El latido de nuestro propio corazón A 40 años de "Pateando Piedras" de Los Prisioneros Miércoles, 28 de Octubre de 2026 Publicado originalmente en revista Rockaxis #279, septiembre de 2026. Político, identitario y valiente. A menudo, esos tres conceptos aparecen para tratar de definir al segundo disco de los sanmiguelinos, sin embargo, es una obra que va mucho más allá. Sí, podemos identificar retratos del Chile de los 80, pero también hay una búsqueda sonora que a menudo queda solapada por lo primero. A cuatro décadas de su aparición, desentrañamos las claves de “Pateando Piedras”, las diez canciones que no solo se transformaron en la voz de varias generaciones, sino que también definieron el alma y el corazón de Los Prisioneros. Pablo Cerda La agenda de Miguel Tapia no da respiro. La conmemoración de los 40 años de “Pateando Piedras” en el Teatro Caupolicán el 15 de septiembre es la punta de lanza de una serie de actividades para celebran a uno de los álbumes más importantes de la música chilena. En este marco, el conversatorio desarrollado por la disquería Club de Fans el 29 de agosto fue simbólico, ya que el baterista compartió decenas de historias, junto a Jacqueline Fresard, Caco Lyon, Toño Gildemeister, Nicolás Alonso, Claudio Vergara y Alejandro Tapia. Entre la diversa memorabilia, hay un aspecto que no pasa desapercibido: los asistentes más jóvenes. Varios de ellos no habían nacido ni siquiera para la reunión de Los Prisioneros ocurrida el 2001 en el Estadio Nacional, pero lucían tan o más alucinados que los melómanos mayores. «Es algo muy bonito. En las presentaciones aparecen personas muy jóvenes que conocen las canciones y las hacen propias. Eso demuestra que el disco trascendió su época», comenta Miguel Tapia a Rockaxis. La gente es pobre, la gente da la mano Como todo buen disco en la historia de la música, “Pateando Piedras” es hijo de su tiempo. La crisis económica de 1982-83 provocó una enorme caída de la actividad económica, traducida en quiebras bancarias, cese de actividades de varias industrias, desempleo y endeudamiento. Las cifras oficiales de desempleo en Chile durante 1986 promediaron un 12,1% según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). No fue un año fácil: en mayo, se anunció la aprobación de la última etapa de la municipalización de los colegios, en julio una patrulla del Ejército roció con combustible y prendió fuego a los jóvenes Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas de Negri en Estación Central; y en septiembre, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez concretó la Operación Siglo XX, el atentado contra el dictador Augusto Pinochet en la cuesta Las Achupallas, camino al Cajón del Maipo, a 40 kilómetros de Santiago. Ocho días después de este último acontecimiento, las estanterías del país recibían a “Pateando Piedras” de Los Prisioneros. En 1991, el mismo Jorge González definió a su segundo disco como una obra muy social y política en el VHS de “Grandes Éxitos”: «No es un disco individualista, es un disco colectivo, no solo con el grupo, sino que con toda la gente, con el público por sobre todo». Históricamente, el contexto cultural de la época ha servido como telón de fondo para encuadrar al sucesor de “La Voz de los ‘80” como uno de los mejores retratos de su época. Difícil no hacerlo si en canciones como ‘Muevan las industrias’ vemos reflejada la pérdida de empleos que golpeó a tantas casas, en ‘El baile de los que sobran’ aparece el problema de la falta de oportunidades, o en ‘¿Por qué los ricos?’ ronda el fantasma de la desigualdad. Para Alejandro Tapia, periodista y autor de los libros Ya viene la fuerza. Los Prisioneros 1980-1986 (2024) y No necesitamos banderas: Los Prisioneros en Perú (2026), este encajonamiento es obtuso: «se ha intentado encasillar al “Pateando Piedras” como el álbum anti-Pinochet de Los Prisioneros, poco menos como un disco de “la resistencia”. Esa es una mirada muy reduccionista, porque las letras no retratan necesariamente lo que pasaba en Chile, sino que poseen un carácter universal. Lo que ocurrió fue que las giras que el grupo hizo a regiones en 1985 y en la primera parte de 1986, fueron una experiencia muy enriquecedora, sobre todo para Jorge, ya que pudo captar de primera fuente lo que le pasaba a otros jóvenes más allá de Santiago y de San Miguel». Para el autor, la combinación entre las vivencias personales de Jorge y su poderosa capacidad de observación fueron las que ayudaron a construir el relato de ‘El baile de los que sobran’, inspirada en la realidad de sus excompañeros de liceo, o de ‘Muevan las industrias’, letra construida a partir del desempleo que sufrió la familia de Miguel Tapia. «Fueron los jóvenes o seguidores de Los Prisioneros los que le dieron su propia interpretación política a las letras, lo que por supuesto no significa que la letra se trate de lo que la gente cree que se trata. Eso ocurrió de forma espontánea, en todo caso», complementa Alejandro. En la mirada de Johanna Watson, autora del libro Escuchando radio. Canciones que inspiraron a Jorge González (2025), el disco pasa por lo político, pero concuerda en su amplitud: «es un disco más social que subraya la declaración de principios de “La Voz de los ‘80”, con una continuidad del mensaje y una propuesta innovadora en lo sonoro». «Nosotros vivíamos una realidad muy concreta –cuenta Miguel Tapia–, tenía un grupo de compañeros de colegio, seis personas más o menos, que éramos bastante interesados en leer, conversar y discutir ideas. Con Jorge hablábamos mucho de lo que estaba pasando y de cómo entendíamos el mundo. Hablábamos tanto que yo lo iba a dejar a su casa y para “terminar” la conversación, él me iba a dejar de vuelta y así sucesivamente». Cuando recuerda como la cesantía de su padre sirvió de pie para ‘Muevan las industrias’, Tapia lo extrapola a una realidad país de la época: «las consecuencias de la situación económica y social eran muy duras. Era la época del PEM (Programa de Empleo Mínimo) y el POJH (Programa de Ocupación para Jefes de Hogar), había cesantía y mucha gente tenía que aceptar trabajos precarios. Todo eso terminaba apareciendo en las canciones porque era parte de lo que conocíamos». Voy a llegar a la gran máquina Si había algo claro en el círculo de Los Prisioneros al final del proceso de “La Voz de los ‘80” era que el segundo disco debía tener un nuevo sonido. Recordada es la frase de Jorge González en el mencionado VHS de “Grandes Éxitos”: «en “La Voz de los ‘80” se trabajó mucho tiempo. En realidad, uno siempre tiene mucho tiempo para hacerlo, desde que nace hasta que cumple la edad para grabarlo, en este caso, los 18 o 19 años». “La Voz de los ‘80” fue el resultado de trabajar con lo que tenían a mano, pero “Pateando Piedras” fue el resultado de lo que querían hacer, aunque tuvieran el reloj en contra. «Había canciones que Jorge venía trabajando desde antes y que fuimos desarrollando con el tiempo. Para “Pateando Piedras” teníamos una presión distinta: había un sello internacional, EMI, había plazos y teníamos que llegar con las canciones mucho más preparadas. Jorge llegaba con las maquetas y después íbamos al estudio a concretarlas», suma el baterista. Jorge aprendió piano desde pequeño, por lo que el salto a los sintetizadores fue innato. Si bien él y Miguel estaban escuchando a Yazoo, Bronski Beat, The Cure y Depeche Mode, una de las primeras canciones que trabajaron fue ‘¿Por qué no se van?’, que venía desde la época de “La Voz de los ‘80”. Tapia confirma que la canción venía de esas presentaciones que hacían frente a públicos universitarios e intelectuales, y esboza una sonrisa al recordar esos momentos: «nosotros estábamos más interesados en que aparecieran chiquillas (ríe), pero al final solo llegaban a hablarnos unos tipos con barba, muy intelectuales». Musicalmente, ‘¿Por qué no