Faul: el bailoteo antes del fin del mundo Un retorno al rock primigenio Miércoles, 25 de Diciembre de 2024 Faul es una banda puentealtina conformada por Matías Hidalgo (bajo), Camilo Rodríguez (Voz y maracas), Alexia Matías (guitarra) y Jean Pesuti (batería). Tuvieron su debut arriba de los escenarios en septiembre de 2023. Desde ese entonces, han luchado por ir cuesta arriba mediante un sonido avasallante, original y libre. Son causantes de una catarsis violenta e indispensable, el mero reflejo en su primer EP, “Yo le llamo infierno, tú le llamas democracia” (2024). Una declaración de principios que amalgama el free jazz y el punk, y expone la marginalidad al estilo “faulero”. “Ya que se está acabando toda esta huea, hagamos música así como los músicos del Titanic”, expresa Camilo Rodríguez. Son dueños de sus reglas. Siempre están haciendo algo y gracias a ello, han logrado tocar en locales alternativos como el Bar de Rene y la Sala SCD, además de grabar una sesión profesional junto a Nelson Laplagne de “Depto 401”. Conversamos con Camilo Rodríguez y Alexia Matías. -“Faul” podría traducirse como “infracción” o “falta”, es un nombre que describe perfectamente el sonido avasallante de ustedes, ¿fue pensado de esa forma? -Camilo Rodríguez: Es una palabra que se aplica al fútbol, claro, todos sabemos lo que es un “faul”; es una patada en la canilla, o es un combo en el hocico, algo que merece amonestación, ¿no? Y creíamos que nuestro sonido era más o menos así también. Si bien en los primeros ensayos de la banda siempre estábamos maqueteando y todo, desde el día 1 estuvo la búsqueda de ese sonido avasallador, estuvo bien claro. Aparte de que “faul” es una palabra universal, así como nirvana u oasis, como ese estilo. El “faul” es algo prohibido y agresivo. Algo que idealmente no hay que hacer, pero que a veces sí hay que hacerlo. Ocupando la metáfora futbolera, a veces hay que pegarle al otro para que no avance, o para que pase algo a favor tuyo. También hay una anécdota de por medio que es bien divertida. Nuestro baterista Jean Pesuti, era compañero mío de colegio en la media. Muy bueno para la pelota, pero bien picado. Aparte, teníamos un compañero que era malísimo. Y estábamos jugando en el recreo y de repente mi compañero “malo” se pasa a Pesuti de hoyito y todos como “¡guauuu! ¡wooo!”. Fue una humillación y casi que todo el colegio gritando. Nuestro baterista no encuentra nada mejor que hacerle el faul de la vida, le pega una patada descuadrada. Casi que lo deja en silla de ruedas. Cuando nos reencontramos para tocar en la banda, empezamos obviamente a recordar muchas cosas, el colegio, las tallas y salió la anécdota. De ahí comenzó a cuajar todo y por ahí viene el nombre, como que lo grafica bien. -Alexia Matías: También nos interesaba mucho ocupar la palabra “faul” como se pronuncia oralmente y por eso queda con una “a” al medio y no “foult”. Queríamos rescatar el sentido universal de la palabra y también englobar metafóricamente el sonido al que nosotros apuntábamos. Nos importaba también que fuese un nombre que la gente no tuviese que pensar demasiado su significado. Que sea lo más directo posible. Todos entendemos lo que es la falta. -¿Qué nexos tienen con el free jazz? ¿Cómo fue el proceso para acomodarlo a la música punk que tocan? -Alexia Matías: Tocamos con nuestro saxofonista, quien tiene un montón de bagaje en cuanto a la exploración sonora mediante su instrumento y su rollo es el free jazz, a fin de cuentas. Lo cual para nosotros igual fue súper interesante pensar de qué manera se podría moldar el saxofón según lo que ya teníamos. En realidad se fue dando todo muy fortuito. -Camilo Rodríguez: Se fue descubriendo igual. Había partes de nuestras canciones que antes de que tuviéramos saxofón, decíamos que “aquí estaría bueno un saxo”, por ejemplo. Pero no queríamos un saxo haciendo un riff, sino haciendo una locura. Y a medida que fuimos tocando empezamos a descubrir un poco este elemento en la improvisación. No fue que dijimos “ya aquí vamos a hacer una parte de free jazz”, más bien sucedió en el bolón de los ensayos. De repente había una parte que era un poquito más suelta, se alargaba un poco a ver qué pasaba