Iron Maiden: Viviendo los años dorados La antesala del descanso de la Doncella en Chile Viernes, 23 de Octubre de 2026 «Mientras lo sigamos disfrutando, eso es lo principal. Probablemente lo estamos disfrutando más que nunca, porque no nos quedan muchos años, así que cada concierto es sagrado. Tiendes a apreciarlo mucho más». Fueron las palabras de Steve Harris a comienzos de 2026, cuando le contaron que Bruce Dickinson aseguraba que estaban en su momento de mayor felicidad. A medio siglo de fundar la banda, y mientras gran parte de sus contemporáneos baja los brazos o nos van dejando por causas naturales, pareciera que Maiden no da tregua de cuánto tiempo les queda. Por eso, cada concierto es una batalla ganada. Para celebrar este cincuentenario, se embarcan en Run for Your Lives, una gira hecha para desempolvar los clásicos más complejos y reencontrarse con la fanaticada antes de un receso programado para 2027. 14 visitas a Chile en 30 años marcan la relación entre el grupo y una fiel hinchada que transformó un veto inquisitorial en liturgia, resistencia y tradición. Por eso, el cierre de la gira mundial será en Santiago, este 31 de octubre y 1 de noviembre, coronando dos noches agotadas ante 120 mil personas en el Estadio Nacional, lugar que eligieron para despedirse. Para medir el barómetro, su impacto en nuestra identidad y el entramado humano que conecta el mito con la memoria personal, convocamos a quienes han habitado este fenómeno desde el escenario, la radiofonía y la pasión: Matías Leonicio y Sebastián Puente, integrantes de Nuclear y encargados de abrir ambas fechas; Jorge Ahués, presidente de Maiden Chile; y el periodista y director de Radio Futuro, Rainiero Guerrero. El nacimiento de la Bestia Cuando Steve Harris fundó Iron Maiden en la trastienda obrera de Stratford de 1975, Reino Unido se remecía por las huelgas del carbón y una fuerte incertidumbre social. El mapa cultural atravesaba su momento más nihilista bajo el alero del punk, listo para la ebullición del "No Future": una contracultura que hacía música de tres acordes hechas para sacudir conciencias, pero destinadas a morir en el acto. Frente a esto, el bajista -un ex dibujante técnico y obrero de la periferia que no logró convertirse en futbolista profesional en las inferiores del West Ham United- optó por tomar la otra vía y creer, siempre, en el maravilloso y trasformador poder del metal. Harris era la antítesis de la moda de la época: tenía la melena hasta la cintura y era fan del rock progesivo de Genesis y Jethro Tull, defendiendo sus convicciones en un entorno que satanizada el pelo largo y los compases elaborados. Una terquedad que le costó cara en sus primeros pasos. En Smiler, -su banda de entonces-, sus compañeros rechazaron sus composiciones por "demasiado complejas". Los cazatalentos, por su parte, pronosticaban que su fijación por la elaboración instrumental nunca sobreviviría. Pero, bien conocida es también es su terquedad. Fue entonces cuando se la jugó por un proyecto a su imagen y semejanza: obstinado, rítmicamente implacable y alérgico a la derrota. Apostó por guitarras gemelas, arreglos intrincados y una rica narrativa lírica que bebía directamente de referencias de la literatura, el cine y la historia, de ahí también el nombre de dicho proyecto: Iron Maiden. La velocidad y la intensidad de sus primeras presentaciones confundieron a la prensa británica, que intentó definir al grupo dentro de la misma ola de la que venían huyendo. Harris recuerda: "A algunas personas nos confundieron con material punk, pero en realidad no nos gustaban para nada. Los punks de ese entonces no sabían tocar sus instrumentos. Teníamos energía y adrenalina de forma natural al subir al escenario; nunca fue algo premeditado". El camino inicial fue un filtro feroz. La agrupación sorteó alineaciones itinerantes y fugaces hasta afianzar, recién en 1977, la dupla creativa del bajista con el guitarrista Dave Murray y el baterista Doug Sampson. Faltaba la pieza frontal. Así dieron con Paul Di’Anno, un joven de ascendencia brasileña que alternaba sus días entre la carnicería y la cocina, que