The Chameleons: Una señal de los tiempos Mensaje, urgencia y energía en Espacio Epicentro Domingo, 17 de Mayo de 2026 Sábado 16 de mayo, 2026 Epicentro, Santiago En su libro "Gótico: Una historia", el ex miembro de The Cure Lol Tolhurst plantea que el post punk y el gótico reflotan en la cultura popular cuando el contexto social se pone difícil. Citando a la doctora en artes góticas Tracey Fahey, Tolhurst escribe que el gótico nunca existe en un vacío y que "históricamente, sus formulaciones y reformulaciones están asociadas a crisis y épocas de incertidumbre". Por lo mismo, tiene mucho sentido que estemos en un revival del post punk y el gótico en pleno siglo XXI. Tolhurst propone a Cold Cave, Black Marble y Molchat Doma como nombres que continúan la senda del estilo en el tumulto geopolítico actual, una realidad incluso peor que la amenaza nuclear durante el período en el que militaba en The Cure. ¿Una señal de los tiempos? Sin duda. Aunque el post punk y el gótico son géneros abordados en la literatura musical, siempre hay bandas que pasan bajo el radar. The Chameleons puede ser una de ellas, pero no es extraño que los melómanos actuales vuelvan a rescatar joyas como "Script of the Bridge" (1983), "What Does Anything Mean? Basically" (1985) y "Strange Times" (1986), y caigan rendidos ante sus encantos gracias a la recomendación de algún ídolo. El sonido y las letras inteligentes de su primer período siguen vigentes, pero no se quedan allí. Liderados por los originales Mark "Vox" Burgess y Reg Smithies, la banda se reformó y editó "Arctic Moon" (2025), un excelente regreso que no habla de nostalgia, sino de persistencia y carácter. Secundados por el también guitarrista Stephen Rice, el tecladista Danny Ashbury y el baterista Todd Demma, esta encarnación de The Chameleons llegó a Santiago para cumplir el sueño de arqueólogos musicales de varias generaciones con una buena dosis de actualidad. Sin ir más lejos, el citado "Arctic Moon" (2025) fue uno de los ejes de la noche. De sus 7 canciones, aparecieron 5: 'Where Are You?', 'Lady Strange', 'David Bowie Takes My Hand', con Mark en la guitarra de 12 cuerdas sorteando algunos problemas al principio, 'Saviours Are a Dangerous Thing', con una puteada a Donald Trump, la Casa Blanca y Estados Unidos como introducción, y 'Feels Like the End of the World', esta última con esa brillante y contingente línea que Burgess declama con maestría: "All of us can read the signs of the sky and the earth. How is it that we can't read the signs of the times?" (Todos podemos leer las señales del cielo y de la tierra. ¿Cómo no vamos a ser capaces de leer las señales de los tiempos?). Pasando por alto su discografía en los 2000, el resto del show giró siempre en torno a su obra ochentera, desde las prendidas 'The Fan and the Bellows' e 'In Shreds' en los albores del set y del encore respectivamente hasta las más complejas como 'Paradiso', con ese tono que roza el neo-progresivo, 'Swamp Thing', con una versión atrapante, y 'Soul in Isolation', con referencias a 'The End' de The Doors, retocando la letra con "All our leaders are insane" en vez de "All the children are insane", 'Eleonor Rigby' de The Beatles en el medio y 'There Is a Light That Never Goes Out' de The Smiths al final. Si bien es fácil obnubilarse por la electricidad del ambiente cuando se invocan los dos primeros álbumes, como veremos más adelante en el review, son estos últimos 3 cortes del maravilloso "Strange Times" (1986) los que dotan al recital de un sustento emocional que vale su peso en oro. Sí, hubo mucho espacio para cantar, bailar y saltar, pero la contemplación en este tramo también fue parte importante del paraje. Por su parte, 'Perfume Garden', dedicada a la memoria de John Peel, y 'Looking Inwardly' dieron el espacio merecido al sophomore "What Does Anything Mean? Basically" (1985). ¡Y vaya que fueron bien recibidas! Las murallas de Epicentro vibraron con cada acorde, se apreciaba una pasión desbordada en el respetable que se tradujo en un acompañamiento permanente de cada cristalina línea de guitarra y de cada palabra de un Burgess también muy entregado. El bajista y vocalista lo ha dicho en repetidas oportunidades: este fue el disco que lo hizo encontrar su voz, y eso también se extrapola al resto de la banda, con una búsqueda sonora que sofisticó su