y ahí empezaba a entrar el “free jazzeo”, en el que se meten todos también. Yo diría que es un momento free, así como de libertad, más que free jazz. Y eso fue sorprendente encontrarlo, porque creo que uno de los momentos bacanes que hemos vivido en esta corta etapa con la banda, para mí al menos, fue cuando tocando ‘Tripa’, por primera vez llegamos a ese punto espontáneo de free jazz. Como que nos sentíamos más libres. Es muy raro decirlo. Muy pocas veces me ha pasado. -La energía de los instrumentos, en específico la función del saxofón, me recuerda a Sumo, ¿Es una influencia para ustedes? -Camilo Rodríguez: Sí, es una referencia para nosotros como otras bandas también, los mismos Morphine, por ejemplo. Nos dicen que nos parecemos a ellos porque hay saxos, ¿cachai? Porque son las referencias un poquito inmediatas. Igual somos hinchas de Sumo. No es una banda definible. Y más allá de que tenga saxos o solos de guitarra, que sea más o menos reggae, que esté en español e inglés, son bien alienígenas. A mí me gusta decir que Sumo es como una banda en el Atlántico: no es ni argentina, no es inglesa, ni italiana. Como que nos gustaría ser parte de la pandilla Sumo en el sentido de que somos una banda alienígena. -Alexia Matías: Sí, yo creo que efectivamente suelen aparecer estas bandas como tipo “coordenadas” con las cuales la gente te vincula, digamos, porque está la presencia de un saxofón, en este caso. O sea, como dice el Camilo, claro, a lo mejor todos somos hinchas de Morphine y Sumo, pero también yo creo que todos somos hinchas a nuestra manera de cada una de esas bandas. Y eso abre la posibilidad de que no solamente el saxo, sino que también la percusión, las maracas, la guitarra, el bajo y la batería vayan encontrando un lugar que te permita expresar la parte “ordenada” del asunto, esa parte que te permite entenderte con los compañeros con quienes estas tocando al lado de una forma clara. Yo al menos desde la guitarra eléctrica intento no siempre ocupar el lugar como más tradicional en la guitarra, en lo que tiene que ver con una banda de las características como la nuestra. Y eso permite que se vayan encontrando lugares, sitios para poder expresar el rollo de cada uno a través de su instrumento. Nuestro bajista, “el Ñata” -Matías Hidalgo- vivió muchísimos años en Vietnam, entonces viene con todo ese rollo de música no occidental, de música media Dub, pero en otros códigos. Eso también abre un mundo sonoro no solamente para quienes nos escuchan y nos relacionan con otra banda por la presencia de tal o cual instrumento, sino también para nosotros mismos que estamos desarrollando y viendo las cosas a través de esa exploración que te permite relacionarte con la persona que está tocando al lado. Es algo que a mí me deja muy intrigado. -Camilo, veo que llevas tatuado en el brazo The Stooges. ¿De qué manera Iggy Pop te ha impactado como frontman? -Camilo Rodríguez: Caleta, pero siendo bien honesto, como que salió así nomás. Cuando debutamos con Faul, en estricto rigor, era mi segunda tocata en vivo. Estaba nervioso. Y bueno, por suerte tenemos el registro de estas cosas que hacemos, entonces igual me sorprendió verme en esa, ¿cachai? Porque tiene que ver con esa sensación de libertad de la que te hablaba al principio, que hay un 90% tuyo que se va a blanco, que entra en la adrenalina. De repente veía el video y estaba tirándome de espalda, haciendo una arqueada muy hip-hop, y haciendo unos gestos muy de Zack de la Rocha. Iggy Pop es una influencia, pero no quiero llevarlo a la imitación. Es bien importante para mí porque vocalmente yo siento que ladro, no canto. Hay algunos versos que puedo hacer melódicamente pues tengo cierta habilidad para melodías más pop, en otras no, y no lo busco. Creo que él era más o menos así y se los traga a todos porque es más punk, en el sentido que en el que yo puedo hacer punk con un par de letras, un par de versos y decirlo con el tono que sea. En el “Raw Power” (1973), específicamente en el tema ‘Your Pretty Face Is Going to Hell’, sale su voz súper raspada, como si fuese la toma 10, ¿cachai? Entonces, ¿qué importa?, hazlo, grítalo, y sé lo más animal posible. Ese animalismo de Iggy Pop