Sebastián Pereira: ''La Patogallina representa resistencia y espíritu colectivo'' El director chileno habla sobre el documental "Nada es Como Antes" Martes, 09 de Septiembre de 2025 En tiempos donde la cultura y las artes han debido reinventarse para sobrevivir, "Nada es Como Antes" llega como un retrato íntimo y lleno de humor sobre la creación teatral en Chile. Dirigida por Sebastián Pereira y co-ideada junto a Martín Erazo, la película sigue a La Patogallina, emblemática compañía nacional con casi tres décadas de trayectoria, mientras se embarca por primera vez en el montaje de un clásico de William Shakespeare, "Romeo y Julieta", en la traducción de Pablo Neruda y adaptada al formato de teleserie bajo la dirección de Vicente Sabatini. El proyecto, filmado en pleno contexto de pandemia, se convierte en un registro tragicómico de un proceso creativo lleno de obstáculos, donde la precariedad del teatro convive con la fuerza colectiva y el ímpetu por crear. Con un equipo técnico reducido y una mirada cercana, Pereira mezcla documental y ficción para mostrar los "tras bambalinas" de una compañía que ha marcado generaciones con su estética irreverente, su energía rockera y su compromiso social. En esta entrevista para Rockaxis, Sebastián Pereira repasa los orígenes de la película, los desafíos de rodar en tiempos inciertos, la importancia de documentar al teatro chileno y su interés por borrar las fronteras entre realidad y ficción. Un diálogo que revela tanto la pasión por el oficio como el espíritu de resistencia que atraviesa Nada es como antes. - ¿Cómo surge la idea de documentar el proceso creativo de La Patogallina con una obra tan icónica como "Romeo y Julieta", adaptada a comedia en formato teleserie? - El documental comienza por una idea anterior a la pandemia. Con Martín Erazo teníamos ganas de hacer un documental para los 25 años de La Patogallina —aunque ahora ya casi van en 30—. La idea era entrar en algún proceso creativo de la compañía, registrarlo y cruzarlo con su historia y trayectoria. Yo había trabajado antes con Fundación Teatro a Mil, haciendo microdocumentales de varias compañías, y con La Patogallina tuve una conexión especial. Siempre me ha parecido una compañía muy importante, marcadora para generaciones del teatro. Me fascinó conocer su espacio de trabajo: parecía un barco con distintos departamentos donde se hacía vestuario, música, escenografía… todo en un mismo taller, algo muy necesario de documentar. Luego vino la pandemia y el proyecto quedó congelado, hasta que Fundación Teatro a Mil les ofreció hacer "Romeo y Julieta" —versión de Pablo Neruda— en formato teleserie, dirigida por Vicente Sabatini. Martín me llamó y dijo "Este es el momento, no sabemos si el teatro seguirá, hay que registrarlo ahora". Me pareció perfecto y reuní a un pequeño equipo de amigos para filmar durante un mes. - La cinta mezcla documental y ficción con un tono tragicómico. ¿Cuándo te diste cuenta de que ese era el camino estético y narrativo? - Era inevitable. Me gusta la comedia sutil, esa que surge de la vida cotidiana sin forzarse. Con los elementos que había —Shakespeare, La Patogallina, el formato teleserie—, la tragicomedia estaba casi asegurada. Además, el contexto apocalíptico de la pandemia hacía que tomarlo con humor aliviara la incertidumbre. Verlo así era casi sanador. - ¿Cómo fue llegar a trabajar con una compañía como La Patogallina, que ya tiene una identidad teatral potente y popular? - Justamente lo interesante era que salieran de su zona de confort: hacer un clásico de texto, algo que no es habitual en ellos. Eso mostraba un momento inédito y de crisis, pero también de resistencia. Quise documentar ese instante para que quedara registro de que, a pesar del caos, seguían trabajando. La Patogallina representa resistencia, permanencia, espíritu underground, punk, rockero y muy colectivo. Me parecía necesario que eso quedara archivado. - ¿Cuáles fueron los principales desafíos creativos y logísticos al filmar en plena pandemia? - Como en muchas películas: el financiamiento. Fue casi autofinanciada y autogestionada, con un equipo reducido de tres personas: director de foto, sonidista y yo. Eso limitaba técnicamente, pero le daba un espíritu muy afín a La Patogallina: