El viaje inquieto de Boston Manor Antes de su debut en Chile, conversamos con Henry Cox Miércoles, 01 de Octubre de 2025 Publicado originalmente en revista Rockaxis #266, agosto de 2025. En la antesala de su primera gira por Latinoamérica, Henry Cox abre las puertas de su proceso creativo y recorre, con franqueza y matices, sus inicios, la evolución de sus letras, la identidad cambiante de la banda y la expectativa de un encuentro largamente esperado con sus fans de este lado del mundo. Fernanda Hein En un miércoles cualquiera, a las tres de la tarde en Inglaterra, Henry Cox se acomoda en su estudio, disfrutando de un raro día soleado después de semanas de lluvia. Es un momento tranquilo para él, un respiro entre giras y trabajo creativo. Boston Manor está a pocas semanas de tocar en Latinoamérica por primera vez, y la emoción es palpable. A pesar de eso, la conversación rápidamente toma un giro introspectivo, llevándonos a explorar su música, su evolución personal y lo que ha significado para él ser parte de una banda durante más de una década. Henry no esquiva los temas complejos. Reflexiona sobre cómo sus letras dejan espacio para la interpretación, pero que eso no significa que carezcan de intención. Cada canción nace de una idea concreta, de una emoción específica, incluso si la forma final no lo diga todo de forma explícita. Reconoce que, a veces, esa ambigüedad es una forma de protección, de no exponerse por completo. «Estoy intentando ser más vulnerable en las letras que escribo para futuros discos, pero es difícil. Es bastante intimidante», admite, aunque en los últimos tiempos ha intentado incorporar más de sí mismo en lo que escribe. «Siempre escribo con un significado bastante deliberado en cada canción, y normalmente parto de la idea de lo que quiero contar antes de escribir la letra. No soy de esos que escriben algo abstracto y luego dejan que el significado se forme después. No, siempre lo hago con intención. Quizás, es una manera de protegerme un poco, dejando que la gente interprete a su manera», explica. El disco “Be Nothing” (2016), por ejemplo, fue probablemente su trabajo más directo y personal: canciones sobre su abuela, un amigo que estuvo al borde de la muerte, una pareja. Historias muy concretas, sin demasiadas capas de misterio. Aun así, reconoce que le gustaría poder entregar las letras de forma más honesta y vulnerable, como en su primer disco. «Hay algo muy puro en eso. Me gusta que la gente pueda darles su propio significado. Algunos de mis letristas favoritos lo hacen, y me resulta muy interesante intentar descifrar de qué podría tratarse una canción», confiesa. Este cambio en el enfoque de la banda no ha sido inmediato. Henry menciona que, aunque “Be Nothing” tiene una gran carga emocional con temas tan directos como las relaciones que se iban desgastando, los álbumes posteriores, como “Welcome to the Neighbourhood” (2018) o “Sundiver” (2024), fueron más complejos. «Son menos obvios en cuanto a su temática, pero más profundos y personales. Supongo que eso viene de querer escribir mejor música, de envejecer y vivir más». Y a medida que tanto su vida como la de sus compañeros ha cambiado, el vocalista reflexiona sobre cómo también han evolucionado sus letras. Las canciones más recientes son, en su mayoría, más introspectivas y abiertas a la interpretación. Aunque no se siente cómodo explicando sus letras de manera que las deje completamente claras, sí valora profundamente el ofrecer esa apertura, ese espacio para que el oyente construya su propia interpretación. Henry menciona que uno de los aspectos que más le gusta de las letras de la banda es que sus canciones dejan de ser de ellos y se convierten en parte de la vida de quienes las escuchan. Se entusiasma cuando recuerda cómo, en ocasiones, los fans le han dicho lo que éstas significan para ellos, o cómo las han interpretado de formas que él nunca imaginó. No es solo el contenido de la canción lo que importa, sino cómo resuena en los demás. «Es algo hermoso cuando alguien viene y te dice: “esta canción significó algo para mí en un momento difícil”. Eso es lo que realmente me hace sentir bien sobre lo que hago. En realidad, ya no me pertenece. Es de todos ellos también», detalla sonriente. Por otro lado, al hablar de los discos más recientes, él reconoce que la banda siempre se ha esforzado por mejorar como músicos. Su álbum debut, aunque le tiene mucho cariño, era también una especie de "grito" juvenil, lleno de emociones de esa época. Pero a medida que Boston Manor creció, tanto como banda y como individuos, se dio cuenta de que las experiencias se volvían más complejas y necesitaban una forma de expresarlas que fuera menos evidente, más matizada. Al llegar al presente, la banda parece haber hallado un equilibrio entre su identidad inicial y las nuevas influencias que van surgiendo a medida que se abren a nuevos horizontes musicales. La conversación vira hacia las experiencias recientes que la banda está teniendo al enfrentarse a su música desde una nueva perspectiva. Cox señala que la idea de lanzar un disco con tan solo siete canciones, como hicieron con “Datura” (2022), levantó algunas cejas entre los fans y críticos. Sin embargo, defiende la elección de que un álbum no tiene que seguir las convenciones de siempre. Para él, un álbum sigue siendo un concepto bien definido, independientemente de cuántas canciones lo componen. «Me parece interesante cómo