encuentro que es ejemplar. The Stooge es mi referencia suprema de una banda de rock and roll, tipo súper cochina, desordenada, honesta y que caduca en algún momento. Que se acaba y fin. También eso tiene que ver con que Faul es una banda de rock and roll. -¿Qué compromiso tienen sus letras y sonido incendiario con la nueva sociedad chilena? -Alexia Matías: Creo que las letras de Camilo son una característica por la cual a mucha gente le llega la banda. También está la banda machacando y que va marchando atrás, que va proponiendo una especie de muro en el cual las liricas tienen como un agarre. La banda, como soporte de esas letras. También buscamos ser directos y que los elementos que estén produzcan un efecto similar a lo que nos aporta Camilo. -Camilo Rodríguez: No sé si me gusta tanto la idea de compromiso, por ejemplo, dudo si las letras de Eskorbuto tengan un compromiso o ánimo de denunciar. Y ese nivel brutal de honestidad lo encuentro bacán. Hay algo que me duele cuando prendo el teléfono, cuando salgo a la calle, hay una tensión, e intento traducir eso “tirando” muchas imágenes: la de un allanamiento, gente que se suicida con pastillas, una decapitación en medio oriente, etc. Lo que sucede en Gaza, verlo en el teléfono no es lo mismo que estar viviéndolo en carne y hueso. Pero la idea es ir “botando” lo que uno ve, lo que uno le hace sentir mal también y son letras que están en constante proceso. Un estilo que va cambiando. Yo no quiero que en un año más sea el mismo tipo de letra. Siento que es muy al estilo de Luca Prodan; como que quiero algo, pero no sé qué, porque si no lo diría y fin. Quiero llegar a ese nivel en que una letra sea capaz de problematizar las cosas. Respecto la sociedad chilena, la gente de clase media baja, digámosle de izquierda, cualquier cosa por la que no estén de acuerdo es “facho”. Para los votantes conservadores, cualquier cosa que sea media igualitaria es que eres comunista. Entonces está instalado ese binarismo ya muy oxidado, muy añejo de los partidos y también de la forma en que piensa la gente, “lo que no es como yo, está mal”. Desde la izquierda hasta la derecha. Siento que todavía estamos en un país que cree mucho en la democracia. No tiene sentido. Ocupamos muchas palabras para decodificar la vida que ya ha vencido. La democracia, el comunista, el facho... Y por ahí como que me gustaría que las siguientes letras, que ya estamos haciendo, asumieran ese desafío. Yo no voy a estar toda la vida defendiendo un verso porque uno cambia también. Es tirar las letras porque se sintió la urgencia en el momento. Chile fracturado -¿Por qué es importante la autogestión? -Alexia Matías: Yo creo que en la mayor parte de los casos no queda de otra porque tampoco se trata esperar a que un sello llegue. En nuestro caso, prefiero decirle autoproducción más que autogestión. El autoproducir tu material, la imagen que tiene la banda, es por la necesidad de querer hacer lo que hacemos en este momento. Hay un compromiso bien honesto y nuestro de querer hacer que las cosas avancen y llegue lo más lejos posible. Y en el lugar donde estamos nosotros teniendo esta actividad, muchas veces no queda de otra más que hacerlo por tu propia cuenta. Nosotros, afortunadamente, tenemos los registros audiovisuales de Susana Díaz, quien es la pareja de Camilo, y de la “Pola”. Gracias a ese instinto de las cabras que van a la tocata, graban su registro, lo montan y después lo publican en las redes sociales, es un poco ese espíritu de poder armar tus cosas, a partir de un impulso que depende netamente de uno. No depende de que venga alguien, te pille, que quiera mostrar tus cosas en otra parte, ¿cachai? O sea, efectivamente, claro que puede pasar pero en el momento en el que estamos, dependemos solamente de nosotros y nuestro tiempo. Yo soy profesor en dos colegios, asique tengo obligaciones que demandan una buena cantidad de horas y energía al día. Y sí que de pronto empiezo a sentir este cansancio que se genera con la vida rutinaria, teniendo dos trabajos formales en Santiago, eso como que afecta un poco la inercia que tiene la banda para poder armar sus cosas, para poder enfocar sus cosas y para poder irlas realizando