Imagine Dragons: El rugido de una noche monumental Entre lágrimas, risas y canciones, sellando un nuevo vínculo con Chile Miércoles, 22 de Octubre de 2025 Martes 21 de octubre, 2025 Estadio Monumental, Santiago Galería de imágenes AQUÍ Hay bandas que, con solo un par de acordes, logran hacer temblar estadios. Y luego está Imagine Dragons, ese fenómeno que desde Las Vegas conquistó el mundo con su mezcla de pop, rock y épica moderna. Desde "Night Visions", su debut del 2012, el grupo liderado por Dan Reynolds no solo ha llenado charts y playlists, sino que ha construido un lenguaje emocional propio: uno donde la vulnerabilidad y la fuerza conviven en un mismo grito. Con discos como "Smoke + Mirrors", "Evolve", "Origins" y el más reciente, "Loom", la banda se ha consolidado como una de las propuestas más consistentes del pop-rock contemporáneo. Lo suyo es intensidad, luz y catarsis colectiva. Y en su regreso a Santiago, esa esencia volvió a encenderse frente a más de cincuenta mil personas. A las 21:10 en punto, el Estadio Monumental se apagó. Un rugido recorrió el aire y los primeros acordes de 'Fire in These Hills' marcaron el inicio de una noche destinada al desborde. Bajo el marco del Loom World Tour, los estadounidenses un espectáculo milimétricamente construido: pantallas gigantes con visuales envolventes, fuego, luces sincronizadas y un sonido nítido que se expandía sin saturar. 'Thunder', con un outro extendido, siguió como una descarga eléctrica colectiva, mientras 'Bones' reforzaba ese pulso de rock digital que los caracteriza. Apenas terminada, Reynolds soltó una de las frases más coreadas de la jornada: "¡Son el mejor país de Chile!", guiño local que provocó risas, ovaciones y un estallido de orgullo nacional. Con 'Take Me to the Beach', la energía se tornó lúdica: pelotas de playa gigantes comenzaron a rebotar entre el público mientras el guitarrista desplegaba un solo extendido que conectó a la perfección con el espíritu veraniego de la canción. Luego vino 'Shots' en su versión remix de Broiler, un momento que transformó el Monumental en una pista de baile masiva, antes de saltar a una interpretación impecable de 'Whatever It Takes', donde la banda demostró por qué su sonido en vivo es tan sólido como en estudio. En el escenario secundario, la intimidad se apoderó del ambiente. Reynolds y los suyos ofrecieron versiones acústicas de 'It’s Time' y 'I Bet My Life', intercaladas con presentaciones de los músicos y gestos de cercanía genuina. En esta parte, el público dejó los saltos para acompañar con palmas suaves y coros, generando una atmósfera cálida que contrastó con la magnitud del montaje principal. El interludio poético que precedió a 'Bad Liar' dio paso a uno de los momentos más emotivos del set, con Reynolds visiblemente conmovido. 'On Top of the World' devolvió el aire festivo y 'Wake Up' marcó un punto alto de energía antes de la siempre poderosa 'Radioactive', que se cerró con una batalla de tambores entre el vocalista y el baterista, haciendo vibrar hasta el último rincón del recinto. 'Demons', precedida por una introducción al piano, llegó con otro guiño al público: Reynolds volvió a repetir "¡Son el mejor país de Chile!", reafirmando el vínculo que ya se había transformado en complicidad pura. 'Natural' mantuvo el pulso encendido y 'Walking the Wire' se transformó en el momento más íntimo de la noche. Antes de interpretarla, el vocalista dedicó unas palabras a un amigo recientemente fallecido: habló de la vida, de la muerte y de la importancia de estar presentes en el ahora. La canción, entonces, adquirió una carga emocional distinta, como si cada verso sirviera de catarsis compartida. 'Sharks' devolvió el humor al escenario, con asistentes disfrazados de tiburones bailando entre el público y la banda riendo al compás. Luego, 'Enemy' marcó el regreso a la intensidad, con un despliegue visual de alto impacto que recordó por qué el grupo domina el arte del espectáculo. 'Eyes Closed' se transformó en una experiencia percusiva total: todos los músicos tomaron diferentes tambores, sumando capas rítmicas que se sentían tanto en el pecho como en los pies del público. 'Birds' bajó las revoluciones con un toque melódico y nostálgico, preparando el terreno para un cierre que quedará en la memoria de quienes llenaron el Monumental. 'Believer' puso el punto final con fuegos artificiales iluminando el cielo de Santiago y un escenario envuelto en fuego, luces y emoción pura. Reynolds agradeció una vez más el amor del público, prometiendo volver siempre que Chile los reciba con la misma pasión. Imagine Dragons no solo dio un concierto impecable. Lo suyo fue una experiencia emocional, una demostración de conexión humana en medio del ruido y la multitud. Entre fuego, risas, lágrimas y euforia, dejaron claro que el amor entre la banda y Chile es recíproco. Y mientras las últimas luces se apagaban, quedó resonando la frase que sintetiza todo lo vivido: "Son el mejor país de Chile". Matías Arteaga Fotos: Hernán Urtubia Tags #Imagine Dragons #Dan Reynolds Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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