Al Di Meola: el arquitecto de las seis cuerdas Entrevista con el guitarrista estadounidense antes de su concierto en Chile Lunes, 07 de Septiembre de 2026 Referente indiscutido y virtuoso de la guitarra contemporánea, Al Di Meola ha sabido plasmar una obra que no solo bebe del jazz-rock y la fusión eléctrica, sino que incorpora de manera natural elementos del tango, la música brasilera, el flamenco, el rock clásico, la música orquestal y, en general, músicas del mundo de diversos rincones del planeta. Luego de ser parte de la banda de Chick Corea, Return To Forever a mediados la década 70, Di Meola comenzó una trayectoria que no ha parado de entregar sus frutos en discos como “Land of the Midnight Sun”, “Elegant Gypsy”, “Casino”, “Electric Rendezvous” o el más reciente de 2024 “Twentyfour”, además de su reconocida colaboración en el trío con John McLaughlin y Paco de Lucía, con quienes editó uno de los álbumes mejor vendidos de la historia del jazz: “Friday Night in San Francisco” de 1981. A eso suma discos dedicados a influencias que han marcado su vida artística como The Beatles y Astor Piazzolla. Visita constante de nuestro país -su último concierto fue en 2023- el guitarrista llega una vez más a Santiago, en el contexto de su “The Guitarchitect Tour”, para presentarse el 14 de septiembre en el Teatro Nescafé de las Artes. Se trata de una gira que celebra sus 50 años de trayectoria y que mostrará las diversas facetas en las que ha incursionado. Sobre diversos momentos de su historia, conversamos con un siempre amable y empático Al Di Meola. Aquí sus palabras. -Quería comenzar esta entrevista preguntándote por tu salud. ¿Cómo has estado después del ataque cardiaco que sufriste en Rumania en septiembre de 2023? ¿Estás 100% recuperado? Me imagino debes cuidarte de manera especial… - Sí, eso creo. Sufrí un ataque en plena canción y llegué al hospital a tiempo; no fue de los más graves, de esos en los que tienen que abrirte el pecho. Nada que ver con eso. Así que me pusieron cuatro stents cardiacos y me siento bien. No tengo daños permanentes. Todo perfecto, estoy bien. Sin daños en el corazón en absoluto. -Hablemos de esta gira "The Guitarchitect Tour" que una vez más te trae a Chile y que tiene la importancia de celebrar tus 50 años de trayectoria en la música. ¿Qué nos puedes contar de la idea de esta gira? ¿Será un compendio de distintos períodos de tu historia musical? ¿Cuál es el enfoque de esta gira tan especial? -El enfoque principal está en composiciones que no he interpretado en vivo —algunas de discos anteriores que nunca había tocado en directo—, abarcando principalmente la etapa intermedia, desde finales de los años 80 hasta la actualidad. Así que no es una gira eléctrica centrada en los primeros discos, sino más bien en ese periodo intermedio hasta el álbum más reciente. Hay mucha música original que siempre quise tocar en vivo pero que nunca había interpretado sobre el escenario. También incluimos temas de Astor Piazzolla y de Lennon- McCartney; con esa selección de piezas redondeamos la velada. Además, cuento con dos músicos españoles de los que me siento muy orgulloso. Uno de ellos es un joven músico y guitarrista muy destacado de Barcelona. Se llama Isaac Romagosa y pertenece a esa nueva generación de intérpretes increíbles con gran proyección. El otro es Sergio Martínez, nuestro percusionista de Madrid, que es fantástico, con un estilo de percusión se acerca más al flamenco. -Tu más reciente álbum es “Twentyfour” de 2024. Fue confeccionado durante la pandemia y trabajado por cuatro años, pensado originalmente como un álbum completamente acústico. Sin embargo, con el paso del tiempo, se convirtió en un proyecto más completo que incluye guitarra eléctrica y partes orquestales grabadas en distintas partes del mundo. ¿Qué nos puedes comentar de la experiencia de grabar este disco y de la idea fuerza que lo sostiene o que está detrás? -El impulso inicial fue desconectar de las noticias sobre el COVID; lo que ocurría en el mundo resultaba absorbente. Estaba prácticamente obsesionado con las noticias. Y la única forma de evadirme era sumergirme en mi estudio —situado en la planta baja— y comenzar el proceso... o, mejor dicho, intentar encontrar la inspiración para componer. Por suerte, una vez que empecé, no pude parar. No podía parar. Las ideas surgían una tras otra sin cesar. Una de las grandes ventajas de leer o componer música es que, al hacerlo, te ves obligado a no pensar en nada más de tu vida; es decir, en nada que te preocupe ni en ninguna otra cosa en absoluto. Cuando estás tan absorto en el momento de componer o leer música, esta logra transportarte a otro