con el tiempo, creo que lo vuelve todo un poco más problemático porque dependemos de nosotros. Y está bien que sea así también. Yo estoy como súper convencido de que está bien la forma en que lo estamos gestionando. La autogestión, la autoproducción, es la única forma en la que tú puedes realmente hacer las cosas, dependiendo de ti. Eso tiene ventajas, como tener control de varias cosas, también tiene algunas desventajas que hace que todo no sea tan rápido como uno desearía, pero por el momento es lo que se tiene a mano y hay que hacer cosas con ello. -Camilo Rodríguez: La importancia de la autogestión es elaborar una “parada” vital y que sea lo más propia y única posible respecto a la composición de las canciones, a lo que se dice, incluso sobre la forma en la que convives con tus amigos de banda. Porque siendo un poco prejuicioso, lo que no es autogestionado tiendo a creer que hay moldes y hay que ser amable con eso. La autogestión también te permite hacer lo que se te pare la raja, en comunión con tus compañeros, por supuesto. Siempre que tocamos en tocatas con estilo más definido, por ejemplo, en tocatas de punk hardcore, somos como los raros. Y si vamos a las tocatas rockeras, también. Siempre somos los raros. Nos dicen que sonamos “anormal”, lo cual es una señal de que no solamente es la autogestión que te permite ser independiente a la hora de poner la plata para hacer los discos, para moverte un lado u otro, sino que también te permite no estar casados con ninguna etiqueta. -La escena underground conlleva cierta privación de éxito comercial y muchas veces el término es ambiguo, en ese contexto, ¿qué entienden ustedes como una banda exitosa? -Alexia Matías: Cada banda sabe un poquito más o menos dónde está situada y como hace las cosas. Creo que si eso condice con la idea política y ética que tú tienes, está bien. Eso ya es un nivel de éxito. Ahora, ligado con el éxito comercial, hasta ahora solo tenemos números rojos [ríe]. Pero esperemos que en algún momento la situación y el laburo nos permita tener una cierta cantidad de ingresos mientras vamos haciendo lo que nos gusta. -Camilo Rodríguez: La palabra éxito es bien ambigua. La gente lo ve casi como que eres un millonario o algo así. Para mí al menos el éxito estaría en hacer una propuesta artística súper única, más allá de cuanto tarde en propagarse, si es que se propaga. Sentir esa satisfacción de hacer algo que tiene nuestras propias reglas y que nos está llevando a experimentar cosas cada vez más nuevas y a usarlas de un modo distinto, eso lo encuentro exitoso. En ese sentido, nuestro camino ha sido exitoso. Igual hemos ido probando cosas. No somos la misma banda que partió con ganas de hacer una huea media rave, que así pensábamos al comienzo, estos temas con ritmo “punchi punchi”, como medios rebotones como ‘La Primavera’, ‘Bombea’ y, bueno, de repente llegamos a hacer free jazz. Ahora estamos haciendo temas que se salen un poquito la fórmula que teníamos antes. Si tú haces las cosas bien, vas de cabeza con tu propuesta única, puede llegar a ser otro éxito, el de la plata. Que no es por lo que uno lo hace tampoco. Yo creo que lo principal es darle forma a una liturgia tan única. Cuando tocamos hay como una cuestión de trance y llevar eso lo más lejos posible. -Debutaron con “Yo le llamo infierno, tú le llamas democracia” (2024), ¿qué destacan de este nuevo material? -Alexia Matías: Fue lo que nos permitió comenzar a tocar en vivo. Estoy súper orgulloso de ese trabajo porque pudimos llegar a la gente. Son canciones que nos comenzaron a definir como banda también y nos ayudó a conocernos como músicos. Desde que publicamos ese EP, igual las canciones han evolucionado un montón, entonces también es súper grato referirse a esta primera experiencia. Esperamos que vengan muchos más discos, seguir observando y viviendo la transformación de las ideas, del ímpetu, las ganas, el hambre que uno tiene para que la cosas sigan girando. -Camilo Rodríguez: Nos permitió poner una especie de declaración de principio, “como que por acá va”, “esto es lo que pueden esperar de nosotros por un buen rato”, con todas las mutaciones posibles que pueda haber. Y también empieza a perfilar