Gorillaz The Mountain Lunes, 02 de Marzo de 2026 2026. Kong Un cuarto de siglo después de que Gorillaz convirtiera la idea de una "banda virtual" en una provocación traviesa, la broma ya se transformó en algo mucho más sólido. Lo que empezó en 1998 como una mirada irónica a lo artificial del pop hoy suena casi profético, en una época llena de ídolos animados y estrellas creadas por computadora. Si acaso, el noveno disco de Gorillaz, "The Mountain", no llega como una novedad, sino como una confirmación de por qué existe el proyecto. Para esto fue creado. El contexto en el que nació el álbum es complicado, y a la vez, delicado. Tanto Damon Albarn como Jamie Hewlett perdieron a sus padres con pocos días de diferencia, una coincidencia que hace que el alcance global del disco se sienta mucho más personal. Un viaje a la India, a medio camino entre investigación y ajuste de cuentas emocional, se convirtió en el eje del larga duración. Pero "The Mountain" no es un diario de viaje ni un simple experimento de apropiación sonora. Es un disco que habla de la muerte desde una perspectiva amplia. No como una ruptura definitiva, sino como un paso a otra etapa. No como silencio, sino como un coro. Y ese coro es real. Como siempre en Gorillaz, la lista de invitados es extensa, pero aquí tiene un peso especial. Albarn rescata grabaciones de amigos y cómplices que ya no están: Tony Allen, Dennis Hopper, Mark E. Smith, Bobby Womack, Proof y Dave Jolicoeur, entre otros. Lo especial de estas apariciones es que no se sienten morbosas ni forzadas. Al contrario, le dan al álbum una energía particular, como si la línea entre pasado y presente se volviera más delgada. Más que una sesión espiritista, lo que se siente es una celebración: el arte como forma de no aceptar el punto final. En lo musical, sigue fiel al rechazo de Gorillaz a la pureza del rock. Albarn lleva décadas probando hasta dónde puede estirarse el formato pop sin romperse, y aquí suma instrumentos clásicos de la India a su paleta ya flexible. El sitar, la bansuri y la tambura aparecen integrados en las canciones, a veces al frente, a veces como parte del ambiente. Lo importante es que el disco evita usar estos sonidos como simple adorno exótico. Los arreglos suenan a diálogo, no a decoración, incluso cuando el gusto de Albarn por los estribillos brillantes amenaza con dominarlo todo. Lo que más sorprende es el equilibrio del tono. Con ese punto de partida, uno podría esperar algo apagado o fúnebre. Sin embargo, "The Mountain" a menudo se siente ligero y vital. La melancolía de Albarn, tan presente en su trabajo desde los tiempos de Blur, aparece en melodías nostálgicas y letras reflexivas pero suele estar acompañada por ritmos llenos de energía y una sensación constante de avance. Así, el disco parece decir que la alegría y el duelo no se contradicen, sino que se potencian. A nivel conceptual, se podría decir que es el álbum más coherente de Gorillaz en años. Algunos trabajos recientes del grupo parecían playlists muy bien curadas, con canciones impresionantes, variadas y a veces un poco desordenadas. "The Mountain", en cambio, funciona como una reflexión sostenida. La idea de partida y continuidad, de voces que siguen sonando cuando los cuerpos ya no están, atraviesa idiomas y géneros. Incluso la mitología animada del proyecto, que antes funcionaba como marco satírico, aquí pasa a segundo plano frente a la emoción central. Hay momentos en los que la ambición de Albarn roza el exceso. Siempre ha sido parte de la fórmula de Gorillaz, pero esa osadía también es el motor. Pocos artistas de su generación han buscado colaborar de forma tan constante a través de fronteras geográficas, estilísticas e incluso vitales. En "The Mountain", ese impulso se intensifica a partir de la pérdida. El disco no se encierra, se abre todavía más, como si ampliar el círculo hiciera más llevadera la ausencia. Veinticinco años después de su debut, Gorillaz suena menos como un proyecto alterno y más como una forma de entender el mundo. "The Mountain" plantea que la mezcla, de culturas, de géneros, de vivos y muertos, no es un truco, sino una filosofía. Al convertir el duelo personal en algo colectivo y sin fronteras, Albarn y Hewlett reafirman la promesa central de la banda: que el pop, cuando apunta alto, puede ser un punto de encuentro entre mundos. Fernanda Hein Tags #Gorillaz #The Mountain #Damon Albarn #James Ford #Bizarrap #Tony Allen #Jamie Hewlett #Dennis Hopper #Johnny Marr #Paul Simonon #Idles Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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