no encajaba con el heavy tradicional, pues no usaba pantalones de lycra ni llegaba a los agudos operísticos que caracterizaban a los frontmen del género. En cambio, usaba el pelo corto, tenía una actitud media punketa y un registro rasgado, sónico y visceral. Sin el respaldo de las multinacionales, la Doncella financió de su propio bolsillo las 200 libras que costó registrar cuatro canciones en el histórico demo "The Soundhouse Tapes" (1978). Las cinco mil copias en vinilo editadas de manera autogestionada se agotaron por correo en menos de una semana, transformando al grupo en un fenómeno underground antes de que cualquier gran sello pusiera un contrato sobre la mesa. Así lograron posicionar 'Prowler' en el número uno de las listas del "Heavy Metal Soundhouse en The Bandwagon", compartiendo puesto con conjuntos del New Wave of British Heavy Metal con nombres como Angel Witch o Samson, donde militaba un joven Bruce Dickinson. Para Rainiero Guerrero, periodista y director de Radio Futuro, la trascendencia del grupo en el medio local responde a algo mucho más amplio: "Maiden, más que imprimir algo en la escena musical, creo que ha impreso algo en el ambiente de lo que significa Maiden en la sociedad. Yo creo que es más sociológico que musical lo de Maiden". Así se cimentó el debut homónimo (1980), y su sucesor "Killers" (1981), que sacudieron los rankings británicos. La crudeza y urgencia de esas producciones es recordada como una revelación por los músicos que crecieron bajo su alero. "Killers fue el primero que escuché de ellos y hasta el día de hoy me transmite una energía imparable", nos cuenta Sebastián Puente, guitarrista de Nuclear. "Soy una persona hiperactiva y con discos como ese simplemente me lleno de inspiración y energía". Esa primera etapa con Paul Di’Anno dejó las bases sentadas, pero el engranaje ajustó su forma definitiva a finales de 1981 con la llegada de Bruce. Lo que vino después fue una racha implacable de seis discos de estudio en siete años, giras maratónicas como el "World Slavery Tour" de 1984, con 189 conciertos en 331 días, y el desgaste físico inevitable de una maquinaria que nunca supo trabajar a media marcha. Ardiente ambición Cuarenta años después de aquel ritmo frenético de los 80, la factura ya no es la exigencia de la prensa ni las presiones de las multinacionales; es la que cobra el propio cuerpo. A cincuenta años, el Maiden actual se sostiene sobre una resiliencia que se ha puesto a prueba en su tramo más complejo, puesto que la última década ha estado marcada por un desgaste ineludible: en 2014 Bruce Dickinson enfrentó un cáncer de lengua y garganta -además de posteriores cirugías de cadera-, mientras que en enero de 2023 Nicko McBrain sufrió un accidente cerebrovascular que paralizó su lado derecho, obligándolo finalmente a ceder las baquetas para el tour "Run for Your Lives". La carne avisa y la banda acusa el golpe. Frente a la certeza del tiempo en contra, la decisión fue acelerar. La consigna pasó a ser tocar al límite mientras el cuerpo aguante, forjando una historia digna de Maiden, dura y ultra resiliente. Ante el paso implacable de los años, la urgencia de pisar el escenario se renueva bajo una convicción intransable. Entienden bien que los años pasan la factura; por lo mismo, es que se celebra sudando la gota y dejando la vida sobre las tablas. Por eso la gira de los cincuenta años sale del confort y se toma la bendita libertad de castigarse técnicamente, sacándole el polvo a las queridas epopeyas de larga duración como 'Rime of the Ancient Mariner' o 'Seventh Son of a Seventh Son' a los 70 años sin pistas de apoyo, a pura vieja usanza. Una trastienda humana queda expuesta en su reciente documental, "Burning Ambition" (2026), dirigido por Malcolm Venville, que mezcla material de archivo con testimonios de seguidores, exintegrantes y figuras como Scott Ian, Lars Ulrich o Javier Bardem, rescatando además las últimas declaraciones de Paul Di’Anno antes de su muerte en 2024 como un puente hacia los años escenciales. Para la fanaticada local, los cambios marcan el tono de esta revuelta. Jorge Ahués, presidente