Fauna Primavera 2025: Crudeza impertérrita de clásicos sensitivos Reporte de la primera jornada del festival. Auspiciado por Levi's. Sábado, 08 de Noviembre de 2025 Viernes 7 de noviembre de 2025 - Parque Ciudad Empresarial Galería de imágenes AQUÍ. Días convulsos, días confusos, días extraños dan inicio a una nueva edición de Fauna Primavera. Lo que parecía la antesala en El Parque de las Esculturas con Yo La Tengo, la banda estadounidense se presentó entre lluvias y parkas, atreviéndose a revelar más que un simple cambio de clima: un estado del ánimo colectivo. No obstante, el sol -fuerte, casi insolente- se impone como testigo de una jornada que respira reencuentro. En su brillo se funden dos tiempos, el presente que vibra con ‘Instant Holograms on Metal Film’ de Stereolab, y el pasado que regresa con Weezer. Entre himnos que marcaron una era y que hoy, bajo esta luz de primavera irregular, dialogan con nuevas generaciones que los descubren desde la nostalgia ajena. Fauna Primavera comienza así, entre claros y oscuros, como el reflejo de un tiempo incierto, donde la memoria y el deseo, el cansancio y la celebración, se mezclan en una misma melodía que aún busca su tono definitivo. Fother Muckers: Los Ases Falsos no eran la gran banda de rock Con precisión clínica, el kick off de esta nueva edición yace con clásicos; unos queridos (y odiados) de la casa: Fother Muckers. Casi como si se tratase de un diagnóstico detallado del panorama sociopolítico actual, “Ola de Terror” figura como el saludo general a quienes se agolpan en las gradas. “A la inseguridad es justo nombrarla. Santa patrona de la Humanidad”, erige en sus letras, casi como si un espejo de realidad de planteara entre nosotros. Estrategias sucias, vacuas y catalizadores de dolor. El tiempo arde en su propia llama, llevando los clásicos como brasas en la espalda, ‘Justo y Necesario’, ‘Aunque todo salió Mal’ y ‘Fuerza y Fortuna’, fueron los himnos que se enaltecen historias y se inmiscuyen en las gargantas que representan memorias para quienes en, época universitaria, disfrutaron con una cerveza compartida entre 4 con Briceño y compañía de fondo. Lo que comenzó como una sorpresa terminó convirtiéndose en un cierre dorado. “Hay algo en tu belleza, en esos modos que llevas, que nunca había visto”, lanza Cristóbal con un timbre agudo que vibra en las memorias de quienes alguna vez edificaron sus propias historias bajo esquemas juveniles. Con seguridad impoluta, por el costado derecho del escenario BCI, la dueña de himnos y relatos compartidos, toma el escenario como si fuera territorio propio sellando un final luminoso para el universo alternativo que, desde hace años, ha sido cuna e inspiración del indie nacional. El Mató a un Policía Motorizado: ¿Quién te va a cuidar? Coherentes a la performance que los llevó, desde “Dinastía Scorpio” (2013) a la gran pantalla como parte del soundtrack de “El Eternauta”, como eslabón basal de la cultura musical Argentina, El Mató vuelve a nuestro país, pero ya como parte de la ruta anual de los Platenses por el cono sur. Con ‘Magnetismo’ como punto de partida, la pregunta ya no es “¿quién te va a cuidar?”, sino qué fuerza invisible nos mantiene orbitando en torno a lo que amamos. Desde ese primer acorde, los trasandinos tienden un lazo eléctrico entre escenario y público, un hilo de atracción que no entiende de distancias ni de generaciones. Los cuerpos se reconocen, las voces se buscan, y en esa comunión late algo más profundo que la nostalgia, una pulsación compartida. Luego vendrán los destellos de “Súper Terror” (2023), el ímpetu luminoso de los nuevos temas. Y, como un regreso inevitable, los clásicos que despiertan memorias colectivas: ‘Ahora imagino cosas’, ‘El mundo extraño’, ‘El Tesoro’. Canciones que no solo cuentan historias de la banda, sino de quienes las corean su vida en acordes que se mezclan con reflexiones, caídas