Hayley Williams: Los ecos de nostalgia de 'Misery Business' La resignificación del recordado hit de Paramore Miércoles, 28 de Octubre de 2026 Cuando la historia de Paramore comenzaba a escribirse con "All We Know Is Falling" (2005), la atención recayó sobre una joven de apenas 17 años y cabellos rojizos que irrumpía en una escena hardcore históricamente dominada por hombres. Hayley Williams se convirtió en el rostro visible de una banda que comenzaba a abrirse paso en un territorio donde la energía, la agresividad y la autenticidad parecían tener códigos propios, muchas veces definidos desde una masculinidad hegemónica. En ese escenario, la construcción de su imagen también estuvo atravesada por la necesidad de encontrar un lugar entre esas reglas: masculinizar ciertos aspectos de su apariencia podía funcionar como una estrategia de aceptación dentro de una cultura que, mientras celebraba la rebeldía, seguía reproduciendo las mismas jerarquías de género que decía desafiar. Porque para las mujeres, incluso en los espacios que se proclaman contra el sistema, la pertenencia suele exigir un precio: negociar con las normas que las excluyen. En 2007, Paramore en ese entonces publicó su segundo álbum de estudio, "Riot!", bajo el sello Fueled by Ramen. El disco impulsó la popularidad de la banda y consolidó una identidad sonora que encontraría eco en toda una generación. Pero, más allá de sus guitarras encendidas y su energía adolescente, aquella historia también comenzaba a revelar otra tensión, una más cruda, la de una mujer que debía abrirse espacio en una industria musical dispuesta a convertirla en emblema, siempre que su presencia no desbordara demasiado los límites de lo que estaba permitido ser. La historia que se teje tras el icónico hit de 2007, 'Misery Business', marca un punto de fuga dentro de la escena emo y pop punk de la época. En medio de bandas como My Chemical Romance, Fall Out Boy y Simple Plan, Paramore puso al frente a una joven que tensionaba los mandatos tradicionales del deber-ser mujer y cuya presencia desafiaba, incluso sin proponérselo, las formas en que las mujeres podían habitar una escena atravesada por códigos masculinos. Hayley Williams se convirtió así en un eslabón de resistencia para toda una generación de adolescentes que encontraron en su voz, su rabia y su sensibilidad un lugar al cual pertenecer. Porque, a veces, la resistencia comienza ahí: en descubrir que existe alguien capaz de nombrar aquello que sentimos y de encarnar una posibilidad de ser que el mundo todavía insiste en negarnos. 'Misery Business' pone en escena tensiones que hoy ocupan un lugar central en los discursos sobre inclusión y respeto, principios que han comenzado a instalarse tanto en los debates públicos como en los marcos mínimos de convivencia. Sin embargo, la canción también permite interrogar las estructuras de poder que atraviesan nuestras relaciones sociales y que se reproducen incluso entre quienes comparten una misma experiencia de subordinación. Mujeres que encarnan los ideales de belleza hegemónicos convertidas en figuras de exclusión frente a otras que desafían esos mandatos; cuerpos que operan como medida de valor y que, al mismo tiempo, delimitan quién merece reconocimiento y quién queda relegada a los márgenes. La disputa que fue parte de la performance del videoclip excede la apariencia física, porque confronta sistemas de creencias que enseñan a las mujeres a mirarse entre sí como rivales, a competir por la validación masculina y a reproducir las jerarquías que también las oprimen. Desde una lectura crítica, la pregunta incómoda persiste, y se instala como cuchillos en el recuerdo, ¿cuánto de aquello que aprendimos a reconocer como rivalidad femenina es, en realidad, el resultado de un orden patriarcal que nos educa para ocupar posiciones desiguales y disputar entre nosotras un reconocimiento que nunca debió depender de esa competencia? Un coro y un estribillo inscritos en la memoria colectiva conquistaron algo más que los primeros puestos de las listas musicales, porque se convirtieron en parte de la banda sonora de una generación que hoy transita la adultez bajo la sanguinaria máquina del día a día. Entre las obligaciones, el cansancio y el tiempo que parece escurrirse sin permiso, 'Misery Business' conserva la capacidad de devolvernos a una época en que la música también era refugio, identidad y posibilidad de reconocerse en otras personas. Son ecos de nostalgia los que atraviesan cada presentación, reverberaciones de una adolescencia que persiste en la memoria y que vuelve a cobrar cuerpo cuando miles de voces se encuentran en un mismo estribillo. Hay algo profundamente político en esa experiencia compartida, ya que por unos minutos, la rutina se interrumpe y reaparece la posibilidad de habitar colectivamente aquello que alguna vez nos hizo sentir en compañía. Porque crecer no significa abandonar a quienes fuimos, sino aprender a convivir con esas versiones de nosotros mismos que todavía encuentran en una canción la manera de hacerse escuchar. Con shows completamente agotados durante la gira "This Is Why", dieron cuenta de la vigencia de una banda que ha sabido atravesar generaciones. En cada presentación, 'Misery Business' se convirtió en uno de los momentos más esperados de cada noche, no solo por su lugar en la historia de Paramore, sino por la fuerza de una memoria compartida que encuentra en la música una forma de persistencia. Un grito al recuerdo, a la adolescencia y a la resistencia; a todo aquello que fuimos mientras intentábamos comprender quiénes podíamos llegar a ser. Cuando Paramore subía a personas del público al escenario para interpretar la canción, también subían todas esas adolescencias que alguna vez cantamos frente al espejo, ensayando gestos, voces y maneras de existir en un mundo que todavía no parecía tener un lugar dispuesto para nosotras. Aquellas performances solitarias, protagonizadas en la intimidad de una habitación, encontraron finalmente un escenario colectivo. Y en ese desplazamiento hay algo profundamente conmovedor, lo que alguna vez fue refugio privado se transforma en experiencia compartida; lo que parecía insignificante adquiere el peso de una historia común. Quizás ahí reside una de las claves de la permanencia de Hayley Williams, en la posibilidad de volver sobre quienes fuimos sin quedar atrapadas en la nostalgia, reconociendo en aquellas canciones -y ahora también en su proyecto solista, que la traerá nuevamente a territorio nacional-, las huellas de una generación que creció, cambió y aprendió a cuestionar los mismos mandatos que alguna vez intentó desafiar a tientas. Porque cuando miles de personas cantan juntas el coro que las acompañó durante la adolescencia, no solo están reviviendo una canción, están recuperando una parte de sí mismas, celebrando las formas en que encontraron pertenencia y reconociendo que, incluso en medio de la maquinaria de la vida adulta, todavía existe un espacio para volver a sentir que el mundo puede ser nuestro. Karin Ramírez Raunigg Hayley Williams se presentará el 18 de noviembre en el Santander Arena. Entradas disponibles en Puntoticket. Tags #Hayley Williams #Paramore Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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