El retorno de Oasis y "(What's the Story) Morning Glory?" El segundo tiempo de nuestras vidas Miércoles, 03 de Diciembre de 2025 Publicado originalmente en revista Rockaxis #268, octubre de 2025. La vuelta de Oasis es un llamado directo a la nostalgia que conecta con la vigencia de una ‘banda intergeneracional. Su segundo álbum “(What's the Story) Morning Glory?”, condensó la ambición del britpop y todavía funciona como llave de entrada para viejos y nuevos seguidores. Músicos, periodistas especializados y fans chilenos desenfundan recuerdos, preferencias, reportes del show que llegará al Estadio Nacional y las expectativas frente al retorno de los Gallagher a Santiago. Marcelo Contreras Publicado en octubre de 1995, “(What’s the Story) Morning Glory?” convirtió a Oasis en un fenómeno mundial. Grabado en los Rockfield Studios de Gales, con Owen Morris y Noel Gallagher en producción, definió el curso del britpop timbrando dimensión global a la banda de Manchester. Las sesiones estuvieron marcadas por el control creativo absoluto del líder empecinado en crear un sonido masivo de guitarras, la alta productividad del quinteto grabando un tema por día con generosa combustión etílica y narcótica, las broncas infantiles entre los hermanos incluyendo un golpe en la cabeza de Noel a Liam con un bate de cricket, y las guitarras solistas de Paul Weller de The Jam en ‘Champagne Supernova’, uno de varios himnos del álbum que se incrustaron en la memoria colectiva, incluyendo ‘Roll with it’, ‘Wonderwall’ y ‘Don’t look back in anger’. Temas diseñados para ser cantados en masa, con riffs amurallados y melodías irresistibles. El impacto de “(What 's the Story) Morning Glory?” fue colosal. El disco despachó más de 22 millones de copias en el mundo, se convirtió en el segundo álbum más vendido en la historia de Gran Bretaña –sólo detrás del “Greatest Hits” de Queen–, y fue distinguido en 2010 con el Brit Award al Mejor Álbum Británico de los últimos 30 años. El éxito significó también la consagración de una nueva forma de rock: menos intelectual que Blur y más directo que Radiohead, cargado de una insolencia que conectaba con la juventud de mediados de los noventa. A tres décadas de este álbum, no solo resiste como clásico, sino que sigue funcionando como carta de presentación, el disco que sintetiza el exceso y la brillantez, la arrogancia y la emoción, bajo la marca de Oasis. Flechazos y rechazos Jean Philippe Cretton tenía apenas diez años cuando escuchó ‘Wonderwall’ en la radio en 1995. «Fue la primera canción de mi vida que me generó una epifanía. Ahí comenzó mi gusto por la música, por aprender más de bandas. Me impresionó que fueran tipos normales, pero con una actitud irreverente. Ese fue mi primer pololeo con el sonido británico, que después me llevó a The Verve y The Stone Roses». Ignacio Franzani llegó a ellos por casualidad, gracias a una promoción de las clásicas galletas Tritón que regalaba CDs. Lo recuerda con lujo de detalles. «El papá de mi polola trabajaba en Lucchetti, que en esa época manejaba Tritón, y nos llevó una caja entera con paquetes premiados. Cada paquete era un CD, algo impensado en los noventa. Uno de mis amigos fue a canjearlo y trajo “Definitely Maybe”. Ese verano en Laguna Aculeo lo escuchamos todo el día, en un galpón que olía a humedad, entre carrete y vagabundeo adolescente. El momento favorito era cuando terminaba con ‘Married with children’. Ese disco se convirtió en nuestra biblia juvenil. Oasis fue la puerta de entrada al sonido Manchester, a Stone Roses, Happy Mondays, Charlatans. Sin internet, fue una revelación». Otros se toparon con la banda en MTV. Goli Gaete, líder de Tsunamis, recuerda que «el video de ‘Wonderwall’ estaba en rotación constante en 1996, pero a mí no me gustaban. Yo estaba en el grunge y el punk, con un sentimiento anti-establishment. Oasis me parecían pro-establishment, machitos orgullosos de su ignorancia, misóginos y homofóbicos. Eran hooligans jugando a ser estrellas de rock. Para mí eran fake. Con el tiempo mi percepción no cambió: son el epítome de la apropiación musical, verdaderos roba tumbas del rock. Ser famoso no es lo mismo que ser importante». Iván Guerrero cayó atrapado por el riff de ‘Supersonic’. «Quedé trastornado. No tenía mucha cultura del rock británico de los años anteriores, pero esas guitarras me abrieron a The Jam, The Stone Roses, Jesus & Mary Chain. “Morning Glory” me pareció un salto atómico: un disco sin puntos bajos, la muestra de meses de creatividad desbordada. Si tuviera que enseñarle a un extraterrestre qué es Oasis, partiría con ‘Roll with it’». Incluso quienes nacieron mucho después se toparon