Opeth

Garden of the titans

 

Live at red rocks amphiteatre

2018, Nuclear blast

 

Abrumador. Impactante. Poderoso. Magnético. Faltan adjetivos para poder describir con real justicia y precisión lo que los suecos Opeth logran generar sobre las tablas, más aún cuando se trata del imponente y majestuoso anfiteatro Red Rocks, un escenario construido en una formación rocosa en las desérticas montañas de Denver, Colorado. Y es una veradadera lástima que el grupo no haya filmado un pequeño documental de día en el lugar, durante las pruebas de sonido, pues como se ve en las fotos en el librito del Bluray, el anfiteatro construido en 1906 y con capacidad para 10.000 personas, luce absolutamente grandioso.

 

Pero lo anterior es solo un detalle que habría complementado a la perfección este verdadero concierto de “Best Of” donde Opeth se pasea y revisiona los momentos más álgidos, brillantes y rutilantes de su discografía, abriendo con una monumental versión de ‘Sorceress’, el tema título de su último disco de 2016. Con una calidad de sonido francamente apabullante, este concierto suena mucho mejor que cualquier disco de estudio de la banda, con un sonido orgánico, lleno de matices y texturas, con cada instrumento perfectamente balanceado tanto en las partes más duras y pesadas, como también en los momentos más sutiles de etérea belleza melódica y melancólica; sin duda Opeth está en su peak interpretativo, y una formación estable de más de una década demuestra todos sus quilates sobre el escenario, partiendo por su líder Mikael Akerfeld que domina el espectro con su gran caudal de voz y su precisa guitarra rítmica; siguiendo con el notable Fredrik Akesson (Arch Enemy, Tiamat, Talisman), cuyos solos son siempre bellos y precisos; ni hablar de ese dínamo de poder absoluto que es el baterista Martin ‘Axe’ Axenrot (Bloodbath, Witchery), quien junto al bajista uruguayo Martín Méndez le dan la flexibilidad rítmica que tanto fluctúa en los patrones musicales de la banda, aderezados por los inconfundibles teclados de Joakim Svalberg, que dotan al sonido global del conjunto con ese toque “vintage” de los años clásicos del progresivo. Temazos como ‘Ghost Of Perdition’, ‘In My Time Of Need’, ‘The Devil’s Orchard’, ‘Cusp Of Eternity’, ‘Era’ y ‘Deliverance’, se van sucediendo unos a otros con una fuerza descomunal, generando un estado de trance masivo en una audiencia rendida e hipnotizada por el inclasificable maremágnum de sonidos creados por una banda única y atípica en su especie, apoyados además por unas visuales altamente impactantes en las pantallas ubicadas en el escenario y en el muro lateral de la roca.

 

El precioso arte de Travis Smith y las excelentes fotos que acompañan el libreto, no hacen más que trasportar en el tiempo y el espacio al oyente y espectador, deseando haber estado presente en la mágica noche del 11 de mayo de 2017 para haber sido testigo de un show digno de vivenciar una y otra vez. En más de una oportunidad Mikael Akerfeld ha manifestado su deseo de hacer menos giras y concentrarse más en los discos de estudio, pero cuando tienes una banda que logra realizar conciertos de esta envergadura y calidad con un estilo musical que no es ‘mainstream’, es imposible siquiera permitir que una institución como Opeth deje los escenarios, sobre todo cuando cada nuevo tour supera al anterior en calidad interpretativa. Sin parafernalia, sin pirotecnia, sin artilugios escénicos, aquí la música es la que manda y este testamento de Opeth está tallado en granito puro, tal como lo muestra la sicodélica y magnífica portada; un imperdible de una banda imperdible.

 

 

Cristián Pavez



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