Gonzalo Yáñez: ''No soy el mismo, pero sigo buscando'' El músico uruguayo renace con su sexto álbum en solitario Martes, 04 de Noviembre de 2025 A más de dos décadas de haber iniciado su camino en la música, Gonzalo Yáñez sigue moviéndose con la misma curiosidad de aquel joven uruguayo que llegó a Chile buscando un sonido propio. Hoy, tras un tiempo de silencio, el músico regresa con "La Energía", su sexto álbum en solitario, una obra que más que un conjunto de canciones, es —como él mismo dice— una etapa de la vida. En conversación con Rockaxis, Yáñez habla de la madurez, de las preguntas que lo persiguen más que las respuestas, de su reconciliación con los sonidos de los años 80 y de la fuerza invisible que une a las personas cuando la música fluye sin pretensión. En esta entrevista íntima y luminosa, el artista comparte el proceso detrás del disco y adelanta lo que será su gran show de lanzamiento el 9 de noviembre en el Teatro Nescafé de las Artes, una noche que promete repasar su historia y celebrar el presente con invitados de lujo. - Después de más de 20 años de carrera haciendo música, ¿quién eres hoy cuando subes al escenario? ¿El mismo de tus primeros discos o alguien completamente distinto? - Quiero creer que somos personas distintas todos los días. Mi manera de vivir y de sentir tiene que ver con esa búsqueda constante. Todo lo que sea quedarse quieto en una forma de hacer o sentir las cosas me genera conflicto. Me gusta desdecirme, tener convicciones y que se derrumben ante una situación que me haga ver que estaba equivocado. No me gusta definirme, y eso hace que esté en permanente cambio, tanto emocional como en mis ideas. Creo que estoy muy lejos de aquel chico que se subía al escenario a los 17, o del que empezó como solista. Quiero creer que siempre soy alguien diferente. Si el alma existe, quizás esa es la misma: la del amor por lo que uno hace, de la nobleza, de intentar ser buena persona. Siempre he pensado que es mejor ser buena gente que gran artista, porque eso lo juzgan los demás. Así que no, no soy el mismo. No sé si soy mejor o peor, pero sin duda no soy el mismo. - Has dicho que no te interesa competir con los artistas más jóvenes ni seguir modas. ¿Qué te mantiene auténtico en un mundo que parece empujarte a hacerlo? - La convicción y el amor real por la música. En algún momento uno decide que lo que hace es lo que le gusta, y ojalá le vaya bien, pero no va a cambiar su arte para intentar pegarle al palo al gato. Como decía Maradona, "la pelota no se mancha", bueno, la música tampoco. Uno hace lo que le nace, lo que lo conmueve. Y después se verá qué pasa, pero la honestidad emocional e intelectual no se negocia. Quizás eso te convierte en alguien auténtico: hacer lo que realmente tienes ganas, sin mirar modas, tendencias o algoritmos. Ese es mi partido. No cuestiono a quien busca la zanahoria, cada quien tiene su camino, pero yo ya estuve cerca de esa zanahoria y no necesariamente es tan buena como la pintan. - Tu nuevo disco, "La Energía", llega después de un largo silencio. Dijiste que para ti un álbum no es solo un conjunto de canciones, sino una etapa de la vida. ¿Qué etapas estás cerrando o abriendo con este trabajo? - A diferencia de lo que podría esperarse, no estoy más seguro de mis ideas con los años, sino al revés: tengo más preguntas y menos respuestas. Mis convicciones profundas —el amor, el compromiso, el estar vivo, buscarle la vuelta a la vida— siguen ahí, pero estoy en una etapa de cuestionamiento, de pensar más allá de las respuestas aprendidas o correctas. Vivimos en una época donde todo se juzga mucho, y eso hace difícil expresarse libremente, pero igual prefiero dudar. A veces me interesa más llevarme algo de una conversación que tener la razón. En cuanto al disco, fue también una reconciliación con la música de mi infancia: el new wave, lo bailable, esa estética ochentera que en mi adolescencia despreciaba un poco porque me volqué al grunge. Hoy me reconcilié con eso, con bandas como Dead or Alive, Alphaville, Pet Shop Boys, o el house de los 90 que