Kuervos del Sur: Nuevo vuelo desde la raíz al cielo Una noche intensa y conmovedora en Club Chocolate Domingo, 20 de Julio de 2025 Sábado 19 de julio, 2025 Club Chocolate, Santiago Galería de imágenes AQUÍ Hay bandas que trascienden el sonido para convertirse en una expresión cultural. Kuervos del Sur es una de ellas. Con más de quince años de trayectoria, esta agrupación chilena ha sabido forjar una identidad propia, donde confluyen la energía del rock, la profundidad de las letras y la conexión espiritual con el territorio. A lo largo de su discografía —"Porvenir", "El vuelo del pillán", "Canto a lo brujo" y "De la luz"— han construido un puente sonoro que une lo ancestral con lo contemporáneo, rescatando ritmos del folklore latinoamericano y llevándolos a una nueva dimensión con distorsión, atmósferas y potencia escénica. En estos últimos años, su propuesta ha evolucionado sin perder esa esencia. Kuervos del Sur no es una banda que se quede cómoda en la fórmula: busca constantemente nuevas formas de expresión. En ese espíritu nace Nuevo Vuelo, su más reciente espectáculo, una experiencia inmersiva que marca un nuevo capítulo en su carrera. La cita fue el pasado sábado 19 de julio en Club Chocolate, y desde el anuncio ya se sentía que no sería un show cualquiera, todo apuntaba a algo grande, íntimo y transformador. Esa noche, Santiago vivía una de sus jornadas más frías del invierno, pero nada detuvo a la comunidad de fans que llenó el recinto de Bellavista con devoción y entusiasmo. Y es que hay algo casi ritual en los conciertos de Kuervos: más que ir a ver una banda, el público asiste a un espacio compartido de reflexión, catarsis y celebración. Desde que se apagan las luces hasta el último acorde, se respira una energía colectiva difícil de describir, pero muy fácil de sentir. El concepto de Nuevo Vuelo se tradujo en una puesta en escena cuidadísima, donde cada detalle importó. Las visuales fueron un punto altísimo, gracias al trabajo del realizador Martín Palma, colaborador habitual de la banda, que construyó un universo gráfico cargado de simbolismo y belleza, sincronizado con cada canción. A esto se sumó un trabajo de luces impresionante por parte de Willy Rojas, que aportó dinamismo, matices y una atmósfera emocional que elevó cada momento del show. Musicalmente, lo de esa noche fue redondo. La banda mostró oficio, conexión y emoción. La voz de Jaime Sepúlveda se mantuvo impecable de principio a fin: clara, potente y sentida, con esa intensidad que logra transmitir sin caer en la exageración. Pedro Durán en guitarras aportó textura y fuerza, Jorge Ortiz con charango, cuatro y vientos andinos le dio alma y raíz a cada tema, Gabriel Fierro en batería imprimió el pulso justo con ritmos folklóricos y rockeros, Diego Contreras sostuvo todo con un bajo preciso y melódico, y Nicolás Quintero completó el viaje con teclados envolventes que parecían abrir ventanas emocionales. El setlist fue una síntesis cuidadosa de su historia musical, con momentos que representaron cada uno de sus discos, incluyendo canciones como ‘Luminoso’, ‘Los Cometas’, ‘Ráfagas’ y ‘De la luz’, que generaron una respuesta inmediata del público, cantando a todo pulmón. También hubo espacio para homenajes, como la sentida versión de ‘Rayo Violeta’, en tributo a Violeta Parra, y momentos de introspección colectiva, como la trilogía de ‘El sueño de la machi’, ‘El brujo’ y ‘El bandido’, una poderosa secuencia que resignifica la sabiduría popular chilena en clave de rock ritual. La comunión con el público fue total. Cada canción era recibida como una vieja amiga, y en cada silencio se sentía el respeto y la emoción de quienes estaban ahí. Kuervos del Sur no solo interpretó sus temas: los vivió, los ofreció, los compartió. Hubo euforia, claro, pero también contemplación. Hubo gritos, pero también silencio sagrado. Todo en equilibrio, todo en función del mensaje. El cierre llegó con ‘El árbol del desierto’ y ‘Cenizas’, dos canciones cargadas de mística que dejaron al público flotando, como si la música no terminara, sino que simplemente se despidiera por un rato. Nuevo Vuelo es más que un espectáculo: es una declaración artística de madurez, una muestra de que Kuervos del Sur sigue creciendo, explorando, arriesgando. Es el reflejo de una banda que entiende su rol no solo como músicos, sino como portadores de un lenguaje identitario que dialoga con lo más profundo de lo chileno y lo latinoamericano. Como el cóndor que surca los cielos o el queltehue que defiende su nido, Kuervos del Sur vuela con fuerza, con propósito, y con el viento de su gente empujando desde abajo. Y todo indica que este vuelo recién comienza. Matias Arteaga S. Fotos: Hernán Urtubia Tags #Kuervos del Sur #Nuevo Vuelo Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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