The Black Crowes: Poesía barata en medio del apocalipsis Análisis a la actualidad de los liderados por los hermanos Robinson Viernes, 08 de Mayo de 2026 Publicado originalmente en revista Rockaxis #274, abril de 2026. ¿Música creada con Inteligencia Artificial? ¿Caos? ¿Sociedad de la información? No le vengan con cuentos a The Black Crowes. En el mundo de los hermanos Robinson, el rocanrol es un mandamiento que se profesa bajo los dogmas clásicos, y su “A Pound of Feathers” es la mejor prueba de ello. Grabado en Nashville, epicentro del country y territorio fértil para la producción musical, el décimo álbum de los originarios de Atlanta, entrega canciones honestas, desprejuiciadas y significativas para escapar del brutalismo comunicacional, aunque sea por un momento. Pablo Cerda Durante la década de los 2020, The Black Crowes está disfrutando de una nueva vida. El anterior “Happiness Bastards” (2024) acabó con 15 años de sequía discográfica y es bueno ver que su continuación, “A Pound of Feathers” (2026), no se demoró tanto en llegar. Según lo que reporta el sitio Louder, la grabación de la nueva entrega de los hermanos Robinson solo tardó 10 días, lo que demuestra que, cuando hay inspiración, la música fluye de forma natural. Recorrer tracks como ‘Profane prophecy’, ‘Cruel streak’ o ‘It’s like that’ es escuchar a unos Cuervos punzantes, energéticos y frescos, con riffs que enganchan desde la primera escucha en ‘Do the parasite!’ o ‘You call this a good time?’, relucientes guitarras acústicas en ‘Pharmacy chronicles’, ‘High & lonesome’, ‘Queen of the b-sides’, y las marcas del blues añejado en roble de ‘Eros blues’ y ‘Doomsday doggerel’, esta última con un hilo rojo hacia ‘Where the levee breaks’ de Led Zeppelin que mantiene la densidad psicodélica. Es una agrupación que demuestra sabiduría sin perder un ápice de estilo. Perdón, estilo no, estilazo. «Nosotros nunca vamos a hacer el mismo disco dos veces», cuenta Chris Robinson en el número 350 de la revista Uncut, por lo que confiaron ciegamente en el estudio Neon Cross de Nashville, iglesia bautista reconvertida en templo sónico, como un instrumento más para dejarse llevar por la espontaneidad. «Decidimos dejar que el estudio fuera una herramienta, desarrollar las ideas ahí mismo en vez de llegar con las piezas terminadas», añade su hermano Rich para complementar cómo las canciones fueron cambiando en el proceso. Lo que parecía un puente terminó siendo un coro y viceversa, la magia de trabajar mirándose a los ojos: «decía, “ok, creo que este es el verso”. Luego, entrábamos al estudio y Chris decía: “creo que eso es el coro y eso el verso”, y lo probábamos. En ‘Cruel streak’, el coro era un puente que yo había escrito, pero Chris y Jay Joyce, el productor, lo corrigieron: “no, hombre, eso es el coro”. Entre Chris, nuestro baterista Cully (Symington) y yo teníamos nueve canciones grabadas en cinco días. Cuando trabajas así, hay magia, y, al intentar deconstruirla, incorporar más gente o rehacerlo, muchas veces se pierde. Así que dijimos: “sigamos así. Si paramos, vamos a echarlo todo a perder”. Cuatro días después, estaba listo», sentencia el menor de los Robinson. Tras tantos años de turbulencia, los Robinson han alcanzado un estado de plenitud. Atrás quedaron los días de Caín y Abel, los dimes y diretes a través de la prensa o los egos que quebraron ese puente por el que transitaron entre el hard rock de finales de los ochenta y la nación alternativa de los noventa. «Después de todos estos años, Rich y yo podemos mirarnos y él sabe lo que estoy a punto de decir –confirma Chris en Uncut–, estamos en un buen momento, confiamos muchísimo el uno en el otro». En entrevista con la Classic Rock número 351, Rich agrega que se sienten tan revitalizados como en 1992, días en que dieron a luz a una de sus obras cumbre: «hicimos este disco de manera muy similar a “The Southern Harmony and Musical Companion”. Cuando grababa, decía: “esa es la toma, la tenemos, sigamos”. Quizá es un poco caótico, ¡pero así es el rocanrol!”». En Uncut, Chris remata esta idea: «este no es un disco para poner un domingo por la mañana. Es un maldito bombazo para el sábado por la noche. Puede que “Happiness Bastards” y “A Pound of Feathers” sean la pareja de discos más sólidos que hemos sacado. Desde que volvimos a juntarnos, ha sido increíble». Viendo el fin del mundo en primera fila Cuando los Robinson bifurcaron sus caminos en 2015, parecía ser el fin de The Black Crowes. Chris se dedicó a The Brotherhood, mientras que Rich afianzó su carrera solista y su proyecto The Magpie Salute, hasta que los oleajes de la nostalgia los trajeron de vuelta a la orilla. La celebración de los 30 años de “Shake Your Money Maker” (1990), cuya gira que aterrizó en el Teatro Caupolicán el 11 de marzo de 2023, dejó la mesa servida para el ya mencionado “Happiness Bastards”, álbum que tenía un solo objetivo: juntarlos positivamente, sin las presiones de maletines con fajos verdes. El productor Jay Joyce fue el encargado de darle forma a aquel disco en el estudio Neon Cross de Nashville y, como caballo bueno repite, decidieron seguir el mismo plan para “A