El eco de los 80 Un grito intergeneracional difícil de acallar Miércoles, 25 de Junio de 2025 Publicado originalmente en revista Rockaxis #258, diciembre de 2024. A 40 años de su lanzamiento, “La Voz de los ‘80” sigue presente en el imaginario de las nuevas generaciones. Es como si se filtrara en la vida de artistas, en un rito de iniciación que, muchas veces, marca el paso a la adultez musical. Y es que al igual que una lectura obligatoria, es fácil seguir inmiscuyéndose en la prosa de Jorge González, donde se encuentra una puerta hacia una identidad chilena tan cruda y, a la vez, tan atemporal. Hoy, sin embargo, los nuevos músicos no miran al pasado solo con nostalgia, pues portan en su sonido ese patrimonio que González, Narea y Tapia trazaron en su momento. Conversamos con artistas de la década para entender cómo este disco ha moldeado su relación con la música, su visión social y su forma de concebir el arte. Bárbara Henríquez «Yo ya no creo más en la definición de generación. De hecho, el público de mi edad no me viene a ver a mí, sino que vienen chicos de 20 años. Los de mi generación van a ver a Fito Páez, pero a mí no, a mí me vienen a ver sus hijos». Así resumía Jorge González, en una entrevista de 2022 con el diario argentino Página 12, el destino de su música. No era una queja ni un lamento, sino más bien la constatación –casi profética– de lo que su obra se ha convertido, dejando de pertenecer a un contexto específico para volverse un fenómeno intergeneracional. Lo que alguna vez fue la banda sonora de una juventud rebelde en los ochenta, se ha convertido en un referente ineludible para quienes buscan entender y canalizar el malestar social en cualquier época, ese mismo que nació en 1984 y sigue escuchándose en todas partes con la misma urgencia, logrando conectar con audiencias jóvenes que ni siquiera habían nacido cuando el disco vio la luz. Pero, ¿por qué sigue sonando entonces? Quizás, porque Jorge González, como un observador implacable, logró destilar la vida cotidiana bajo una dictadura sin recurrir a la retórica obvia. O como él mismo expresó mejor: «para hablar de la dictadura no era necesario nombrarla. Bastaba con describir la vida que conocía». Y ahí radica su genio: en lugar de discursos altisonantes, sus letras nos ofrecieron algo universal, hiladas de esas pequeñas derrotas y anhelos que construyen la existencia en una sociedad fracturada como la chilena. Y de alguna manera, esa cotidianidad, se transformó en un grito colectivo. Ahora bien, ¿qué pasa con los artistas de hoy? ¿Dónde se ve esta influencia? Si bien el estallido social de 2019 revivió con más fuerza que nunca la imagen de Los Prisioneros, gracias a multitudes coreando ‘El baile de los que sobran’ como himno de resistencia, este no solo se limitó a los momentos de protesta y se ha filtrado día a día en el panorama musical chileno, desde lo más evidente hasta lo más inesperado. Ejemplo de ello son artistas urbanos como Pablo Chill-E, que han sampleado temas como ‘Tren al sur’, adaptándolos a la estética contemporánea del trap o el reggaetón, hasta incluso en las influencias de Akriila, que han recogido esa misma visceralidad para dotar de un significado actual a sus propias propuestas. No obstante, no todo es una reinterpretación literal. Estoy Bien: «Es parte del imaginario colectivo» Para bandas como Estoy Bien, “La Voz de los ‘80” fue una especie de manual de cómo conectar con el público mediante melodías directas, pesadas y con mucho oficio. Matías Sandoval recuerda su primera aproximación al disco, escuchado en los viajes con su padre a finales de los noventa. «Fue en el auto de mi papá, en la radio. Siempre están sonando canciones de Los Prisioneros en distintos contextos; es parte del imaginario colectivo». Pero su conexión más personal vino en la Enseñanza Media, cuando tuvo que aprender a tocar ‘No necesitamos banderas’ para una tocata. «Ese riff se quedó para siempre en mi cabeza», dice. «Es una canción que tiene de todo: melodías memorables, pausas que realzan los coros, y espacios donde cada músico brilla. Me recuerda a The Clash y ese punk con toques de reggae que ellos manejaron tan bien». Por otra parte, su baterista Alberto Pino, al preguntarle sobre el legado, valora la perspectiva de hacer música real. «A mí lo que más me marcó fue la idea de que, sin importar lo que hagas en la vida, lo importante es desarrollarse y avanzar siempre conforme a tus