The Doors The Soft Parade Viernes, 18 de Julio de 2025 1969. Elektra Este es probablemente el escalón más divisivo de la discografía de The Doors, o al menos de lo que hicieron con Jim Morrison vivo. Editado en julio de 1969, tras casi un año de complejas sesiones de grabación, "The Soft Parade" representó un punto de inflexión en su carrera. Atrapado entre la necesidad de reinventarse y las tensiones internas, el disco ofrece un paisaje sonoro diverso, aunque marcado por la desorientación de una banda en crisis. El contexto en que nació fue turbulento. Morrison, cada vez más volcado en la poesía y el alcohol, comenzó a alejarse de sus compañeros y mostró desinterés por el enfoque comercial impulsado por el productor Paul Rothchild. Este insistió en incluir arreglos orquestales de cuerdas y metales, con la ayuda del arreglista Paul Harris. Todos, salvo el vocalista, aceptaron estas ideas. El vocalista no solo desaprobaba estos añadidos, sino que también rechazaba las letras escritas por Robby Krieger, al punto de exigir que cada canción fuera acreditada individualmente, rompiendo con la tradición colectiva de los primeros álbumes. Las tensiones se reflejan en la música. La apertura es 'Tell All the People', una composición de Krieger cargada de trompetas que anticipa la estética pop-orquestal del álbum. A pesar de su ligereza melódica, no logra despegar, y Morrison nunca ocultó su disgusto por ella. En contraste, 'Touch Me', también de Krieger, resulta mucho más efectiva. Es elegante, pegadiza y sorprendentemente fresca, aunque su refinamiento se aleja de la crudeza habitual del grupo. Sin embargo, el resto de las canciones del guitarrista no alcanza el mismo nivel. 'Wishful Sinful' y 'Runnin' Blue' pecan de exceso: los arreglos orquestales acentúan sus limitaciones en lugar de disimularlas. 'Runnin' Blue', en particular, es un menjunje inentendible que no termina de cuajar. Las composiciones de Morrison, por su parte, son un poco más coherentes y plausibles. 'Shaman's Blues' es un ejemplo clásico del sonido Doors: atmósfera psicodélica, riffs bluseros y la voz de Morrison desplegando un lirismo oscuro. 'Wild Child', otra joya del álbum destaca por su potencia rítmica y estructura poco convencional. Más flojas resultan 'Do It', una colaboración con Krieger que suena insípida y repetitiva, y 'Easy Ride', una especie de canción country con toques psicodélicos que desentona totalmente. Pese a lo desordenando del tracklist, la producción es impecable. Paul Rothchild y el ingeniero Bruce Botnick lograron un sonido limpio y poderoso que evita las mezclas embarradas típicas de muchos discos de los 60. La batería de John Densmore suena precisa y dinámica, mientras que Ray Manzarek brilla con su teclado hipnótico y versatilidad instrumental. La inclusión de Harvey Brooks en el bajo en algunas canciones, como 'Shaman's Blues', aporta una profundidad adicional interesante. Uno de los aspectos más curiosos del disco es que más de la mitad de sus temas fueron lanzados como sencillos antes de la salida del álbum, algo poco común en la trayectoria de la banda. Esto refleja tanto el intento del sello por rescatar el proyecto como la falta de una dirección clara. A ello se sumó la debacle personal de su vocalista, cuyo arresto en Miami por comportamiento obsceno en marzo de 1969 afectó la imagen del grupo y provocó la cancelación de una gira completa. A pesar de todo, "The Soft Parade" alcanzó el puesto número 6 en las listas de ventas y ha resistido mejor el paso del tiempo de lo que su mala fama inicial sugiere. Lejos de ser un simple desliz comercial, es un testimonio de una banda al borde del colapso, pero que seguía buscando nuevas formas de expresión. Incluso algunas canciones descartadas de las sesiones, como 'Whiskey, Mystics and Men' o 'Who Scared You', demuestran que el periodo fue creativamente fértil, aunque caótico. En retrospectiva, este puede no es el mejor trabajo del grupo, pero tampoco es un fracaso rotundo. Es un disco de transición, exploración y ruptura y sigue siendo inconfundiblemente The Doors, con todo el riesgo, la poesía y la intensidad que eso implica, teniendo incluso suficientes momentos de brillantez, que lamentablemente no fueron bien direccionados. Por eso, aunque su desvío estilístico no guste a todos, merece ser redescubierto sin prejuicios: es un material complejo, sí, pero también fascinante. Giordano Antonelli Villavicencio Tags #The Doors #The Soft Parade #Jim Morrison #Ray Manzarek #Robby Krieger #John Densmore #Harvey Brooks #Paul Harris #Paul Rothchild Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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