Beth Gibbons: La valentía de debutar con un autoanálisis crudo Viernes, 06 de Diciembre de 2024 Publicado originalmente en revista Rockaxis #252, junio de 2024. «Beth Gibbons ha hecho de la inactividad una forma de arte». Esta ha sido una de las frases que se ha repetido en diversos medios especializados en música que, ante la rapidez que implicó la reseña de su esperado nuevo disco “Lives Outgrown”, se transformó en una cita célebre de alta replicabilidad, pero de poca reflexividad, obviando conceptos medulares como el paso del tiempo, el duelo y la esperanza. Karin Ramírez Fotos: Netti Habel La resonancia del impacto de Gibbons en el ala alternativa por medio de Portishead, con un trip hop que conquistó a miles con “Dummy” (1994), hace exactos 30 años atrás, parece un legado que trasciende en la música experimental, pero que también trasciende porque este proyecto tiene voz de mujer, sin perder aquella esencia que caracteriza la retórica de la nostalgia, cuestionamientos y la habitabilidad de espacios –multidimensionalmente– inhóspitos. La carrera de Beth Gibbons se ha caracterizado por la eterna búsqueda de la tranquilidad, algo que la artista conoce de cerca. Su propia historia está escrita entre bosques, cercos y el silencio de los campos de Exeter, rasgo de pertenencia territorial que se marca en la identidad sonora de su primer disco solista, el respeto al silencio, el dramatismo de su voz, pero por sobre todo, aquel respeto por el análisis de contexto en la producción de su nuevo trabajo discográfico. Parece una locura que “Lives Outgrown” tomó cerca de una década en publicarse, pero es importante pensar en este trabajo desde un prisma temporal específico, los tiempos de tempestad de Gibbons, aquella temporalidad en la que las diversas voces forman parte de una narrativa, aquella en la que se visibilizan los duelos, la ansiedad, la desesperanza, pero también ese halo de luz que trae la maternidad, como madurez y resistencia ante la vorágine de la existencia. “Lives Outgrown” es la perfecta anacronía de la ansiedad en tiempos de depresión. No es la inactividad una forma de hacer arte, tampoco es la romantización del dolor como inspiración artística de almas en dolo. El debut de Beth Gibbons es la materialización de la observación participante de la realidad, del tiempo y del duelo. “Lives Outgrown”, no es una forma de arte, es el arte del análisis en sí mismo. Por tanto, al afirmar que «el análisis es el arte en sí mismo», implica también afirmar que éste es un ejercicio crítico de abstracción, por tanto, no es “inacción”, sino la crudeza de interpretación de un contexto en duelo. La complejidad propositiva del debut de Gibbons conforma un rizoma constitutivo de su propia historia. En este debut, nos encontramos con la vulnerabilidad más profunda de lo que hemos conocido a lo largo de su trayectoria en Portishead. Incluso, es posible aventurarse a afirmar que “Lives Outgrown” rompe con la identidad a la que se le fue otorgada (o quizás impuesta), tras la leyenda de Portishead. Beth ha sido enfática durante todo el proceso que abre la era de este nuevo disco que, el tiempo y el duelo, son conceptos basales que describen el carácter narrativo y melódico de su álbum debut. Lejos de grandilocuencias, incluso lejos también de querer dar con “descubrir la rueda”, Gibbons se aventura a abrir las puertas a las mentes que hoy están en dolo, es más que la “inacción” como burdamente han querido describir. Es tomar el pesar de la ansiedad, insomnio, el habitar el cuerpo femenino en contextos de menopausia e, incluso, los episodios depresivos, los que hacen de este disco una constante de análisis, autoanálisis y la dificultad de habitar la existencia en tiempos donde la desmotivación toma la delantera. Por esta misma razón, afirmar que «la inacción es una nueva forma de arte», es pisar, denostar y no entender la complejidad de “Lives Outgrown”, desde la pluma y creatividad de Beth Gibbons, una mujer sencilla de casi 60 años, que ha despedido a tantos amigos como familiares; tantas amigas como versiones de sí misma. El tiempo como constructo invariable: «Solo tenemos el aquí y el ahora» La invariabilidad del tiempo como constructo es uno de los tópicos más relevantes que toma la retórica de Gibbons a lo largo de “Lives Outgrown”. No existe un análisis temporal desde lo subjetivo, como una interpretación de la “relatividad”, Gibbons propone un análisis del paso del tiempo y cómo se inscribe en nuestras experiencias vitales, en nuestros cuerpos y en nuestros ciclos. Gibbons plantea un contradiscurso a la instalación de retóricas vacías que se esconden tras los estereotipos que recaen en la feminidad y jovialidad. Es más, Beth apuesta por describir desde sus entrañas aquel proceso menopáusico, abriendo una discusión que no encaja bien, porque es posible hablar de la aceptación de un cuerpo femenino, siempre y cuando sea posible hablar de amar cuerpos jóvenes y llenos de vitalidad. ‘Oceans’ es una de las canciones donde Beth nos regala una conversación de piel a piel de un viaje complejo, donde nuestros cuerpos toman las decisiones, donde nuestros cuerpos son quienes realmente toman el peso del tiempo, es aquel proceso tan único y del que no podemos escapar. «Antes tenía la capacidad de cambiar mi futuro, pero cuando te enfrentas a tu cuerpo, no puedes obligarlo a hacer algo que no quiere», fueron algunas de las reflexiones que realizó en relación al tiempo, al futuro. La menopausia no es algo que se pueda pausar, es más bien una transición corporal en la que se inmiscuyen emociones confusas, sensaciones físicas complejas. De acuerdo a lo planteado en ‘Oceans’, Gibbons se atreve a declarar que el