Sirat: El puente invisible entre la vida y el vacío Entre la fe, el trance y la pérdida Viernes, 30 de Enero de 2026 Sirat: Trance en el Desierto no es una película que se mira cómodamente desde la butaca. Es una experiencia que se atraviesa, que se resiste a ser explicada con fórmulas tradicionales y que, desde sus primeros minutos, deja claro que Oliver Laxe no está interesado en ofrecer certezas ni consuelo. Su cuarto largometraje se mueve en un territorio incómodo, donde el relato clásico se diluye, las emociones se vuelven físicas y el espectador es empujado a convivir con el desconcierto, el dolor y una sensación constante de amenaza. Ambientada en un Marruecos abrasador, atravesado por tensiones invisibles y por un mundo que parece estar al borde de un colapso mayor, la película combina la búsqueda íntima de un padre con un paisaje humano que vive en los márgenes, lejos de cualquier promesa de estabilidad. Sirat no es exactamente un drama, tampoco una road movie tradicional, ni un film apocalíptico en el sentido convencional. Es, más bien, un estado mental. La historia sigue a Luis y a su hijo Esteban, quienes recorren raves en el desierto buscando a Mar, la hija mayor desaparecida desde hace meses. No hay pistas claras, solo rumores, nombres sueltos, direcciones inciertas. Lo que comienza como un relato reconocible sobre una búsqueda familiar pronto se transforma en otra cosa: una travesía errática junto a un grupo de nómadas que se desplazan de fiesta en fiesta, viviendo en camiones, sin raíces, sin destino fijo, como si el mundo exterior ya no tuviera nada que ofrecerles. Uno de los grandes aciertos de "Sirat" está en cómo presenta este universo. Las raves no se sienten glamorosas ni aspiracionales. Son rituales primitivos, casi tribales, donde los cuerpos sudan, tiemblan y se mueven como si intentaran expulsar algo que llevan adentro. La música electrónica, con graves que parecen surgir desde las entrañas de la tierra, funciona como un pulso vital y, al mismo tiempo, como un recordatorio constante de que no hay silencio posible. Incluso en medio del vacío del desierto, todo vibra. Laxe filma estos espacios con una mezcla de belleza y aspereza. El desierto no es postal; es una extensión hostil, infinita, que aplasta cualquier ilusión de control. La fotografía refuerza esa idea con planos amplios, colores quemados y una sensación permanente de intemperie. Aquí no hay refugio. Todo está expuesto. Sergi López entrega una actuación contenida y profundamente humana. Su Luis es un hombre común enfrentado a una situación que lo supera por completo. No hay grandes discursos, no hay estallidos melodramáticos. Su dolor se expresa en miradas cansadas, en silencios largos, en una obstinación que roza lo irracional. A su lado, Bruno Núñez compone un Esteban frágil, observador, que parece entender más de lo que dice, y cuya presencia amplifica la tragedia. El grupo de ravers, interpretado en gran parte por personas no profesionales, aporta una autenticidad difícil de fabricar. Sus cuerpos marcados, sus ausencias físicas, sus modos de relacionarse, transmiten una vida al margen de las estructuras tradicionales. No son idealizados ni demonizados. Simplemente existen. En ese sentido, la película evita juzgar de forma directa, pero tampoco romantiza. La libertad que aparentan tener convive con un vacío evidente. A mitad del metraje, "Sirat" ejecuta un giro que desarma cualquier expectativa previa. La película deja de ser una historia de búsqueda para convertirse en un descenso. Desde ese momento, el relato se fragmenta, pierde linealidad y entra en un territorio más abstracto, donde el dolor ya no es solo emocional, sino corporal. Laxe no busca proteger al espectador. Tampoco parece interesado en dosificar la crueldad. Esta decisión es, probablemente, el punto más divisivo del film. Hay quienes verán en esa brutalidad un gesto gratuito, una provocación sin justificación. Otros encontrarán una coherencia con el mundo que la película propone: un mundo donde las tragedias no vienen con advertencia, donde la violencia irrumpe sin sentido aparente, donde nadie está a salvo. "Sirat" dialoga de manera indirecta con un contexto global reconocible. La presencia militar, los anuncios radiales que hablan de conflictos mayores, las zonas restringidas, las fronteras calientes, todo sugiere que algo más grande está ocurriendo, aunque los personajes prefieran ignorarlo. De hecho, uno de los momentos más elocuentes es cuando una noticia alarmante es silenciada para poder seguir contemplando el paisaje. La evasión como mecanismo de supervivencia. O como forma de negación. Desde esa perspectiva, la película parece preguntarse qué sucede cuando elegimos mirar hacia otro lado. Qué pasa cuando la búsqueda de experiencias personales se vuelve más importante que cualquier vínculo con lo colectivo. Y, sobre todo, qué ocurre cuando esa burbuja estalla. El título no es casual. Sirat, en la tradición islámica, es el puente finísimo que separa el infierno del paraíso. Un paso en falso implica la caída. Los personajes de la película caminan constantemente sobre ese borde. No solo en términos espirituales, sino existenciales. Están suspendidos entre lo que fueron y lo que ya no pueden ser. Formalmente, Laxe se permite una libertad notable. La narración se deforma, el tono muta, las imágenes se vuelven cada vez más simbólicas. Hay ecos de cine contemplativo europeo, de road movies despojadas, de relatos apocalípticos sin épica. Pero Sirat no se siente como una suma de influencias, sino como un objeto extraño, con identidad propia. Eso no significa que todo funcione de manera perfecta. En su tramo final, algunas decisiones visuales pueden sentirse excesivas, y ciertos símbolos resultan más enigmáticos que reveladores. Pero incluso en sus tropiezos, la película conserva una honestidad feroz. "Sirat: Trance en el Desierto" es una obra que incomoda, que agota, que desafía. No está pensada para complacer, sino para sacudir. Puede generar rechazo, fascinación o ambas cosas al mismo tiempo. Y quizá ahí radique su mayor mérito: no pasa desapercibida. Matias Arteaga S. Tags #Sirat #Sirat Trance en el Desierto #Oliver Laxe #Sergi Lopez Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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