Claudio Narea: Agudiza tus sentidos "La Voz de los '80" según el guitarrista Miércoles, 28 de Mayo de 2025 Publicado originalmente en revista Rockaxis #258, diciembre de 2024. El exguitarrista de Los Prisioneros nos ayuda a viajar en el tiempo a fin de explorar el impacto de un registro vital para entender nuestra cultura musical: “La Voz de los ‘80”. Desde los días en que el trío pateaba piedras en un San Miguel saturado de aburrimiento, hasta la actualidad en que lleva estás canciones electrificadas con pura sangre latina por el mundo, Narea hace sentir su voz con una mirada aguda sobre lo vivido, pero más importante aún, con la energía suficiente para seguir dejando atrás la inercia y ponerse de pie. Pablo Cerda Claudio Narea es un hombre sumamente ocupado por estos días. De hecho, tuvimos la fortuna de coincidir virtualmente a pocos días de que se embarcara en una de sus giras por el extranjero. Es que hace tiempo que el ex Prisionero se está dando el permiso de llevar su música y la del histórico trío sanmiguelino a lugares que nunca pudieron visitar como banda. Aún con ese agitado presente, Narea se detiene a reflexionar sobre el período embrionario de Los Prisioneros que desemboca en “La Voz de los ‘80”, uno de los debuts que marcó un antes y un después para la música chilena. Sabemos que es una historia que se ha recorrido muchas veces, que se ha documentado de varias maneras posibles y que el guitarrista incluso escribió dos libros sobre ella, pero lo que nos atrae esta vez es un análisis a esa época inicial llena de desafíos, a la influencia innegable de Carlos Fonseca, a la grabación del disco con detalles sabrosos, a su visión de la música y a un legado que sintonizó el sonido de una época y ha seguido agudizando el sonido de distintas generaciones. Antes de adentrarnos en el disco que nos convoca, nos gustaría conocer un retrato del Claudio Narea de principios de los ochenta. ¿Cómo te ves en retrospectiva? Los Prisioneros era un grupo de amigos que disfrutaba de escuchar y tocar música, además estábamos aprendiendo nuestros instrumentos. La verdad es que ni siquiera teníamos instrumentos. En la primera presentación que hicimos en el Liceo, yo usé una guitarra eléctrica que no era mía y la batería de Miguel había llegado recién. Mirando hacia atrás, estábamos jugando a tener una banda, en un tiempo en el que había otras alrededor, pero no era una actividad bien vista. Siempre que nos presentábamos, nos preguntaban: «¿Y ustedes a qué se dedican?». Yo decía que teníamos una banda y volvían a preguntar: «Ya, ¿pero en qué trabajan?». Nadie pensaba que esto nos iba a dar para vivir y tampoco teníamos la perspectiva de que nos iba a ir tan bien. Eran muy jóvenes cuando empezaron… Éramos chicos, cumplí 19 años mientras estábamos grabando “La Voz de los ‘80”. No era muy fácil avanzar sin tener algo grabado y apareció Carlos Fonseca y junto a su papá decidieron invertir en la banda. No sé qué hubiese pasado con la banda sin Carlos Fonseca. Lo he dicho varias veces, creo que ninguno tenía una súper cercanía con él, quizá Jorge al principio, pero al final igual él estaba en su lado y nosotros tres en el nuestro, nunca fuimos súper amigos. Había buena onda, a veces pasaban cosas que nosotros no entendíamos, tal vez él tenía un talento que no siempre supimos captar. Lo que sí es verdad es que, sin el apoyo de Fonseca, quizá no hubiésemos llegado muy lejos, aunque el disco fuera bueno. El núcleo duro eran Jorge, Miguel y tú, y eso en una banda parece ser primordial… No sé si en todas las bandas es igual, pero en el caso de Los Prisioneros pareciera ser que el grupo humano era impenetrable, mirábamos con un poco de recelo al resto. Han pasado los años y, cuando analizo lo que he hecho, me doy cuenta de que no es necesario ser súper talentoso para vivir la vida y que esta se puede desarrollar de muchas formas, puedes ser verdulero, conductor de micros, ingeniero o tener un talento especial como el de componer música, pero este último es solo un estilo de vida más, hay muchas alternativas. Si yo viera al Claudio de los 18 años, le diría que él puede hacer de todo. No tenía idea de que podía escribir un libro, no sabía que podía ordenar las ideas y escribirlas. ¡Para mí era una paja hasta redactar un correo! No me gustaba la palabra escrita en un papel, dudaba de todo. Sin embargo, lo hice y mi libro tiene como 400 páginas. Tuve un programa de radio, trabajé en televisión, he podido componer canciones, estoy cantando mucho más, antes no me atrevía a hacerlo. Ahora pienso que podría haber