The Rocky Horror Picture Show: 50 años de absoluto placer Revisamos el clásico de culto a medio siglo de su estreno Martes, 28 de Octubre de 2025 Hay películas que envejecen, otras que maduran, y después está "The Rocky Horror Picture Show", que simplemente nunca quiso crecer. Medio siglo después de su estreno, sigue igual de provocadora, divertida, ridículamente sexy y deliciosamente libre. Esa mezcla de ciencia ficción, terror clase B y glam rock descarado nació de la mente de Richard O’Brien, un actor británico que, entre audiciones y desilusiones, decidió escribir una obra que hablara de todo lo que amaba: el cine barato de monstruos, el travestismo, el rock teatral y esa sensación de no encajar en ninguna parte. Así nació "The Rocky Horror Show", estrenada en 1973 en el Royal Court Theatre (Upstairs) de Londres. Era un espectáculo modesto, irreverente, con humor negro y una energía punk que apenas se estaba inventando. La sala era pequeña, pero el fenómeno creció rápido: pasaron al King’s Road Theatre y en poco tiempo el público se sabía las canciones, gritaba los diálogos y pedía más. Y claro, Hollywood olió sangre. Cuando el proyecto dio el salto al cine, los ejecutivos querían "ordenarlo": actores famosos, un tono más comercial, menos rareza. Pero el director Jim Sharman y el propio O’Brien (quien además interpretaría a Riff Raff) se plantaron: no querían que el alma de la obra se perdiera. Así lograron mantener al elenco teatral original, incluyendo a Patricia Quinn (Magenta), Nell Campbell (Columbia) y, por supuesto, al incomparable Tim Curry como el Dr. Frank-N-Furter, el dulce travesti de la galaxia Transilvania. Sólo hubo un par de incorporaciones nuevas: Barry Bostwick y Susan Sarandon, quienes interpretaron a los ingenuos Brad y Janet. Ninguno venía de la obra, y fueron el toque más "hollywoodense" en medio de una producción llena de artistas de teatro underground. El contraste fue perfecto: dos recién casados rectos y aterrados cayendo en la mansión de un científico loco que los seduce y los transforma… literalmente. El rodaje se hizo con bajo presupuesto en los estudios Bray y la mansión Oakley Court, clásica del terror británico. El resultado, lanzado en 1975, fue un estreno tibio: la crítica no entendía nada y el público apenas respondía. Tim Curry lo recordaba con ironía: "Murió en vida. Estaba destrozado". Pero lo que parecía un fracaso se transformó en leyenda. En Estados Unidos, empezaron a proyectarla a medianoche y algo mágico ocurrió: los fans comenzaron a disfrazarse, a cantar, a responderle a la pantalla, a tirar arroz, agua y papel higiénico. El cine se convirtió en una fiesta, en una liberación. "The Rocky Horror Picture Show" dejó de ser solo una película: se volvió una experiencia colectiva, un ritual donde los "raros" encontraron su hogar. Ahí nació su verdadero legado: la comunidad. Esa que adoptó su lema como bandera: "Don’t dream it, be it". Una frase que, para Curry, sigue siendo más que un eslogan: "El lema 'No lo sueñes, sélo' no se limita a la sexualidad. Se aplica a lo que sea que sueñas ser. Si le da a la gente permiso para comportarse como desea en secreto, es algo bueno, siempre que no le haga daño a nadie". En la reciente reunión del elenco por los 50 años, las emociones estuvieron a flor de piel. Nell Campbell (Columbia) recordó con cariño cómo la película cambió vidas: "Lo más conmovedor de estos 50 años es que ayudó a muchísima gente a aceptar su sexualidad. He conocido personas que se casaron y formaron familias gracias a esto". Patricia Quinn (Magenta) agregó entre risas que no hay ni un chico que no sepa hacer el Time Warp. Y Barry Bostwick confesó que lo que más le conmueve es ver a nuevas generaciones llegar disfrazadas, muchas veces con sus hijos: "Es hermoso. Padres compartiéndolo con sus hijos: ahí sabes que ya es parte de la cultura". A medio siglo, "The Rocky Horror Picture Show" sigue viva porque fue mucho más que una comedia extravagante: fue una revolución disfrazada de musical. Detrás del maquillaje, las medias y el humor absurdo, había una invitación a ser libre, a dejar el miedo, a vivir sin pedir permiso. Y en Chile, ese espíritu también se mantiene encendido. Salas como el Cine Arte Normandie y el Cine Nexo han proyectado la cinta incontables veces, siempre con el público participando, gritando las líneas, lanzando arroz, y celebrando cada acorde del Time Warp. Incluso compañías locales, como Teatro Petulante, han versionado las canciones al español para montajes teatrales que capturan la misma energía transgresora. Ahora, gracias a Cinecolor Chile, los fanáticos podremos disfrutar de la versión remasterizada por los 50 años, en pantallas seleccionadas a lo largo del país. Una oportunidad única para volver a verla como se debe: en el cine, rodeado de otros fanáticos, con el sonido retumbando y las risas contagiándose como en un gran rito compartido. Porque "The Rocky Horror Picture Show" no se ve: se vive, se canta, se grita, se baila. Así que no te la pierdas. Ponte tus tacones, tu corset o tu mejor actitud y repite: "Let’s do the Time Warp again". No lo sueñes... sélo. Matias Arteaga S. Tags #The Rocky Horror Picture Show #Tim Curry Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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