Nick Cave & The Bad Seeds Push the Sky Away Miércoles, 20 de Febrero de 2013 2013. Bad Seed Ltd Nick Cave ostenta en propiedad credenciales de genio. Por eso mismo, juzgar su nuevo disco “Push The Sky Away” supone el desafío de no caer ante la hipnosis del nombre y el peso de sus méritos pasados. Pero el tipo es una tremenda personalidad y bien se le puede exigir estar a la altura de tu fama. Pues bien, el espíritu reinante en “Push The Sky Away” radica en una serie de canciones que bordean la tristeza y el cínico desengaño, en el marco de una composición mesurada y a la vez intensa. El disco es parejo en cuanto a la calidad de los distintos temas, si bien hay algunos que se disparan. Un disco puede ser salvado por dos o tres canciones, sin necesidad de estar plagado de composiciones perfectas. Y este es el caso. En el primer tema, ‘We No Who U R’ abre con un teclado pulsado que ofrece reminiscencias sesenteras. Estamos ante una canción sombría y reposada. Mientras la voz de Cave toma el protagonismo, unas inquietantes notas de violines, atraviesan como cuchillos afilados la mansedumbre de ciertos compases. Nick Cave, a través de su voz, ilumina descubrimientos sonoros que sobresalen desde la penumbra. ‘Wide Lovely Eyes’ es mucho más melódico en su construcción, con un rasgueo persistente en la guitarra y un teclado que puntúa el desarrollo de la composición. Canción llena de sutilezas para descubrir, pero sin un clímax claro y contundente. Y esta característica cruza buena parte del disco. Por lo mismo, se agradece cuando un tema como ‘Waters Edge’ se define con mucha más claridad y ofrece tensión y distensión que se resuelve en los límites del track. La terquedad del bajo define al tema como más instrumental. Si bien la voz de Cave siempre es protagonista, alterna el centro con una sección de cuerdas que llega en olas y una batería que se sale del pulso habitual y ofrece ráfagas que enriquecen la propuesta. Por momentos, el canto es melodramático, con declamación y fuerza. El final es mucho más intenso, más allá del mero fade out que cerraba los anteriores cortes. Se agradece. ‘Jubille Street’ en tanto single de la placa, es más directa que las anteriores, con su batería seca y precisa y una guitarra que merodea el blues. La historia de una prostituta y un cliente maduro está arropada en una música potente y delicada a la vez. La paradoja es evidente y real, gracias a una sección de cuerdas que es central. La canción se desenvuelve en un crescendo implacable, que seduce y condena, entre la perdición y el deseo. Es claro que el tema es más potente gracias a que no sólo está basado en la voz de Nick Cave, sino que es la banda la que opera en pleno uso de sus facultades. Cave sugiere y el grupo ejecuta. ‘Jubille Street’ cierra con un final coral y magnífico, para gozar y llorar. Con ‘Mermaids’ el disco vuelve a su dudoso equilibrio de canciones sin clímax. Otra vez el registro vocal de Cave se despliega sin grandes contrapesos, si bien durante los estribillos el grupo arremete con algo más de energía. ‘We Real Cool’ ofrece otra vez un bajo tenaz y una sección de cuerdas más piano que remarcan el peso de las oraciones de un Nick Cave lleno de ecos. Quedamos otra vez a la espera de que el tema explote, cosa que no sucede. ‘Finishing Jubilee Street’ se plantea como un inquietante lado B de ‘Jubille Street’, donde las baquetas golpeando el borde de la caja, parecieran representar los pasos de Nick Cave sobre el pavimento de la calle. Nick Cave suele explorar la realidad desde su ácida mirada y la oscuridad de sus sentimientos. Así, con ‘Higgs Boson Blues’ se las arregla para destilar una crónica cantada. Extraño relato, donde comparten créditos Robert Johnson, Hanna Montana y el bosón de Higgs, enigmática partícula subatómica que sería la clave del origen del universo.De cierta manera la búsqueda científica está en línea con el interés de Cave por llegar a la sombría raíz de las cosas. Poco a poco, Cave acelera las partículas de su voz para ofrecer una de las interpretaciones más intensas del disco. Para el final, el tema que le da nombre a la placa, ‘Push The Sky Away’, se desliza entre resonancias de teclados que van y vienen de izquierda a derecha en un viaje sin cesar. Nick Cave susurra implacable desde el metal de sus letras y su voz; el cielo está muy lejos de nosotros. Con sus acordes demorosos, el disco se apaga lentamente. En definitiva, la placa 2013 de Nick Cave and The Bad Seeds ofrece otra visión de su estética habitualmente oscura y a veces atormentada. Acá hay menos sufrimiento o éste es menos evidente, pero en ningún caso hay alegría. Y es que Cave no va a venir ahora a traicionarse a sí mismo. Reflexivo pero implacable en su opacidad, le bastan tres canciones potentes para darle sentido a un regreso esperado. Un disco para degustar lentamente, de forma que ese dulce veneno poco a poco aleje del cielo y acerque a un rock medido y terrenal. Nick Cave en plena forma, con sombras y dudosas luces. ¿Disco recomendable? Sí, con observaciones, pero con un sonido orgánico y un espíritu que se agradece, en tiempos de falso brillo. Pablo Padilla Rubio Tags #Nick Cave # Nick Cave & The Bad Seeds # Nick Cave and The Bad Seeds # Nick Launay Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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