la gente ha jugado con el formato álbum hoy en día y cómo no es algo fijo –comenta Henry–. La gente solo quiere escuchar discos enteros, comprarlos, y también usarlos como marcadores en la historia de una banda». A veces, los discos de otras bandas se sienten como una cápsula del tiempo, un momento congelado en la historia, y esa sensación es lo que Boston Manor busca mantener en su propio trabajo. Aunque la banda viene de una era donde los discos completos eran el formato más tradicional, reconoce que ahora las cosas son diferentes. Aun así, la banda sigue siendo de los que creen que un álbum funciona como un marcador de la evolución de la banda, como una forma de narrar la historia del grupo a lo largo del tiempo. «Me gusta que a la gente todavía le importe la extensión. Hubo mucha conversación de que ahora todo es singles y que el formato álbum está muerto, eso puede ser verdad en otros géneros, pero no en el rock», dice Cox con tono reflexivo. Las etiquetas de género son otro tema que lo hace pensar. Han sido llamados post-hardcore, emo, pop punk e incluso shoegaze adyacente. Él prefiere el término “alt-rock”, por su amplitud, pero reconoce que no encasillarse a veces complica las giras: ya no encajan tan fácilmente en paquetes de bandas similares, aunque eso también les ha permitido compartir recientemente el escenario con grupos de metal, shoegaze y pop rock. «Pienso en Boston Manor más como un sentimiento que como un sonido: Un poco oscuro, un poco agresivo, pero también dulce». Más allá del setlist Ahora, la banda se enfrenta a un reto distinto. Crear un setlist para un territorio nuevo. En sus giras por Norteamérica y Europa suelen inclinarse hacia su material más reciente, pero para Latinoamérica la idea es otra: un show diverso, casi un “grandes éxitos”, que recorra todas las etapas. Incluso barajan la idea de hacer una encuesta para que los fans elijan las canciones. «Simplemente queremos dar a la gente lo que quiere y recompensar a los fans por apoyar a la banda y preocuparse por nosotros», comparte Henry con una sonrisa. Hablar de giras lo lleva a reflexionar sobre cómo han cambiado las cosas. A los 19 años, salir a tocar era una vía de escape: viajes, noches largas, cero responsabilidades. Hoy sigue disfrutándolo, pero también tiene una familia, es diseñador gráfico, por ende, es alguien que debe equilibrar la vida personal con la carretera. «No puedo pausar todo eso cuando estoy de gira, y es duro estar lejos. Pero sigue siendo la misma banda, los mismos cinco amigos, y un equipo técnico que nos acompaña desde hace años. Ese sentido de comunidad hace que aún disfrute mucho las gira». Pero esa dualidad, dice, solo es posible gracias a la comunidad que han construido con su equipo y al hecho de que siguen siendo las mismas personas de siempre, porque más que compañeros de banda, son una familia. «Si quitaran esa parte, no sé si seguiría disfrutándolo», admite, aunque asegura que están en su mejor momento como grupo en vivo. «Si puedo ser un poco arrogante, creo que ahora somos realmente buenos. No siempre fuimos la mejor banda en vivo, pero en los últimos años hemos trabajado mucho y suena mejor que nunca. Ahora tenemos mucha confianza en el escenario, y eso me gusta». Doce años juntos les han enseñado a navegar todo tipo de diferencias, sobre todo en el área creativa. Al principio, todos querían imponer sus ideas. Ahora saben ceder y confiar en quien llegue con una visión clara. Las discusiones siguen existiendo, como decidir la duración exacta de un puente, pero ya no se vuelven personales. «Para Boston Manor siempre ha sido un tira y afloja. En discos anteriores, todos querían imponer sus ideas y tener la última palabra. Todos escribimos juntos, pero en ciertos discos algunos miembros contribuyen más que otros», explica. «Ahora, si alguien tiene una idea fuerte, confiamos y lo dejamos liderar. Por mi parte, estoy bastante alejado, en un sentido sano, no imponiendo ideas, sino dejando que cada uno haga lo suyo y disfrutando el proceso y aportando a mi manera. Antes nos molestábamos por pequeñas cosas, ahora simplemente decidimos por mayoría, que es lo bueno de ser cinco. El voto de tres contra dos gana, así de simple. Esa es la ventaja de ser cinco», agrega riendo. Este proceso de adaptación y confianza mutua también se refleja en cómo los oriundos de Blackpool han integrado influencias externas, sin perder su identidad única. Henry, por ejemplo, menciona con devoción a Deftones, una banda que ha admirado desde su adolescencia y con la que coincidieron en el festival Rock am Ring 2022. Para él, el legado de los californianos es un ejemplo perfecto de cómo una banda puede evolucionar manteniendo una propuesta sonora inconfundible. «Son únicos. No hay otra banda que suene como ellos», afirma. De manera similar, Boston Manor ha logrado forjar su propio camino, equilibrando sus influencias con una visión clara y singular. Mientras esperan su debut en Latinoamérica, el objetivo es seguir ofreciendo su música de forma auténtica, manteniendo esa conexión especial con su público, tal como lo hicieron aquellos que los inspiraron. Al final, más que una cuestión de sonido o técnica, lo que realmente les importa es que su música siga evolucionando y tocando vidas. En cualquier escenario, en cualquier lugar. Tags #Boston Manor #2025 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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