Echo & the Bunnymen Apples for Isaac Lunes, 19 de Octubre de 2026 2026. BMG Pocas bandas pueden mirar hacia atrás y encontrar una discografía tan influyente como Echo & the Bunnymen. Desde Liverpool, Ian McCulloch, Will Sergeant y compañía construyeron durante los años ochenta una identidad que escapaba de las etiquetas más estrictas del post-punk: había oscuridad, pero también melodías majestuosas, psicodelia, pop, guitarras expansivas y una vocación casi cinematográfica que convirtió a "Crocodiles", "Ocean Rain" y el homónimo de 1987 en piezas fundamentales de una época. Los noventa todavía entregarían buenos momentos con "Evergreen" y "What Are You Going to Do with Your Life?", demostrando que la banda no había quedado completamente atrapada en su propia leyenda. Después llegarían discos más espaciados y desiguales, entre ellos "Siberia", "The Fountain" y "Meteorites", hasta aquel "The Stars, The Oceans & The Moon" de 2018, donde la decisión de revisar parte de su catálogo clásico dejó una sensación bastante más discutible. Por eso, doce años después de "Meteorites", el regreso con "Apples For Isaac" llega acompañado de una pregunta inevitable: ¿qué puede ofrecer todavía Echo & The Bunnymen cuando sus mejores páginas fueron escritas hace más de cuatro décadas? La respuesta resulta más interesante de lo esperado. "Apples For Isaac" no intenta competir con "Ocean Rain" ni reconstruir artificialmente la oscuridad de sus primeros años. Abraza, en cambio, una faceta mucho más pop, luminosa y directa, con una producción limpia en la que Ian McCulloch toma las riendas y deja que guitarras, teclados, cuerdas y coros convivan sin convertir cada canción en un ejercicio de nostalgia. El disco está atravesado además por una circunstancia inevitable: Clem Burke, legendario baterista de Blondie, participa en diez de las once canciones y falleció mientras el álbum todavía estaba en proceso de finalización. Su presencia adquiere especial significado en un trabajo que habla constantemente del paso del tiempo, la memoria y aquello que inevitablemente termina. 'Take Me by the Hand' abre el álbum con una intensidad que recuerda al rock de los setenta, incluso con cierto aroma a Bowie, mientras McCulloch canta desde una posición de reafirmación personal. La voz ya no necesita demostrar lo que alguna vez fue: tiene el desgaste de los años, pero también una personalidad inmediatamente reconocible. 'Can't Be Sold' baja la intensidad y se instala en un terreno más elegante, con ecos de Roxy Music y una manera muy británica de entender el pop. El comienzo funciona porque permite que Echo & The Bunnymen se reconozca sin necesidad de citarse constantemente. Pero es con 'Brussels Is Haunted' cuando el álbum encuentra uno de sus grandes argumentos. La canción funciona como un viaje por los recuerdos de McCulloch en la capital de Bélgica, mezclando lugares, noches y fantasmas personales con una musicalidad sorprendentemente alegre. Los coros, las palmas y ese estribillo que parece diseñado para quedarse en la cabeza convierten al tema en uno de los momentos más contagiosos que la banda ha registrado en mucho tiempo. 'I'll Be Your Sunshine' continúa por ese camino luminoso y podría haber caído fácilmente en una balada excesivamente sentimental por la presencia de las cuerdas, pero el grupo logra mantenerla dentro de su propia identidad. Después llega 'Hijacked', que devuelve músculo y psicodelia, con un groove robusto y una guitarra que recupera esa capacidad de Will Sergeant para convertir una canción sencilla en algo ligeramente extraño. La referencia a Newton que ayuda a explicar el título "Apples For Isaac" también permite entender buena parte del espíritu del disco. La gravedad no solamente como fenómeno físico, sino como metáfora del envejecimiento, la pérdida y la conciencia de que nada puede permanecer suspendido para siempre. Por eso 'The Honey', con sus guitarras luminosas y coros que parecen extraídos de la psicodelia pop de los sesenta, resulta tan efectiva. Detrás de su aparente sencillez existe una banda que todavía sabe construir melodías capaces de permanecer. Ese equilibrio se vuelve todavía más interesante en 'An Unstoppable Force', donde la voz de McCulloch adquiere una fragilidad que se transforma en uno de los grandes atributos del álbum. La experiencia acumulada deja de ser una carga y se convierte en material expresivo, aunque el fade out prolongado resulta discutible porque abandona la canción justo cuando parece alcanzar su punto emocional más poderoso. 'The Light That Surrounds You' vuelve a levantar las dimensiones del disco y recupera esa capacidad de Echo & the Bunnymen para hacer que una canción parezca más grande que sus propios límites. Después, 'Lab Rats Ran' cambia nuevamente las reglas con un ritmo juguetón cercano al glam-rock, coronado por un saxo que funciona como uno de los elementos más inesperados del recorrido. A estas alturas, "Apples For Isaac" ya ha mostrado buena parte de sus cartas y 'Asimov' aparece como uno de los puntos donde el álbum pierde algo de impulso. No es una mala canción, pero cuesta que alcance la personalidad de lo que la rodea. El contraste se vuelve evidente porque después llega 'We Prayed In the Dark', una conclusión que recupera toda la solemnidad de la banda y lleva el disco hacia un terreno casi espiritual. Las guitarras construyen una atmósfera amplia mientras McCulloch vuelve sobre sus preocupaciones metafísicas, consciente de que el tiempo sigue avanzando. Y esa quizás sea la mayor virtud de "Apples For Isaac": no intenta negar la edad de Echo & the Bunnymen. La incorpora. La voz de McCulloch, la guitarra de Sergeant y la batería de Burke pertenecen a una historia que comenzó hace más de cuarenta años, pero aquí no aparecen como piezas de museo. Hay canciones que podrían ser más contundentes y momentos donde el disco pierde tensión, pero también existe una colección de melodías que demuestra que la inspiración no necesariamente desaparece cuando una banda deja de perseguir el sonido que la hizo famosa. "Apples For Isaac" no modifica el lugar que Echo & the Bunnymen ocupa en la historia del rock británico, ni necesita hacerlo. Su mérito reside en algo más sencillo: después de doce años sin un álbum de material original, la banda vuelve con canciones que tienen personalidad, una producción que respeta sus características y suficientes momentos realmente inspirados para justificar el regreso. No es "Ocean Rain", y sería absurdo pedirle que lo fuera. Es el sonido de una banda que conoce perfectamente su pasado, pero que todavía quiere mirar hacia adelante. Y mientras Ian McCulloch siga encontrando una melodía capaz de quedarse dando vueltas en la cabeza, y Will Sergeant siga sabiendo cuándo hacer que una guitarra transforme una canción, todavía habrá razones para escuchar qué tienen que decir los Bunnymen. Matias Arteaga S. Tags #Echo and the Bunnymen #Ian McCulloch #Apples for Isaac #William Sergeant #Clem Burke Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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