Wet Leg: El arte de no tomarse nada tan en serio Josh Mobaraki y Ellis Durand comentan el presente de la agrupación Jueves, 25 de Septiembre de 2025 Publicado originalmente en revista Rockaxis #265, julio de 2025. Desde un estacionamiento en Copenhague y en plena gira europea, Josh Mobaraki y Ellis Durand –guitarrista y bajista de Wet Leg– reflexionan sobre la construcción colectiva de su nuevo álbum “Moisturizer” y el arte de mantener el juego vivo en una industria que muchas veces exige todo en serio. Entre anécdotas y risas nos confiesan en exclusiva: «hacemos cosas hasta que se sienten bien». Fernanda Hein En el universo aparentemente caótico de Wet Leg, donde los riffs son tan afilados como el humor y cada presentación parece un acto de liberación personal, hay una energía latente que va mucho más allá del carisma de sus fundadoras. Pero esta vez, en lugar de enfocarnos en el dúo más visible –Rhian Teasdale y Hester Chambers, las mentes detrás de la banda–, nos detenemos a escuchar a quienes hacen que el engranaje sonoro de la banda funcione con precisión y nervio: Josh Mobaraki y Ellis Durand. El encuentro se da en un momento clave para Wet Leg: en plena gira europea y afinando los últimos detalles de “Moisturizer”, su esperado segundo disco. Tras el fenómeno global que fue su debut homónimo –una descarga de sarcasmo británico, riffs adictivos y un espíritu lúdico que capturó la atención de medio mundo–, la banda enfrenta ahora el reto de sostener esa espontaneidad en una industria que, como ellos mismos admiten entre líneas, suele comerse vivos a quienes se toman demasiado en serio. Un par de días después de su paso por Roskilde y Glastonbury, dos de los festivales más icónicos del verano europeo, Wet Leg aparece en pantalla desde un rincón de Copenhague. La conexión de Zoom es estable, pero da la impresión de que podrían estar en cualquier parte: un estacionamiento, un patio improvisado, algún lugar donde el bus de gira se detuvo a dormir. «Nos despertamos en un patio hoy», cuenta Ellis entre risas, mientras Josh intenta recordar en qué ciudad amanecieron exactamente. «Sí, es una locura. Tocas en un festival y de la nada el bus parte en la noche, y despiertas estacionado en un lugar al azar lleno de otros camiones. Esta vez fue después de Roskilde». Hablando de tocar en vivo, la conversación gira hacia Sudamérica. No es casual: en redes sociales, los fans de Wet Leg –especialmente en Chile– no han dejado de insistir con una visita. Josh sonríe al escuchar la pregunta. «Sí, siempre nos emociona la idea de explorar nuevos lugares –dice–. Lo más cerca que hemos estado fue cuando tocamos un par de veces en México, y también estuvimos en Brasil. Eso ha sido lo más próximo». Se toma una pausa y agrega, con tono sincero: «pero sabemos que Sudamérica tiene esa reputación de tener públicos increíbles, multitudes súper apasionadas. Y claro, eso nos encanta. Así que sí, 100%, nos encantaría ir». Pero no se detienen en su impresión sobre el público latinoamericano. «Cuando confirmaron que íbamos a tocar en Brasil, vimos que muchos tenían los dedos cruzados por Chile, leímos comentarios en redes sociales», recuerda Josh. Ellis se suma a la conversación: «¿También querían que llegáramos a Chile? –Josh asiente– Bueno, hablaremos con algunas personas y veremos qué podemos hacer al respecto». «Me encanta la idea», remata Ellis, entre risas. Esa sensación de estar siempre en movimiento –de despertar en un lugar distinto sin saber bien dónde– parece haberse convertido en parte del ADN de Wet Leg. Desde que su debut homónimo explotó en 2022 –un disco cargado de sarcasmo millennial, hooks infecciosos y guitarras con filo–, el grupo pasó de tocar en bares oscuros en la Isla de Wight a abrir para Foo Fighters y Harry Styles, recoger Grammys y colarse en playlists globales. Lo notable es que ese ascenso vertiginoso no les ha quitado la ligereza. Más bien lo contrario: su forma de navegar el éxito ha sido, en gran parte, no tomárselo demasiado en serio. «Una cosa que hacemos es que nunca nos tomamos nada demasiado en serio. Eso ayuda porque solo te estás riendo y pasándolo bien, y no estás tratando de planear todo», explica Josh. «Tal vez, algunas bandas o artistas planean las cosas y hacen movimientos estratégicos, mientras