lugar. Es casi como una terapia; te libera de los problemas que dominan tu mente o tus pensamientos. Así que aproveché esa oportunidad para iniciar el proceso de composición. Cada vez que llamaba a la discográfica para preguntar si esperaban el disco, me decían: «No, tómate tu tiempo; no tenemos prisa». Y eso es lo peor que le puedes decir a un artista, porque entonces quieres seguir indefinidamente. Podrías tardar otros cinco años si te dan esa libertad. Al final, aquel único álbum se convirtió en dos porque tenía muchísimo material. Este disco representa un gran paso adelante para mí como compositor; tal vez en una dirección distinta, pero en un sentido que quizá no habría tomado de no haber vivido una etapa como la del COVID. Porque fue el único momento de mi vida en el que no tuve que correr hacia los aeropuertos. No tenía que... bueno, no había entrevistas. No tenía que dividir mi tiempo para salir, ni hacer o deshacer maletas, ni ir de gira. Así que pude concentrarme totalmente en componer, sin interrupciones; eso me permitió profundizar más —y no en un sentido comercial, por cierto; no creo que el álbum se haya vuelto más comercial, ni era esa mi intención. Mi intención era crear una obra de arte. Sí, una obra de arte con valor estético. Y eso fue lo que hice. Creo que he creado un disco que, aunque tal vez no sea tan comercial como mis trabajos anteriores, es algo de lo que puedo sentirme orgulloso como compositor. Un sueño hecho realidad -Cuando eras muy joven reemplazaste a Bill Connors en la banda de Chick Corea Return To Forever, grabando por primera vez junto a ellos el extraordinario álbum “Where Have I Known You Before” de 1974 y luego los importantísimos “No Mystery” y “Romantic Warrior”. ¿Qué significó para ti llegar a ser parte de una banda tan relevante de la historia del jazz-rock como Return To Forever? -Bueno, fue algo que me cambió la vida. Fue un sueño. Fue todo eso a la vez. Fue un sueño hecho realidad, sobre todo porque se trataba de mi banda favorita del mundo. Así que no fue solo una gran oportunidad; fue todo eso y más. Era mi grupo favorito y tuve la oportunidad única en la vida de tocar con mi músico predilecto: Chick Corea. Me encantaba su música antes de unirme al grupo. Era mi opción número uno; mis bandas favoritas eran Return to Forever y los Beatles. Con los Beatles nunca se podía tocar, pero con Return to Forever... Los había visto actuar en Boston cuando estudiaba en Berklee y recuerdo que tocaban con otro guitarrista que estaba cubriendo el puesto temporalmente: Earl Klugh. Earl Klugh era guitarrista acústico, pero le hacían tocar la eléctrica y se notaba que no era lo suyo. Yo le había comentado a un amigo que me encantaría... vaya, que, si alguna vez tuviera la oportunidad de tocar con esa banda, sería fantástico. Resulta que mi amigo tenía una grabación mía y se la dio a Chick. Así fue como recibí la llamada de Chick para unirme al grupo. Y así, a los 19 años, tras un par de ensayos, tocamos en el Carnegie Hall, que ya tenía todas las entradas agotadas. Sí, ese fue mi primer concierto. -Tus primeros discos solistas como “Land of the Midnight Sun”, “Elegant Gypsy”, “Casino” e incluso “Splendido Hotel”, son considerados fundamentales para la historia del jazz fusión. Con el pasar de los años, ¿qué visión tienes de aquellos álbumes y cómo ves que siguen manteniendo su vigencia y actualidad? -Creo que todo ha cerrado el círculo. Verás, durante los años 80 y 90, mi prioridad era crecer y evolucionar. Consideraba aquellos primeros discos simplemente como trabajos iniciales, una etapa de aprendizaje. Pero al volver a escucharlos en los últimos años —o mejor dicho, en la última década—, me di cuenta de que tenían algo muy especial. Es algo parecido a cuando Paul McCartney vuelve a escuchar lo que hizo a los 20 o 21 años: era increíble. Y estoy seguro de que, a esa edad, él no era consciente de lo magnífico que era aquello. Yo experimenté una sensación similar al retomar esos primeros discos, porque tomé decisiones muy acertadas en cuanto a los músicos: Steve Gadd, Anthony Jackson, Jan Hammer... Todos ellos estaban en su mejor momento. Había magia en ello porque tocábamos juntos; no se trataba de sobregrabaciones —ya sabes, grabar una pista y luego añadir otra—. Tocábamos como una banda y la música tenía mucha fuerza. Estaba realmente bien hecha. Así que ahora, al volver a escucharlos, lo entiendo. Ahora sí lo comprendo. Y sí, ahora veo lo que la gente ve en ellos, ¿sabes? -Otro de los hitos de estas cinco décadas de trayectoria fue el trío de guitarras con John McLaughlin y el fallecido Paco de Lucía, con quienes editaste discos de gran éxito y