The Adicts Sound of Music Lunes, 22 de Septiembre de 2025 1982. Razor A más de alguno le pasó lo mismo: la puerta de entrada a The Adicts fue netamente por la vista. La poco convencionalidad de Keith "Monkey" Warren no dejaba indiferente a nadie, con ese look de bufón pintado, sonrisa histriónica y mirada enajenada entre el Joker y un drugo de La naranja mecánica, que terminó siendo parte del abecé de la iconografía punk, casi tan seminal como el Crimson Ghost de los Misfits. Una máscara que, más que un disfraz, hablaba de la herencia de aquella primera ola del género, que no se levantó solo con guitarras disonantes y distorsión, sino también con símbolos y mucha disrupción visual. Esa estética funcionó siempre como el gancho para atraer a las mentes receptivas, fascinadas incluso antes de escuchar una sola nota. De ahí en más, y siguiendo en el caso de The Adicts, si te motivabas a dar el siguiente paso y darle play, ya fuera con el vinilo, disco, casete o, en mi caso, un MP3, se te revelaba un sonido a la altura del espectáculo, donde abrías los oídos hacia un mundo lleno de punk rock dramatúrgico con letras tan contagiosas que, al final, terminabas entendiendo hasta el porqué del nombre del grupo. Popularizados en la Inglaterra de los ochenta, en medio de una escena dominada por mohicanos, tachas, estampado cuadrillé y botas obreras, The Adicts llegaron para darle a la escena algo fresco, distinto y menos serio al no afiliarse necesariamente a reveses políticos, prefiriendo disfrazar la insolencia de ironía circense con colores chillones y vistiendo la provocación de blanco, negro y confeti. Esa elección los liberó de la ortodoxia y los plantó en un territorio propio, híbrido y glamoroso, incómodo para los puristas pero irresistible para quienes se dejaban seducir por la extravagancia, misma que terminó por consagrarlos como banda de culto. En ese contexto aparece su segundo álbum, "Sound of Music" (1982), como un verdadero rito de iniciación para quienes deseen adentrarse en la idiosincrasia de la banda y, de paso, explorar una de las ramas más teatrales del punk. Se trata de un disco esencial que retoma la energía del debut y la expande hacia un escenario desbordado, como si la música misma fuera la banda sonora de un manicomio gobernado por sus internos. Allí se levanta una arquitectura demente y lúcida al mismo tiempo, una estructura construida con los delirios compartidos de Monkey en el frente y de Pete Davison al lado en la guitarra, capaz de transformar el desvarío en una claridad que sigue fascinando décadas después. Para enfrascarnos de lleno en la narrativa de la banda, 'How Sad' abre con un jingle de circo antes de desatar un clásico riff rápido de punk que empuja la letra hacia un estribillo pegajoso como chicle, hecho a la medida para ser cantado a coro. Lo que nos lleva casi sin transición alguna a '4-3-2-1', un tema que parece conversar consigo mismo gracias al juego entre la voz principal, la segunda voz y el diálogo constante con los instrumentos, con ese punch simple pero efectivo. Una de mis favoritas es 'Chinese Takeaway', porque es demasiado Adicts en cuanto a la composición y cuerpo de la canción, y que trata nada más y nada menos de… comida china para llevar. Genios. El coro es lo máximo, con ese "woo, woo, woo" guiado elocuentemente por la voz dispar de Monkey, que lo convierte en un himno a estas alturas. Pegadito viene otro clásico. Estamos hablando de 'Johnny Was a Soldier', con ese bajo increíble que se roba la película durante toda la canción, mientras las guitarras le tejen melodías por encima. Y claro, otro estribillo pegadizo que se te queda en la cabeza, esta vez con ese "push push push". Líricamente, se meten en política, lo que choca y a la vez complementa con el esfuerzo cómico anterior. "Here lads, fancy going down the disco?!". 'Disco' es una inyección de pura energía con esos tres acordes y esos tambores que golpean fuerte como si marcaran el pulso de una rara fiesta punk. Es otra pausa cómica, pero sin perder ni un ápice de pegajosidad, ya que te hace sonreír mientras sigues saltando como maniático. Y si seguimos en esa onda de la comedia absurda, tenemos que incluir sí o sí 'Joker in the Pack', misma fórmula, misma eficacia. Temazo que igual termina destacándose por un inesperado violín que lucha por hacerse notar en medio del ataque sónico de la guitarra de Davidson. Qué elegancia la que maneja The Adicts. Otros geniales hitazos de similares vertientes son 'My Baby Got Run Over by a Steamroller', 'Lullaby', 'Let's Go', 'A Man's Gotta Do' y 'Shake Rattle, Bang Your Head', las cuales chequean todas las casillas de una buena canción punk: gritos, riffs pesados e insidiosos, ritmos de batería implacables y otros extraños, pero necesarios y moshables coros chiclosos. Ojo que también hay variedad, por ejemplo con 'Eyes in the Back of Your Head', que arranca con unas cuerdas acústicas impecables para los estándares del género. Ahí te das cuenta de que estos tipos no eran ningunos improvisados, sabían tocar de verdad. Pero también está 'Easy Way Out' con su guitarra desacorde muy adelantada a su tiempo, y que solo se me ocurre describir como anomalía profética con su áspera y garajera melodía. Ahora, la reedición en CD de Captain Oi viene con tres temas extra que son un regalo para cualquier fan. Primero está su versión de 'You’ll Never Walk Alone’', esa canción tan conocida que la historia se encargó de convertir en un himno futbolero, inmortalizada para siempre en las gradas del Liverpool. Luego pegan un golpe certero con 'Too Young', sostenido por un bajo simplemente brillante que le da cuerpo y carácter al tema. Y para cerrar, un correctísimo cover de los Ramones, 'I Wanna Be Sedated', recordándonos que esta era su época más ramonera. Un broche de oro colocado con precisión y mucho sabor a punk de la vieja escuela. No cabe duda de que "Sound of Music" es un álbum excepcional que sentó los primeros peldaños del camino creativo que la banda continuaría en lanzamientos posteriores, como su sucesor de 1985, "Smart Alex". Aquí, The Adicts encontraron la base de su discografía, su núcleo musical, y lo perfeccionaron, al mismo tiempo que desarrollaron un gusto por el sentido lúdico del espectáculo en vivo. Ese mismo gusto los ha mantenido como una rareza hasta hoy, siendo una de las pocas bandas punk originales que aún giran con todos sus miembros originales, recorriendo escenarios alrededor del mundo y reinterpretando con intacta energía jovial su emblemático repertorio, del que han sabido sacar el máximo provecho en estos casi cincuenta años de historia y vida en carretera. Bárbara Henríquez The Adicts se presentará en Chile el próximo miércoles 8 de octubre en Teatro Coliseo. Entradas disponibles en Puntoticket. Tags #The Adicts #Sound of Music #Keith Monkey Warren #Pete Davison Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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