Ace Frehley: Un diamante especial Recordando el legado de una de las mayores pérdidas del 2025 Viernes, 02 de Enero de 2026 Publicado originalmente en revista Rockaxis #269, noviembre de 2025. La partida del Spaceman solo nos vino recordar cuán relevante fue su participación en el panorama rockero desde que los ojos del mundo se posaran por primera vez en su humeante guitarra durante los años setenta. Su talento admirable, su efectividad descollante y su carisma a toda prueba son solo parte de los atributos que definen a un guitarrista que marcó a generaciones completas de músicos, tanto a sus contemporáneos como a los que inspiró a tomar el instrumento siendo unos niños, todos cautivados por la estela de un personaje que supo brillar más allá de cualquier circunstancia. Pablo Cerda En pleno siglo XXI, quizá es difícil llegar a dimensionar lo que debe haber sentido un joven que estaba pegado a su televisor viendo el capítulo de The Midnight Special el 12 de septiembre de 1975. Ver a Kiss desplegando ‘Black Diamond’, con esos movimientos coreográficos y una potencia alucinante debe haber sido un momento clave para la vida de tantos que vieron en ellos a unos verdaderos superhéroes del rock. El solo de Ace Frehley es memorable, se acerca a un prendido Gene Simmons y, frente a frente, producen un efecto magnético entre la escurridiza línea de bajo de The Demon y los rápidos dedos de Frehley, mientras Peter Criss aúlla en el micrófono desde la batería y Paul Stanley encara al público tocando el riff principal con su siempre coqueta performance. El clímax llega en la parte lenta, cuando Criss aporrea el kit, Simons y Stanley igualan sus movimientos de arriba hacia abajo y Frehley solea de rodillas con una pasión inspiradora. Al final, hay fuegos artificiales y la tarima de Criss sube con cada golpe sincronizado, mientras el humo cubre a los cuatro miembros y el logo de la banda luce en letras brillantes, para terminar con el Gato botando toda la batería desde las alturas. Es actitud, es espectáculo. Es kisstoria. «La mayoría de las bandas que aparecían en los shows de televisión de los años setentas optaban por la seguridad de la música grabada y el lip-synch. No fue el caso de Kiss», escribió Frehley en sus memorias del 2011, No Regrets, «lo mismo pasó cuando participamos en el The Midnight Special de la NBC. Kiss era una banda en vivo, un espectáculo y no tenía sentido fingirlo». Eso mismo fue lo que captó la atención de tantos que quedaron prendados ante una revelación musical de tamaña índole. «Todos mis amigos pasaban incontables horas hablando de Kiss y comprando artículos de la banda», escribió un sentido Mike McCready en redes sociales el 16 de octubre del 2025. «Ace fue mi héroe, y también lo consideraría mi amigo. Estudié sus solos incansablemente durante años, nunca hubiese tomado una guitarra sin la influencia de Ace y de Kiss. QEPD, Ace, cambiaste mi vida. Gracias». Tal y como el guitarrista de Pearl Jam, una oleada de afamados músicos homenajeó al Spaceman tras su partida. Las redes se llenaron de obituarios, cada uno más sentido que el otro, una avalancha de nostalgia en la era de las comunicaciones instantáneas, todos hablando de un hombre que no solo parecía venir del espacio exterior, sino que ahora parecía pertenecer a otro tiempo. El groove de Nueva York Paul Daniel Ace Frehley nació el 27 de abril de 1951 en una familia de clase trabajadora en el Bronx, Nueva York, y tomó su primera guitarra a los 13 años, como bien recordó en su discurso de inducción al Salón de la Fama de Rock N’ Roll en 2014. The Who le voló la cabeza a los 15 años cuando los vio en vivo en su primer tour por Estados Unidos, y supo que su distinto tenía que ser la música. Se unió a Kiss gracias a un aviso publicado en el Village Voice, donde buscaban un guitarrista principal con destreza y estilo, prometían el lanzamiento de un álbum pronto y pedían que no llegaran postulantes que los hicieran perder el tiempo. Y vaya que no los hizo perder el tiempo, Ace Frehley era la