el sonido de la banda y a pasar cosas nuevas como que la gente te escucha y te invitan tocatas. De hecho, por ejemplo, a partir de ese primer EP, nos invitaron a una sesión en vivo en “Depto 401” de Nelson Laplagne. Y gracias a eso pudimos grabar una sesión a toda raja, con unos saxos bacanes, que es la sesión Perro Negro, disponible en Spotify y en YouTube. -“La primavera” toca la temática del estallido social, ¿qué reflexiones tienen acerca de ese acontecimiento hoy? -Camilo Rodríguez: La forma de escritura que hay en la mayoría de las canciones intenta escapar de que trata sobre algo en específico, ya sea sobre drogadictos, estallido social, votaciones, qué se yo. Es como que de un verso, de una imagen, se llega a otra, y así. Puede estar ocho versos hablando del estallido pero aparte hablando de los allanamientos, ponte tú. Es lo que te decía antes, el vómito. Ir botando cosas y de repente te detienes en algo que es importante como el estallido. Y con respecto al acontecimiento en sí, yo creo que va a seguir revisitándose como la dictadura. La idea es revisitarla con conceptos nuevos, no verlo siempre como la pelea de rebeldes contra “pacos”, o enfocarlo en el abuso policial, porque es más problemático todo. Podríamos seguir hablando 50 años del estallido y está bien, pero con otros términos. Lo mismo con la dictadura, eso de seguir hablando “ah, que los pacos esto” o que “los milicos esto otro”. Estoy totalmente de acuerdo: los milicos son la peor mierda que le ha pasado a Chile. Sí, sufre mucha gente y tal, pero intentemos decirlo de un modo “faulero”. - No sé qué significa eso en este momento-, pero decirlo a nuestra manera. Ese es el desafío, sino nos quedamos ahí todo el rato. Igual saca aplausos cuando uno va a las tocatas y alguien empieza a decir: “ah, que los políticos culiaos y la huea”, “que tenemos que ser libres”. Ok, pero ¿cómo? no quiero que me des la fórmula, pero no quiero escuchar eso que también oigo cuando voy en el metro y se sube un “loco” a rapear, o lo mismo cuando leo a alguien enojado en redes sociales. Las letras pueden ser poesía. No en el sentido de lo bello, más bien como ¡pa! un charchazo para espabilarse y decir: “oh, ¿qué onda?”. Ese es el camino que espero llevar también, la marginalidad, como que ese es el punto común de todas las letras. -Alexia Matías: El estallido social marca el derrumbe de un montón de cosas. Todavía lo sigo sintiendo como que hubiese pasado hace muy poco tiempo. Creo que todos tenemos una forma de vincularnos con nuestro trabajo, nuestras relaciones, nuestra forma de ser amigo y pareja, que tiene que ver un poco de entenderlo no desde el estallido social, sino que también con todo lo que venía de antes también. Porque el tema del allanamiento, la soledad, la marginación que mencionaba Camilo, no solamente se develó ese 18 de octubre, se venía develando hace mucho, muchísimos años, toda la historia. Entonces igual, claro, es bacán de repente que tu discurso como banda se circunscriba a partir de algo que todos entendemos, como lo que fue el estallido social, que a todos nos tocó, que a todos nos fracturó, que a todos nos mandó a “la B” durante un buen rato. Yo recuerdo estar viendo el celular durante esos días posteriores al estallido y era un agotamiento mental horrible, pero esto estaba pasando también de una forma súper más silenciada y escondida desde antes. Chile lleva fracturado desde hace muchísimo. -‘Bombea’ anuncia el fin del mundo, ¿la fatalidad es una idea recurrente en la psiquis de la banda? -Camilo Rodríguez: Sí, está todo mal excepto lo que te entrega la música en sí. Una vez en Valpo estábamos tocando ‘Tripa’ y yo empecé a gritar en una parte, y en un momento, según el batero, atrás había un “loco” que también estaba gritando. Esa especie de catarsis que puede producir la música, no quiero decir ni liberador ni sanador, pero sí te hace ocupar un lugar que no estás acostumbrado en el día a día. Es en ese momento que uno siente que algo se va a acabar los remedios, que se va a acabar el mundo, que se va a acabar la pega… siempre hay una sensación de fin y de alarma. Es todo super alarmante. Y más encima con esto de la hiper conectividad, los