Codeine: destellos de una estrella muerta Pioneros slowcore desplegaron sus temas más emblemáticos Jueves, 09 de Octubre de 2025 Miércoles 09 de octubre de 2025, Centro Cultural San Ginés Galería de fotos, aquí. Si se es un aficionado a la astronomía, lo más probable es que el concepto de “supernova” no sea ajeno al vocabulario. Y, si se es melómano, probablemente tampoco. No porque exista un grupo nacional llamado Supernova –lo que también es cierto–, sino porque ocurre en ocasiones que una banda “muerta” brille incluso más que cuando estuvo en la plenitud de su carrera. Una supernova es, entonces, aquel destello maravillosamente cegador que ocurre cuando una estrella colapsa, muere, detona y dispersa todo su peso a través del universo. Es justo en ese instante cuando alcanza el máximo de su esplendor. Y, como ocurre muchas veces en el espacio, pueden pasar años (¡miles, millones!) antes de que dichos eventos sean visibles desde nuestro sistema solar. En Chile, la noche del 8 de octubre ocurrió algo así. El trío neoyorquino Codeine debutó en nuestro país y llenó el Centro Cultural San Ginés con lo más deslumbrante de una carrera breve, pero tan densa como la nebulosa que dejó su paso por los años noventa con sus dos álbumes de estudio, “Frigid Stars” y “The White Birch”. Antecedidos por el dúo instrumental de krautrock y ambient Tierra del Fuego, los pioneros del slowcore abrieron su espectáculo con la emblemática ‘D’, canción que también da inicio a su primer LP y que, de alguna manera, resume la totalidad de su sonido con aquella marcha lenta, pesada y melancólica. La voz de su vocalista y bajista Stephen Immerwahr, llenó cada espacio del teatro mientras enumeraba la serie de fracasos que relata dicha canción, intensificando el aspecto ya depresivo de la pieza. De la misma manera, números posteriores como ‘Cigarette Machine’ (en la que predomina el spoken word y acordes reminiscentes a Slint) o ‘Barely Real’ (extraída del EP que lleva el mismo nombre) permitieron lucir el tono de guitarra de John Engle, quien hizo maravillas con la simpleza de sus acordes y un riff mínimo, apoyándose principalmente en los arpegios y la saturación controlada de un amplificador sobre el cual el baterista Chris Brokaw deslizó un pulso impecable. Y luego resonaron los acordes de ‘Loss Leader’, una de las piezas fundamentales del conjunto y canción icónica de su segundo álbum “The White Birch” (de la cual Immerwahr comentó durante el show que estaba inspirada en otra banda que firmó contrato con un sello multinacional), y el público enmudeció. El silencio sepulcral abrió paso para que la canción, casi a modo de rito fúnebre, fuera elevándose hasta aquella maravillosa explosión del coro que reza “Water, running down / Water, running down / Running down”. Pero esa agua corría como un caudal, una masa violenta empujada por el muro de sonido de la guitarra de Engle y los platos de Brokaw. Otras canciones que complementaron el setlist cuidadosamente curado fueron ‘Median’ (cuyo único registro es una Peel Session incluida en el compilatorio “When I See the Sun”), ‘Washed Up’, ‘Tom’, ‘JR’, ‘Sea’, ‘Pick Up Song’ y, llegando al final de la primera parte del show, ‘Atmosphere’, un sobrio cover a Joy Division. En ‘Pea’, Brokaw abandonó sus baquetas y tomó el bajo, mientras Immerwahr se dedicó a esgrimir la desgarradora letra de la balada que da nombre al antes mencionado álbum compilatorio, rescatado por el sello The Numero Group en 2012. Dicho sello, además, ha recuperado parte de la discografía del conjunto, como “Dessau”, disco grabado en 1992 y que originalmente iba a ser el sucesor de “Frigid Stars”, pero que por ciertas manías de su vocalista no vio la luz hasta 2022 (más sobre eso en la entrevista oficial de Rockaxis a Chris Brokaw). La retirada de la banda para el bis no fue más que un gesto, tan breve que causó risas entre sus miembros