La segunda vida de American Football Después del mito Viernes, 26 de Junio de 2026 Publicado originalmente en revista Rockaxis #276, junio de 2026. Mike Kinsella nunca imaginó que American Football se convertiría en una institución cultural. Hoy, mientras la banda trabaja en la promoción de su cuarto LP, habla sobre la amistad, el paso del tiempo y la libertad que llega cuando finalmente dejas de intentar estar a la altura de tu propia leyenda. Fernanda Hein Fotos: Alexa Viscius El zumbido de los secadores de pelo se filtra débilmente al otro lado de la pantalla. Mike Kinsella se acomoda frente a la cámara desde un rincón tranquilo del salón donde trabaja su pareja. En unos minutos irá a almorzar con un amigo en el local de al lado, y después tiene más entrevistas anotadas en su agenda del día. La escena tiene algo ordinario para alguien cuya banda terminó convirtiéndose, casi por accidente, en una de las más influyentes de la música alternativa de las últimas décadas. «No demasiadas», responde cuando le pregunto si el día ha estado cargado de entrevistas. Luego sonríe. «La cantidad justa. La cantidad perfecta de estar viéndome a mí mismo a través de una cámara». La respuesta provoca una risa inmediata, pero también resume algo esencial sobre American Football en 2026. Durante años, la banda estuvo rodeada por una especie de misterio involuntario. Después de separarse a comienzos de los 2000, su álbum debut comenzó a circular entre nuevas generaciones a través de internet, creciendo lentamente hasta convertirse en una referencia cultural para miles de oyentes que encontraron refugio en sus guitarras intrincadas, sus silencios y su vulnerabilidad emocional. Sin embargo, cuando Kinsella habla sobre la banda, no hay rastro de mitología. Hay humor. Hay gratitud. Y, sobre todo, hay una sensación permanente de sorpresa. Porque si alguien le hubiera preguntado hace 20 años qué significaba American Football para él, la respuesta habría sido sencilla. «Oh, esa banda terminó. Nunca volveremos a tocar juntos». Hace 10 años, cuando el reencuentro ya estaba en marcha, la respuesta también habría sido distinta. «Es el mejor trabajo a tiempo parcial que existe». Pero hoy, después de una década de actividad constante y de una pandemia que interrumpió abruptamente la vida de la banda, la perspectiva ha cambiado. «La pandemia y la vida, de alguna manera, nos lo arrebataron. Y lo extrañé de una forma que no sabía que iba a extrañar», recuerda. Lo que extrañó no fue solamente tocar en vivo. Extrañó a las personas, el espacio creativo, la posibilidad de construir algo junto a músicos cuya compañía disfruta genuinamente. «Ahora –dice, sonriendo– es el mejor trabajo del mundo». La frase aparece varias veces durante la conversación, como si todavía estuviera descubriendo lo que significa. Durante mucho tiempo, American Football existió en una posición extraña: una banda enormemente influyente cuya relevancia cultural parecía desarrollarse lejos de la experiencia cotidiana de sus propios integrantes. Kinsella admite que solo recientemente ha comenzado a procesar la dimensión real de lo que el grupo representa para tanta gente. De hecho, asegura que existe una sensación nueva que nunca había experimentado. «Desde que terminamos el disco, y ahora que está a punto de salir al mundo, es la primera vez que tomo verdadera conciencia de que quizá la banda es popular». Se ríe al decirlo, consciente de lo improbable que suena. Durante años, había estado involucrado en proyectos que no tenían un impacto masivo o cuya recepción no afectaba directamente su vida diaria. Por eso la inminente llegada de LP4 ha despertado una sensación inesperada. «Es la primera vez que me resulta un poco extraño pensar que gente que no conozco va a escuchar mis canciones». Hace una pausa breve. «Creo que va a estar bien». Si existe alguna tensión en esta nueva etapa de American Football, parece provenir precisamente de ese lugar: la distancia entre una banda que sigue viéndose a sí misma como un grupo de amigos obsesionados con la música y una audiencia global que observa cada lanzamiento