Boris Pink Viernes, 02 de Diciembre de 2005 2006. Southern Lord Los estandartes japoneses del sludge –variante del rock garajero, caracteristizado por su enfermiza saturación de cuerdas y ruidismo minimalista-, Boris, están de vuelta con un trabajo muy interesante, que llama la atención por su potencia y carácter aventurero, en el que siempre trata de innovarse sobre las estructuras más clásicas de ese sonido sucio y entrañable al que nos adentraron bandas como Crowbar, Melvins, o mirando más atrás, MC5, Blue Cheer o The Stooges, hermanándose con compañeros de ruta occidentales como Sunn O))). Manteniendo la formación de tres integrantes de sus orígenes -Atsuo en batería y voz, Wata en guitarra y Takeshi en voz y bajo-, Boris en este nuevo trabajo, pareciera ir en busca de las audiencias norteamericanas, que pese a todo igual los seguían, de un modo underground, desde los días de discos pretéritos como el debut “Absolutego” (1996) o “Amplifier Worship” (1997). Pese a ese detalle, el disco es impresionante, potente y una carta dorada para llevarse un disco de rock puro y sucio, con matices de ruidismo y experimentación cosecha 2006. “Pink” abre con ‘Farewell’, una sorpresa dentro del repertorio de Boris, donde un tempo doom y lisérgico es aderezado con características espaciales y noise con una inusual melodía, donde se encuentran trazos de My Bloody Valentine, Mogwai, Isis, Sigur Rós y Nadja. Esa potencia sucia, apocalíptica y descontrolada tÃípica de los japoneses está presente igual, y llena los speakers de lodo y poder. De no ser porque termina de golpe, perfectamente podría haber durado mucho más, y eso que se empina holgadamente sobre los siete minutos. Después de este comienzo levitante, vienen tres temas que invitan al sacudón de cuerpo y cabeza, al rock and roll en estado puro y al rojo vivo.‘Pink’ es un ataque rockero a mango, con tintes de Melvins, pero con ese toque de suciedad y lodo extra tan característico de Boris y su bandera, el sludge. Es un tema para escucharlo con el volumena todo dar y tratar de que se te salga la cabeza de tanto sacudirla. ‘Woman On the Screen’ suena como si en nuestros tiempos existieran MC5 y los Stooges, y fuesen una sola banda. Demoledor, veloz y hasta ganchero si logras penetrar esa capa de suciedad. Y sin tregua cae ‘Nothing Special’, también dotada de un sonido y una estructura muy proto punk. Al igual que el tema anterior, gana por crudeza y me parece muy propicio para una buena juerga apocalíptica. Tras esa primera andanada de energía, viene el primer descanso. En ‘Blackout’ el doom hace su entrada y cae con murallas inconmensurables de guitarras, y tempos de batería lentísimos. Las guitarras, afinadas en Si bemol, no pueden sonar más pesadas. Con los primeros riffs como capas básicas de sonido, se superpone una melodía en guitarra desesperanzada y trágica, que termina de dar el gris carácter doom a este tema. Después de‘Blackout’ viene una muestra de la bipolaridad de este trabajo, porque sin mediar más de dos segundos de pausa comienza ‘Electric’: un conciso instrumental muy bailable, que suena mucho a Yeah Yeah Yeahs o The Rapture, pero con la mugre de Boris dándole valor agregado, dejándolo como una pieza de garaje discotequero. La senda continúa con ‘Pseudo Bread’, ataque sludge a full con una pesada descarga de sucios guitarrazos sobre una estructura de canción muy definida e incluso algo poppie. Suena como si escucháramos a Queens Of The Stone Age con los parlantes rajados. En ‘Afterburner’ nos encontramos con un tema que cuenta con una vibra más stoner, por esas voces que suenan muy drogadas, el tempo relajado y las guitarras vintage con los agudos apagados, con un sonido muy similar al de los primeros discos de Blue Cheer. El bajo recién se integra en la mitad, a toda distorsión, para entregar ruido de fondo, más una base rítmica acoplada a la batería. Como otra píldora de anfetaminas explota ese bombazo llamado ‘Six, Three Times’, en la que la línea general del disco se repite en este ataque garajero de casi tres minutos de duración. Una batería descontrolada es el impulso para el caos trepidante de las cuerdas, y arriba unas voces que tras todo lo anterior parecieran sonar cansadas. Se ha recorrido buena parte de “Pink”, y así nos encontramos con ‘My Machine’. Un breve remanso de calma y melodía a un plano muy similar a lo que nos tiene acostumbrados una banda como Mogwai, preparando el terreno para ese infierno final que es ‘Just Abandoned Myself’: al principio un tema con los recursos propios y característicos del disco (velocidad, saturación, crudeza, calle), que luego muta a un viaje exploratorio sónico de las cuerdas, investigando con dos notas y luego con el ruido y los acoples, en un tránsito hacia la locura que se empina por sobre los 18 minutos –solo en la edición americana, la versión japonesa dura 10 minutos-, donde la saturación nos envía a un trance final del cual no volvemos igual que como entramos. Un cierre genial. “Pink” es una placa entretenida, multicolor, anfetamánica y de un rigor experimental que nos hace situarla en la esfera de la vanguardia. Definitivamente Boris se cuenta entre los tantos artistas japoneses contemporáneos que realmente están aportando a la música popular occidental, dándole una óptica exploratoria que permite su renovación. Pedro Ogrodnik C. Tags #Boris #Pink Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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