y el público, un acto más bien “protocolar” que derivó en el último tramo del show, comenzando con otro de los clásicos del trío: ‘Cave-In’. Este verdadero derrumbe emocional terminó de erigir la litúrgica presentación como uno de los actos más potentes del año, sin duda alguna. La estridencia de los coros, violentamente contrastada por los arpegios silentes y la grave voz de Immerwahr, fue uno de los puntos álgidos de la jornada, que culminó con ‘Promise of Love’ y ‘Broken-Hearted Wine’, una de las canciones más devastadoras del repertorio de los neoyorquinos. Devastadora, sí, pero también cálida e invitacional. Con Brokaw nuevamente al bajo, Engle paseándose por no más de cinco acordes y otra vez las estoicas vocales de Immerwahr, el teatro se inundó de una nostalgia sin precedente, mientras la luminosidad frígida traída por el grupo se iba apagando, como si tres estrellas moribundas estuviesen muriendo treinta años atrás, sin imaginar nunca que esa explosión cargada de emociones y angustia aterrizaría en tierra lejana y dejaría una nebulosa de alegría desoladora. El manejo de la energía, la rabia y la tristeza fue, claramente, una de las mayores fortalezas del concierto. Codeine es una banda que hizo su carrera sobre el silencio, más que por sobre el ruido como tal; precisamente la maleabilidad con la que sus canciones utiliza los espacios es uno de los puntos más destacados de su obra, y eso quedó evidenciado gratamente durante su concierto de hora y media, en el cual también participó un público tremendamente respetuoso y paciente (algo que el propio vocalista aseguró al decir que “nunca había habido tanto silencio en un show de Codeine”). Por lo demás, hay algo maravilloso en esas reuniones de bandas del mundo underground que deciden regresar después de años de retiro solo por el mero placer de reencontrarse; reencontrarse entre ellos, los amigos con los que compusieron, tocaron y pelearon en la soledad de un garage o una sala de ensayo mal aislada; reencontrarse con los fans, los que los seguían desde el comienzo o los que solo los conocieron cuando el destello de su muerte los alcanzó a la distancia; reencontrarse con ellos mismos, con esa parte que quedó sepultada en los acordes, los ritmos y la poesía. Y entonces nace la magia, pero es otro tipo de magia: la mágica fuerza para concluir algo, que, en el caso de Codeine, no tiene que ver con la de lanzar nueva música (puede que lo hagan, puede que no), sino con la de visitar lugares que antes no pudieron ver y tocar canciones que extrañaban oír de sus propias bocas e instrumentos. No hay plata de por medio (no más que la solvencia de gastos mínimos, probablemente), es simplemente pasión. Una supernova. Eso es lo que se vio el pasado 8 de octubre en el teatro San Ginés: el destello de una estrella muerta que a comienzos de los noventa explotó humildemente y sin más pretensiones que las de sacarse algo del pecho, de la guata. Como debe ser. Fabián Escudero Fotos: Vicente Chacón Tags #Codeine Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. Ultimos Contenidos Rock Articulos REC: La música es nuestra Miércoles, 29 de Abril de 2026 Rock Articulos FTMining ha lanzado un servicio gratuito de minería en la nube para BTC, DOGE y LTC, con ingresos diarios de hasta 9.900 dólares Miércoles, 29 de Abril de 2026 Rock Noticias A Perfect Circle visitará Chile Miércoles, 29 de Abril de 2026 Rock Noticias Star Wars Sinfónico llega a Valparaíso y Concepción Miércoles, 29 de Abril de 2026 Rock Noticias Con Pedropiedra, Javiera Electra y más: Ciclo Armónica se tomará el GAM Miércoles, 29 de Abril de 2026 Rock Noticias Festival de Música al Margen 2026: Convocatoria abierta Miércoles, 29 de Abril de 2026 Rock Noticias Concurso: The Lumineers retorna a Chile Miércoles, 29 de Abril de 2026 Rock Noticias 'Call It In': Escucha el regreso de Editors Miércoles, 29 de Abril de 2026