Al Di Meola: El Guitarquitecto El virtuosismo convivió con la intimidad Martes, 15 de Septiembre de 2026 Lunes 14 de septiembre - Teatro Nescafé de las Artes Galería de fotos, aquí. Luego de varias décadas recorriendo los principales escenarios del mundo y de haber construido una de las trayectorias más reconocibles de la guitarra contemporánea, Al Di Meola regresó a Santiago para ofrecer un concierto íntimo, exigente y profundamente conectado con su historia musical: desde sus años junto a Return to Forever y su célebre trío con John McLaughlin y Paco de Lucía, hasta sus aproximaciones al flamenco, la música mediterránea, el tango y las composiciones de The Beatles. Para esta ocasión, optó por un formato reducido, pero capaz de generar una sonoridad amplia y llena de matices: un power trío que completaban los músicos españoles Isaac Romagosa en guitarras y Sergio Martínez en batería y percusiones, fueron suficientes para construir un entramado sonoro que, por momentos, parecía mucho más grande que el escenario que los contenía. La jornada comenzó con 'Misterio', que permitió apreciar desde los primeros minutos una de las características fundamentales de su lenguaje: una extraordinaria precisión técnica puesta al servicio de composiciones de gran complejidad, pero que nunca pierden su sentido melódico. Con los ojos cerrados y una concentración casi absoluta, el guitarrista parecía entrar en un estado de comunión con el instrumento, mientras sus compañeros agregaban capas rítmicas a la estructura. Le siguió 'Azzura', en la que apareció con claridad aquella mezcla de flamenco, jazz y sonoridades mediterráneas que ha acompañado buena parte de su trayectoria y que, en esta ocasión, cobró especial fuerza gracias al trabajo de Martínez. 'Fandango' continuó profundizando en esa relación con la música española, con Romagosa estableciendo un diálogo preciso con el protagonista. Más que un acompañante, se convirtió en un interlocutor permanente, respondiendo a las frases de Di Meola y contribuyendo a transformar las composiciones en algo vivo y cambiante. Di Meola toca una guitarra clásica de cuerdas de nailon, combinando una púa plana con la técnica de punteo con los dedos. Un pequeño sacrilegio frente a las convenciones de la guitarra clásica, pero que, en sus manos, adquiere todo el sentido. El resultado es un sonido brillante y preciso, capaz de pasar de la complejidad al lirismo sin perder nunca su identidad. A esto se sumó la riqueza de la batería y la percusión, que por momentos hicieron que el trío sonara como una banda mucho más numerosa. En la pantalla del teatro se proyectaron imágenes de distintos momentos de la vida del músico, aportando una dimensión visual al concierto. Durante sus reinterpretaciones de The Beatles, por ejemplo, 'Because' e 'In My Life' estuvieron acompañadas por imágenes de John Lennon. 'Because' siguió una línea de guitarras a dos voces, cercana al jazz más clásico, mientras que 'In My Life' fue llevada hacia un terreno más contemplativo, con la tabla aportando una dimensión oriental que dialogaba sorprendentemente bien con la guitarra de Di Meola. Después llegó 'Ava's Dance in the Moonlight', incluida en el álbum "Twentyfour" y dedicada a su hija Ava. Las imágenes proyectadas mostraban a la joven practicando ballet, generando una escena de enorme intimidad. Por algunos minutos, el ex niño prodigio desapareció detrás del padre, y quizás ahí estuvo uno de los momentos más hermosos del concierto. El recorrido continuó con 'That Way Before', 'Café 1930' y 'Vizzini'. En la primera parte de 'Café 1930', composición de Astor Piazzolla, la guitarra asumió un papel casi narrativo, explorando las pausas, los cambios de intensidad y aquella melancolía tan característica del compositor argentino. La sección prosiguió con 'Eden' y 'Turquoise', esta última una de las composiciones más complejas de la presentación. Aquí volvió a aparecer el Di Meola más vertiginoso. Sin embargo, esa velocidad no funciona como una simple demostración de talento. Las notas rápidas se convierten en textura, en ritmo, incluso en una forma de percusión. Di Meola parece utilizar la guitarra como si fuera un instrumento capaz de ocupar todos los espacios. Incluso la extensión de algunas canciones durante varios minutos parecía responder más a una necesidad comunicativa que a una simple exhibición de virtuosismo. 'Double Concerto', nuevamente inspirado en Piazzolla, permitió apreciar el trabajo colectivo del trío. Martínez tuvo una participación especialmente destacada, utilizando distintas superficies y recursos percusivos para sostener las complejas estructuras de Di Meola, mientras Romagosa incorporaba colores que ampliaban todavía más el espectro sonoro. A estas alturas, el público parecía reservar los aplausos para el término de cada interpretación, absorbido por un dinamismo instrumental que resultaba casi adictivo y que invitaba, sobre todo, a la contemplación. En todo caso, Di Meola rompió con la solemnidad habitual del Nescafé al invitar a la gente de las primeras filas a acercarse un poco más. Luego de 'Infinite Desire', el concierto volvió a sorprender con 'The Sound of Silence', clásico de Simon & Garfunkel. La interpretación se alejó de cualquier intento de reproducir la versión conocida y encontró en la guitarra un espacio para la introspección. Di Meola redujo la velocidad, dejó respirar las frases y permitió que la melodía hablara por sí sola. Cerrar con 'Mediterranean Sundance' era, de alguna manera, inevitable. La pieza pertenece a esa memoria compartida con Paco de Lucía y John McLaughlin, pero también a una etapa fundamental de la historia de la guitarra contemporánea. Décadas después de aquella grabación que convirtió al trío en una referencia mundial, la composición conserva intacta su capacidad de generar tensión, diálogo y sorpresa. El público respondió con entusiasmo, acompañando los últimos minutos de pie y dejando que sus celulares registraran una parte de aquella celebración. Di Meola, mientras tanto, continuaba tocando con la concentración del comienzo, como si el paso del tiempo no hubiera modificado aquella relación casi física con la guitarra. Detrás del virtuosismo y las velocidades imposibles, permanece un músico profundamente conectado con sus recuerdos y afectos. Una guitarra puede ser muchas cosas. En sus manos, después de cinco décadas, sigue siendo una forma de contar historias. Giordano Antonelli Villavicencio Fotos: Octavia Rojas Tags #Al Di Meola #The Guitarchitect Tour #Isaac Romagosa #Sergio Martínez Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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