relevancia como “Friday Night in San Francisco” y “Passion, Grace and Fire”. ¿Qué nos puedes decir de aquella virtuosa y fructífera relación con estos dos guitarristas? ¿Qué piensas de esta configuración tripartita 100% acústica? -Fue otro salto monumental, ya que teníamos que tocar más allá de nuestra zona de confort cada noche. Nunca nos acomodábamos como cuando tocábamos con nuestras propias bandas; competíamos —de manera sana— unos contra otros y queríamos impresionarnos mutuamente. Había público, sí, pero tocábamos los unos para los otros. Así que, cuando John hacía un solo, todos lo observábamos y pensábamos: «Madre mía, ahora me toca a mí idear algo». Además, había una gran interacción musical, diría que a un nivel muy elevado. Cuando te juntas con músicos de gran nivel, te ves obligado a experimentar más y a crear cosas nuevas que, en otras circunstancias, tal vez no harías. Sin duda, el trío representa otro ejemplo de un avance importante que me llevó a un nivel superior al que me encontraba anteriormente. -Un período de tu historia que se conoce poco es tu trabajo con la súper banda Go, liderada por el percusionista japonés Stomu Yamashta y en el que participaban músicos diversos como Steve Winwood y Klaus Schulze. ¿Qué recuerdos tienes de aquella experiencia y qué nos puedes contar del trabajo con un grupo de músicos de tan distintos estilos y sensibilidades? -Fue una etapa breve, pero fantástica. Ocurrió justo después de que Return to Forever se disolviera; tuve la oportunidad de ir a Londres y formar parte de la banda con Stevie Winwood, lo cual fue increíble. Pasé mi adolescencia yendo a ver a Traffic —con Stevie Winwood— en Nueva York; él es uno de mis músicos favoritos. Solíamos tener bandas de garaje donde tocábamos ‘Dear Mr. Fantasy’. Así que, de repente, me encontraba participando en un disco con Stevie Winwood y Mike Shreve, el baterista de Santana. Además, yo ya conocía a Stomu Yamashta —porque comprábamos sus discos cuando estudiábamos en Berklee— y a Klaus Schulze, de Tangerine Dream. Sabía que estaba entrando en algo realmente único. Sí. Grabé el disco y luego hice dos conciertos: uno en el Royal Albert Hall y otro en el Palais des Sports. Pero tuve que regresar para continuar con mi gira de “Elegant Gypsy”. Fue una experiencia breve, aunque llegamos a grabar tres discos. -A lo largo de tu obra, otra de tus facetas es el amor que has expresado por la música de The Beatles, Astor Piazzolla y Egberto Gismonti, entre otros. ¿Qué han significado para ti estos grandes creadores y cómo has plasmado sus composiciones en el contexto de tu obra? —Bueno, muy fácilmente; si siento una conexión con la música, simplemente sé lo que quiero hacer con ella. Por ejemplo, con Piazzolla: siempre sentí que esa música se prestaba a la síncopa. Sí, se podían modificar sus ritmos. Y él me animaba a darle mi toque personal. Quería que hiciera algo acorde a mi estilo, ya que habíamos entablado una amistad. Para mí, como músico, fue muy importante esa amistad y el hecho de que planeáramos grabar juntos. Él me envió algunas de sus composiciones para que las interpretara y, desde principios de los años ochenta, siempre he incluido a Piazzolla en mis espectáculos porque siento una gran afinidad con su música. En cambio, con los Beatles no se puede abusar de la síncopa; no demasiado. De lo contrario, podría sonar cursi, como pasaría con Bach: a Bach no se le pueden aplicar síncopas. Sonaría ridículo. Pero la música de Piazzolla contenía suficientes elementos latinos como para permitir variaciones rítmicas, creando una especie de fusión entre La Habana y Buenos Aires. -Finalmente, qué mensaje te gustaría entregarles a tus fans chilenos antes del concierto que darás en Santiago el próximo 14 de septiembre. -Vengo con mucha música que no han escuchado antes y que, espero, les resulte muy interesante, ya que también traigo a dos músicos excelentes a los que aún no conocen y que descubrirán por primera vez. Uno de ellos es un joven guitarrista; pertenece a esa nueva generación de guitarristas brillantes de Barcelona. Se llama Isaac Romagosa. Es uno de esos nuevos talentos en los que realmente creo; tiene veintitantos años y es de Barcelona. El otro músico es de Madrid: un percusionista increíble llamado Sergio Martínez. Los tres hemos trabajado a fondo en esta música, que va a dejar al público impresionado. Además, contamos con un espectáculo audiovisual; tendremos una proyección impresionante en pantalla grande que recorre mi vida. Héctor Aravena A. Tags #Al Di Meola #The Guitarchitect Tour Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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