se van?’, ‘Por qué los ricos’ y ‘Quieren dinero’ son los nexos más estrechos con la punzante urgencia del debut, tanto en letra como en música, ya que conserva los elementos clave del “sonido Prisionero”: un texto inteligente de Jorge, la guitarra entre rockabilly, punk y ska de Claudio, y el ritmo seco –pero efectivo– de Miguel. También hablan de que no estaba en los planes abandonar las guitarras. «Era una cuestión que había que equilibrar», sentencia Miguel. “No queríamos que la guitarra desapareciera, pero tampoco queríamos volver al sonido del primer disco. En canciones como ‘Estar solo’, ‘Exijo ser un héroe’, ‘Independencia cultural’ y ‘¿Por qué no se van?’ la guitarra aparece de distintas maneras. A veces tiene un rol muy concreto y otras funciona como un elemento que contrasta con las máquinas». Tapia se preocupa de dar valor al trabajo de Claudio Narea en el contexto de la búsqueda electrónica de Los Prisioneros: «las guitarras son súper ricas, están muy bien logradas. Ahora que he tenido que abrir las pistas para tocar el disco en vivo, me reencontré con esos detalles. El solo de ‘Exijo ser un héroe’, la impronta western de ‘Quieren dinero’ o los detalles finos de ‘Independencia cultural’ son espacios en los que Claudio marcó su sello. Debe haber sido complejo para él pasar de un disco muy The Clash a un disco más Depeche Mode, pero lo hizo muy bien. Sus guitarras están bien armadas y tienen carácter». Jorge planeaba utilizar algunas de sus creaciones post “La Voz de los ‘80” en la obra de su amigo Vicente Ruiz, pero al final desistió por no sentirse capacitado. De ese período, se completó ‘Independencia cultural’, pero la primera canción que tuvo una sesión exclusiva para el disco fue ‘Muevan las industrias’. A diferencia de otras que usaron una caja de ritmos Yamaha RX11, la canción de apertura suena a partir de una LinnDrum, instrumento emblemático cuyo arriendo era demasiado caro para quedarse durante todo el proyecto. «Eso era un reflejo de que la historia de Los Prisioneros, al menos en los ochenta, siempre fue cuesta arriba», refuerza Miguel, pero a pesar de ello, lograron hacer mucho con poco. En su rol tras las baquetas, ¿sintió Miguel que lo estaban “reemplazando” por una máquina? «En absoluto. Me sentía maravillado por la precisión del bombo y de la caja. Había algo muy atractivo en poder definir dónde iba cada golpe y cómo se construía un ritmo. En esa época, los equipos eran muy distintos. Los samplers eran aparatos grandes, estaban en racks y muchas veces teníamos que cortar los sonidos a oído. Yo vi a Caco Lyon, literalmente, cortar y pegar las cintas», confirma el baterista. El beat maquinal, el tono oscuro en las voces, el coro repetitivo y los balones de gas simulando el sonido de las fábricas en ‘Muevan las industrias’ conectaron a la perfección con los intereses musicales de la época. «Nos interesaba esa mezcla de pop electrónico, máquinas, sonidos programados y canciones que siguieran teniendo una estructura muy directa. Queríamos que fuera bailable, pero al mismo tiempo que tuviera una atmósfera más fría, un poco europea», comenta Tapia. ¿Es entonces ‘Muevan las industrias’ uno de los primeros acercamientos al synth pop desde Chile? Para la periodista especializada en música Marisol García, es más un paso más natural que estilístico: «Los Prisioneros siempre fueron un grupo pop atento a las tendencias anglo. Alguien interesado en lo que se hacía en el punk británico de los ochenta no iba a demorarse mucho en prestar también atención a Depeche Mode o New Order. No lo veo como un salto de género, sino un movimiento dentro de un pop propositivo y cosmopolita que el grupo buscaba consolidar. Y les resultó estupendamente». «Fue como ponerse a tono –suma Johanna Watson–, pero también decir “ven a bailar con nosotros”. Se puede criticar y bailar a la vez». Alejandro Tapia aporta algo de contexto a la conversación sobre este