tiempo deja marcas, las que están impregnadas de cansancio, preocupación y abatimiento, todo entre guitarras y atmósferas etéreas, más una voz un tanto rasgada. No hay embarazo, porque ya no queda nada. «Cause every time's taken, I'll never say. Fool?d ovulation, but no babe in me. And my heart was tir?d and worn». Palabra de Beth. La inmensidad que plasma en la metáfora del océano –porque es más que la experiencia de un cuerpo vacío– es la experimentación de vivir en un cuerpo del que no se habla, un cuerpo que en la literatura se analiza desde la pérdida, la agrupación genérica de la geriatría, más no de un cuerpo femenino en el ocaso, sin ovulación, sin la capacidad de producción de vida, e incluso, sin ser aquel cuerpo que, por estigma, se le adjudica el poder de la fecundación. Es aquí donde Beth también busca reflexionar más allá de lo meramente escrito, e incluso yendo más allá de la mononeuronalidad de «las mujeres ya no lloran». Beth busca posicionar la experiencia del duelo y transformación de un cuerpo que se mezcla con la madurez, pero también con el cansancio y el agotamiento. Ella busca abrir espacios a los cuerpos invisibilizados, nunca negados, pero que viven en el silencio de la sociedad, ya que hablar de la menopausia es hablar de la vejez como una sentencia lapidaria, pero nunca de la posibilidad de reflexionar de la transición del cuerpo que se habitaba y que se conocía, a un cuerpo que hoy no se entiende, no se conoce, pero que está lleno de dolor, cansancio, madurez y abatimiento. Es así como la experiencia de Oceans también da cuenta de un aprendizaje, podemos verlo desde un lado sencillo: «aprovechar el momento y el presente», pero también podemos cobijarnos en la experiencia de Gibbons, la experiencia vital se enmarca en un momento único, el presente, el pasado y el futuro, como ordenamiento lógico de construcción temporal personal y/o colectiva, es decir, «solo tenemos el aquí y el ahora», porque el pasado y el futuro solo existen para ordenar nuestra vida en términos de organización mental. La fragilidad de la existencia en duelo: Retóricas de la eterna despedida «Es una época de despedir a familiares, amigos e incluso a quién era yo antes», es así como Beth se atreve a describir parte de este disco que refleja diversos procesos que experimentó durante 10 años de metamorfosis, donde las ideas mutan, las experiencias cambian y las verdades ya no son las mismas, y los círculos afectivos se reducen más y más. Despedir a familiares duele, mucho más si son cercanos, si aparecen en nuestros procesos vitales. Es despedir también una parte de nosotros y nosotras mismas. Aprender a decir adiós no siempre es crecer, tener la valentía de decir adiós de forma permanente tampoco es algo que nos deba “hacer fuerte”, y esta también es una tesis que plantea Gibbons en canciones como ‘Burden of life’: decir adiós es un punto de inflexión en la reflexión sobre la existencia, las generaciones que vienen y se van, pero por sobre todo, es la necesidad de problematizar el duelo desde el silencio y la tranquilidad. El duelo, como acción y efecto, es puramente supervivencia. Es un acto de aprender a vivir con el dolor de la pérdida, porque es una aflicción que jamás te abandona, y es desde esta posición que se enmarca también la tesis central de este artículo: entender la tranquilidad como supervivencia, porque esto significa actuar en función de las necesidades emocionales, por tanto, jamás es inacción. Tomar pausa y distancia, como es el caso de la década que tomó escribir este álbum, es reflejo tácito de la necesidad de valorizar los tiempos de ostracismo para sobrevivir ante el miedo, el dolor y la desesperanza. Aprender a respetar los tiempos del duelo es también comprender la necesidad de aprender a vivir “más allá del sol”, tal como se titula la novena canción de “Lives Outgrown” (‘Beyond the Sun’), y esto jamás será inacción. El debut oficial como solista de Beth Gibbons es una clara metamorfosis y un punto de inflexión en su carrera, porque marca una nueva era personal, un tanto alejada de la otrora vocalista de Portishead. “Lives Outgrown” es el contramanifiesto de una mujer sencilla, madura y altamente reflexiva, que se atreve a mirar su propia existencia desde un prisma autocrítico, pero también sensorial, generando su propia temporalidad, desafiando los márgenes de la hiperproductividad e, incluso, la presión creativa. El contramanifiesto “Lives Outgrown” desafía, sin titubear y sin interés, la premisa de «las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan», misma premisa que se esconde tras la simplista frase «la inacción como otra forma de arte», porque pone en el centro la hiperproductividad por sobre los procesos creativos, valida la “actividad” constante y niega la posibilidad de pausa. “Lives Outgrown” es el reflejo más grande del tormento que vive mucha gente en dolor, en rabia, en pena y en duelo, donde las actividades más normales les dificultan la existencia, pero pese al dolor y el peso del tiempo, se atreven a construir las piezas más importantes utilizando sus propias herramientas como elementos de creación. El debut de Beth Gibbons no busca romantizar el dolor como forma creativa, ni mucho menos enaltecer «la inacción como forma de acción», “Lives Outgrown” es el contramanifiesto de la exteriorización de reflexiones sin anestesia del dolor, del paso del tiempo, de la pesadez del cuerpo femenino, pero que encuentra esperanza en la maternidad, la tranquilidad, el silencio, el ostracismo, los procesos y, por supuesto, la música. Tags #Beth Gibbons #2024 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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