sonaba en mis primeras fiestas. Todo eso está en el disco, pero pasado por el filtro de lo que soy ahora: una melancolía sin tristeza, una buena energía. - Podríamos decir que el hecho de que te hayas inspirado en los sonidos de los 80, con mucho sintetizador y batería electrónica, fue más una necesidad emocional del momento que una decisión estética. ¿Es así? - Creo que las cosas no siempre son decisiones conscientes; más bien suceden por algo, aunque suene medio esotérico. Por ejemplo, cuando empezamos a hacer el disco con Diego, no teníamos espacio para grabar una batería real en el home studio, así que propuse usar cajas de ritmo como las de los 80: la Linn Drum, la 909… las mismas que usaban artistas como Charly García, Prince o Michael Jackson. Era lo que teníamos a mano. No queríamos que pareciera una batería real, sino algo sintético, porque esa era nuestra herramienta, y le sacamos el jugo. Cuando ese sonido empezó a dominar, el disco nos fue guiando solo. No fue una decisión estética planificada, fue más bien la energía del proceso. Y ahí entendí que esos sonidos ochenteros estaban más dentro de mí de lo que pensaba, aunque nunca tuve los discos de Alphaville o Dead or Alive, igual estaban ahí, formándome. - ¿Por qué elegiste el título "La Energía"? ¿De qué tipo de energía hablamos: vital, emocional, creativa o todas al mismo tiempo? - Creo que de todas y de ninguna a la vez. Si lo piensas desde el punto de vista científico —energía solar, eólica, la que mueve la vida— esa es la menos interesante. Pero hay otra energía, la que invocamos cuando decimos "qué buena vibra", que aunque esté bastardeada, existe. No me gusta el lado "hippie" o forzado del término, pero sí creo que somos energía. Todos influimos en los demás con nuestro ánimo, con lo que proyectamos. Por ejemplo, hoy me desperté de mal humor, hice un mate y llegó un amigo a visitarme; su energía me cambió el día. Eso también pasa en la música. Si no hubiera trabajado con Diego Peralta y él no tuviera la energía que tiene, este disco no habría sido igual. Esa energía positiva se contagia y te impulsa. Todo fluye cuando las personas se conectan desde esa vibra natural. En el fondo, este disco nació de esa energía intangible que mueve las cosas sin que uno lo planifique. - En este disco trabajaste con artistas como Dënver, Cristóbal Briceño y Canal Magdalena. ¿Qué buscabas de ellos más allá de sus voces o estilos? - He tenido la suerte de trabajar con muchos artistas que admiro —Jorge González, Los Tres, Beto Cuevas, Javiera Mena, Gepe, Los Jaivas— y en este disco quería sumar gente nueva con la que no hubiera trabajado antes. Cristóbal me interesaba mucho, además es muy amigo de Diego Peralta, así que se dio naturalmente. Admiro profundamente a mis colegas, porque sé lo que implica dedicar la vida a la música. En cada uno encuentro algo que quiero absorber: de Cristóbal, su proactividad y rigor; de Dënver, su sensibilidad y sutileza; y de Floresalegría, esa energía más garage, más rockera, que me conecta con mis raíces de Pixies, Nirvana o Blur. Me gusta trabajar con gente que me movilice, que me despierte algo, que me haga querer "robarle un poquito de su alma", por decirlo así. - ¿Hubo alguna canción que te costara especialmente terminar, esa que te hizo dudar si el disco estaba realmente completo? - Sí, en algún momento dudé si el disco estaba listo. De hecho, dejé dos canciones afuera porque sentía que no encajaban del todo. Una se llamaba 'Las Olas del Mar', un tema muy playero y coral, con base rítmica y un coro tipo mantra: "Con mis pies sobre la arena me dejo llevar, bailo al ritmo de las olas del mar". Era alegre, pero no cuadraba con el tono del álbum, así que decidí guardarla para otro momento. Tenía una vibra medio 'Idioteque' de Radiohead, con bases electrónicas y voces encima. La otra era una canción más italiana, muy bailada, pero algo "careta", menos profunda que el resto del disco. Sentí que se salía del formato general, así que preferí dejarla fuera también. - El 9 de noviembre harás el lanzamiento oficial en