pieza que faltaba, traía todo el groove de Nueva York en sus dedos, aunque el sentido de la moda no lo acompañara del todo, ya que apareció con una zapatilla naranja y otra roja. «Pensé que se había colado un vagabundo de la calle, pero llevaba una guitarra», recuerda Gene Simmons en Classic Rock. «Llegaron casi 50 muchachos», recordaba Stanley en un programa de televisión de los años ochenta. «Ace pasó justo al lado nuestro, no dijo ni una palabra, nada», agrega Simmons sobre el comportamiento irregular de su futuro compañero. «Conectó su guitarra y solo comenzó a tocar. Casi lo echamos», completó Stanley. Por su parte, Simmons, a quién nunca le ha faltado personalidad, le preguntó de inmediato al recién llegado quién carajo era y lo mandó a callar: «¡siéntate y espera tu turno!». Cuando llegó su momento, Frehley contaba que Simmons lo amenazó con que «me patearía el trasero si la audición resultaba ser una pérdida de tiempo». La banda ya tenía en la mira a Bob Kulick, hermano mayor de Bruce Kulick, futuro guitarrista de Kiss desde “Animalize” (1984) hasta sus contribuciones en “Psycho Circus” (1998), pero según Stanley, había algo en su look que no le terminaba de cerrar, como sí lo hizo Frehley, especialmente cuando este clavó el solo de ‘Deuce’. «Si esto es lo que estos tipos están componiendo, entonces es posible que vayan por buen camino», pensó Frehley mientras empezaba a pavimentar su historia con el cuarteto. Luego de 20 o 30 minutos, Frehley sintió que había dado una buena audición y que había potencial, pero no tenía las expectativas tan altas. Aun así, algo dentro de él le decía que tenía que embarcarse en esta nave. Unas semanas más tarde, Simmons, Stanley y Criss fueron a ver a Frehley tocar y lo invitaron a su loft, hablaron, improvisaron un poco y le ofrecieron el puesto. De ahí, a la estratosfera. Cambiaron su nombre de Wicked Lester a Kiss, adoptaron la estrategia radical de usar trajes, crear personajes, maximizar lo que habían visto en el teatro de lo absurdo que montaba Frank Zappa y se tomaron el mundo por asalto. Gene Simmons escupiendo fuego, Peter Criss levantando su batería por los aires, Paul Stanley volando sobre la gente y Ace Frehley sacando humo desde su guitarra, todo secundado por la pirotecnia y un catálogo incendiario, contagioso y entrañable que marcó tanto a sus fanáticos, que decidieron identificarse como una milicia, un grupo de fanáticos entrenados para servir al rocanrol: la Kiss Army. Una extensión de mí Siempre se ha dicho que, de los cuatro miembros originales, Ace era el que se tomaba más en serio su personaje. Según explica en su citado No Regrets, su “stage persona” no era una mera estrategia artística: «el maquillaje era una extensión de mí, siempre sentí que no era completamente de este planeta», narra el guitarrista. Siempre fue problemático, vivió de cerca los excesos del rock, su prontuario incluye una persecución policial a alta velocidad por Nueva York. El frenesí de su estilo de vida era solo una extensión de su personalidad como guitarrista, punzante y agresivo, pero con los recursos bien asentados en el blues. La emotividad de sus solos, su sonido distintivo y su enfoque en pasajes atmosféricos de gran belleza calaron profundo en colegas que jamás le hicieron el quite a reconocer lo maravilloso de su obra, todo lo contrario. En Guitar World, hacheros tan distintos como Travis Stever de Coheed and Cambria, para salirnos un poco de los clásicos citados, reconoce en ‘Love gun’ una fuente inagotable de inspiración: «mi momento de guitarra favorito de Kiss tiene que ser el solo de guitarra de Ace en ‘Love gun’. Es una ciudad de guitarras totalmente aéreas y siempre me atrapa». Isaiah Mitchell de los psych rockers Earthless se decanta por ‘Shout it out loud’: «es tan musical y simple. Es un gran ejemplo de melodía perfecta en movimiento». Si la devoción es desbordante como guitarra solista, la combinación con su compañero Paul Stanley en la guitarra gemela, elemento fundamental del heavy metal también reconocido