con enorme expectativa. Sin embargo, Kinsella insiste en que el proceso creativo sigue siendo prácticamente el mismo. «Al final, todos somos unos nerds de la música». La expresión aparece con cariño, como la de cualquier melómano. Más allá de la popularidad, las redes sociales o las distintas generaciones de oyentes que han adoptado la música de American Football como propia, el verdadero público de la banda sigue estando dentro de la misma sala de ensayo. «Me encanta inventar algo y pensar: “Dios mío, a Nate le va a encantar esto”». Esa dinámica continúa siendo uno de los motores fundamentales del grupo. Las canciones no nacen pensando en algoritmos, tendencias o expectativas externas. «En el fondo, todos seguimos intentando impresionarnos entre nosotros, de forma un poco egoísta». Quizás, por eso LP4 no suena como una banda intentando proteger un legado. Después de la leyenda Cuando American Football regresó en 2014, la simple experiencia de volver a tocar y mostrarse como personas normales terminó erosionando gran parte del misterio que se había construido alrededor de ellos durante los años de ausencia. «Creo que, simplemente siendo personas totalmente normales, acabamos con las expectativas o con cualquier mito que nos rodeaba», dice en relación a cómo han enfrentado las expectativas que inevitablemente acompañan a un proyecto tan mitificado. Durante una década han estado demasiado ocupados grabando, girando y existiendo como banda para seguir funcionando como una leyenda distante. Ahora, asegura, simplemente están escribiendo canciones que reflejan quiénes son en este momento. La conversación inevitablemente deriva hacia LP4. Cuando surge la idea de que el álbum podría representar una especie de punto de quiebre emocional, Kinsella se detiene por primera vez durante varios segundos. «Realmente me encanta eso», dice. Parece estar procesando la idea mientras la escucha. Muchos le han preguntado cuál es la temática central del disco, pero reconoce que esa descripción se acerca bastante a algo que nunca había formulado de manera tan explícita. La pandemia y los acontecimientos de los últimos años alteraron la trayectoria natural de la banda. Planes que parecían seguros desaparecieron. La continuidad dejó de estar garantizada. Volver después de esa interrupción produjo una sensación nueva. «Volver es algo así como esto: no tenemos nada que perder». No lo dice desde el derrotismo, lo dice desde la libertad. La mejor representación de esa filosofía aparece en ‘No soul to save’, la canción que cierra el álbum. Sobre el papel, reconoce que la letra puede parecer oscura e incluso pesada. Sin embargo, la manera en que la canción evoluciona transforma ese peso en otra cosa. El coro final, apoyado por voces que evocan un coro eclesiástico, conduce hacia una sensación distinta. «Es casi como una forma de aceptación». La palabra importa, porque la aceptación, para Kinsella, no implica resignación vacía sino la posibilidad de avanzar. «Eso es algo positivo», confiesa. Esa mirada también atraviesa el universo visual del álbum. Cuando la conversación gira hacia el videoclip de ‘No feeling’, su entusiasmo es inmediato: «ese video es, en cierto modo, el producto creativo favorito en el que he participado con cualquier banda». La declaración sorprende por su contundencia. Kinsella explica que llegó al proyecto con una idea inicial y colaboró con el equipo creativo durante el desarrollo. Pero cuando recibió la versión final, no tuvo observaciones. Lo que más le impactó fue la manera en que el video capturó una contradicción emocional que considera fundamental para entender el disco: la posibilidad de encontrar esperanza incluso dentro de experiencias difíciles. «Hay optimismo incluso en los momentos más oscuros». La frase emerge con naturalidad. Cuando era más joven, explica, el dolor simplemente era dolor. «Lo difícil simplemente era difícil». Con el paso del tiempo apareció otra perspectiva. Una comprensión nacida de la experiencia, la supervivencia y la madurez. «Supongo que he vivido lo suficiente. O quizá todos hemos vivido lo suficiente». La