Dave Grohl y la inocencia perdida

Una revisión al debut de Foo Fighters

El 17 de octubre de 1994, Dave Grohl entró a un estudio de Seattle con la intención de grabar sólo otro demo-tape. Tal vez tenía otra cosa en mente -ganas no le faltaban- pero no acababa de decidirse… o entenderlo. En aquellos días, Tom Petty le había ofrecido el puesto de baterista en sus Heartbreakers y, de aceptarlo, Dave se mantendría en un segundo plano, opacado por el brillo de un Kurt Cobain primero y ahora un Petty: Iconos americanos. Pero fue esa banda, la de Tom Petty, que lo tuvo de invitado tocando en vivo para un programa estelar de televisión, la misma que le aconsejó que se la jugara por su propio material.

Durante meses, Grohl había sido devastado por circunstancias que no le eran propias, incapaz de decidirse a pensar en la música de nuevo. ¿De verdad estaba tan inhabilitado? Porque ahora aquí estaba, sin una ruta clara, no obstante acompañado de su viejo amigo y productor Barrett Jones quien lo veía volver a grabar justamente en donde se había registrado la sesión de grabación final de Nirvana, en enero de aquel mismo 1994. En esa semana de octubre Dave Grohl y Jones registraron aproximadamente 15 canciones que el baterista había estado trabajando desde años atrás. ¿Algo solo para los amigos? ¿O para la industria?

Crisis / oportunidad

El rumor estaba fuera de discusión. Tarde o temprano, el hiperkinético Grohl volvería a las pistas y las discográficas que estaban en plena euforia de reciclar todo lo que fuera Nirvana se lo pelearían. Dave lo sabía pero no terminaba de aceptarlo. La leyenda cuenta que todos los que oyeron aquellas cintas le rogaron que siguiera y muchos se sorprendieron al descubrir que el postergado baterista de Nirvana había estado tramando algo durante años -y por su cuenta- como si presintiese que lo de Nirvana estaba lejos de ser para siempre. De pronto, el hombre que había sido "el afortunado de no ser el próximo baterista reemplazado por Cobain" tenía una presión y "pretensión que le incitaba para iniciar su propia banda". Era una oportunidad.

El color y la forma de Foo Fighters

Mientras que algunos podrían argumentar que este debut carece del color y la emoción del segundo disco, la verdad es que es esta misma primerísima colección de canciones la que fue espoleada por la muerte, la reacción a una separación obligada, al divorcio y en consecuencia tiene un sentimiento de más crudeza que cualquier otra cosa que Grohl haya hecho, la opción de seguir a toda costa. Y porque también fue el resultado de cuatro años de retoques, afinaciones de la fórmula y del desarrollo creativo de una persona que si bien estaba haciendo todo solo, y que no quería ser Lenny Kravitz precisamente.

Los Foo Fighters han recibido más y mejores elogios por álbumes posteriores al debut (“The Colour and the Shape”, para empezar) pero la incertidumbre y crudeza de este disco es lo que ayuda a darle más intimidad; sí, un álbum "íntimo" que rockea como un huracán. Es que era Dave solo y con mucho que perder, el ex baterista tratando de formar su propia banda después de la escisión de los más grandes de Seattle, algo que pudo haber llegado a ser un fracaso vergonzoso. Aunque no había manera de evitar pensar en el fantasma de Nirvana mientras escuchabas a Foo Fighters hace 20 años, desde el principio quedó claro que valían por sí mismos, y tampoco era un asunto de que "sonaran" tanto a Nirvana.

Si bien los Foo Fighters surgieron de las cenizas de otra banda, por tanto su forma es "nirvanesca", las verdaderas raíces de la banda yacen en los años de grabaciones personales trabajadas por Dave Grohl. El ex baterista de Nirvana había tocado la guitarra y escrito canciones desde que tenía memoria en Washington, DC, del adolescente que también acostumbraba a tocar la batería en varias bandas hardcore del área. A los 17 era el baterista de un reconocido estandarte del punk, Scream, y a los 22 se unía a Nirvana, no obstante lo anterior, siguió trabajando en su propio material, durante las pausas de las giras y del estudio. Después de terminar el “Nevermind” (1991) de Nirvana, Grohl había regresado a DC para grabar varias pistas, pero cualquier plan de hacer algo en serio con ellas quedó postergado por el lanzamiento del “In Utero” (1993) y la posterior muerte de Kurt Cobain (1994).