de Maiden Chile, analiza esa sensación agridulce: "Esta vez habrá una dimensión distinta, porque será su primera visita sin Nicko McBrain en la batería. Su carisma, su humor y su personalidad lo convirtieron en alguien muy querido. Su ausencia se va a sentir. Habrá nostalgia, pero también muchas ganas de celebrar estos 50 años". Ahués también valora el trabajo colectivo por mantener viva la historia: "Como comunidad hemos tenido la posibilidad de traer a exintegrantes que han sido parte fundamental de la familia, como Paul Di’Anno. Poder acercar esa historia a los fanáticos y compartir con quienes ayudaron a construirla tiene un valor enorme". Puente, apunta a cómo esa conducta profesional frente a la adversidad caló profundo en los músicos que abrirán los shows en Santiago. "En la carrera de Iron Maiden hay muchos altos y bajos, no son una banda que tuvo éxito inmediato y han sabido pararse como los grandes en cada época. Cuando se les 'rompió' el avión en Chile en 2016 y decidieron seguir la gira en bus por tierra para cumplir con las fechas, para mí fue algo admirable. Todo eso deja una influencia enorme: mantener los pies en la tierra siempre", destaca. Up the Irons! Nuestra historia con Maiden Siempre he creído que si Maiden llega a tu vida, es para quedarse. Cada uno construye su propia historia con la banda a través de los años, con cariño, integrándose en una comunidad capaz de forjar pasión, historia y apañe; de crear amor, amistades y familia. Todo esto me empuja a hablar a título personal y contar, desde mi propia vereda, una biografía que se remonta a mis primeros recuerdos musicales. Mi vínculo con ellos es el reflejo de la historia con mi papá, uno de los fanáticos más leales que conocí. Mi primer recuerdo vívido de una canción pesada fue '2 Minutes to Midnight', que la escuchaba en su MP3. Me acuerdo la emoción, una euforia que a esa edad no tenía nombre, pero que me enganchó para siempre a ese galopeo. Me acuerdo también de cómo se nos hizo tradición y cómo le dedicábamos tardes enteras escuchando la radio, repasando las discografías, rayando con el "Flight 666" que había salido hace poco por esos años. Recuerdo de cómo me instruía con lápiz y papel con los datos que Pirincho Cárcamo contaba en la Futuro, y cómo así poco a poco fui desarrollando un cariño eterno, especial y favorito por los dos primeros discos, amando la voz carrasposa de Paul y fascinada por tratar de entender el salto técnico que significó la llegada de Bruce. De él heredé la pasión por el rock y la vocación de mi vida: el periodismo musical. El metal fue nuestro idioma y Maiden, el corazón de nuestra relación. Un pacto que se consagró en octubre de 2013, cuando me llevó por primera vez al Estadio Nacional en la gira "Maiden England", en un cartel junto a Ghost y Slayer. Fue un ritual que me voló por completo la cabeza: el mosh, el rojo de las bengalas, la felicidad de los corazones latiendo y cantando al unísono que me hizo entender la verdadera dimensión del culto a la Doncella. Mi papá se fue de este plano en 2018, y el último recuerdo vivo que se llevó de su banda favorita fue el 11 de marzo de 2016, en el "The Book of Souls". A partir de su ausencia, la memoria de todos esos años que caminamos juntos quedó amarrada para irrevocablemente atada a las mismas coordenadas del Nacional. Años después, ya metida en el oficio, el periodismo me regaló una revancha hermosa. En 2023, para mi primera cobertura oficial en Rockaxis, me tocó escribir del regreso de Paul Di’Anno a Chile, del cual solo tengo recuerdos hermosos y que me conectó de golpe con esas primeras canciones que escuchaba en el living de mi casa. En 2024, el círculo terminó de cerrarse cuando volví a ver a Maiden en la cancha y en primera fila, donde caí en la cuenta de que estar ahí era la única forma de mantener intacto un diálogo con mi padre a través de las canciones que compartimos. "Only the good die young", como dicen las escrituras. Así es como en otras historias, el sexteto también es piedra angular, religión y memoria. Esa transmisión intergeneracional que fluye casi por genética de padres a