Mac DeMarco: El príncipe del lo-fi Exclusiva con el canadiense ante la llegada de "Guitar" Martes, 30 de Septiembre de 2025 Publicado originalmente en revista Rockaxis #266, agosto de 2025. Si la ironía y el sarcasmo fuesen una religión, el ideólogo de “Ode to Viceroy” sería su profeta. Conversamos con Mac DeMarco sobre amistades eternas, discos nacidos del aislamiento y proezas del mundo snob. Porque si algo tiene claro el canadiense clase 90, es que no hay reglas cuando se trata de hacer lo que se le antoje. Karin Ramírez Vernor Winfield McBriare Smith IV –nombre de nobleza, digno de linajes y coronas– es en realidad el disfraz majestuoso de Mac DeMarco, el príncipe del lo-fi y heredero de un reino sin trono. Bajo el alero de nombres rimbombantes y abolengos ficticios, el artista juraba lealtad a lo que brota desde abajo, a ese sonido rasgado y sincero que nace en la entraña del underground. Hay una grandeza discreta en su jizz-jazz, como un eco que resiste las normas del establishment, como una sonrisa torcida ante lo solemne. Porque para Mac DeMarco, el mapa aún no está completo, queda territorio por explorar, melodías por inventar, y una extraña belleza que solo florece en los bordes. Con más de una decena de discos a su haber, el artífice de “Salad Days” (2014) irrumpió en la industria musical con una candidez singular. Siempre guiado por la simpleza y el poder expresivo de seis cuerdas. Mac DeMarco hace resonar su particular histrionismo, ese encanto desgarbado que lo acompaña desde sus primeras entregas hasta “Another One” (2015), disco con el que no solo consolidó un estilo, sino que comenzó a edificar su propio castillo. Ese que tomó forma concreta en 2018 con la creación de Mac’s Record Label, su sello, refugio y trinchera creativa, desde donde vio la luz “Here Comes the Cowboy” (2019), obra que reafirma su independencia y expande los límites de su particular identidad sonora. Pero el tiempo apremia, y en su prisa se vuelve verdugo y motor. Por esto, en este 2025 Mac DeMarco no se esconde, se expone y se defiende con “Guitar”, su nuevo trabajo. A diferencia de sus trabajos anteriores, donde el jizz-jazz marcaba una estética juguetona y despreocupada –que configura una pauta en la lógica de su identidad y pertenencia–, este disco se sumerge en un terreno más introspectivo, donde las formas se pliegan y repliegan sobre sí mismas. Es un viaje hacia adentro, una meditación en clave indie que refleja la densidad del presente que habita, casi como una fotografía revelada en códigos analógicos, lenta y cargada de matices. «Me siento feliz, pero confundido... aunque felizmente confundido. Asustado todo el tiempo, pero en paz. Libre, aunque no sin ataduras. Y eso es básicamente todo. Ah, y con muchas emociones raras. También muy ansioso, pero está bien, siempre ha sido así. Y creo que ese miedo es una especie de curiosidad, como un miedo que te llena de asombro. Es importante vivir al filo de la navaja en la vida. Te mantiene alerta», confiesa. “Guitar”: El nuevo eslabón en la discografía Una de las sorpresas de este agitado 2025 es la irrupción de lanzamientos esperados. Lo que fue “Five Easy Dogs” al 2023, hoy “Guitar” irrumpe con espontaneidad y reflexión contenida en 12 tracks que, en efecto, no tenían un objetivo concreto, según nos cuenta el mismo músico: «en realidad, no tenía una idea clara. La idea de todo esto era simplemente hacer algo que se sintiera como una sola cosa y que fuera natural. Y bueno, para mí se siente así». Sin mayores expectativas y despojado de toda preconcepción sobre el método o la forma, Mac DeMarco se entrega a la intuición. “Guitar” nace así, desde el aislamiento voluntario de dos semanas, casi como un retiro sensorial. Una práctica ya familiar para él, pero que esta vez se transforma en algo distinto, un ejercicio mental e íntimo. «Cuando entro en ese estado para hacer algo así... ayuda. Porque si lo haces solo durante unas dos semanas, realmente se siente como un álbum. Lo grabé en un periodo muy compacto, una canción por día. Es difícil describir ese tipo de estado mental, pero cuando estás dentro, es genial: las canciones salen, todo encaja y todo está bien». Pero si algo carga este álbum, es la impetuosa coherencia interna que evoca la sonoridad que envuelve las 12 estaciones que propone el viaje de lo nuevo de Mac DeMarco, espacio donde ‘Punishment’ toma un color que no nació desde la mente del canadiense, sino que parte desde ese fuero interno que es capaz de sentir aquello que ignoramos: «tengo un amigo que dice esto: “es como que el universo te castiga si no estás haciendo lo que se supone que debes estar haciendo”. Y eso es ‘Punishment’. Cuando estaba trabajando en la música, sentí que debía hacer estas pequeñas canciones. No sé qué significa eso exactamente». Entre la ironía y el sarcasmo que siempre lo han acompañado, esta nueva etapa en la carrera del músico canadiense revela algo más profundo: la capacidad de tensionar su propia zona de confort, de desafiar lo conocido y abrirse al aprendizaje como parte esencial del oficio. Mac habita la música no solo como arte, sino como trinchera. «Últimamente estoy aprendiendo muchas cosas, desarrollando habilidades, a veces relacionadas con la música y otras veces no. Y todo eso está bien. Me siento satisfecho cuando logro hacer algo más o resolver algo. Pero cuando hago eso, que es como... ese tipo de cosa mágica, siento que