y amores que se niegan a concluir. Santi y los suyos dejan el terreno vibrando, con ese fervor futbolero que convierte cada coro en consigna y cada verso en pertenencia. Yo La Tengo: La introspección como arma más ruidosa Con el sol primaveral derramándose a pleno sobre el parque, llegó el turno de Yo La Tengo, ese trío de Jersey que, que con su habitual sobriedad, inauguró su presentación con la certera ‘Big Day Coming’. De ahí en más, lo que siguió fue un recorrido sonoro de equilibrio inusual, un setlist distinto al de otras fechas -como del día anterior en el Parque de Las Esculturas-, pero igual de intenso y absorbente, atravesado por la precisión inmaculada de ‘Sinatra Drive Breakdown’ y por esas favoritas del corazón que tocan fibras más hondas como ‘Stockholm Syndrome’ y la bella ‘Autumn Sweater’. Demostraron con creces su capacidad para entregar esas candencias indies multicolores, capaces de generar atmósfera, convocatoria y sentimiento a gran escala, incluso cuando el espectro instrumental se limitaba a bajo, guitarra, teclados y batería. La voz de Ira Kaplan se fundía con las notas largas de los teclados saturados, mientras James McNew jammeaba con naturalidad entre guitarras, bajo y teclados, dejando siempre la nota en alto. Asimismo, la voz de la baterista Georgia Hubley, que merece una mención aparte por la hermosa calidez de su voz, que sin duda unificó toda la puesta. La sección rítmica, hipnótica y pareja, funcionó como un manto sónico sobre el que el grupo arrojó su exploración más libre, tan atmosférica como ruidosa. El cierre, con ‘Nuclear War’, fue una apoteosis de noise, una liberación sónica para las mentes dementes que observaban desde el mar de cabezas con jockeys y gorros de pescador, entregadas al poder del fuzz en un show que volvió a recordarnos cómo la transgresión del ruido se puede convertir en el lenguaje más honesto y amoroso que la música puede articular. Mogwai: Distorsión, gratitud y nostalgia Aveces el tiempo toma formas tan subjetivas como complejas. La medición como ancla, el tiempo como matemáticas, y la física como eclosión. Mogwai vuelve al cono sur, recibidos en su misma clave: como clásicos y queridos de la casa, porque siete años no pasaron en vano. la vida cambia, ya no somos los mismos. Con la bandera del Estado Legítimo de Palestina ondeando sobre la amplificación -esa arquitectura sonora que Mogwai ha construido con paciencia y convicción-, Stuart Braithwaite y los suyos abrazan el escenario como mejor saben hacerlo, con la elegancia impertérrita de quienes conmueven sin aspavientos, desde la modestia y la distorsión. ‘Gods Get You Back’ inaugura la presentación como un manifiesto en sí mismo. Suena casi como una declaración de principios. La idea de un dios no como consuelo, sino como imposición; no como fe, sino como advertencia. En esa tensión entre redención y rebeldía, Mogwai encuentra su verdad, la de un sonido que no explica, pero que ilumina. Luego, ‘Hunted by a Freak’, ‘Mogwai Fear Satan’ y ‘Ritchie Sacramento’ despliegan el imaginario más profundo de la banda. Entre sombras y luces del Levi’s Stage, el público cierra los ojos y se entrega, como si cada acorde condensara una historia íntima. Las guitarras no solo suenan, sino que respiran, se expanden, ocupan el espacio interior de cada quien que escucha. El cierre llega con ‘Fanzine Made of Flesh’, ‘We’re No Here’ y ‘Lion Rumpus’, un tridente que no busca clausurar, sino elevar. No hay promesas ni efusividad, solo la certeza de un regreso que reafirma su lugar. Mogwai no decepciona: se asienta. Y en su pulso final, comandado por Barry Burns, se revela una lección política y emocional a la vez: que el posicionamiento también puede ser silencio, y que la resistencia puede habitar en la sutileza de un sonido que lo dice todo sin pronunciar palabra. James: amor y paz; y todo lo demás El verdadero colectivo