propias ideas, y no en función de lo que los demás piensen de ti o para guardar las apariencias», expone, en algo que se deja entrever en la música de Estoy Bien. O tal como Mati señala: «Para muchos chilenos, Los Prisioneros fueron el primer acercamiento al punk en español. Aunque no todas sus canciones suenan punk, todas tienen ese mensaje contestatario y nihilista que es tan característico del género. Para nosotros, es esencial que nuestras canciones sean recordables, que tengan esa urgencia y esa capacidad de conectar como lo hacía “La Voz de los ‘80”». Asia Menor: «El legado en la música chilena es inmenso» Para Jorge Scheuermann, de Asia Menor, “La Voz de los ‘80” fue un disco que estuvo presente desde sus primeros recuerdos gracias a su papá, quien lo insitaba a escuchar el álbum siempre. «Me pusieron a hacer playback de ‘La voz de los ‘80’ para un acto del jardín», recuerda entre risas. Esa anécdota muestra cómo la música de la banda se incrustó temprano en su memoria y nunca perdió relevancia. Entre todas las canciones, ‘Exijo ser un héroe’ –aunque no es del disco en cuestión– dice que es la que más le llega. «Para mí, representa este sentimiento quizás más de la juventud de necesitar de forma enfermiza el reconocimiento popular». Aunque el estilo musical de Asia Menor difiere del de Los Prisioneros, Scheuermann reconoce una influencia sutil en la libertad creativa que le enseñó. «El legado en la música chilena es inmenso, pero en la nuestra es más bien espiritual. Me refiero, tal vez sonoramente no influya tanto, pero es la primera banda que me gustó y que me enseñó que podía hacer la música que se me ocurriese en español, aprovechando el idioma, que es tan denso a diferencia del inglés». Esa capacidad de expresar ideas alimentó su LP debut, “Enola Gay” (2023). Ineino: «En el 2080 (sus canciones) se podrán seguir cantando, sintiendo la misma sensación de desesperanza» La relación de Joselías con Los Prisioneros comenzó en su niñez, cuando junto a un amigo le regalaron “La Cultura de la Basura” en CD. Desde ahí, comenzó a seguir a la banda, primero con la “Antología”, y luego con “La Voz de los ‘80”. «Después me dediqué a piratearlos en casete y los vendía en mi curso. Aún no me pagan», comenta. Entre las canciones que más lo marcaron, subraya ‘Paramar’. Para el cantautor penquista, esta pieza fue central en su aprendizaje de guitarra y en su percepción de lo que es la música. «Me era muy atractivo tocarla, y más encima con grandes frases que aún se pueden cantar y tienen sentido; más encima los inviernos cada vez más helados tanto adentro como afuera. Me parece de una simpleza extremadamente difícil de haber podido componer, y que me gustaría alcanzar». A pesar de que Ineino toma caminos musicales diferentes, Joselías siente que la enseñanza de Los Prisioneros puede ser tomada como un puente hacia el futuro. «Poder hacer temas populares en los cuales la mayoría se siente reconocido. Y más aún: en el 2080 se podrán seguir cantando y, lamentablemente, sintiendo la misma sensación de desesperanza y de abandono que se tiene en Latinoamérica, en Chile o en Arauco, que es de donde soy». Incluso, puede imaginarse a generaciones futuras haciendo suyas estas canciones: «hace poco estuve idealizando a niñeces del 2080 cantando ‘La Voz de los ‘80’, pensando que es un tema de esa época, aunque ya hubieran pasado 100 años». Floresalegría: «No era que tocaran virtuosamente bien (…) Esa simpleza permeó a muchas bandas posteriores» Para Floresalegría, Los Prisioneros no fueron un descubrimiento tardío ni un hallazgo consciente. Su música estuvo presente desde su infancia, sonando entre casetes y radios. «Las primeras veces que los escuché fue a través de mis papás, que tenían algunos casetes en la casa. Mi papá particularmente era bien fan de Los Prisioneros, entonces creo que por ahí conocí a la banda, desde muy chica». Por lo que las letras no fueron lo que la engancharon, lo suyo fue más sensorial. «Recuerdo haber escuchado canciones como ‘Sexo’ y ‘Mentalidad televisiva’, particularmente porque sentía que eran bien dinámicas de sonido y bien digeribles las notas. Las letras, si bien eran mucho más complejas y muchas no las entendía, igual me marcaban». Hoy, tiene claro que su canción favorita es ‘Paramar’. «Me gusta mucho la letra, siento que es una canción de amor, pero como que rema para otros horizontes, como que se trata del sentimiento de amor más