Pound of Feathers”. «Conectamos instantáneamente con él –relata Rich en el vodcast Nashville Now de Rolling Stone–, Chris y yo hemos producido discos y tenemos opiniones muy sólidas al respecto, así que decidimos incorporar a alguien que pueda ver todo desde las alturas». El menor de los Robinson no escatima en elogios para el hombre detrás de las perillas, lo avala como un gran multiinstrumentista con una perspectiva abierta. Complementando a su hermano, Chris coincide en que el gran valor de Joyce es trabajar con distintos tipos de discos y rescatar la parte “orgánica” de los Crowes, aunque suene a cliché. «Encaja bien con nuestro mundo. Lo que hacemos es tan visceral que solo nosotros podemos navegarlo, siempre ha sido así desde que éramos adolescentes». Tiene que sentirse y sonar de una manera especial. «Quizá es un concepto algo vago, pero nosotros sabemos qué es lo que está bien, hemos creado mucha música juntos y siempre está dentro de los mismos parámetros. Jay piensa rápido y eso me gusta. Le advertimos que no llegaríamos con ideas terminadas». En un mundo en que ni MTV ni los medios musicales dictamos las pautas, lo que para algunos podría ser el apocalipsis, los Cuervos solo están preocupados de hacer discos que los mantengan entretenidos y de salir a la carretera para recibir el cariño de un público que ha crecido con ellos. «Seamos honestos, ya no vamos a sacar un hit, pero todavía tengo energía para hacer discos y eso me divierte. Ahora tenemos la libertad para dejarnos llevar, siempre hemos hecho lo que queremos», argumenta Chris en Classic Rock. «Con los servicios de streaming y el contenido, la gente hace discos para cumplir un objetivo: tenemos que hacer el disco para que salga en Spotify en este día en particular. Para nosotros, un disco es una declaración», declama Rich. Como reza la letra de ‘Doomsday doggerel’, The Black Crowes ven el fin del mundo en primera fila, conscientes de que el rock no está destinado a los jóvenes, aunque Foo Fighters, System of a Down, Oasis o AC/DC agotan estadios en todo el mundo. A pesar de que, según el vocalista, Pearl Jam y Faith No More ya no son la última moda radial, subraya que «hay mucha gente pasándolo bien con el rocanrol. Ellos esperan llegar a su gente, que el gozo sea compartido entre los creadores y los receptores, y confía en que cuando el artista entrega lo mejor, la vuelta de mano no tarda en llegar. Lo han dicho en cada entrevista, “A Pound of Feathers” los tiene contentos, es un esférico que saben que aportará al catálogo de la banda en su entorno natural, los escenarios, y esperan que su audiencia se empape de su optimismo: «quiero girar, hacer buenos shows y seguir buscando ese sentimiento. Cuando funciona y es bueno, es el mejor sentimiento del mundo». Conexión y autenticidad, ese es el norte de Chris Robinson. De hecho, tanto es su apego por lo tangible que tiene un cuaderno con sus letras, ahí apuntó que la frase “a pound of feathers” (un puñado de plumas) sería un buen título para el álbum, tomada directamente de la banda inglesa Broadcast. «¿Tienes un cuaderno con tus letras y las escribes a mano? ¿Qué piensas sobre componer música con Inteligencia Artificial?», pregunta el editor musical senior Joseph Hudak en Nashville, a lo que Chris se apura en contestar: «eso no es componer, es una mierda facilista. Supongo que tendré que lidiar con ella en algún punto, pero no me puede importar menos. Me parece increíble, cuando miro cómo está nuestro país y el mundo en este momento, y veo cómo las cosas se descontrolan, cómo las opiniones pasan a ser hechos, cómo el miedo y la ignorancia de la gente empiezan a apoderarse de sus vidas y los conduce hacia algo menos real. Este mismo caos nos debería llevar a buscar cosas con corazón y alma, algo dinámico. Puede ser entretenimiento, puede ser una historia de fantasía, lo que quieras, pero tiene que ser real, humano». Nadar en contra de las corrientes del tiempo siempre ha sido una de las gracias de los Robinson. Incluso en los albores de su discografía, había que leer más de una vez la fecha de publicación del “Shake Your Money Maker” para asegurarse de que se había lanzado en 1990, y no en 1970. Led Zeppelin ha sido un farol musical desde siempre, pero mirar a Humble Pie, The Faces u Otis Redding en la última década del siglo XX no era lo obvio, claro, se acomodaron bien con la camada alternativa, que en ciertos costados recibía muy bien lo vintage, pero estaban a años luz del acid house, el techno o el rap. Se han adaptado para sobrevivir, y han sabido parar cuando los vientos no soplan a su favor. Cuatro décadas después, siguen estando orgullosos de abrir sus alas y seguir un camino propio. El cielo es el límite para esta bandada de renegados. Mientras el mundo se llena de poesía barata en la pantalla del teléfono, al menos seguimos teniendo a The Black Crowes en su forma más pura, sin conspiraciones de por medio. «¿Sabes qué? El dentista sigue siendo una mierda. ¡Avísenme cuando la tecnología mejore eso!». Tags #The Black Crowes #2026 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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