Persistencia: I'll stick around

Ese mismo año nefasto de 1994, Grohl grababa lo que sería el primer álbum de Foo Fighters, solo que él no lo sabía. El ahora único miembro o más bien "el solista" Dave Grohl tocó todos los instrumentos con la excepción de la canción ‘X-Static’, que contó con la guitarra invitada de Greg Dulli de Afghan Whigs. A pesar de que con Nirvana había escrito y cantado apenas una canción, el lado B "Marigold", Grohl demostró en estas canciones un instinto para ganchos pop a la altura de Cheap Trick y para el rock de guitarras "moderno" para los estándares de los noventa. Luego vino el nombre de Foo Fighters, así le llamaban a algunos pilotos estadounidense de la Segunda Guerra Mundial quienes habían avistado extraños objetos, y luego la firma con Capitol. Tras ello Dave se vio en la obligación de formar una banda para un tour 1995, fue entonces que reclutó al bajista Nate Mendel, al baterista William Goldsmith de la recién disueltos Sunny Day Real Estate y a Pat Smear, el ex guitarrista de los Germs, que se había unido a Nirvana para la gira 1993.

Pese a que fue grabado durante la tercera semana de octubre de 1994 en el estudio de Robert Lang en Seattle, “Foo Fighters” fue publicado ocho meses después a mediados de 1995, un álbum debut que está lleno de masticables con sabor a pop rock alternativo de dulce sabor, pero, por supuesto, blindado con una exuberante despliegue de guitarras pesadas que conformaban un muro-de-sonido muy grueso del que era difícil no prendarse. Cuando “Foo Fighters” finalmente apareció, Grohl fue citado diciendo que quería hacer todo lo posible para distanciarse del éxito de su anterior banda, para evitar ser rotulado como un spin off de Nirvana, una mera fuente de ingresos que le rendía tantos créditos a otras bandas de la época, que eran criticadas por lo mismo: parecerse a Nirvana.

Grohl probablemente no esperaba algo tan meritorio como ganar Grammys o cosas así o dos ni menos posesionarse en el tope de la pirámide del rock moderno. Y es que al escuchar este disco, haciendo todo lo posible para situarlo fuera de contexto, es difícil imaginar que el sonido de los Foo Fighters iba a mutar en la quintaesencia del sonido "rock moderno", en lo absoluto. Eso estaba por consumarse años después, probablemente con el “There Is Nothing Left To Lose” (1999).



I don't owe you anything?

¿Es este álbum perfecto? Por supuesto que no. Es muy desprolijo, e incluso puede que suene como un demo-tape, sobre todo conociendo la historia de su concepción. Pero a pesar de todos sus defectos, es el compendio de años de un trabajo privado -a veces suave, a veces enojado, a veces feliz, y a veces deprimente- de un tipo que estaba en el pie correcto para saltar al otro lado. Con las 12 canciones pasa lo usual, algunas son mejores que otras pero tampoco no hay nada acá que suene como relleno, aunque por ahí se mencione ‘Weenie Beenie’.

Suponemos que esa es la ventaja del "ahorro" de Dave, de toda su energía transformadas en canciones, temas en los que invirtió a través de los años, de un sonido compacto y robusto que incluso daba la impresión de que siempre se trató de una banda completa siendo que entonces era solo Dave, eso era Foo Fighters. Más que un gran debut, un encanto a primera vista y simple escucha. Lo mejor de todo, es que gracias a las letras abstractas, el que lo oía podía hacer de ellas básicamente lo que se le ocurriera, y gracias a la gama emocional desplegada, es adecuado para cualquier tipo de estado de ánimo. Este es el verdadero secreto del éxito del registro y la razón del porqué aún hoy se empina tan alto como cualquier otra cosa que Dave Grohl haya hecho desde entonces.

¿Quién hubiera pensado que el baterista de Nirvana se iluminaría al mando de una banda que vendería estadios y ganaría Grammys? No pudo haber parecido posible en el año 1995 cuando Grohl lanzó este álbum "Foo Fighters" pero este "modesto" registro puso toda la maquinaria en movimiento. Desde sus melodías terrenales a la ciencia-ficción de la portada (aquella pistola desintegradora) este álbum es digno de todo el bombo y los platillos y, por lo demás, sigue siendo un gran lugar para empezar si estás buscando entrar en la discografía del grupo.

A rey muerto...

Kurt Cobain y Dave Grohl siempre parecieron compartir una gran cantidad de ideas similares sobre cómo hacer música pero fueron las pequeñas diferencias las que los distinguieron, Foo Fighters es una fundamental. Mayores y mejores cosas vendrían con el tiempo para el quinteto norteamericano pero esto sigue siendo un álbum más que digno de su tiempo. Y de nuevo, en cuanto a debuts, este es un punto de partida estelar, lo hubiera sido para cualquier banda, no solo para Foo Fighters.

Alfredo Lewin






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