acomodamiento de las piezas: «en 1985, Jorge González comenzó a trabajar con teclados y luego con cajas de ritmos. Hizo un montón de canciones solo, en un espacio que Carlos Fonseca, el mánager, le pasó en la tienda Fusión del Drugstore. El cambio fue tremendo, porque Los Prisioneros pasaron de ser una banda de guitarra-bajo-batería a utilizar sintetizadores, secuencias y algunos samplers. Entonces, el sonido es diametralmente distinto entre sus dos primeros discos. De hecho, la idea con el “Pateando Piedras” era casi transformarse en otra banda. Y lo lograron. En cuanto a las influencias sonoras, mencionaría a Giorgio Moroder, Depeche Mode, Yazoo y A Flock of Seagulls, entre muchas otras. ‘Estar solo’, ‘Exijo ser un héroe’ y ‘Por favor’ fueron otras formas de acercarse a la gran máquina, quizá no de una manera tan pulida como ‘Muevan las industrias’. Junto con ‘Una mujer que no llame la atención’, resistida por Carlos Fonseca y el mismo Jorge González, conforman el costado más personal de “Pateando Piedras”. Para Alejandro Tapia, son argumentos con los que se desmantela la idea de ese disco puramente político: «son vivencias más sentimentales de González y no tienen nada que ver con Pinochet ni con el momento político-social del Chile de la dictadura». Por otra parte, ‘¿Por qué no se van?’, ‘Quieren dinero’, ‘Por qué los ricos’ e ‘Independencia cultural’ exhiben al núcleo Tapia-Narea-González entregando una ejecución urgente, pero cerebral. Según Marisol García, ‘Quieren dinero’ e ‘Independencia cultural’ son «manifiestos muy vehementes, claros, atrevidos, pero, además, con un filo de humor. Sus estribillos son sencillos, pero muy eficaces». El punto del humor es vital, y Johanna Watson lo complementa rescatando una parte de su libro de conversaciones con González: «escogió ‘Pobrecito Mortal’ (1978) de Flor Motuda, de la que él mismo cuenta que tomó la idea de usar el recurso de la ironía para reírse de sí mismo y dejar en evidencia algo de la sociedad. Para Jorge, el trabajo de Florcita fue un faro, es muy probable que eso haya estado en el aire cuando compuso estas canciones». Con la presión de EMI en las espaldas, “Pateando Piedras” fue un disco que se hizo de forma mucho más apurada que “La Voz de los ‘80”. Aun así, el concepto de mezclar lo acústico con lo electrónico era un pilar conceptual desde los planes iniciales, logro que quedó plasmado en ‘El baile de los que sobran’. «Quiero ser honesto –advierte Miguel Tapia–, en ese momento me pareció una canción más, no sabíamos que iba adquirir la importancia que tiene hoy. Se transformó en una canción que representa a mucha gente». Está documentado que no se creó en base a una inspiración divina, más bien fue un meticuloso trabajo compositivo. «Nunca se puede exagerar la calidad del himno de ‘El baile de los que sobran’, pues tiene su fama y vigencia totalmente merecida», añade Marisol García. Todo este cúmulo de ideas recalaron en las consolas del Estudio A comandadas por Caco Lyon, uno de los cultores del sonido de “Pateando Piedras”. No es un secreto que Lyon lo defiende como el mejor de la banda, su época de madurez. Pasar de las ocho pistas de “La Voz de los ‘80” a las 16 pistas de media pulgada en “Pateando Piedras” abrió otras posibilidades. En discos clásicos de la historia de la música como “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” (1967) de The Beatles o “The Dark Side of the Moon” (1973) de Pink Floyd, el estudio fue un instrumento más que logró materializar las inquietudes del artista con la dirección de los ingenieros y productores. ¿Es muy exagerado pensar que pasa lo mismo con “Pateando Piedras”? «Buena pregunta –añade Alejandro Tapia–. El estudio suele ser un elemento fundamental. Para este disco, Jorge llegó con las canciones hechas, llegar y grabar, así que no hubo experimentación, como ocurrió con “La Cultura de la Basura”, el sucesor de “Pateando Piedras”. Con el debate