compuesto mucho más desde el comienzo. A los 18 o 19 años, estaba contento con formar parte de una banda de amigos y de tocar lo que hacía Jorge porque eran muy buenas canciones, además, al Claudio de esa época yo lo veo muy tímido. Cuando volvimos el 2003, las canciones de Jorge ya no me parecían tan buenas. A esa altura, yo tenía una forma de componer y te diría que en ese entonces él había perdido un poco la brújula. A esas alturas, ya habías estado en Profetas y Frenéticos, y también tenías tu primer disco solista, “Claudio Narea” (2000), entonces supongo que ya era más difícil cuajar los distintos estilos. Claro. Igual, me hubiese gustado hacer más cosas, como estudiar música y mi instrumento. Mi casa está llena de cosas musicales, tengo discos, DVDs, instrumentos y libros sobre música, pero me falta tiempo. Cuando éramos chicos, decíamos que íbamos a dejar de tocar a los 28 años. ¡Hablábamos puras huevadas absurdas! (ríe). Uno no está tocando la guitarra porque es joven, toca por otras razones. Todos los bluseros que a mí me gustan eran viejos, y ahora, Rolling Stones y Paul McCartney llegaron a esa edad, ahí ves que sí se puede. Puede que me esté pasando a otro tema, pero es muy distinto a lo que pasa con la música de hoy. Los metes a todos en una juguera y no sacas nada. Están pensando en otras cosas, no en la música. Todo nace muerto, sin alma. Cuando grabamos “La Voz de los ‘80”, Jorge estaba muy lúcido y componía muy bien. Con Miguel, aportamos lo que podíamos, porque nosotros no teníamos estudios, así que tratábamos de pasarlo bien con los amigos. Cuando Los Prisioneros toman forma y surge la posibilidad de grabar con Pancho Straub y luego con Caco Lyon, ¿recuerdas tus impresiones al entrar por primera vez a un estudio profesional? Grabamos los primeros demos con Pancho en noviembre de 1983, pero sonaba muy chiquitito. Si no escuchaste esos demos, ahora va a salir una versión de “La Voz de los ‘80” con ese material, no sé mucho más porque no tengo que ver con ese proyecto. Igual es bueno tenerlo en cuenta, porque hay frases que son distintas a la versión final. El punto es que habíamos entrado al estudio por primera vez en el 83, recién salidos del colegio. Ver guitarras y baterías, además trabajar con un ingeniero era nuevo para nosotros. Después de analizar esos demos y darnos cuenta de que con ese sonido no íbamos a llegar muy lejos, grabamos la primera canción del disco en mayo del 84 con el mismo Pancho Straub, seis meses después de los demos. Grabamos ocho canciones y después eliminamos otras. Algunas estaban sonando bien y otras no tanto. Recién ahí, Fonseca nos llevó donde Caco Lyon y empezamos a trabajar en noviembre del 84. No me acuerdo tanto de lo que sentí en ese momento, sí estábamos seguros de que teníamos que hacer algo porque el sonido de los demos no estaba muy bueno. Cuando le mostramos algunas grabaciones a Caco Lyon, a él se le ocurrió una manera de hacerlo. Él tenía un estudio superior, con Pancho trabajamos en ocho pistas y con Caco en 16, sonaba todo más grande. Según cuenta la anécdota, recibiste el casete mientras estabas en cama por una neumonía, ¿es así? ¡Sí, me dio neumonía! Jorge llegó a mi casa con el casete. Me acuerdo de eso. Los tres discos de Los Prisioneros en los que trabajaste son muy distintos entre sí. “La Voz de los ‘80” es el más directo, es un buen disco debut en ese sentido. ¿Cómo encaraste ese trabajo de guitarras? ¿Te acuerdas de lo que usaste? ¿Tenías una idea clara de cómo sonar y se la traspasaste a Lyon? Ahora soy más músico que en esa época, estoy pendiente de más detalles que me gustan e intento replicar. A los 19 no la tenía tan clara. Me gustaban algunos guitarristas, pero no eran como Jimi Hendrix, por ejemplo. Me gustaba Marco Pirroni de Adam And The Ants o guitarristas de música western, eso me llegaba mucho más que un solo de Hendrix. Siempre hay una crítica a Los Prisioneros y a mí en particular porque no sé tocar como Van Halen. Ese estilo nunca me gustó, ni ahora tampoco. Sí puedo reconocer el talento. Van Halen es bueno en lo que hace y Daddy Yankee también debe ser bueno en la huevada que hace. Me gustan otros músicos virtuosos, como Charlie Parker o John Coltrane, me encantaría tocar la guitarra como Reverend Gary Davis, pero no sería capaz de sentarme por horas a sacar solos de guitarra, me daría una paja enorme (ríe). Scotty Moore, el guitarrista de Elvis, también me gusta, pero es otro estilo distinto al que socialmente está aceptado como bueno. A nadie se le ocurriría hacer un homenaje a los guitarristas