Frank's White Canvas: Experimentando nuevas sensaciones Volviendo a comenzar desde Alemania Lunes, 12 de Enero de 2026 Publicado originalmente en revista Rockaxis #270, diciembre de 2025. El dúo habla sobre su relación con el dolor, cómo ha sido empezar su vida desde cero en Alemania, estar viviendo el sueño de pagar sus cuentas solo con la música y cómo se enfrentaron a sus demonios. Bastián Fernández Sobrevivir a la oscuridad para renacer y comenzar desde otro lugar. Bajo esta premisa, Karin Aguilera y Francisca Torés dejaron Chile hace dos años para establecerse en Alemania, e iniciar una nueva etapa en sus vidas y carreras. Llegaron sin conocer el idioma, con la sensación de estar saltando al vacío y con la música como su única forma segura de comunicarse. Inspiradas en figuras como Dimitri Tikovoï –productor reconocido en los créditos de Placebo y Charli XCX–, eligieron construir su nuevo hogar en una de las capitales de la música moderna como lo es Berlín, en una especie de búnker creativo para vivir del arte y aprovechar un verano casi permanente que les permitiera sobrevivir, aprovechando la temporada musical alta de ambos hemisferios. Al encender la cámara para esta entrevista, Karin y Fran aparecen sonrientes, cargadas de esa mezcla de nervio y orgullo de quien tiene algo grande que contar: todas las historias de su segundo álbum “This Will Hurt, This Will Heal”, un trabajo que mantiene la fuerza de su debut, pero suma capas que las acercan en influencias a The 1975 y Journey. ¿La diferencia esencial entre ambos? Esta vez, exorcizaron su vida entera en las canciones sin tanta planificación. Si para “My Life, My Canvas” (2020) tuvieron seis años para construir cada detalle, ahora el proceso fue más visceral: abrir heridas, dejarlas respirar y mostrarlas tal cual son. «El primer disco lo hicimos hablando de recuerdos. Este nuevo material habla de cómo estamos viviendo y saliendo de situaciones, sin tener todo tan procesado. Lo más importante tiene que ver con cuando nos vinimos para acá (Alemania) e iniciamos una vida nueva», dice emocionada Torés. El concepto que sostiene su nuevo álbum es el dolor. Un sentimiento inevitable que debe atravesarse para, en algún punto, llegar a la sanación. Para Francisca, esta etapa fue un enfrentamiento directo con sus demonios: mirarse sin filtros, reconocer lo que antes atribuían a factores externos y asumirlo. «Hay que realmente hacerse cargo de las cosas que tienen que ver con una», reflexiona. En busca de un nuevo hogar Con apenas saber las frases básicas para pedir ayuda, Frank’s White Canvas aterrizó en Alemania. El amor por la música –el mismo que las unió hace más de diez años– las empujó al viejo continente para continuar su aventura y perseguir el sueño de vivir de su arte. El comienzo fue áspero: no encontraban estabilidad y rotaban entre departamentos arrendados por Airbnb. Extrañaban todo lo que habían dejado. Los días se les iban entre trámites para un visado –que aún sigue en revisión– y la búsqueda diaria de dónde dormir. Era la sensación de estar totalmente expuestas, sin una red conocida. Eran ellas contra el mundo. Karin recuerda ese primer año como una tormenta, donde la barrera del idioma era apenas uno de muchos obstáculos. «En el segundo año tuve un colapso y eso nos obligó a parar un poco. Seguimos tocando, pero fui a terapia. El disco habla de ese proceso: la oscuridad, la rabia, el duelo, pero también la luz que aparece en las melodías más esperanzadoras», se sincera. Francisca coincide: las emociones se intensificaron, se volvieron más filosas. Muchas de las dinámicas que vivían en Santiago seguían presentes en Berlín. Ese espejo crudo les permitió trabajar en ellas mismas, reconocer errores y crecer. Aunque hoy viven un poco más tranquilas, el proceso de estar lejos y reconstruir todo sigue siendo parte de su rutina emocional. Ser migrante en tramitación no deja espacio para errores. Cada decisión afecta el permiso de residencia y esa presión se volvió un peso mental que terminó impregnando las composiciones. «Es una situación súper alocada: por mucho que haga las cosas bien, una no puede equivocarse mucho. Emocionalmente está toda la inestabilidad y eso lo vuelve difícil», señala la baterista. En lo laboral, el golpe fue al revés: puertas abiertas por todas partes. El circuito alemán les permitió girar por el país y pagar sus cuentas solo con lo que ganan sobre el escenario, un logro que en Chile nunca pudieron alcanzar. «Hay un circuito importante ya armado. Una puede entrar y tocar. Llegamos a probar y en dos años hemos hecho más shows que en cualquier otra etapa de nuestra vida. Llevamos entre 50 y 70 conciertos», comenta Fran. Sobre lo que extrañan, responden sin dudar: el sentido de comunidad. Resaltan cómo en Chile es clave moverse en grupo y cómo ese impulso colectivo sostiene todo. «Hay una pasión por llevar a la escena», afirma Karin. A pesar de las dificultades, Alemania les entregó confianza en su trabajo, claridad sobre quiénes son y un cara a cara necesario consigo mismas. Hoy disfrutan su música con más intensidad que nunca, y esa libertad se nota en la forma