hijos o entre amigos, se afianzó tras catorce visitas en casi tres décadas, estadios llenos y una historia de amor colectiva que comenzó con la herida abierta de la censura eclesiástica en 1992, pero que tuvo su bautismo de fuego el 29 de agosto de 1996 en el Estadio Monumental. Desde entonces, la relación con la Doncella de Hierro dejó de ser la biografía de una banda inglesa para convertirse en nuestra propia historia. En el caso chileno, es la crónica de una feligresía que se construyó golpe a golpe. Matías Leonicio, vocalista de Nuclear, guarda un tesoro parecido en su propia prehistoria. Cuenta que, con 10 años, él y un amigo del colegio miraban fascinados la carátula del "Live After Death" que tenía el papá de este último, un reputado músico de jazz. "Como lo hacíamos a escondidas, no podíamos usar la tornamesa. Tiempo después este señor nos cachó y nos hizo una copia en cassette. Llegar a mi casa a escuchar la explosión de 'Aces High' en vivo me cambió la vida para siempre", confiesa. Para Leonicio, la magia de la banda radica justo en eso: "Inscribirse en la historia con discos inmortales es una cosa, pero lograr que la gente se identifique y vea al fan de al lado como un hermano, es tremendo. Ese sentido comunitario crece desde los primeros seguidores hasta sus nietos". Desde la vereda del fanatismo organizado, Jorge Ahués lo confirma: "Con Maiden uno empieza escuchando una banda y termina encontrando un lugar al que pertenece. Te atrapan las guitarras, Eddie y las portadas, pero después descubres un universo completo", indica. Y añade sobre esa biografía compartida: "Desde todos los problemas que impidieron su presentación en 1992 hasta la grabación del DVD En Vivo! en el Estadio Nacional en 2011, hay una historia cargada de expectativas, frustraciones y alegrías. Ver a Maiden significa reencontrarnos con una parte de nuestra propia historia", remarca. Rainiero alude a cómo esa masa de fans fue madurando a la par con el grupo. "Si hay algo real dentro de la industria es la relación de Maiden con Chile. Está marcada desde la suspensión del 92 hasta este crecimiento natural y orgánico generación tras generación. Muestra cómo construyes una relación única en el mundo, donde la banda nunca claudicó con nosotros y siempre fue un lugar donde había que estar", da cuenta. El periodista recuerda su propio punto de quiebre en la multitudinaria jornada del Club Hípico en 2009: "Éramos unas setenta mil personas cantando. Ahí caí de lleno en la experiencia Maiden; te das cuenta de que vas a un show y sientes la necesidad de ir a todos los que vengan", rememora. El guitarrista de Nuclear apunta a cómo esa complicidad y conducta profesional permeó en la ética de los músicos nacionales a partir de una postal imborrable del tour de 2016. "Cuando se les 'rompió' el avión en Chile y decidieron seguir la gira en bus por tierra para cumplir con las fechas, para mí fue algo admirable. Te deja una lección enorme sobre mantener los pies en la tierra siempre", destaca. Hay cierta belleza en saber dominar el propio reloj, y a estas alturas de su carrera, es otra de las muchas lecciones que nos dejan. Habla del temple de un grupo que maneja su destino con la introspección suficiente como para saber cuándo irse con las botas puestas. Pudo haber sido São Paulo, Buenos Aires, pero bien saben que Chile es y será donde empieza y termina la historia. Este 31 de octubre y 1 de noviembre, 120 mil almas repletarán la cancha para cerrar el círculo en un auténtico patio de herencias. Un cruce de linajes de poleras negras y grisáceas, muchas de ellas heredadas de padres a hijos -como es mi caso-, donde seremos testigos del final de esta etapa, con alegría y la gratitud de haber siquiera existido en la misma época. La Doncella de Hierro se va a su descanso con honores y la certeza de que sus canciones ya le ganaron a la muerte. Y aquí estaremos para esperar a que el ritual reclame una última vuelta. Bárbara Henríquez Tags #Iron Maiden #Rainiero Guerrero #Nuclear #Maiden Chile Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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