propuesta al nivel de ser un punto de referencia para ramas futuras como el shoegaze y el dream pop. Más de cuatro décadas después, Burgess y Smithies logran llevar esa elegancia al directo con una candidez envidiable. Sus canciones siguen sonando frescas, gracias también a la labor de Rice, Ashbury y Demma, a quienes no se les pasa por la cabeza replicar el trabajo de estudio al pie de la letra. Ellos están aquí para que los clásicos cobren una nueva vida. Como era de esperarse, el debut "Script of the Bridge" (1983) se llevó toda la gloria. No solo tuvo las respuestas más acaloradas de los oyentes ante los gélidos acordes de 'A Person Isn't Safe Anywhere These Days' o 'Less Than Human', sino que se anotó 8 apariciones, dando cuenta de la importancia de este seminal registro. Al grito de "¡Nuestra música es medicina!" llegó 'Pleasure and Pain', y la pista de baile se prendió al máximo, con el público siguiendo el teclado de Ashbury con la voz y la agitación de los cuerpos otorgando la mejor de las postales. Más o menos al medio del espectáculo apareció la inmortal 'Up the Down Escalator', otro de los momentos destacados que será difícil erradicar de la memoria. Bastó con escuchar el rasgueo con delay y la frase "I'm gazing at faces staring blankly at me, I suppose it's just a sign of the times" (Estoy contemplando los rostros que me miran fijamente sin expresión, supongo que es solo un símbolo de los tiempos) para desatar una tormenta perfecta. El coro heroico y el riff principal fueron devorados por la efervescencia de la gente. Un panorama parecido se vivió en el bis con 'Monkeyland' y 'Second Skin', una pegada ganadora que aseguró un pasaje de antología llegando al final de la velada, en especial cuando Burgess le pasó el bajo a Ashbury y se dedicó en exclusiva a ser el maestro de ceremonias. Lo mejor para el final, esa fue la consigna con la que las guitarras de Stephen Rice y Reg Smithies atacaron con fiereza en 'Don’t Fall'. Si bien la energía se mantuvo alta durante todo el concierto, esta última no dejó títere con cabeza. El quinteto lucía implacable y se desplegaba en todo el escenario, con Demma aporreando la batería con furia, el dúo Rice-Smithies jugando a sus anchas con sus guitarras, Ashbury sólido en el bajo y Burgess deshaciéndose del pedestal del micrófono para cantar directo en la cara de las primeras filas e incorporando 'Rebel Rebel' de David Bowie en el jam del final. Cierre apoteósico para un show apoteósico. Si bien The Chameleons no alcanzó las cotas de popularidad de otros compañeros de generación como Echo & The Bunnymen, The Smiths o The Cure, es una agrupación tremendamente influyente. A los que escribimos sobre música nos encanta colocar el cartel de "la banda favorita de tu banda favorita" y acá el cliché encaja como un guante. Oasis, The Flaming Lips y, por supuesto, Interpol, han acusado recibo de estas melodías que mezclan dulzura y oscuridad a partes iguales, y de esas líricas punzantes que parecen haber sido el secreto mejor guardado del post punk y el gótico inglés durante tanto tiempo. "No importa cuán difícil se pongan las cosas, no se rindan", fue uno de los muchos mensajes de un Burgess que es un verdadero hijo de su época. La llama del punk sigue ardiendo en su pecho, por lo que amplifica su mensaje contra los males del mundo ante el micrófono, y se nota que tiene harto que decir frente a una audiencia que mezcla a sus coterráneos con un segmento bastante joven que sigue con atención las vertientes del gótico y el post punk en estos días. Retomando las palabras del mismo Lol Tolhurst en su citada obra literaria: "El gótico está en todas partes, es un fenómeno global con adeptos en cada oscuro rincón del planeta y parece que tiene cuerda para rato". A juzgar por este debut cargado de mensaje, urgencia y energía en Espacio Epicentro, The Chameleons UK es un símbolo de sus tiempos en todo su esplendor, es música que atraviesa la catástrofe para conectarnos con nosotros mismos y con otros cuando intentamos hacerle frente a épocas de incertidumbre, como si intentáramos subir por una escalera mecánica que nos quiere obligar a descender. Pablo Cerda S. Tags #The Chameleons #The Chameleons UK #Mark Burgess #Reg Smithies Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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