conversación también aborda las colaboraciones que aparecen en el universo reciente de American Football, incluyendo la participación de Brendan Yates (de Turnstile) en la recién mencionada ‘No feeling’. Kinsella se ríe cuando se le sugiere que estas colaboraciones podrían representar un diálogo entre generaciones. «Soy tan tonto que no me doy cuenta de que ya soy tan viejo», comenta entre risas. Para él, artistas como Yates no representan una nueva generación observando a sus referentes, son simplemente músicos que admira. «Son colegas de los que soy fan», y explica que nunca escribe pensando en una voz específica. Primero nace la canción, después aparece la necesidad de incorporar otro timbre o perspectiva. En el caso de Yates, todo ocurrió de forma bastante natural. «Lo de Brendan fue pura suerte». Y, una vez dentro de la canción, llevó el material a lugares que las maquetas originales nunca habían alcanzado. La banda que sobrevivió a su propio mito Más adelante surge otra reflexión sobre cómo las personas reciben la música de American Football. Kinsella espera que exista una cualidad por encima de todas las demás. «Espero que se perciba como algo sincero». La sinceridad. En una época donde gran parte de la cultura parece atravesada por la performance constante, es un valor que considera cada vez más difícil de encontrar. Habla de conciertos recientes, de artistas jóvenes y de cómo creció una generación acostumbrada a convivir con cámaras apuntando permanentemente hacia sí mismos. «Todo es una puesta en escena». A veces, admite, se sorprende observando a los músicos sobre el escenario e intentando descifrar qué impulsa realmente sus decisiones creativas. La contradicción le resulta divertida, considerando que él mismo lleva décadas actuando frente a públicos. Aun así, vuelve siempre al mismo punto. «Espero que se perciba como algo honesto», porque para él la música nunca ha consistido en vender algo. «No creo que estemos vendiendo nada a la gente. Creo que, simplemente, estamos compartiendo con quienes nos escuchan». Esa honestidad también aparece cuando habla del presente de la banda. Durante años tocaron frente a salas semivacías. Durante años asumieron que American Football era una historia terminada. Por eso, el éxito actual sigue pareciéndole difícil de comprender, al menos para ellos mismos. «No sé qué está pasando, para ser honesto», la frase llega acompañada de otra risa. No entiende del todo cómo despertó esa mañana para encontrarse realizando varias entrevistas para medios latinoamericanos, y sin embargo ahí está. Hablando de un disco nuevo, hablando de giras futuras, hablando de una banda que alguna vez creyó perdida. Antes de despedirse, la conversación inevitablemente llega a Sudamérica. Kinsella sabe que los seguidores chilenos siguen esperando una visita propia después del paso reciente por Argentina. La respuesta no es una promesa definitiva, pero sí una señal esperanzadora. «Vamos a volver». Explica que existen conversaciones en curso y una larga cadena de correos intentando hacer posible una gira por la región. «Queda lejos de Chicago», dice entre risas. La distancia parece una metáfora apropiada, porque para una banda que alguna vez tocó frente a audiencias mínimas y asumió que jamás volvería a existir, la posibilidad de planificar conciertos al otro lado del mundo sigue resultando extraña. La pantalla comienza a oscurecerse. Afuera, el día continúa. El almuerzo lo espera al lado y las siguientes entrevistas también. Kinsella se despide con la misma naturalidad con la que comenzó la conversación y desaparece nuevamente en la rutina de una tarde cualquiera. Por mucho tiempo, American Football fue una banda definida por la ausencia y LP4 encuentra al grupo en un lugar completamente distinto. No intentando preservar un mito. No intentando perseguir un legado. Simplemente presentes. Y, quizás por primera vez, plenamente conscientes de lo extraordinario que resulta seguir aquí. Tags #American Football #2026 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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