trabajar con lo que se tiene y resolver sobre la marcha. En lo creativo, lo más difícil fue narrar en una sola locación: el teatro vacío. Ese espacio, sin público, es como un desierto, requiere que la historia se sostenga en la narrativa y los personajes. Cada día buscábamos situaciones interesantes que compusieran la historia y embellecieran ese espacio vacío, dándole un sentido nostálgico. - ¿Cuál fue tu mayor aprendizaje como director durante este rodaje? ¿Hubo algún momento bisagra? - Fui testigo de un momento único: ver a Vicente Sabatini dirigiendo en vivo, algo que marcó mi adolescencia con sus teleseries. También aprendí sobre la complejidad del oficio actoral: no es solo memorizar un texto, es poner el cuerpo y la mente en todo. Me impresionó la versatilidad de los actores de teatro: desde construir la escenografía hasta maquillarse y luego actuar. El teatro tiene un trabajo colectivo muy distinto al cine, y eso me contagió y me recordó por qué estoy en esto. - En el documental se percibe la tensión entre la precariedad del arte y el ímpetu por crear. ¿Sientes que esto refleja el estado actual del teatro chileno? - Sí, de todas maneras. El teatro chileno es muy precario, y a veces no hay conciencia de lo que eso significa. Por eso me interesaba mostrar no solo el resultado final, sino el proceso, lo que pasa detrás de escena. Hay una deuda con los actores, actrices y compañías. Creo que tenemos un teatro de nivel mundial, con directores, directoras y dramaturgos increíbles. Pero las condiciones muchas veces son indignas: camarines sin calefacción, falta de recursos básicos. El arte y la cultura no son prioridad en Chile, y eso duele. Hay compañías que ya son patrimonio y que debemos cuidar para que no desaparezcan. Este documental busca también poner ese tema en la conversación. - Has mencionado que la película tiene algo de "doku reality". ¿Qué te seduce de ese híbrido entre lo real y lo ficcionado? - Lo digo un poco en tono de juego. Dentro de la película hay una teleserie, y al mismo tiempo la película misma podría verse como una teleserie o un doku reality. Hay momentos de conversaciones, de "cahuines", que parecen sacados de ese formato, sobre todo porque todo ocurre en un encierro dentro del teatro. A mí siempre me ha interesado esa línea difusa entre documental y ficción. No me gusta etiquetar, pero podría decirse que es un documental que parece ficción o una ficción que parece documental. Me atrae el misterio, que el espectador no sepa exactamente qué es real y qué no. Eso genera complicidad y conversación. - ¿Cómo fue el trabajo con Miradoc y qué significa para ti llegar a salas desde Arica hasta Punta Arenas? - Estoy muy contento de que Miradoc haya valorado la película. Es algo que no esperábamos y que es posible gracias al trabajo colectivo. Las cosas no ocurren solas: uno puede hacer una película, pero para que llegue a estrenarse y circular se necesita mucha gente comprometida. Es mi primera vez trabajando con Miradoc y me encontré con un equipo increíble, apasionado por el cine y por las temáticas que aborda. Ponen en valor temas relevantes para el país y son tan importantes como quienes participamos en la realización. Me hizo entender lo fundamental que es que existan espacios como Miradoc. - Si tuvieras que describir esta cinta en una sola palabra, ¿cuál sería y por qué? - Diría "tragicomedia". Resume lo que es el teatro, el momento que vivimos y también este país. Chile es un lugar caótico y a la vez muy gracioso; sabemos reírnos incluso en la tragedia. La película tiene todos esos elementos: Shakespeare, Vicente Sabatini, la estructura dramática del teatro y el espíritu de La Patogallina. Todo eso, junto, es pura tragicomedia. - Para cerrar, ¿qué vínculo ves entre La Patogallina y la música, y cómo aparece en la película? - La música siempre ha estado presente en La Patogallina. En la película suena San Machín, canta Martín, está Santa Fe… La compañía ha tenido siempre un vínculo fuerte con lo musical, y creo que eso también conecta con el público y le da un pulso especial a su trabajo. Matias Arteaga S. Tags #La Patogallina #Sebastián Pereira #Nada es Como Antes Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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