que nosotros simplemente hacemos cosas hasta que algo se siente bien. Así que supongo que no sobrepensar es el tema principal», reflexiona sonriendo. Esa forma de trabajar –más intuitiva, casi sin mapa– contrasta con cómo suelen operar muchas figuras de la industria actual. Hace unos días, por ejemplo, circulaba un video sobre el nuevo disco de Sabrina Carpenter y la portada del álbum, que fue muy comentada por su carga visual y su vínculo con algunos discursos feministas. En ese análisis se sugería que, siendo una estrella pop, probablemente muchas de esas decisiones no pasaban directamente por ella, sino por un equipo de marketing que construye una narrativa pensada al detalle. Por eso resulta tan refrescante escuchar a una banda como Wet Leg hablar de “no sobrepensar”, de dejarse llevar por lo que simplemente se siente bien. Josh asiente. «Sí. La gente hace muchas suposiciones sobre cómo trabajan diferentes artistas y bandas. Sabrina Carpenter es una estrella del pop, así que probablemente tenga un equipo grande, pero también puede que ella misma realmente confíe en sus propias decisiones. Realmente nunca sabes cómo es». Pensar menos, sentir más A medida que la conversación avanza, dejamos atrás el entusiasmo por las giras internacionales y el fervor sudamericano para adentrarnos en el corazón creativo de Wet Leg: el estudio, la composición y la dinámica de grupo que ha moldeado su segundo álbum. En esta nueva etapa, la banda reflexiona sobre cómo han manejado las expectativas externas sin perder ese carácter espontáneo y despreocupado que los hizo destacar desde el inicio. Esa filosofía, aparentemente caótica, es la que guía su trabajo en “Moisturizer”. «Nos ayudó mucho la dinámica de pasarnos demos entre todos. Algunos se quedaban, otros desaparecían. Hicimos muchas sesiones en grupo también. Era todo muy libre y natural», cuenta Ellis, intentando ordenar las ideas mientras ríe nerviosamente. Josh complementa: «no fuimos particularmente estrictos con qué sonido íbamos a hacer. Como dijimos antes, no es como una arquitectura planificada. Se va construyendo y luego, a través de varias decisiones, como que alguien está luchando con una canción, y eso la frena, mientras que otra se acelera… Es un equilibrio y ayuda constante». Este enfoque creativo también vino acompañado de un cambio importante en la estructura interna de la banda. Josh y Ellis, quienes habían acompañado a Wet Leg desde sus inicios en la gira, ahora forman parte oficial del núcleo creativo. Al preguntarles cómo influyó formalizar esos roles en las conversaciones de estudio y en la toma de decisiones, Ellis responde que «después de girar con el primer disco, que fue como por tres años, eso fue evolucionando naturalmente a que fuéramos los cinco tocando juntos. Así es como sonaba. Ese era, de algún modo, el sonido de la banda. No sé si esa es la mejor forma de decirlo, pero… ni siquiera creo que hubo una conversación al respecto. Simplemente pasó». Josh coincide y agrega que «siempre supimos que iba a ser así. Todos éramos amigos antes de que todo esto pasara. No fue como que recibimos un email diciendo “hay una vacante en Wet Leg”. Fue más como, literalmente, «¿vamos al estudio? Sí, genial», y listo. Luego, obviamente, nos pedían hacer un cover para una radio o algo así, y eso fue como una rampa para comenzar a trabajar juntos como Wet Leg y expresarnos a través de eso. Y luego, cuando llegó el momento del álbum, fue como “sí, obvio”». “Moisturizer” marca un punto de madurez para Wet Leg, sin que eso signifique pérdida de identidad. Guitarras más densas, texturas industriales, melodías más narrativas. ‘Catch these fists’ es un buen ejemplo: áspera, directa, con una energía que recuerda al postpunk noventero, pero sin perder el sello lúdico que los caracteriza. «Es el resultado de todo eso, es el cruce de lo que a todos nos gusta –aclara Josh–. Va a sonar distinto al primer álbum porque somos personas nuevas, literalmente. Y cuando eso se junta y se cruza, probablemente eso es lo que genera este nuevo sonido». Detrás de esa evolución, sin embargo, hay una red emocional que permite que la creatividad florezca sin miedo al juicio. En el estudio, se cuidan entre todos. «El estudio puede ser un lugar intimidante. Incluso si llevas