con ellos. La periodista Catalina Araya, conductora de Radiópolis en Radio Universidad de Chile, los descubrió en 2011 gracias al algoritmo de YouTube: «me impresionó escuchar un rock digerible, pero identificable. Era moderno y atemporal a la vez. Además, “Morning Glory” fue el primer álbum completo que escuché de ellos, así que siempre tendrá un valor especial para mí». No todos quedaron fascinados. Edita Rojas, de Electrodomésticos, admite que «Oasis no me sorprendió. Ya había escuchado a los Stone Roses, Cocteau Twins, The Jesus & Mary Chain. Blur me parecía más lúdico y distinto. Oasis me pasó de largo. Con el tiempo, no encontré en ellos nada que me pareciera imprescindible». Póngale arrogancia Parte del magnetismo de Oasis residía en los enlaces hacia los tótems ingleses. Luciano Rojas, ex La Ley y Saiko, recuerda: «Wonderwall me pareció una gran canción, con semejanza a los Beatles, pero en buen sentido, como una reversión británica. Había frescura y descaro». Naty Lane, de Hammuravi, lo vivió de otra forma: «escuché ‘Stand by me’ y me encantó porque el coro era súper pegajoso. Después me sumergí en “Be Here Now” y me hice tan fan que armé un reloj de pared con el disco. Me fascinaba esa estética arrogante: siempre con lentes de sol, chaquetas con cuellos grandes, la rivalidad con Blur que dividía los colegios. Era ridículo, pero para nosotros tenía peso». Claudio Vergara, editor de Culto, lo define como un fenómeno mediático además de musical: «su sonido desfachatado, cavernario, parecía anunciar una nueva era. Era la actualización del Lennon más chillón de ‘Instant Karma!’: un eco de lo viejo, pero con la insolencia de los noventa. Aunque no me resultaban novedosos como fan de los Beatles, su irrupción capturó la atención de todos». Goli Gaete va a la carga nuevamente: «nunca tuve un disco de ellos ni los vería en vivo. Sonaban a plagio y a pose. Querían fama, modelos y dinero. Orgullosos de ser brutos. Lo contrario a lo que me atraía de la música». Himnos de fogata y estadios Felipe Rodríguez, periodista musical, defiende “Morning Glory”: «es un disco sin desperdicio de comienzo a fin. Todas sus canciones podrían haber sido singles. ‘Live forever’ es mi favorita: la escuché solo, tras volver de la clínica como padre primerizo, y la canté con todo. Fue una de las mañanas más emocionantes de mi vida». Iván Guerrero refuerza: «es la huella digital de Oasis, épico y desbordado». Otros se quedan con el debut. Cretton elige “Definitely Maybe” y se aferra a ‘Columbia’: «una estructura súper simple, creo que son tres acordes, a lo más cuatro repetitivos permanentemente». Luz Venegas, fan acérrima, también prefiere el debut: «encapsula toda la energía de Oasis, pero mi favorita es ‘Don’t look back in anger’. Tiene la frase “please don’t put your life in the hands of a rock and roll band”, que me marcó. Oasis terminó siendo la banda sonora de mi vida». Naty Lane recuerda ‘Live forever’: «fue la primera canción que aprendí en guitarra. Me salía pésimo, pero me sentía cool. Ese optimismo flojo de la letra me hacía sentir nostalgia y especial». Andrés Valdivia, fan también, reivindica “Be Here Now”: «esa sobreproducción tiene un encanto particular. ‘Champagne Supernova’ es la que siempre me acompaña». Incluso los detractores rescatan algo. Goli Gaete admite que «‘Stop crying your heart out’ me gustaba un poco. Es ultra Lennon, con una entrada que me detuvo un rato». En vivo: entre el piloto automático y la gloria Las visitas de Oasis a Chile dejaron recuerdos contradictorios. En 1998 debutaron en San Carlos de Apoquindo. Felipe Rodríguez lo recuerda como «entretenido, pero sin enloquecer». Marcelo Melo, líder de Santos Dumont, tuvo una impresión menos amable: «fue un concierto al lote, Liam desaparecía varios temas. Parecían amateurs, como una banda local. Fue decepcionante». En 2006 regresaron, esta vez al Velódromo del Estadio Nacional. Rodríguez los encontró «prendidos y compenetrados». Claudio Vergara, en cambio, los halló rutinarios: «siempre me parecieron shows cansinos, de inquietante piloto automático. Sus canciones suenan mejor en los discos». En 2009, ya cerca de la ruptura, tocaron en el Movistar Arena. Pablo Figueroa, de CNN Chile, lo cuenta: «llegamos de rebote, medio copeteados, y terminamos sorprendidos. El Movistar casi nunca suena bien, pero sonaban la raja. Se veía que disfrutaban, que no estaban en piloto automático. Incluso tocaban canciones nuevas con ganas. Fue un gran show, por eso me chocó que se separaran después». Ignacio Franzani ofrece otro ángulo: «en San Carlos de Apoquindo los encontré desprolijos, como sin conexión. Ahí entendí que la mala