en otros próceres como Thin Lizzy o Judas Priest, también merece un apartado especial. Nuno Bettencourt de Extreme lo ilustra de la siguiente manera: «mi momento favorito con la guitarra de Kiss y una de mis canciones favoritas es ‘Detroit Rock City’. Uno de mis momentos favoritos es cuando todo se estropea y son Ace y Paul tocando las guitarras armónicas juntos. Eso fue icónico. Si quieres ser técnico, una de las razones por las que amo tanto ese solo es la sorpresa que te llevas cuando Gene llega a la mitad con el cambio de acordes». La lista es interminable, podríamos seguir con Chuck Schuldiner de Death, Dimebag Darrell de Pantera, Dave Mustaine de Megadeth o Tom Morello de Rage Against the Machine, cada uno más devoto que el otro, pero lo que vale la pena recordar, más allá del género o de la talla del nombre en cuestión, es que la emblemática Gibson Les Paul Custom en Heritage Sunburst, con pastillas DiMarzio Super Distortion era, en sí misma, otra extensión de la personalidad de este hombre espacial que cambió la historia del instrumento al nivel de Jimi Hendrix, Jimmy Page, Tony Iommi, Richie Blackmore, Angus Young o Eddie Van Halen. Es la estela de un cometa que resplandece desde lo alto del firmamento. Sin arrepentimientos Dejando atrás a Kiss en 1982, fundó Frehley’s Comet y volvió a la nave madre en 1996 para acompañar a la formación original en una afamada gira de reunión con toda la parafernalia de los setenta, aclamada por medios como la Metal Hammer, que en su edición de octubre de 1996 le dedica unas sentidas palabras a su aparición en Donington: «Kiss no quiere salvar las ballenas, ellos solo existen para convertir el recinto en una enorme fiesta durante dos horas y para ello compusieron clásicos como ‘Detroit Rock City’ o ‘Love gun’. El rocanrol vuelve a ser divertido». El 14 de abril de 1997 sería el turno de Chile en el Velódromo del Estadio Nacional, junto al recordado teloneo de Pantera, y también sería la única vez que veríamos al hombre del espacio junto a la pandilla, las otras veces sería como solista en los dos teatros Caupolicán del 2009 y el 2015. Visitas más o visitas menos, lo que nos queda en la memoria es una buena cantidad de canciones y discos que nos han acompañado toda la vida. Ace era el alma de Kiss, la calle, el peligro, el vértigo, tanto en la recordada ‘Black Diamond’ de The Midnight Special como en la guitarra acústica de su exquisita versión de ‘2,000 man’ de los Rolling Stones que protagoniza en el MTV Unplugged, en el que saca aplausos que al día de hoy ponen la piel de gallina, recibiendo el cariño de un público que siempre lo sintió como uno de los suyos. «Desde que tenía 15 o 16 años, sabía que iba a ser una estrella de rock. Si no hubiese sido con Kiss, hubiese pasado de todas maneras con otra banda», comenta de manera firme en un especial de 150 páginas de Classic Rock de 2022. «Había veces en que estábamos de gira por seis meses, viviendo en los Holiday Inn y comiendo desde una lata, eso te desanima de vez en cuando, pero seguimos creyendo en lo que hacíamos». «Mi momento favorito con la guitarra de Kiss es el épico solo de Ace Frehley en ‘Black Diamond’”, cuenta Kenny Hickey de Type O Negative, y para sorpresa de nadie, el compañero del green man se deleita con la parte lenta: «especialmente en el medio tiempo. Está lleno de tensión, liberación, poder icónico y profundidad, y está escrito con el estilo y el fraseo inolvidable y directo de Ace». No importa si lo viste en tu vieja televisión en los setenta o a todo color a través de YouTube en pleno 2025, la energía de Kiss y del hombre de las estrellas viaja sin cesar por las galaxias temporales y brilla con la intensidad de un diamante espacial. «Cometí muchos errores, todos lo hicimos. Quizá cometí más que los otros miembros, pero gracias a la sobriedad, me di cuenta que esos errores me formaron». ¡Buen viaje, Spaceman! Tags #Ace Frehley #Kiss #2025 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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