sobre las “letras políticas” por el momento que vivía el país no se le pone tanta atención al sonido del álbum, que es impresionante. En esa época, ningún grupo chileno facturó un disco que sonara tan bien». Marisol García es respetuosa al dar su percepción: «son los músicos y equipos involucrados quienes pueden definir qué tan relevantes son los procesos de grabación, sujetos a decisiones y recursos que los oyentes nunca captamos por completo». Lo que sí se percibe es una decisión fundamental: «haber optado por un sonido directo, limpio, “sintético” (en el sentido de síntesis y de sintetizadores) es lo que, en parte explica, lo bien que el disco sigue sonando. Meterle adornos y detalles de moda hubiese sido un profundo error». Pues entonces, dejemos que el mismo Miguel Tapia defina la relevancia de este tema: «programé muchas cosas en el estudio, pero la mayoría venía armado desde la casa, ya que era la primera vez que trabajábamos con samplers, secuencias y baterías programadas. El estudio no fue tanto un lugar de experimentación como lo fue en “La Cultura de la Basura”. Ahí ya nos volvimos locos (ríe)». Entre esas decisiones de estudio, estaba la ya mencionada LinnDrum. «Había un piano y un Drumulator, que solo pudieron utilizarlos para ‘Muevan las industrias’. Por eso ese tema suena así de bien», agrega Alejandro Tapia. Y es una de las canciones más recordadas, celebradas y admiradas. Es el latido de “Pateando Piedras”. En el ya citado libro de Johanna Watson, la autora rescata un momento único cuando González habla de ‘Mira niñita’ de Los Jaivas, canción que lo conecta con su infancia. Tiempo después, Johanna le cuenta a Eduardo Parra los recuerdos que Jorge evoca con esta obra tan significativa y es el mismo Eduardo quien le cuenta de vuelta a la autora cómo fue tener el cassette de “Pateando Piedras” en Francia y su enamoramiento a primera escucha con ‘Muevan las industrias’: «en ese tiempo estaba en París y las cosas eran profundamente diferentes, al escucharla me aluciné, me tocó el corazón, lo consideré un acto de coraje increíble, un acto social, un acto popular». Laureles y futuros Con la fotografía de Jorge Brantmayer retratando a un trío de estética urbana, “Pateando Piedras” llega a las estanterías para transformar la visibilidad de Los Prisioneros. Como pasa con los segundos discos exitosos, sus ventas arrastraron a las de “La Voz de los ‘80” y lograron que Narea, González y Tapia pasen de tocar para 200 personas a presentarse ante 2.000. El juego estaba lejos de acabarse. De hecho, recién estaba comenzando. Con el éxito, hasta los medios asociados al régimen dictatorial tuvieron que plegarse a la cobertura de uno de los mayores hitos de la historia de los sanmiguelinos: las noches del 1 y 2 de noviembre de 1986 en que llenaron el Estadio Chile. A través del archivo digital de la UDP, se puede acceder al reportaje de La Nación del 4 de noviembre de ese año que titula: Confirmado “Los Prisioneros” son los número uno en Chile. «Esos conciertos, que sirvieron para presentar el “Pateando Piedras” consolidaron a Los Prisioneros como la banda más popular del país. Es más, se solidificó el cambio de audiencia. Si en la época de “La Voz de los ‘80” los seguidores del grupo eran mayormente los universitarios, intelectuales y snobs, ya para esos shows los fans eran de clase popular, que era lo que Los Prisioneros querían que pasara. Y pasó», consolida Alejandro Tapia. Miguel Tapia también resalta al artífice del hito: Carlos Fonseca. «Para mí, es el cuarto Prisionero», destaca el baterista. Fonseca entendió que la banda estaba creciendo y que había que dar un paso más. Antes del Estadio Chile, ya habían tenido presentaciones importantes en regiones, en lugares como Angol, Talca y Temuco, instancias en las que se veía una respuesta masiva. El Estadio Chile fue la confirmación de ese proceso. «Fue el momento en que todo eso quedó más visible», indica