relación entre ellos se notaba en vivo. Por eso me reconcilié cuando los vi separados: el show de Noel en el Caupolicán y el de Liam en el Movistar fueron mucho más emotivos. Se notaba que estaban contentos. Esa diferencia habla de cómo su conflicto personal terminaba saboteando a la banda». Luz Venegas cuenta su experiencia en Wembley con este regreso: «Esperé 16 años para cumplir la promesa de verlos juntos. Los había visto como solistas varias veces, pero nada se compara. Fue por lejos el mejor show de mi vida. En vivo como Oasis la energía es incomparable». «La experiencia fue mucho mejor de lo que me esperaba», cuenta Andrés Valdivia, que también presenció el retorno. «Desde que llegué a Londres veías imágenes de ellos por todos lados, gente vestida con el merch, tiendas tocando las canciones. Luego camino a Wembley, gente cantando en el metro, todos emocionados. Ya en el estadio cuando suena ‘Fucking in the bushes’ sientes como un apretón en el pecho y se te vienen a la cabeza 200 guitarreos con tus amigos en la playa. El show de Oasis es una reunión de compañeros de curso a escala de estadio, todos emocionados, todos abrazados y llorando. Los Gallagher salen al escenario de la mano y se declara la paz mundial por dos horas. Liam está cantando mejor que en los 2000, él es el conductor del show, el maestro de ceremonias, el último rockstar. Noel siempre impecable a nivel de guitarras y voces. El resto de la banda hace un excelente trabajo y las visuales y sonido están al más alto nivel. El show vuela y conmueve de forma distinta con cada canción. ¿El arquitecto o el último rockstar? ¿Noel o Liam? Para Felipe Rodríguez, «Noel es el centro musical de Oasis. Su carrera solista es distinguida, con discos como “Who Built the Moon?”, un trabajo hipnótico de rock psicodélico». Marcelo Melo coincide: «Noel es la esencia de Oasis». Edita Rojas coincide en que «detrás de esos himnos está Noel, como músico y productor». Vergara también se inclina por él: «su propuesta tiene mayor espesor escénico y un lenguaje más amplio». Pero Cretton se rinde ante Liam: «es el último rockstar. Tiene esa aura que nadie más conserva. Sus discos solistas me gustan más que los de High Flying Birds». Piero Duhart de De Saloon busca equilibrio: «ambos tienen méritos. Liam ha sacado canciones rockeras y baladas tremendas, pero Noel es un gran compositor de baladas rock, con un talento que no se puede negar». La previa del Nacional La expectativa por el regreso a Chile –esta vez al Estadio Nacional– se siente. Ignacio Franzani sueña con verlos «juntos, con diferencias superadas, pasándolo bien». Al punto de que, cuando supo que regresaban, despertó a su hija de seis años y le dijo: «hoy es un día alegre: dos hermanos que estaban peleados volvieron a ser amigos». Piero Duhart espera conseguir un ticket mientras Catalina Araya anhela un show «de alta factura y sin cancelaciones de último minuto». Luz Venegas, ya con boleto en mano, espera que «mantengan la energía que mostraron en Europa y que la relación de los hermanos siga fuerte para que los fans chilenos vivan lo hermoso que está siendo esta vuelta». No todos comparten el entusiasmo. Goli Gaete asegura que no iría «ni aunque viviera en Chile. Es un tour de reunión fake. Deberían ir a terapia en vez de subirse a un escenario». Pablo Figueroa cree que «será más nostalgia que otra cosa, con un público que pagó mucho dinero. Conciertos así tienen un aire de pose, con celulares en alto más que conexión real». Luciano Rojas prefiere guardar el recuerdo de los noventa en México: «no quiero correr el riesgo de la desilusión». Entre la devoción, la sospecha y la nostalgia, Oasis vuelve entre pasiones y reflexiones. Porque, al final, como apunta Claudio Vergara, «su mejor momento podría ser ahora, en el segundo tiempo de nuestras vidas». Tags #Oasis #2025 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. Ultimos Contenidos Rock Noticias The Chemical Brothers en Chile tendrá invitados Miércoles, 14 de Enero de 2026 Rock Noticias Indie rock en vivo: Horsegirl debutará en Chile Miércoles, 14 de Enero de 2026 Rock Noticias Poison the Well anuncia su primer álbum en más de 15 años Miércoles, 14 de Enero de 2026 Rock Noticias Kim Gordon lanzará su tercer álbum solista Miércoles, 14 de Enero de 2026 Rock Noticias Arquitectura Sonora: Escucha inmersiva se tomará la Basílica de Lourdes Martes, 13 de Enero de 2026 Rock Noticias Electrodomésticos y Upa+ se reunirán en Club Chocolate Martes, 13 de Enero de 2026 Rock Noticias Concurso: Nilahue Música & Arte Martes, 13 de Enero de 2026 Rock Noticias The Murder Junkies prepara su debut en Chile Martes, 13 de Enero de 2026