es como si algo dijera: "Esto es lo que debes hacer ahora". Y ahí es cuando siento una paz especial, o como una especie de logro. Muchas personas considerarían afortunado el hecho de tener, aunque sea una vaga idea, de que "esto es lo que debo hacer". Puede sonar ridículo, pero esa es la idea detrás de todo esto», reflexiona. Por otro lado, el punto de inflexión de “Guitar” es la figura de la canción ‘Holly’, como desarrollo de una perspectiva espiritual, algo que se inmiscuye en las venas, pero que se vive en silencio: «pienso mucho en la espiritualidad, aunque no me identifico completamente con una corriente específica. ‘Holly’ es una de esas canciones con letras bastante simples, pero la música pinta una imagen más vívida para mí... como una escena, una imagen intensa. Cuando compongo, la verdad es que no sé lo que estoy haciendo. No sé cómo escribir una canción, no sé cómo grabar correctamente. Así que a veces, cuando termino algo, se siente como un milagro. No lo puedo creer». Trayectorias al infinito Pero antes de volver al centro, la trayectoria de Mac DeMarco estuvo marcada por el inesperado lanzamiento de “One Wayne G” (2024), un álbum “compilatorio” de casi 10 horas de música, donde 199 pistas hacen de este álbum un verdadero enigma. «Para mí, “One Wayne G” está lleno de milagros. Amo muchas de esas canciones y grabaciones. Fue la primera vez que sentí realmente que era yo. Incluso en comparación con la música que había publicado antes, este disco se siente como una extensión de mí. Y todavía puedo escucharlo y sentirlo igual. Me hizo feliz compartirlo». El álbum que terminó siendo un verdadero mapa al centro de la psique del canadiense, toma un ordenamiento tan subjetivo como personal. Los easter eggs aparecen para quienes saben escuchar, quienes escuchan entendiendo cada acorde, y no sucumben a la ansiedad del consumo como performance. «La gente lo recibió de muchas formas distintas, pero no importa. Para mí, se sintió correcto. Fue como limpiar el plato. Y aunque me decían “¡son demasiadas canciones!”, no me importa. No tienes que escucharlo todo. Probablemente, será lo más genial que publique en mi vida. Cuando todo se asiente, quedará eso». Pero como todo en la música guarda resonancia con las fibras más profundas de nuestra esencia, es el músico japonés Haruomi Hosono (Happy End, Yellow Magic Orchestra) quien emerge como una presencia luminosa en los últimos sencillos de Mac DeMarco. En canciones como ‘Boku wa chotto’, su influencia no solo se siente, sino que se susurra, como una brisa cálida que descansa en el presente sonoro del canadiense. «He hecho algunos covers de sus canciones y siempre es un privilegio que me inviten a hacerlo para algún lanzamiento o lo que sea. Una vez subí al escenario con él en Los Ángeles y fue probablemente lo más aterrador que he hecho. Me hizo cantar en japonés... ¡y yo no hablo japonés! Fue una locura. Hosono es uno de mis grandes héroes, una verdadera inspiración. Su música es increíble. Es tan importante para mí que a veces siento que no quiero acercarme demasiado, porque podría asustarme o algo así. Pero sí, es increíble y ha sido un honor y un privilegio estar en su presencia, aunque sea un par de veces». No obstante, la realeza que construye el imperio de DeMarco no se edifica solo en la distancia paralizante que separa la idealización de la admiración, sino que se nutre de vínculos genuinos que se construyen con cercanía, como su amistad con el productor Kenny Beats, figura clave en la escena contemporánea, conocido por su serie The Cave, donde han pasado artistas como IDLES, Denzel Curry o JPEGMAFIA. Pero fue Mac DeMarco quien, fiel a su espíritu lúdico, convirtió su episodio en una verdadera sitcom improvisada. «Conocí a Kenny a través de mis amigos JD Beck y DOMi. Y sí, lo amo. Kenny es un gran amigo. Hablamos todo el tiempo. No es que estemos colaborando constantemente, pero estamos en los estudios del otro con frecuencia. Lo veo seguido en Los Ángeles, cenamos juntos, cosas así. Somos buenos amigos. Me invitó a The Cave, lo cual fue muy divertido. Toqué un poco en su disco. Está trabajando en mucha música genial y tiene un nuevo estudio en LA que es increíble. Conocer gente así en la industria musical, con quien puedes ser verdaderamente amigo, no pasa todos los días. Pero cuando pasa, es genial. Amo a Kenny y espero que esta amistad dure hasta que seamos polvo en el viento». Con la sorpresiva confirmación de su regreso a Chile, Mac DeMarco volvió a hacer de las suyas y superó toda expectativa. Lo que al principio parecía un único encuentro, terminó convirtiéndose en dos funciones completamente agotadas en menos de 20 minutos. Ni él mismo lo anticipaba. Y, fiel a su estilo, lo vive con la misma mezcla de desparpajo y desconcierto que lo caracteriza: «me encanta ir a Chile, y en general a toda Sudamérica. Es emocionante. Chile es uno de esos lugares a los que no vamos todo el tiempo, aunque he tenido la suerte de ir varias veces. Estoy emocionado de tocar allá. No sé qué canciones vamos a preparar, ni cuáles le gustarán a la gente, aunque estoy emocionado de tocar canciones nuevas, viejas, lo que sea… O tal vez no toquemos nada. Tal vez suba al escenario y esté completamente en silencio durante una hora y media. ¿Qué tal eso?». Tags #Mac DeMarco #2025 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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