Pet Shop Boys: ¿Qué Hicimos Para Merecer Esto? Un mundo de música y recuerdos en Movistar Arena Sábado, 28 de Febrero de 2026 Viernes 27 de febrero, 2026 Movistar Arena, Santiago Galería de imágenes AQUÍ Usualmente, la pregunta retórica “¿Qué hice para merecer esto?” es un lamento, como en la misma canción de Pet Shop Boys, ‘What Have I Done to Deserve This?’, pero también podríamos darle la vuelta para expresar sorpresa ante un hecho extraordinario, un golpe de suerte. Y es que lo vivido en la última semana de febrero de 2026 con Neil Tennant y Chris Lowe se siente justo como un abrazo de la fortuna. Su actuación en el Festival de Viña, el paseo por el parque Yerba Loca de Santiago, la visita al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, más la confirmación de un tercer concierto íntimo en el Teatro Caupolicán han logrado que la banda esté más presente que nunca en el ambiente, no solo viéndolos gozar nuestro país, sino que también con varios análisis a su trayectoria en distintos medios. Es un contexto que solo hace crecer la expectativa por su octava actuación en suelo nacional y tercera en el Movistar Arena, recinto que se ha convertido en su casa. De hecho, esta es la segunda vez que Tennant y Lowe llegan con la gira “Dreamworld: The Greatest Hits Live Tour” a Santiago, prometiendo convertir al coloso de Parque O’Higgins en una gigantesca Blondie. La partida estuvo a cargo de chicarica, dueños de un pop electrónico a tono con la atmósfera propuesta por el acto principal, al menos en su faceta actual. Flanqueada por Martín Pérez-Roa y Felipe Zenteno, Lorena Pulgar nos sumergió en su voz etérea, que resbalaba entre las bases sintetizadas y el pulso atrevido de ritmos pegadizos, una invitación a mover el cuerpo con sutileza en ‘Odisea’, ‘Visita guiada’, ‘Cara’ y ‘Que no se acabe’, con el foco siempre puesto en su más reciente “Invierno en la Playa” (2025). Bajo el escenario, el público escuchó respetuosamente la minimalista actuación de los locales, acompañados solo por las pantallas laterales con imágenes abstractas al ritmo de ‘Antes del Día’ y ‘Parara’. Tras un set conciso, Chicarica defendió con sólidos argumentos su recorrido en el indie y la electrónica, aire fresco desde nuestra escena que siempre tiene mucho que decir. Pasadas las 21:00, el Movistar Arena se transformó en “Dreamworld”. La pantalla mesh de seis metros partió con los colores azul y amarillo, aludiendo a la bandera de Ucrania, luego, se oscureció y pasó a mostrar franjas blancas en un fondo negro, lo que sentó las bases para el arribo de Neil Tennant y Chris Lowe. Iluminados por sus vistosos faroles, arrancaron con ‘Suburbia’ y generaron una previsible erupción de júbilo en el público, a pesar de que el volumen se demoró un poco en encontrar su camino. Desde la cancha, Neil Tennant cantaba estático a la izquierda y Chris Lowe manejaba los teclados y sintetizadores con mecánica concentración a la derecha, ambos portando sus máscaras de diapasón, como bien apuntó el medio La Tercera en una de sus notas. ‘Can You Forgive Her?’ siguió la misma lógica visual, hasta que Neil se desprendió de la careta y quedó a cara descubierta para recibir la ovación del público en ‘Opportunities (Let's Make Lots of Money)’, que respondió amorosamente al llamado de “¡Santiago!” ofrecido por el vocalista. “Hoy los llevaremos a “Dreamworld”, nuestro mundo, un mundo de música y recuerdos”, anunció Tennant antes de lanzarse con ‘Where the Streets Have No Name’, cover de U2 en clave bailable que intercambia los delays de la guitarra de The Edge por las secuencias tenues de las teclas de Lowe. Conocida es su incorporación de ‘I Can't Take My Eyes Off You’, grabada por Frankie Valli, pero compuesta por Bob Crewe y Bob Gaudio, tonada que se fusiona de manera exquisita en una receta que solo los verdaderos