Yard Act: El arte de tener tiempo James Smith conversó con Rockaxis Miércoles, 02 de Septiembre de 2026 Publicado originalmente en revista Rockaxis #278, agosto de 2026. Con más momentos para crear y más espacio para pensar. James Smith reflexiona sobre el proceso detrás de “You Need a Little Music”, la honestidad que dio origen a “The Overload” y el humor como una forma de mirar el mundo. Karin Ramírez Fotos: James Winstanley ¿Qué podría pasar si, alguna vez, tuviésemos todo el tiempo del mundo para hacer aquello que amamos? Lejos de llamados telefónicos insistentes, lejos de mails molestos, lejos –incluso–, de ese dolor estomacal que te debilita porque la ansiedad hace lo suyo cada vez que se viene a la mente esa maldita fecha de entrega. No obstante, lo que parece ser un anhelo alejado de la realidad de quienes responden a extensas jornadas laborales, fue la realidad para Yard Act en contexto de creación y producción de su tercer disco “You Need a Little Music” (2026). El tiempo, como constructo social, no es más que una forma de medir y organizar la vida. Hablamos de tiempo para referirnos a un momento en específico: una hora de coordinación o los años que pasan frente a nuestros ojos y que se hacen visibles en ese cabello blanco que crece porque el tiempo le ha otorgado la potestad de existir. Con eso en mente, entramos a la llamada de Zoom en el horario acordado. Los minutos pasan y los segundos pesan más que el anterior. Ya con la esperanza en el suelo, James Smith aparece del otro lado de la pantalla –y del Atlántico, dicho sea de paso–, con un elegante retraso. Pero, vuelvo al punto inicial: ¿qué es el tiempo en sí mismo? Para Yard Act, el tiempo dejó de ser una presión para convertirse en una posibilidad. Lo que habitualmente dicta el ritmo de la industria, las fechas de entrega, los calendarios de gira y la necesidad de producir con rapidez, quedó suspendido por algunos meses. Esa pausa alteró por completo la forma de escribir música. James Smith lo recuerda así: «fue un proceso donde teníamos el tiempo a nuestro favor. Estuvimos cerca de 10 semanas en el estudio y casi seis meses escribiendo el disco. Tuvimos tiempo de trabajar lejos de las giras, lo que fue altamente positivo porque pudimos dedicarnos solamente a componer». Ese margen de libertad transformó por completo la lógica de creación. Acostumbrados a una industria donde el calendario suele imponerse sobre la intuición, Yard Act invirtió el orden habitual. El tiempo dejó de ser un límite para convertirse en un espacio de exploración. «Se siente raro no tener que responder de buenas a primeras a un deadline, porque ahora podíamos hacer las cosas de otro modo. Podíamos dedicarnos a escribir primero, independiente de si lo que estábamos haciendo iba a formar parte del disco. Esta vez pudimos construir material y luego decidir en conjunto qué entraba y qué no. Fue un proceso altamente desafiante». En la capacidad de encontrar posibilidades cuando el reloj no aparece como antagonista, el proceso creativo se transformó en un ejercicio inverso de lo que conocían. La composición dejó de ser una suma de archivos enviados por internet para convertirse en una experiencia cotidiana de convivencia, discusión y construcción colectiva. Sobre ello, James recuerda que «fue una experiencia completamente diferente trabajar todos en el mismo estudio; convivir con los chicos en un proceso creativo. No fue difícil, pero sí desafiante, porque vivíamos juntos. Si lo pienso y hago memoria sobre nuestra trayectoria, la mayoría de las veces hemos trabajado por secciones, separados, donde nos enviamos todo vía internet. Es más, creo que nuestro primer disco lo empezamos a trabajar en medio de la pandemia. Entonces, ‘You Need a Little Music’ es una experiencia aún más desafiante en términos de que aprendimos a trabajar en conjunto, ver cada sonido y cada detalle». Esa experiencia se extendió entre dos ciudades y terminó por redefinir la manera en que Yard Act entiende la creación colectiva. «Estuvimos trabajando una primera parte en Leeds y una segunda en Los Ángeles. Fue ahí donde realmente nos concentramos en el disco. Esa experiencia nos permitió avanzar más rápido en ciertas decisiones, pero también ser más profesionales, porque estar ahí con el equipo completo, convivir con el equipo completo, cambia todo, y lo hace de la mejor manera posible. Pudimos tomarnos el proceso creativo con calma. ¡Estuvo bien trabajarlo, pero mejor aún haberlo logrado!», confiesa. Pero toda esa libertad creativa necesitaba a alguien capaz de comprender hacia dónde quería avanzar la banda. El trabajo con el productor Justin Meldal-Johnsen implicó situarlo en un rol de intérprete, porque tomó las ideas –incluso aquellas que todavía no tenían una forma definida–, y ayudó a convertirlas en un lenguaje común. Para James, esa fue una de las claves que explica el resultado de esta nueva entrega. «Él es un tremendo productor, un gran ser humano, un tremendo en todos los aspectos que te imagines. Nosotros lo admiramos mucho. Logró capturar no solo las armonías y sonidos que queríamos plasmar, sino que fue más allá: capturó las texturas y sacó lo mejor de nosotros. Fue una de las más grandes contribuciones en este proceso de producción. Fue una grata experiencia en el sentido de que entendió lo que queríamos hacer