que es James -nada menos que diez músicos sobre el escenario- llegó al escenario BCI a eso de las 19:30, trayendo a Tim Booth y los suyos con la misión no menor de desatar toda su buena vibra sobre la masa que se agolpaba a las faldas del cerro. La comunión, no obstante, se gestó incluso antes de que sonara la primera nota, pues aparecieron vestidos de blanco prístino, al más puro estilo boho-yogui -una filosofía atribuida cien por ciento a la espiritualidad de Booth-, salvo el baterista David Baynton-Power, que lucía una polera de la selección chilena, un gesto que despertó de una la simpatía inmediata en el fandom local. Una vez arriba, inauguraron su repertorio con ‘Five-O’, desplegando una compenetración mística con su música; se les veía dinámicos, disfrutando y pasándolo genuinamente bien. Esa buena onda que a pocas bandas se les ve hoy en día, y que por lo mismo, es siempre bello de ver sobre un escenario. Aunque ya se sabía que esta presentación sería más acotada por tratarse de un festival y con algunos hits ausentes -‘Getting Away With It’, ‘Say Something’-, James se las arregló para construir un set de altísima factura, apoyado en cortes recientes de “Yummy” (2024) como ‘Way Over Your Head’ y ‘Shadow of a Giant’, que sonaron con una fidelidad discográfica impecable, subrayando la prístina cualidad vocal de su frontman. De todas formas, la banda compensó perfecto con una versión de ‘Sometimes’, teniendo de fondo visuales de truenos, y otras sacadas de ese mismo corte fundacional, como ‘Out to Get You’. Asimismo, los himnos que antecedieron a esta era, ‘Come Home’ y ‘Sit Down’, fueron más luz y un verdadero abrazo al alma del público, comenzando así a dibujar un show marcado por la nostalgia y, sobre todo, por la cercanía, pero esa cercanía donde uno de los tantos highlights fue cuando en ‘Beautiful Beaches’, el cantante se acercó para enarbolar versos desde la valla de seguridad, paseándose entre el público hasta terminar lanzándose sin más. Luego cerraron con la más clásica, ‘Laid’, que dejó esa estela de voces corales flotando en el aire mucho después de que la banda se fuera, coronando así, lo que dudas, fue una de las mejores presentaciones de la jornada, y claro, con la pregunta inevitable de: ¿para cuándo el sideshow? Stereolab: Utopías sonoras Después de atravesar tragedias personales -la partida de Mary Hansen, miembro fundadora, y la separación creativa entre Tim Gane y Lætitia Sadier-, muchos pensaron que Stereolab no volvería a reunirse jamás. Sin embargo, el tiempo, con su misteriosa capacidad de recomponer lo roto, trajo un nuevo comienzo; una gira de reunión en 2019 y varias reediciones de su discografía encendieron nuevamente la chispa. Siendo los primeros confirmados para esta edición de Fauna Primavera, la espera valió cada segundo transcurrido desde aquella última visita, hace ya veinticinco años. Con Sadier y Gane al mando, la banda franco-británica desplegó un set inmersivo, sensitivo y profundamente envolvente. Un recorrido donde la precisión técnica se funde con la calidez humana, y donde cada textura sonora recuerda que hay vida después de la muerte, resistencia tras el silencio, legado en cada acorde repetido. Entre nuevos pasajes como ‘Instant Holograms on Metal Film’ (2025) y los clásicos que marcaron generaciones -’The Flower Called Nowhere’, ‘Miss Modular’, ‘Brakhage’-, Stereolab volvió a demostrar que su música sigue habitando un tiempo propio: ese lugar suspendido entre la ciencia y el ensueño, entre la protesta y la contemplación. En el eco final, lo que queda no es solo el retorno, sino la persistencia de una idea, una en que la modernidad también puede tener alma, y que hay belleza en resistir, aunque sea desde el ritmo constante de una repetición infinita. Weezer: la súper revancha del disco azul A las 22:00 en punto, y a casa llena, Weezer salió al escenario BCI para clausurar