cultores del pop saben manejar. El contraste que se vio en ‘Rent’, con el dúo actual en el escenario y sus versiones más jóvenes en la pantalla fue maravilloso, quizá un detalle sutil, pero que no pasa desapercibido cuando queremos apreciar ese puente imaginario entre el 2026 y 1987, casi cuatro décadas de puro legado. ‘I Don't Know What You Want but I Can't Give It’ fue la primera muestra del poderío vocal de Clare Uchima, que desde los teclados se encargaba de agregar texturas en los lugares correctos, solo un anticipo del soporte fundamental que proporciona al entramado sónico del dúo. A sus espaldas, las figuras animadas caminando de pantalla a pantalla anunciaron la pegada con ‘So Hard’, sección que se sintió como una sola gran canción y que mantuvo la dinámica del show bien arriba. Con los faroles retirados del escenario, la pantalla mesh se transformó en un telón que abrió paso al percusionista Bubba McCarthy, al multiinstrumentista Simon Tellier y a la mencionada Clare Uchima, todos comandados por Chris Lowe en el medio y Neil Tennant oficiando de maestro de ceremonias en “Left to My Own Devices’, con cambio de vestuario incluido. La vista panorámica nos mostró al quinteto funcionando como una fábrica de hits imparable, que también podía ser muy orgánica. Es que en el Synth pop, el perfil estético es clave. Algunos ponen sus fichas en el formato banda, como OMD, otros usan la fórmula Kraftwerk: sintetizadores + espectáculo visual inmersivo. Podríamos decir que Pet Shop Boys combina ambas fórmulas en esta segunda parte del evento, con los ritmos latinos de ‘Single-Bilingual’ y ‘Se a vida é (That's the Way Life Is)’ robándose la película. Aquí fluyen los colores, la alegría y la celebración. ¿Dejamos descansar a las máquinas o las máquinas se arroparon con nuestro calor latino? Con las percusiones aún al máximo desde lo sonoro, las gráficas de ‘Domino Dancing’ seguían ofreciendo un espectáculo soberbio desde lo visual, respaldado por las voces de un Movistar Arena enfervorizado que se entregó al máximo en cada palabra, formando un triángulo entre la tecnología, la banda y el público que terminó por coronarse con la sutileza de ‘Dancing Star’. El sacudón vino con ‘New York City Boy’, su hito de principio de los 2000 con el que renacieron ante una nueva generación hechizada por esa electrónica frenética y grandilocuente, tal como la Gran Manzana. El juego entre los funko pop de la pantalla en la canción ‘The Pop Kids’ es muy acertado, un relato de nostalgia, de añoranza por tiempos que se fueron, pero, al mismo tiempo, una oportunidad para mirar el camino trazado. Las revoluciones bajan en ‘A New Bohemia’, balada preciosa de su última placa “Nonetheless” (2024) iluminada por los celulares del público, momento íntimo para apreciar la voz de Neil en todo su esplendor, cuerdas vocales que no solo sostienen sus clásicos, como las siguientes ‘Jealousy’ y ‘Love Comes Quickly’, sino que prueban su vigencia a punta de emoción y calidez. Lowe es lo contrario. Al micrófono de ‘Paninaro’, luce robótico, frío e incólume, lanzando conceptos como “religión”, “muerte” o “injusticia” uno tras otro, es la antítesis de ‘You Were Always on My Mind’, inmortalizada por Elvis Presley. Acá el público se desató, fue uno de los instantes más ricos del show, la conexión máxima entre banda y audiencia, de esas que hacen mover las palmas, el cuerpo y la memoria. Quizá está de más escribirlo, pero ganarle al Rey no es fácil, y Pet Shop Boys logra con creces, pura identidad. El presente de ‘Dreamland’, otra medalla para Clare Uchima, construyó otro enlace con el pasado al unirse con ‘Heart’, clásico que sonó fuerte y se revitalizó con una propuesta visual retrofuturista y geométrica que te llena de estímulos. Uchima tomó el lugar de Dusty Springfield en ‘What Have I Done to Deserve This?’, que