Opeth: revancha histórica Domingo, 05 de Abril de 2009 Sábado 4 de abril, 2009 Teatro Caupolicán Lo sucedido anoche en el teatro Caupolicán fue la materialización del espectro de sensaciones por los que pasa Opeth en su música: de lo brutal a lo melódico, de la euforia a la conmoción, y de ahí a la sorpresa y el impacto. Lo de su cancelada visita el 2003 pudo haber influido de forma importante en el ardiente ánimo del público, pero lo que se respiraba anoche era un verdadero fervor por el conjunto sueco. Nada de cosas a medias, la entrega era total, tanto sobre el escenario como en la pista y en las galerías. A las 21:00 horas en punto, la prolongada espera terminaba de una vez por todas. La banda ya se encontraba en el escenario, comenzando los primeros acordes de ‘Heir Apparent’, y desatando la locura total. Por fin, por fin podíamos ver a Opeth en tierras nacionales. Los miles de asistentes que colmaron el recinto de la calle San Diego (unas cuatro mil personas) no dejaban de hacer headbanging, de saltar o gritar, aún con la ansiedad de ver a Mikael Akerfeldt y los suyos y asimilando la escena, ante lo inconcebible que era poder tenerlos en Chile, más aún sumando el éxito en aumento que han tenido tanto en tierras europeas como en las gringas. Los fanáticos no dejaron de disfrutar el tema que abrió el show y la siguiente, la progresiva ‘Ghost of Perdition’, que ya había capturado a la audiencia, sabiendo que vivía una noche especial y única. Apenas finalizó, Akerfedlt se dirigió a la gente comentando que, antes de salir al escenario, escuchaban los gritos que pedían por la banda y que estaban nerviosos, con los pelos erizados. Y es que éste, su primer concierto en Chile, ha sido el de mayor convocatoria en toda su trayectoria (tal como posteriormente lo comentaría el mismo vocalista), y nada menos que con los más fieles seguidores de la música de Opeth, que conocían cada letra, cada disonancia y cada quiebre de todas sus canciones. Hacía mucho tiempo que no se veía un público tan apasionado. Luego de la increíble ‘Godhead’s Lament’ y ‘The Leper Affinity’, Akerfeldt continuó en una de sus numerosas intervenciones con sus seguidores, con una notoria y auténtica felicidad por lo que estaba sucediendo. Todas sus frases eran para el bronce: “saquen sus encendedores y celulares, quiero que esto se vea como si estuvieran cantando ‘Living On a Prayer’ de Bon Jovi”, “estoy tan emocionado que me gustaría hacerles el amor a todos, pero a mí me gustan las mujeres”, “que las chicas canten esto”, haciendo su voz más gutural, y sacando carcajadas de toda la gente; improvisando una “canción de fogata” en la que declaraba su agradecimiento a los chilenos, haciendo el hallazgo del "rey del headbanging", y, ante los imparables gritos que clamaban por la banda, exclamando “cállense de una vez por todas”, sacando, otra vez, la risa del público. Tras el paso del momento más “pacífico” del recital con los coreados ‘Credence’, ‘Hessian Peel’ y ‘Closure’, Akerfeldt pidió al público que cantara los temas que él interpretaría en la guitarra, ya sabiendo con certeza que responderían conociendo palabra por palabra cualquier cosa que tocara. Fue entonces otro de los grandes momentos del show, cuando todos entonaron fielmente las primeras estrofas de las canciones ‘The Drapery Falls’ y ‘Harvest’, ambas tomadas de “Blackwater Park”. Akerfeldt, nuevamente, señaló que tuvo escalofríos en el cuerpo. No había espacio alguno para la indiferencia, sólo para un compromiso completo. El final llegó con la agitación de ‘The Night and the Silent Water’, ‘The Lotus Eater’ y ‘Deliverance’, con una previa salida del grupo al backstage y su posterior regreso. Todo anduvo a las mil maravillas: los miembros del conjunto luciéndose en cada uno de sus instrumentos por dos horas, el sonido casi perfecto salvo por uno u otro acople, un público verdaderamente seguidor de Opeth… quizás fue para mejor haberlos esperado tanto tiempo, para verlos con una alineación de lujo, en un recinto acorde a las exigencias de una banda de su nivel y con toda la gente que los quería ver. Ahora queda la promesa de un regreso que, ojalá, no tome tanto tiempo, aunque con la seguridad de haber vivido la extraordinaria experiencia de compartir con uno de los grupos esenciales de la última década. María de los Ángeles Cerda Tags #Opeth Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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