que me gustan, no porque sean malos, sino porque no los conoce nadie. Los solos de guitarra típicos del rock que todo el mundo conoce y alaba nunca me parecieron interesantes. Convengamos en que Los Prisioneros nunca necesitaron virtuosismo… Me acuerdo que Fonseca me hizo escuchar Cinema y sentí que había una intención de que yo tocara un solo como los de ellos. Rodrigo Bari tocaba muy bien, pero yo no tocaba así y tampoco quería tocar así. Para hacer eso, te tiene que entusiasmar. Últimamente volví a escuchar a The Clash después de mucho tiempo y me di cuenta de que son mucho mejor compositores que músicos. No son virtuosos, pero el aporte de Mick Jones y Joe Strummer es hacer buenas canciones, a mí me gustaba eso. De lo que escuchábamos nosotros, eran pocos los que tocaban cosas difíciles, quizá The Cars. Cuando nos quedábamos ensayando, tocábamos algo de Devo o The Clash y se notaba fácil porque eran canciones que podíamos guitarrear. Para las revistas debe ser muy entretenido hacer rankings de los mejores guitarristas o los mejores discos, pero a mí no me pasa nada con eso. Hay muchas formas de hacer música. Puedo alucinar mucho rato con Johnny Lee Hooker o The Ramones, que son súper repetitivos, pero son capaces de transmitir algo. Para mí, la música no es una competencia de quién es el mejor, no son los Juegos Olímpicos. Siguiendo con el tema de la prensa musical, “La Voz de los ‘80” es prácticamente un triunfo que ustedes no le deben a los medios, ya que no contaron con mucha difusión en la época. El disco conectó con la gente, independiente del estrato social. ¿Lo sientes como una victoria? Sí, porque obviamente teníamos la pretensión de que a la gente le gustara. Me acuerdo de la primera vez que ensayamos la canción ‘La Voz de los ‘80’ y nos dijimos: «¡esta huevada está muy buena!» (ríe). Nos dio la sensación de que era un clásico. Estábamos tocando esto en un contexto en el que no podíamos ir a ver a otras bandas en vivo. A veces te encontrabas con conciertos como Seis Horas de Rock, pero no conocía a las bandas que tocaban ahí como Tumulto, Poozitunga o Millantún. Es distinto a estos tiempos en que tú sabes que existen Los Tres, Los Bunkers, Lucybell o Chancho en Piedra, porque hay toda una historia detrás. En mis tiempos no había una escena formada. Quizá muchos pueden decir que estoy equivocado porque había un público que seguía a esas bandas, pero al menos yo creo que no tenían un alcance masivo. Cuando empezamos a tocar antes del primer disco, compartimos cartel con las bandas que tocaban en Seis Horas de Rock y nos pifiaron. Claro, fue porque no teníamos nada que ver con ellas. Recuerdo que Jorge me dijo: «démonos vuelta», y tocamos mirando a Miguel. Algunos aplaudieron, otros seguían pifiando. Así como yo no le veía mucha gracia a lo que nos querían presentar como rock, ellos tampoco sentían que yo era parte. Hoy en día tú sigues girando por distintos países, llevando tú música y la de Los Prisioneros a la gente y muchas veces a generaciones más jóvenes que son mucho más abiertas de mente y escuchan distintos estilos. En ese sentido, puedes palpar el legado de este disco bastante seguido. ¿Qué reflexiones sacas a 40 años de su publicación? Según lo que yo he podido captar, cuando hablamos con los chicos que van a mis shows, los que escuchan a Los Prisioneros no gustan de la música actual. Cada uno tiene una banda en su colegio y están muy sintonizados con lo más antiguo. No lo sabía, hace poco me di cuenta de que hay un público joven que va a mis conciertos. En algunos casos son hijos de fanáticos, pero en otros no. Los papás de algunos me han dicho que el niño o la niña descubrieron esta música por su cuenta durante la pandemia y los llevan a los conciertos. Debe haber de todo, pero con esto me he llevado una grata sorpresa. Es distinto a lo que pasa con la música actual, que es para gente súper acomodada con el sistema, por eso sus letras no dicen nada y no se meten en problemas. Estamos yendo a tocar a muchos lugares que no pudimos ir con Los Prisioneros para público joven y adulto. Hice tres conciertos en Australia, dos en Inglaterra, cuatro en España, otros en Canadá y Estados Unidos. Estoy descubriendo lo que puedo hacer y eso es muy interesante, toco mis canciones más los hits de Los Prisioneros y funciona súper bien. A 40 años de la publicación de “La Voz de los ‘80” me siento muy contento con lo que está pasando. Tags #Claudio Narea #2024 #Los Prisioneros Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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