Foo Fighters Live at Wembley Stadium Lunes, 29 de Septiembre de 2008 2008. Sony/BMG Dave Grohl es un iluminado y el tiempo le ha dado la razón de forma apabullante. Tras la muerte de Cobain, el otrora baterista de Nirvana hizo caso omiso a las innumerables formaciones que le ofrecieron unírsele tras el trágico desmembramiento del trío firmante de “Nevermind” y exprimió su aún latente juventud, en un caballo de batalla propio que, pocos años después, se transformaría en una de las agrupaciones más potentes y celebradas del rock de las últimas dos décadas. La cristalización de este palacio de éxitos no fue instantánea, y su misma alma mater sustenta una de sus mayores satisfacciones en el arduo trabajo para alcanzar el celebrado estatus que ostenta Foo Fighters en el ala comercial del rock actual. Cinco complicados años para hallar el line up idóneo y lograr, a partir de 1999, un ascendente trayecto envuelto en la parsimonia y la unión de un círculo interno inquebrantable, que ya se aproxima a la década. Inglaterra siempre ha sido la segunda casa de los Foos y esta dupleta, realizada en el remozado recinto de Wembley, el 6 y 7 de junio de este año, no es más que la corroboración de un romance firmado desde los primeros días que su álbum homónimo estaba en las disquerías. Por aquellos tiempos, ni los dispares comentarios del rincón agorero de la prensa en el orbe, que situaba en un manto de dudas las aptitudes de compositor de Grohl, impedían al grupo repletar la tradicional sala Brixton Academy, pocos meses después de haber sacado su debut. Desde la remodelación del estadio de Wembley que no se veía tal efervescencia en un concierto de rock: 165 mil tickets (para las dos funciones) agotados en menos de 24 horas. Los que han tenido chance de asistir a un concierto de Foo Fighters (difícil será olvidar mi infartante experiencia en el Pink Pop Festival de Holanda, en mayo de este año), saben que su pasional entramado sonoro en directo conmueve de sobremanera, ya sea frente a 80 mil personas, cerrando en un majestuoso festival o ante dos millares, en un teatro de capacidad limitada. Todas sus presentaciones generan una íntima y particular conexión y este flamante opus audiovisual nos aproxima un poco a dichas sensaciones. Tremendamente influenciado por los actos que adornaron la movida 70´s del hard rock, Grohl denota una familiarización con los recintos que albergan marcos multitudinarios de público, una costumbre que incluso con Nirvana no se traslucía con tamaña constancia, por lo que el manejo de Dave para dirigir a destajo y dominar tan colosal cantidad de gente, no es una coincidencia para nada. Dieciocho canciones que incluyen el repertorio de sus seis largos y evidencian vestigios de una formación sólida como roca, la que obtiene un plus sin refutaciones con los aportes del co-fundador, Pat Smear, en guitarra, el tecladista Rami Jaffee, el violinista Jessy Greene y Drew Hester, complementando las percusiones. Con un combo tan completo en las tablas, un grandilocuente y certero resultado en las interpretaciones es, a simple vista, garantía absoluta. Así se puede atestiguar en ‘The Pretender’, el flirteo acústico de ‘My Hero’, el lado b lanzado en un sencillo de Nirvana, ‘Mary Gold’, ‘Monkey Wrench’ o ‘All My Life’. Imposible también dejar de lado la emocionante versión de ‘Everlong’, con un Dave Grohl asumiendo el protagonismo completo en los ¾ de la canción, que culmina con toda la banda apoyando en la rítmica y el estadio entero coreando. Cuando ya todos yacían extasiados, se avecina la mayor sorpresa de las funciones. La irrupción a escena de Jimmy Page y John Paul Jones, quienes en compañía de Grohl y Taylor Hawkins (roles compartidos en batería y voz), interpretan los clásicos de Led Zeppelín, ‘Rock and Roll’ y ‘Ramble On’. “This is the best night of my fucking life”, añade un hiperventilado Dave, que aún no asimilaba el compartir por minutos unas notas con sus ídolos de toda una vida. La emotividad del momento, de sólo presenciarlo desde un monitor, es contagiosa; imagínense estando allí mismo en el concierto. El cierre lo otorga otra impresionante versión para ‘Best Of You’, replicada por 85 mil personas y una banda tocando como si fuera la última función de su carrera. A diferencia de sus pasadas piezas audiovisuales, aquí no hay material adicional, detalle que no enloda en lo más mínimo esta gran presentación con que Foo Fighters pretende sellar una etapa de logros incesantes. “Live at Wembley Stadium”, no es tan sólo una obligación para el melómano y ferviente seguidor de este personaje del rock contemporáneo, es una pieza de energía irrestricta para cualquier escucha que desee adentrarse en uno de los directos más pasionales del género, en el mundo. Dave, la hiciste de nuevo. Francisco Reinoso Baltar Tags #Foo Fighters # 2008 # Live at Wembley # Dave Grohl # Nate Mendel # Taylor Hawkins # Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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