en que llegaron al estudio: más seguras, más sueltas, más honestas. Nuevas sensaciones El segundo álbum suele ser el más complejo. Para Frank’s White Canvas fue una odisea emocional que las llevó a cuestionar su camino, su nivel compositivo y si podrían superar un debut que incluso se llevó un Pulsar a Mejor Álbum de Rock en 2021. Las expectativas pesaban y no querían repetirse ni decepcionar. Una vez superado ese bloqueo, empezaron a fluir. Dejaron que los sonidos las guiaran. Así aparecieron referencias inesperadas como Rubio o The 1975. Y, a diferencia de su primera experiencia con Dimitri Tikovoï, esta vez tenían claridad total: sabían lo que querían y se permitieron improvisar. Ya no era una misión tensa, sino un disfrute consciente. Francisca recuerda que en “My Life, My Canvas” las baterías fueron “correctas”, hechas desde la intuición del momento. Ahora, se dio espacio para experimentar, probar ideas y confiar en su criterio. «Lo bacán que tiene Dimitri es que nos da el espacio para hacer lo que queramos. Cuando necesitamos apoyo, él interviene. Ahí aparece toda su genialidad: puede que solo haga tres cosas, pero esas tres son increíbles». Por su parte, Karin apunta que la génesis de ‘Time bomb’ fue clave para que el segundo álbum tomara forma. Lo que iba a ser solo la grabación de tres canciones se extendió, porque estaban en un momento compositivo totalmente afiatado. «Nos quedamos con un montón de canciones. Había una sensación de disfrute y hambre por seguir haciendo. Siento que hicimos lo que quisimos. Es un disco hecho y pensado en nosotras», afirma. Una de las grandes diferencias apareció al enfrentarse nuevamente a sus canciones: si antes todo era rígido, ahora el espacio para improvisar estaba completamente abierto. Karin comenta que «la vez anterior hicimos una playlist, pero también nos estábamos conociendo con Dimitri. Ahora fuimos viendo el momento. Algunas tenían notas como “este coro es tipo Journey”, en otras se colaban cosas como de Twenty One Pilots o My Chemical Romance, que son grandes influencias. Recuerdo que en un momento dije: “¿qué pasa si empujamos a todo chancho lo que está haciendo Rubio?”, así que le robamos algunas cosas (ríe), como algunos colores que usamos de inspiración». Para ellas, esta es una colección de canciones de extremos: desde la oscuridad a la luminosidad. Están sus composiciones más dulces como ‘Carry on’ y la esperanzadora ‘You better come sweating’, y el sonido más pesado en ‘Insane’ y ‘Circles’. «Toda esta dualidad tiene que ver con lo que hemos vivido los últimos tres años, ha sido un proceso intenso el del disco, que coincide con nuestro cambio a Alemania», detalla Francisca. El dolor Desde las visuales hasta las letras, el concepto del dolor atraviesa todo el universo de Frank’s White Canvas. Es abordado desde distintos puntos de vista: como algo amargo y complejo de enfrentar, pero también como un motor creativo que implica liberación. Tal vez la mayor diferencia con su trabajo anterior está justamente ahí: una aproximación desde la esperanza. El sonido de “This Will Hurt, This Will Heal” abre un abanico distinto y muestra a la banda en colores más cálidos. Francisca explica que han tenido que enfrentar de todo –incluidos sus propios demonios– para seguir adelante, y que por lo mismo el tema aparece de manera tan recurrente en casi todas las letras de su nuevo álbum. «No sé si debería decir esto, pero todo el ruido externo cuando nos vinimos acá en gran parte desapareció, pero aun así había cosas pasando. Hemos vivido este enfrentamiento como: “ya, esto es mío, esto no es algo que yo pensé que me afectaba, esto me pertenece y tengo que hacerme cargo de alguna manera”», relata sobre el proceso que ha vivido. Para Karin, más allá del dolor está la fe que ponen en la música: un elemento clave capaz de sanar y acompañar cualquier situación. «Siempre hemos dicho esta frase de que la música nos salvó la vida. Por eso nos hicimos amigas. Nos conocimos en el colegio súper chicas. Cada una se encontró con la música siendo a veces la única compañía, la única esperanza de seguir adelante. Entonces empezamos a hacer canciones y algo que nos enamoró mucho del arte, o de la música, era esta idea de tomar algo, que a veces es una experiencia que puede ser dolorosa, y transformarla en algo que se puede compartir y que, quizás, puede hacer sentir algo en otra persona. Eso nos motivó mucho a seguir y armar la banda». En estos dos años, Fran y Karin han crecido como personas y músicas, y tienen más claridad sobre lo que son capaces de hacer. Llegaron al estudio con una seguridad que solo se construye después de superar una larga lista de obstáculos. Grabar no fue la batalla; fue la recompensa del camino recorrido. Entonces, “This Will Hurt, This Will Heal” refleja el tormento que han experimentado desde que se establecieron en Europa, pero también muestra su confianza, sus ganas de seguir creciendo y, como confesaron, el simple hecho de disfrutar lo que están haciendo. Tags #Frank's White Canvas #2026 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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