dramas del mundo también resuenan acá; un día en Brasil, un día en Gaza, un día en Venezuela, un día en Ucrania, un día en tal lado de Estados Unidos, una matanza, una huelga, un presidente que baja. Esta la cagada y uno se empieza a relacionar con eso. Yo no soy Nostradamus ni nada, pero sí veo que esto se está acabando, y es casi un hecho. En un momento hablábamos harto de eso que lo que hacemos es un bailoteo apocalíptico, y ya que se está acabando toda esta huea, hagamos música así como los músicos del Titanic. -Alexia Matías: A lo mejor anímicamente la fatalidad marca una tendencia clara de la banda a comunicar ciertas ideas, pero igual yo creo que este concepto también abre posibilidades de encuentro. Ha sido súper bacán ver gente que se sabe las letras, que las canta y baila. A veces después te invitan a una chela en modo de agradecimiento por la tocata, o te agradecen por el mensaje, a mí me lo han dicho varias veces. Puede ser todo muy fatal, pero igual hay gente que le hace sentido que alguien te lo esté como comunicando verbal y musicalmente. -Ustedes se han abierto camino rápidamente en el underground local, ¿se proyectan en un escenario más grande? -Alexia Matías: Estaría muy interesante apuntar a la mayor cantidad de escenarios distintos posible, porque igual una buena parte de nuestra actividad, son levantadas muy a pulso, con caleta de organización y logística de por medio. Con la autogestión como principal motor para poder andar las cosas, y está muy bacán, uno también comulga con eso. Pero también está bacán la posibilidad de conocerte como músico, tal vez tocar en escenarios que son distintos al que uno suele pisar. Hace poco fuimos a tocar a Casa de Salud en Conce y fue muy genial, cachar en primera persona el nivel de actividad que tienen en una región y darte cuenta de que allá también están pasando cosas interesantes, que en Valpo sucede lo mismo, etc. Está bien probar todo lo que sea donde quepan un poco tus ideas sobre la gestión, de tu propia actividad como banda. -Camilo Rodríguez: Estamos dando los primeros pasos para tocar en Argentina el próximo año y dar una vueltita. Estamos haciendo nexos con bandas de allá. Pero yo creo que el panorama sería tocar en los lugares más grandes posibles porque igual buscamos una vocación, que sea música popular. Si termina siendo “música de cripta”, todo bien, no hay ningún problema, pero te hablaba recién sobre lo importante que es que la gente se sacuda y si eso consigue ser lo más masivo posible, además de hacer canciones que no caigan siempre en la dinámica del single, bacán. -¿Piensan elaborar un LP? ¿Cuál es el futuro discográfico de la banda? -Camilo Rodríguez: Estamos viendo porque uno igual tiene que pensar en lo más funcional para la banda. No sé, sacas un LP, ya, está la raja, pasa un mes y ya tiraste tus 12 temas. En tres meses ya nadie se acuerda. En realidad, lo que nos haga avanzar más rápidos porque igual estamos apurados. No somos jóvenes, ¿cachai? Tenemos 30 años. Componemos lentos, no somos rápidos. Siento que todo es súper rápido. De repente veo a las bandas de chicos más jóvenes que se adaptan súper bien porque hacen música de estudio, más casero o lo que sea, y encuentro bacán eso. Pero nosotros no somos muy portátiles. Tenemos batería, saxo, bajo, guitarra, percusión y maracas, y la puesta en escena que también suma. Entonces no es que podamos sacar un tema al mes. No nos basta con el Mac. Hay que tener más cosas. -Alexia Matías: A lo mejor no hay nada muy definido todavía, pero somos una banda que nos encanta afiatar nuevas cosas para ir mostrándolas, que muchas veces se terminan de decidir una vez que las tocamos en vivo. Pero a lo mejor hacer un LP, pensándolo bien, hoy en día la gente no se vincula tanto con un disco de 12 canciones, sino que se vincula más de una forma inmediata, mucho más digital. No quiero decir que tengamos que apuntar hacia esa necesidad pero si es un aspecto interesante que hay considerar para tomar decisiones a partir de lo que tú quieras lanzar, pensando en el formato. José Tomás Pozo Tags #Faul #Banda Faul Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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