‘Wild child’ (del segundo disco “The last command” del ’85), dos de los mayores himnos de WASP, los que fueron coreados en forma frenética por toda la concurrencia a todo pulmón. A estas alturas ya estaba claro que Blackie Lawless es un tremendo frontman, sin discursos panfletarios hechiza y enloquece a la audiencia imponiendo una performance contundente y aplastante. Blackie estaba en gran forma, mucho más ceñido de lo que aparece en el DVD “The sting: live at the key club” de hace un par de años. Su voz también está intacta, y a pesar de usar algunos samples con coros pre-grabados de fondo para algunos temas, Lawless cantó realmente increíble. Blackie es WASP, es su esencia, es su alma, y este gigante (literalmente hablando) de 1.93 mt de altura, se veía aún más enorme e imponente cuando se subía al pedestal de su impresionante pie de micro hidráulico, el cual presentaba un increíble esqueleto tallado en acero como si fuera una de las alucinantes esculturas del artista austriaco HR Giger (creador de “Alien” entre muchos trabajos notables). Sin duda Blackie es el centro de atención de toda la banda, pero los músicos que le acompañan no le van en saga y son todos muy competentes. El guitarrista Darrel Roberts se mostró muy fluido en los solos y con una presencia escénica muy visual e histriónica, llena a cabalidad los zapatos de Chris Holmes, el guitarra solista original de la banda. Por su lado, Mike Duda es un correcto bajista y también su labor en los background vocals es muy importante para apoyar a Blackie, siendo un adecuado sustituto para el bajista Johnny Rod (recordemos que en los primeros discos de la banda, Blackie tocaba el bajo y el otro guitarrista era Randy Piper. Luego Blackie se pasó a la guitarra rítmica y entró Johnny Rod). Otro punto de atención destacado de la banda, es el batero Stet Howland, dueño de una gran y contundente pegada, y en varios temas se ponía de pie tocando parado, lo que demostraba su gran y espectacular dominio tras los parches. Todos estos detalles hicieron que el show jamás decayera en intensidad y físicamente la banda exhibió un gran desligue, dejándolo todo sobre el escenario, y con esto me saco el sombrero, de ver como se entrega una banda con más de 20 años de carrera realizando shows de 2 horas de gran intensidad, en cambio otras bandas mucho más jóvenes que nos han visitado, apenas se empinan por 1 hora de escaso show (se me vienen a la mente los casos de I’ll Niño y Dimmu Borgir por ejemplo), sin llegar a justificar el precio de la entrada. El gran concierto siguió con la balada ‘The idol’ (del álbum “The crimson idol” de 1992), donde el resto de la banda se queda tras los amplificadores dejando a Blackie todo el protagonismo, quien sobre su pedestal hidráulico se balanceaba sobre las cabezas de los asistentes en forma desaforada y además tocando la guitarra mientras era seguido por unos spotlights de color azul intenso, creando un efecto alucinante. A pesar de ser una balada, la versión sonó mucho más pesada y eléctrica que su versión de estudio, siendo uno de los muchos momentos memorables del show. Otro fue cuando Blackie instó a toda la concurrencia a “fornicar como un animal” y la banda se despachó un furibundo ‘Animal (fuck like a beast)’. El momento más metálico y agresivo de la noche llegó con la estupenda versión de ‘The headless children’ (del disco del mismo nombre del ’89). El doble bombo de Stet Howland no dio tregua y el tema sonó impresionantemente heavy. Sin duda este es el disco más metálico y contundente de WASP en toda su carrera y por muchos es sindicado como su mejor trabajo (me incluyo). ‘The real me’ la metalizada versión del tema de The Who (que también aparece en el disco “Headless”), resultó el preámbulo perfecto para el brutal cierre que se venía: Blackie agarra un gran y pesado tronco de árbol y un roadie le pasa un hacha de acero. Desde un balde azul Lawless saca unos grandes trozos de carne cruda y los comienza a partir en varios pedazos con el hacha y luego se los tira a la audiencia. Sin duda, contarlo no es lo mismo que verlo, pero la euforia y catarsis colectiva que provoca el efecto llamado “raw meat” es alucinante. Y ojo que este tipo de show tan teatral hace muchos años que WASP no lo hacía y Blackie había prometido que para la gira “American Metal Blast” que se inicia a mediados de junio por USA junto a L.A. Guns y otras bandas, recuperaría muchos de los efectos teatrales de las primeras giras y en Chile pudimos ser testigos de aquello, con un show de “shock rock” en la más purista tradición de Alice Cooper y Kiss quienes fueron los pioneros del concepto (sólo faltó el número de “el sacrificio de la fémina virgen encapuchada y desnuda” donde Blackie luego de besarle los pezones procedía a degollarla), pero tal vez algo así podría ser un poco fuerte y escandalizante para las conservadoras sociedades imperantes en Sudamérica. Tras la “raw meat” se vino una infartante versión del himno por excelencia de WASP, y ese no es otro más que ‘I wanna be somebody’, la que generó un brutal pogo y una reacción maniática de la audiencia como toda la noche. Al final del tema, Blackie sacó un cráneo lleno de sangre y procedió a beber de él mientras la sangre le chorreaba por la cara, la que luego arrojó hacia el público. Tras dejar a todo el mundo en estado catártico y con el cuerpo sudado, la banda se retiró del escenario, dejando la adrenalina a mil. Para el primer bis, interpretaron la gran balada ‘Sleeping (in the fire)’ del primer disco y en el segundo bis cayó el himno festivo por excelencia ‘Blind in texas’, donde Blackie arrojó unos sacos de plumas de pollo a la concurrencia, cerrando 2 horas de alucinante show, el que contó con un muy buen juego de luces y un sonido óptimo, que permitió disfrutar de un concierto simplemente inolvidable, donde Blackie Lawless dictó una verdadera cátedra de como ser un gran frontman. Quizás por eso mismo ya es una gran leyenda viviente de la historia del heavy metal. Los comentarios de “increíble”, “se pasó”, “extraordinario” y “maravilloso” eran moneda corriente después del show entre los asistentes, el que fue un gran éxito y que convocó a muchos metalheads no sólo de la “vieja escuela” sino a toda una nueva generación de jóvenes ansiosos de ver a las leyendas sobre las cuales tanto han leído u oído hablar. Por ello no se puede considerar el éxito del show sólo por un factor “nostálgico”, ya que al menos el 40% de los asistentes era menor de 25 años. Este es otro claro ejemplo que este tipo de música y las grandes bandas de los ochentas, están teniendo un pletórico regreso y eso ya es un fenómeno a nivel mundial, el que podremos comprobar una vez más el próximo 13 de septiembre cuando se presenten en Chile los legendarios Whitesnake y Judas Priest juntos en la Pista Atlética del Estadio Nacional. Como decía al comienzo, la publicidad prometía una fiesta y eso fue lo que vimos, vivimos y sentimos, una gran fiesta de rock con una banda insigne de los ochenta. ¿Les gustaría repetirse el plato con un Dokken, un Ratt, un Skid Row, un Cinderella o un Mötley Crüe por ejemplo? Soñar es gratis y si WASP ya vino y nos pasó la sierra eléctrica a todos, ¿por qué no? Cristián Pavez Tags #W.A.S.P. # WASP # Blackie Lawless Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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