Miguel. Aún con la popularidad en alto y con este hito que quedó para la posteridad, Miguel Tapia recuerda que al bajarse del escenario seguían siendo los tres muchachos que caminaban por San Miguel y llegaban a sus casas para recibir el calor de hogar. «Mis papás nunca dimensionaron lo que estaba pasando. Me acuerdo perfectamente de haber tocado en Angol, bajarme del bus en la intercepción de Departamental con Ochagavía en ese tiempo, caminaba dos cuadras hacia la Gran Avenida por dentro de la población como cualquier vecino, llegaba a mi casa y tomaba desayuno con ellos. Volvía a ser el hijo de mis papás», confiesa el músico. Recuerda que para el Estadio Chile se dio una situación similar: «Los conciertos estaban llenos, ya éramos famosos, estábamos al tanto de la conciencia que estábamos despertando, pero al bajarnos del escenario nunca hubo una limusina (ríe), había un taxi que nos llevó a cada uno a su casa y volvíamos a sentarnos a la mesa con nuestros padres». Nunca se sintieron estrellas. «Era loco, porque, al menos yo, tenía la sensación de que era igual a las personas que nos veían tocar. Cualquiera de ellos podía estar en mi lugar», agrega Miguel. Hoy en día, Los Prisioneros ostentan los laureles que en algún momento parecieron tan esquivos. El concierto del 15 de septiembre en el Teatro Caupolicán, recinto que nunca pisaron como trío, es más que una conmemoración, es la oportunidad para que diversas generaciones se unan en torno a un catálogo que sigue más vivo que nunca. «Es una gran responsabilidad representar a Los Prisioneros en Chile», admite Miguel Tapia. Sabe de primera mano lo que logra la música del trío en distintos rincones del planeta, desde Colombia a Canadá, situación similar a la que vive Claudio Narea en constantes giras nacionales e internacionales. De hecho, Miguel cuenta una anécdota decidora: «En la época del Mundial, una radio colombiana organizó un torneo con bandas anglo, latinas y hasta coreanas. Los Prisioneros le ganaron a las bandas anglo y a todas las latinas. ¡Las únicas que nos ganaron fueron las coreanas! (ríe)». Y es que se transformaron en un emblema también en otras tierras, una seña de identidad. Meritorio, considerando que en los ochenta hicieron su camino internacional solos, mientras las bandas argentinas, mexicanas o colombianas tenían una industria a sus espaldas. 40 años después, el baile continúa. “Pateando Piedras” no quedó atrapado en 1986, sino que salió de San Miguel, atravesó la dictadura, cruzó fronteras y terminó convirtiéndose en parte de la memoria colectiva. Quizás por eso sus canciones todavía golpean con la misma fuerza. En ellas no solo escuchamos a Los Prisioneros, sino el latido de tres músicos que firmaron su acta de independencia cultural. «Creo que finalmente estamos recibiendo en Chile el reconocimiento que corresponde –concluye Miguel Tapia–. Los Prisioneros son una de las bandas más importantes del ambiente musical chileno. Y lo más interesante es que las canciones siguen funcionando». Tags #Los Prisioneros #2026 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. Ultimos Contenidos Rock Noticias Concurso cerrado: Def Leppard y Extreme vienen a Chile Viernes, 06 de Noviembre de 2026 Rock Entrevistas Asia Menor: La arquitectura de la bruma Viernes, 06 de Noviembre de 2026 Rock Noticias Nuevos Sonidos Chilenos: Baluente, Misigno, Arranca Sofía y más Viernes, 06 de Noviembre de 2026 Rock Noticias Concurso cerrado: Bierfest Santiago en Parque Padre Hurtado Viernes, 06 de Noviembre de 2026 Rock Noticias Misfits visitaría Sudamérica con su formación clásica Viernes, 06 de Noviembre de 2026 Rock Articulos Caballo Salvaje Nueve: La culpa, el humor negro y las sombras de la historia chilena Viernes, 06 de Noviembre de 2026 Rock Shows TR/ST: Oscuridad, sintetizadores y una conexión hipnótica Viernes, 06 de Noviembre de 2026 Rock Discos Steven Wilson Viernes, 06 de Noviembre de 2026