la jornada inaugural del Fauna Primavera 2025, en el marco de su gira Voyage to The Blue Planet Tour y los treinta años de su homónimo debut. Para cualquiera que haya crecido con Weezer en su adolescencia, volver a verlos despierta inevitablemente ese gustito familiar de querer regresar siempre a ese lugar donde todo empezó, a ese lugar que se activa en la memoria cada vez que suenan en la radio o aparecen en aleatorio. Más aún si se considera que habían pasado seis años desde su primera y única visita al país, un recuerdo que dejaba pendiente cierta revancha tanto para los que estuvieron allí -y aún lamentaban las fallas de sonido- como para quienes esta vez los veían por fin en vivo. Para buena noticia de todos, el cuarteto regresó y sonó con una potencia inédita, consolidando una presentación que convocó a ese otro espectro del rock, el de los oídos sensibles y las mentes que alguna vez se sintieron fuera de lugar, pero encontraron su reflejo en la melodía geek. La formación tuvo a Rivers Cuomo al frente, secundado por Brian Bell en la guitarra y Scott Shriner en el bajo, pero la alineación se completó con una sorpresa de lujo: el legendario Josh Freese -de Nine Inch Nails, Foo Fighters, Devo- en la batería, aportando una contundencia atronadora. El veterano Patrick Wilson, por su parte, se sumó al front con la guitarra acústica, sellando así un ensamble histórico y magistral. El primer tema en sonar fue ‘My Name Is Jonas’, el cual armó el habitual mosh e hizo que el parque se viniera abajo en gritos, aún más por el “¡Santiago!” y “¡Chile!” de saludo de Rivers Cuomo. El primer bloque del show se guió casi en la totalidad por el “Blue Album”, con canciones como ‘No one else’, ‘Surf wax America’ -otro mosh-, y el punto alto con ‘Undone - The Sweater Song’, soltando ese hermoso estribillo que se transformó en un verdadero cántico barra brava, un rugido que superó incluso al del conjunto, como también nos dio regalos como el lado B, ‘Sunshine', ‘Devotion’, un track que llevaban doce años sin tocar, y clásicas de todos los tiempos como ‘Island in the Sun’ y el baile y pantalla grabando consigo que traía tal himno. Antes de sacar la armónica, Cuomo la introdujo en español, ‘In the Garage’, ese hit que no solo representa una pieza fundamental en la biografía musical de masas, sino que fue ese clásico formativo para el cantautor que hace alusión no solo a los cómics, sino también a los emblemáticos como Kiss, y a su guitarrista que hace poco nos dejó, Ace Frehley, al cual él mismo ha señalado como una inspiración. Entonces, por la misma vertiente rockera clásica, es que también tuvimos un inesperado cover de ‘Enter Sandman’ de Metallica, colocado perfecto para un poco de remezón luego de tanta bella melodía minimal. Tras la magnánima sorpresa, el catálogo siguió con un segmento de temas como ‘Pink Triangle’ y ‘Beverly Hills’ y‘I Just Threw Out the Love of My Dreams’, esto como ruta ya trazada hacia un cierre de oro que caracteriza este tour, puesto que la bomba de hits alcanza su peak con ‘Say It Ain't So’, tema que dio espacio para el coro retumbante del coro que venía muy a juego con el potente bajo de Shriner, el que contaba con la amplificación de un par de decibeles más alto en comparación a las otras tres cuerdas, resonando así no solo en la performance, sino que como un reflejo de la memoria colectiva, razón por la que ‘El Scorcho’ y -la conclusiva- ‘Buddy Holly’ dejaron la vara alta con ese final emotivo y contundente para una jornada que mezcló novedad, regresos renovados y una edición de Fauna que dará que hablar durante mucho tiempo. Karin Ramírez Bárbara Henríquez Fotos: Hernán Urtubia Tags #Fauna Primavera #2025 #Fother Muckers #Yo La Tengo #Mogwai #Weezer #Stereolab #El Mató a un Policía Motorizado #James Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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