años tocando, a veces entras y puede desconcertarte mucho», reconoce Josh. «Ahora todos estábamos ahí para animarnos unos a otros. Como cuando Rhian escribe una letra y dice “no sé si esto es muy estúpido”, y nosotros le decimos “no, está muy bueno”. O alguien quiere decir algo y se arrepiente a mitad de camino, pero tú lo empujas: “no, no te voy a dejar echarte atrás, es una buena idea, solo estás dudando”. En el estudio también hay presión de tiempo. Hay cosas prácticas que uno no piensa, y eso te puede hacer sobrepensar o frenar. Así que nos ayudamos mutuamente a salir de eso». Esa contención va más allá de las sesiones de grabación. En la carretera, Wet Leg es una burbuja de cuidado. «Es solo nosotros animándonos y ayudándonos entre todos, todo el tiempo», dice Ellis. Y justamente pensando en eso, y en lo que hablábamos antes, surge una pregunta: ¿cómo logran combinar esa filosofía de dejarse llevar con la realidad de planificar giras y manejar las expectativas de la industria? Josh responde con una sonrisa: «hacemos muchas cosas a último minuto. No ponemos muchas expectativas. Confiamos en el gusto de cada uno y valoramos mucho a las personas en nuestro equipo, que creemos que son geniales. Ellos nos ayudan a navegar todas esas cosas. Tenemos suerte de estar en un sello como Domino, donde conocemos a todos, no solo como profesionales, sino como personas. Todo se reduce a la confianza, y eso realmente ayuda». Por su parte, Ellis agrega que «todo se basa en que tenemos una muy buena producción y gestión en cuanto al manejo de la banda». Josh cierra con énfasis: «¡eso es!». Tener una buena red de apoyo es clave, y por suerte hoy se habla con más apertura sobre temas como la salud mental. Porque finalmente esto es un trabajo y, con la naturalidad de que le pasa a todo el mundo, hay días en los que simplemente no quieres trabajar y solo quieres desconectarte del mundo un rato. Josh asiente con naturalidad: «sí, creo que es como con cualquier trabajo: hay días en los que no tienes ganas, pero tienes que hacerlo igual. Por suerte, nuestro trabajo es bastante increíble», responde entre risas. «También ayuda que Ellis es una persona muy tranquila, siempre aporta calma. Además, estar en una banda significa que hay otras cuatro personas con las que puedes hablar, que te conocen y pueden notar si algo no anda bien». Ellis agrega que esa red también se extiende al equipo técnico: «cuando estamos de gira con todo nuestro equipo, somos muy cercanos. Nos transformamos en una burbuja donde todos se cuidan. Vivimos en este pequeño mundo raro, una realidad de banda. Y eso lo hace más fácil. No sé si eso tiene sentido». Antes de terminar la conversación, se les plantea una frase que se ha repetido mucho desde que Wet Leg explotó y se les asocia: “El rock no está muerto”. ¿Qué significa eso para ellos? Ellis responde primero: «me encanta rockear, me encanta la música rock, pero no creo que necesites guitarras fuertes para que algo sea rock. Hay muchas estrellas del rock que no tocan guitarra». Josh lo pone en perspectiva: «estamos contigo en eso de que no nos gustan mucho las etiquetas. No en plan “no nos digas rock”, sino como “todo bien”. Tal vez hay algo que pasa cuando ves a alguien en el escenario claramente disfrutando, con autenticidad y conectando con el público. Es genial que la gente diga “el rock no está muerto” por nosotros. Tal vez eso es lo que significa el rock para mí, si me tuviera que definir. Y eso es algo que queremos seguir haciendo… No queremos perder eso». Ellis lo resume con simpleza: «una de mis partes favoritas de nuestra banda es que somos una banda de rock, y simplemente vamos y tocamos las canciones en el escenario. Es como si estuviéramos tocando en una sala. No importa el lugar, siempre las tocamos igual, y eso me parece bien rock». En medio del cansancio de la gira, el caos del estacionamiento en Copenhague y la intimidad digital de esta conversación, queda claro que lo que hace única a Wet Leg no es solo su música, sino el modo en que la construyen: desde la honestidad, la confianza mutua y un deseo imbatible de no dejar que el juego –ni el goce– se acaben. Tags #Wet Leg #2025 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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