el Teatro Nescafé de las Artes, con invitados y una artista sorpresa. ¿Cómo te imaginas esa noche? ¿Más como un show o como una celebración personal? - Me lo imagino como el mejor show que pueda hacer, uno que esté a la altura de mis más de veinte años de carrera. Siempre es una celebración, porque tocar en un lugar tan bonito y cuidado es motivo de alegría. Además, toco con mis amigos, y eso no tiene precio. Quiero que el público se lleve lo mejor de nosotros: un recorrido por toda mi carrera, sin olvidar las canciones que la gente más disfruta, pero dándole un lugar importante al nuevo disco "La Energía". Será un espectáculo pensado para que todos salgan llenos, diciendo “qué bueno estuvo el show, qué linda la escenografía, qué buenas las luces y los invitados”. Esa es la idea. - ¿Qué canción del nuevo disco, o de tu carrera en general, te emociona más interpretar hoy en día en vivo? - Del nuevo disco me gusta mucho cantar 'Jericoacoara', una canción alegre que refleja el momento en el que estoy. Últimamente me he acercado mucho a la música brasileña, algo curioso porque cuando era chico mi padre escuchaba mucha música de Brasil y yo la encontraba aburrida. En esa época estaba en mi fase Alice in Chains o Soundgarden, así que el contraste era grande. Pero ahora me encanta, me conecta con mi raíz uruguaya y con lo playero. También disfruto mucho tocar 'Muñeco Vudú', la canción con Cristóbal Briceño. Es simple, pegajosa, con ese toque pop pero también un aire medio sesentero, tipo The Doors. Tiene rollo y sustancia, y eso me encanta. - Has mencionado que hoy en día tienes más preguntas que respuestas. Si pudieras hablar con el Gonzalo de hace 20 años, ¿qué le dirías? - No le preguntaría nada, porque probablemente me habría respondido con demasiada seguridad. Le diría que no afirme nada con tanta certeza, que todo es relativo. Que no defienda tanto sus posturas, porque nada es absoluto: todo depende de las circunstancias. También le diría que no crea que el éxito va a durar para siempre. Que no piense que sacar una canción número uno es "lo normal". Le aconsejaría cuidar los pasos importantes y no descuidarse. En su momento, tuve mucha exposición y la verdad es que me dejé estar. Fui de gira con Los Prisioneros, 'Volvemos a Caer' sonaba número uno en Chile, y quizás podría haberme hecho más cargo de mi carrera. Siempre fui como una hoja al viento: libre, sí, pero también desapegado. Y aunque eso tiene algo bonito, también hace que uno no capitalice ciertas oportunidades. - Después de "La Energía", ¿te gustaría explorar algo completamente distinto o sientes que recién ahora estás encontrando el sonido que buscabas? - Creo que con el próximo disco pasará lo mismo que con este: haré lo que pueda con lo que tenga a mano. La música, para mí, no necesita grandes estructuras. Si estamos en un cuarto con una guitarra y un cajón, eso basta. Las canciones son lo esencial; la producción es solo una circunstancia. Puede ser una elección estética, pero siempre nace del momento que uno está viviendo. Las canciones salen solas, no se piensan. Después uno decide cómo vestirlas, según el entorno. Quizás el próximo disco sea más acústico, algo tipo guitarra y voz, medio Dylan o Paul Simon, un formato cantautor más íntimo. Nunca he hecho un disco así, pero me gustaría hacerlo en algún momento. - Y para finalizar, Gonzalo, ¿qué te gustaría decirle a tu público y a quienes esperan con ansias el show del 9 de noviembre? - Que vayan, porque no se van a arrepentir. A quienes me escuchan desde el comienzo y a quienes me descubrieron recién, les prometo un show único, que probablemente no se podrá repetir por el tipo de invitados. Vamos a tocar canciones que no hacemos hace años, junto con las infaltables, y presentaremos lo nuevo con una puesta en escena y luces como nunca antes. Si le tienen cariño a mi música, este es el momento para estar ahí. Es el mejor show para ir, sin duda. Matias Arteaga S. Tags #Gonzalo Yañez Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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