que de amar a alguien. Eso conecta mucho conmigo como compositora». Por lo que cuenta, la cercanía que siente con el grupo también proviene de su sencillez musical: trabajaban con notas normales para hacer música accesible y emocionalmente poderosa. «Siento que no era que tocaran virtuosamente bien, quizás, ni con grandes solos y eso es lo que más me gusta. Esa simpleza permeó a muchas bandas posteriores, incluyéndome». Y eso se oye en su propia música. «Siento que mi música es bien digerible, es popera y es más pegote porque siento que he perseguido más la lógica de que sean canciones cortas y precisas, y no deambular tanto en un espacio que solo le da vueltas a la canción». Paskurana: «(Su legado es) usar la música como forma de expresión revolucionaria contra la opresión» La primera vez que Paskurana los escuchó en serio fue en 2017, mientras estaba en la universidad y un profesor le recomendó “La Cultura de la Basura”. Ese momento, aunque tardío, forjó su conexión con los sanmiguelinos y el rock chileno. Hasta entonces, su relación con el género era distante, pero ese disco abrió un entramado lleno de significados que, según ella, revolucionaron su perspectiva musical y su forma de entender el arte como un vehículo de cambio. De todo el repertorio, ‘La Voz de los ‘80’ corona como su himno personal. «Es atemporal y sigue vigente 40 años después. Muchas de sus frases nos invitan a dejar de ser meros engranajes del sistema», comenta sobre el mensaje de liberación que se desprende de esta obra. En cuanto a la herencia de Los Prisioneros, no solo se respira en las letras afiladas, sino en el camino que abrieron para la música chilena. La cantante lo vincula con un linaje de artistas comprometidos, pero desde una estética distinta: «es un legado que venía también ya desarrollándose con artistas más folk como Violeta Parra o Víctor Jara, pero desde una escena más rockera, de usar la música como forma de expresión revolucionaria contra la opresión». Esa misma capacidad de transformar la música en una herramienta de resistencia también ha marcado su propio trabajo. Mientras componía “Para Transmutar” (2022), su primer EP, descubrió en “La Voz de los ‘80” una inspiración para conectar con temas colectivos desde un lugar sincero. Y aunque las canciones del EP giraban en torno a la crisis ambiental, el enfoque de Los Prisioneros le mostró cómo abordar cualquier tema desde una perspectiva crítica y colectiva. «Publicar música constituye una evidencia de un contexto social», reflexiona. Gabriela Arcos: «Es increíble cómo lograron esa mezcla de crítica y accesibilidad» Para la compositora, su primer encuentro cercano estuvo ligado a la rebeldía juvenil. Cuenta que cuando tenía 13 años, durante las alianzas del colegio, la música chilena era una constante en los recreos, pero fueron Los Prisioneros quienes se le quedaron especialmente grabados. «El gusto que tuve por la banda a esa edad se sintió como un acto de rebelión, o quizás solo era yo queriendo desafiar a mi papá facho», dice. Ese click inicial encontró su punto más alto con ‘Sexo’, que se quedó presente en su memoria adolescente. «La idea de pensar en mi yo de 13 años diciendo “Sexo, sexo, sexo” se siente tan nostálgica… Creo que eso encapsula mucho lo que este disco significa: algo directo, sin filtros, y al mismo tiempo tan cargado de contexto». Pero más allá de lo personal, Gabriela recalca el peso cultural que el trío cargó sobre sus hombros. Para ella, no solo pavimentaron el camino para artistas posteriores, sino que también rompieron con la idea de que la música chilena debía buscar validación en el extranjero. «Siempre es importante considerar a las bandas y artistas que han hecho el camino para que después gente como yo la tenga más fácil, como si hubieran abierto una puerta diciendo al mundo que en Chile hay artistas de calidad». Ahora, como letrista, admite que se siente especialmente influenciada por el humor y la ironía de Jorge González, algo que hemos visto en muchos otros artistas a lo largo del tiempo. «Hay que tomar nota del humor que tienen para insultar a todo el mundo en sus canciones. Es increíble como lograron esa mezcla de crítica y accesibilidad. Voy a considerar traer ese punk al pop», sello que, según ella, aún se puede rastrear en su propia obra. Tags #La Voz de los 80 #2025 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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