lució espectacular con los faroles de vuelta en la tarima y un juego de pregunta y respuesta entre Clare y Neil, como si estuvieran en la calle. Tuvo la teatralidad necesaria para elevar ese hit a la estratosfera, regalando otra postal memorable a un recital que da para llenar un álbum completo. Combinada con ‘Vocal’, el cover de Sterling Void, ‘It's Alright’, cuya letra encarna el concepto general de Dreamworld, es decir, la música como protagonista, volvió a levantar el espectáculo, mientras las palmas de algunos se mezclaban con los brazos en el aire de otros, un grupo humano unido en una fiesta brillante que tuvo su clímax en ‘It’s A Sin’, con el escenario en colores negro, blanco y, en especial, rojo. La culpa, la rabia, la desorientación y el pecado son la pulpa de esta obra cumbre del synth pop, un drama profundo que encuentra su vía de escape en la pista de baile y cobra vida para grabarse a fuego en cada uno de los que vibran con tamaña catedral musical. Las percusiones y los sintetizadores anunciaron ‘West End Girls’ y, como todo buen espectáculo que se precie de tal, hay una vuelta al origen del show, con Lowe y Tennant solos en la parte central y las sombras de McCarthy, Tellier y Uchima tras la pantalla mesh. Lowe, con chaqueta de cuero y su gorro de “Boy”, y Tennant, de traje, como guiño al video, nos convirtieron en un engranaje más de esta maquinaria de sintetizadores bajo los focos, tal y como empezamos. Es una narrativa deslumbrante, un cierre de círculo perfecto con ‘Being Boring’ alumbrando el camino de regreso de este viaje por Dreamworld, con la perfecta sincronía entre la voz tenue de Tennant y los parajes ensoñadores de Lowe, cada uno en su lado de la pantalla, hasta que la banda completa se une para recibir los vítores de una fanaticada en llamas hasta el último segundo del concierto. Volviendo a nuestra pregunta planteada al principio, la respuesta es que hicimos muchas cosas buenas para merecer lo que vivimos junto al dúo en esta pasada. Sin lugar a duda, su visita en 2026 va a quedar registrada como la consagración de un lazo que no solo se traduce en escuchas de plataformas digitales, sino que se materializa en un amor correspondido hacia un catálogo inmortal que nunca nos ha abandonado. Como se recordaba en ciertos análisis, si bien hubo una época en que el synth pop pudo haber sido opacado por la fuerza de las guitarras 90teras, lo cierto es que el tiempo le ha dado su lugar a cada corriente, es más, incluso conviven tanto en la memoria de quienes vivieron la época como en los que nunca han aceptado el separatismo de las etiquetas. Los sintetizadores de Lowe y Tennant han permeado desde el “Corazones” (1990) de Los Prisioneros hasta las luminosas composiciones de Chicarica, pasando por varias generaciones de músicos nacionales que han ocupado las mismas herramientas para forjar sus propias obras, desde La Ley hasta Javiera Mena. Así es como esta pareja británica ha transitado con nosotros por décadas, circulando en vinilos, casetes, CD, ondas de radio y parlantes de fiestas que llevan a los mayores a recordar sus mejores épocas y a los más jóvenes a deleitarse con la destreza de una de las puntas de lanza del synth pop 80tero. Con un Movistar alucinado por el despliegue técnico y musical de la banda, avanzamos hacia la salida con otra pregunta en la cabeza que compartimos con Tennant en ‘What Have I Done to Deserve This?’: “¿Cómo vamos a superarlo?” Nos merecemos lo bueno que vivimos junto a Pet Shop Boys, nos merecemos cada ápice de este mundo soñado en el que la elegancia convive con la modernidad y la leyenda. No maravillarse ante eso sería un pecado. Pablo Cerda Fotos: Vicente Chacón Tags #Pet Shop Boys #Neil Tennant #chicarica Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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