en este nuevo álbum, pero no solo eso, entendió lo que era el proyecto Yard Act, entonces, eso hizo que el disco funcionara de esta forma, porque nos permitió a nosotros avanzar en lo que sabíamos hacer. Es más, él nos permitió encontrar las claves, las llaves de este mismo proceso creativo, en el sentido que nos permitió avanzar porque entendía nuestro proyecto, entendió las ideas, incluso en su forma más abstracta». Del pensamiento crítico a la Sátira “You Need a Little Music” también revela una banda que encontró en el tiempo la libertad para mirar el mundo con mayor profundidad. En Yard Act, el humor es un escape, es la forma que encuentra James Smith para hacer visibles las contradicciones de la vida cotidiana. «Paso mucho tiempo en mi cabeza; de hecho, creo que más de lo que debería conversando conmigo mismo. Y ese es el punto de partida del pensamiento crítico. Pienso mucho las cosas y eso me ayuda a entender y explorar mis emociones y lo que estoy sintiendo. Desde ahí nace mi pensamiento crítico, el mismo que también se ve en las canciones que escribo». Así, la crítica en Yard Act parte desde un diálogo permanente consigo mismo. Antes de señalar las contradicciones del mundo, James parece detenerse en las propias, ya que, detrás del sarcasmo, siempre existe una pregunta genuina por la forma en que habitamos nuestras emociones y la sociedad que construimos. «Es fácil para mí expresar mis emociones, porque paso mucho tiempo pensando en mi mente. Soy fiel creyente de que es necesario tener una conexión con tus sentimientos para entender lo que está pasando a tu alrededor y contigo mismo. Por lo mismo, trato de tomarme las cosas con humor. Hago un gran esfuerzo por tomarme así las cosas, creo que parte de la existencia es eso, tomarte las cosas con humor. Compartir el sentido del humor es importante, o ese tipo de bromas que aparecen cuando empiezas a mirar a tu alrededor, y por eso es que la música que hacemos también resuena en las personas, porque es desde ese ejercicio de conectar el pensamiento crítico con el entorno y las personas». Por otro lado, el componente de la introspección encuentra un equilibrio en el humor. La sátira en Yard Act funciona como una forma de procesar la realidad. En palabras de James: «tomamos la oportunidad porque no puedes ser todo el tiempo serio. A veces, uno vive cosas que no son tan buenas, y el sentido del humor hace que pongamos los pies en la tierra y podamos ver las cosas desde un nuevo punto de vista, y eso está bien. No pensar demasiado puede ser una condena o un refugio. Hay quienes intentan escapar del ruido constante de la propia cabeza, y por otro lado están quienes aprenden a escribir desde ahí. Quizás por eso las canciones de Yard Act nunca parecen buscar respuestas definitivas. Funcionan más bien como preguntas que se hacen una y otra vez, observaciones sobre aquello que incomoda, contradicciones que encuentran en el humor una forma más amable de ser habitadas». Sin embargo, esa manera de escribir no apareció de golpe. Hubo un momento donde esa voz encontró su lugar, y James vuelve inevitablemente a "The Overload" (2022): «ese disco me cambió por completo. Cambió mi vida, cambió el modo en que veo las cosas. Cambió todo. Llegamos a muchas personas. Fue el disco que hizo que todo tuviera sentido. Cada decisión que tomamos, cada canción o coro que construimos fue escrito con la idea de hacer algo que fuese honesto a nosotros mismos. Marcó nuestras vidas. Es una época a la cual me encantaría volver, pero no sé si es el momento para hacerlo, porque también este es un gran momento para nosotros. Sin embargo, hay algo de esa experiencia que guardo y que desearía repetir. No sé si cambiaría algo de ese álbum, pero claramente es una etapa de Yard Act que atesoramos y recordamos con mucho cariño». Al recordar "The Overload", James vuelve siempre a la misma idea de honestidad. Escribir desde ese lugar terminó abriendo el camino que los llevó a compartir escenario con The Hives. Si Yard Act entiende el humor como una forma de pensar, los suecos parecen convertirlo en una forma de habitar el escenario. James todavía recuerda el impacto de verlos cada noche desde un costado: «supe que estuvieron hace poco en Chile. Como pudiste ver, son una banda llena de energía. Sigo en contacto con ellos porque fueron muy amables al invitarnos a su gira. Aprendimos muchísimo. Recuerdo la primera vez que los vimos sobre el escenario y quedé impresionado por lo magnéticos que son y por la forma en que se enfrentan al público. Cuando estás detrás del escenario con ellos entiendes perfectamente por qué la gente los quiere tanto». Quizás las influencias también se construyen de esa manera, a veces basta con observar cómo una banda es capaz de sostener la atención de miles de personas sin renunciar a su personalidad. Quizás ese también sea el recorrido natural de una banda que ha aprendido a construir comunidad desde la honestidad. Después de todo, las canciones terminan de existir cuando encuentran a quienes las reciben. Tal vez sea solo cuestión de tiempo para que Yard Act cruce el océano y descubra que, al otro lado del mundo, también hay un público dispuesto a encontrarse con ellas. Tags #Yard Act #2026 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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