The Adicts: Una despedida que se niega a terminar El regreso que convirtió el Coliseo en carnaval Lunes, 23 de Marzo de 2026 Domingo 22 de marzo, 2026 Teatro Coliseo, Santiago Galería de imágenes AQUÍ Hablar de The Adicts es sumergirse en una de las propuestas más teatrales, irreverentes y reconocibles del punk británico. Formados a fines de los 70, en plena efervescencia del género, lograron construir una identidad única inspirada en la estética de La naranja mecánica, combinando coros pegajosos, actitud callejera y un espectáculo visual que los ha mantenido vigentes durante décadas. Lo que parecía una despedida definitiva con su "Adiós Amigos Tour" en 2025, terminó convirtiéndose en una especie de reencuentro necesario con su público chileno. Y así, la noche del 22 de marzo en el Teatro Coliseo, la historia sumó un nuevo capítulo. La jornada comenzó con los nacionales Mono Modo, quienes tuvieron la misión —nada sencilla— de encender los motores de una audiencia ansiosa. En un set breve pero efectivo, la banda mostró actitud, energía y una propuesta que conectó rápidamente con el público. Sin embargo, el sonido no siempre estuvo de su lado; por momentos, la mezcla jugó en contra y desdibujó parte de su potencia. Aun así, lograron cumplir su cometido: abrir la noche con carácter y dejar al público en sintonía. Luego fue el turno de Subradical, quienes llevaron la intensidad un paso más allá. Con un set rápido, directo y sin concesiones, dejaron en evidencia lo bien aceitado de su propuesta y, sobre todo, el disfrute genuino que transmiten sobre el escenario. Pero nuevamente, el sonido se convirtió en un rival incómodo: desajustes en la ecualización hicieron que por momentos todo se sintiera confuso. A pesar de esto, la respuesta del público no decayó, demostrando que cuando la actitud está, el resto pasa a segundo plano. Con cerca de 30 minutos de retraso —que se hicieron más llevaderos gracias a una audiencia que coreaba cada canción de la playlist de fondo— llegó el momento esperado. Las luces se apagaron y comenzó una extensa introducción que fue elevando la tensión: ‘Beside the Seaside’, la imponente ‘William Tell Overture (Finale)’ de Gioachino Rossini y ‘Title Music From a Clockwork Orange’ de Wendy Carlos marcaron el ingreso progresivo de la banda. Uno a uno, los integrantes tomaron su lugar… hasta que apareció Monkey. Y ahí, simplemente, el teatro explotó. El arranque con ‘Let’s Go’ fue una declaración de principios: desde ese instante, todo fue una fiesta desbordada. Sin pausas, sin respiros, el show avanzó directo al corazón del público con ‘Joker in the Pack’ y ‘Horrorshow’, consolidando una conexión inmediata. ‘Tango’ y ‘Don’t Exploit Me’ mantuvieron la intensidad, mientras ‘Johnny Was a Soldier’ y ‘How Sad’ aportaron ese equilibrio entre melodía y crudeza que define a la banda. La energía no decayó en ningún momento. ‘4321’, ‘Fucked Up World’ y ‘Numbers’ fueron coreadas con fuerza, mientras ‘Troubadour’ e ‘I Am Yours’ mostraban la versatilidad del repertorio. ‘Angel’ y ‘Telepathic People’ sumaron matices antes de que ‘Daydreamers Night’ y ‘You’re All Fools’ devolvieran el golpe con potencia. Para entonces, la euforia ya era total: el público se abalanzaba hacia el escenario, contenido a duras penas por seguridad, en un intento constante por acercarse a la banda. Sobre el escenario, Monkey fue el epicentro del caos controlado. Carismático, teatral y absolutamente entregado, lideró un espectáculo donde no faltaron juegos con la audiencia, regalos lanzados al público y múltiples agradecimientos. Su performance —cada vez con menos elementos sobre su vestuario— fue un show dentro del show. A su lado, Pete Dee en guitarra desplegó una energía arrolladora, mientras Kid Dee, desde la batería, sostuvo el pulso con la solidez de quien ha hecho esto toda una vida. El tramo final fue simplemente demoledor: ‘Rockin’ Wrecker’, ‘The Odd Couple’ y ‘My Baby Got Run Over by a Steamroller’ mantuvieron el frenesí, seguido de ‘Just Like Me’ y ‘Who Spilt My Beer?’ que desataron una nueva ola de caos colectivo. ‘Fuck It Up’ y ‘Crazy’ elevaron aún más la intensidad, preparando el terreno para clásicos como ‘Chinese Takeaway’ y ‘Bad Boy’. El cierre no podía ser de otra forma. ‘Viva la Revolution’ fue un himno coreado por todos, una declaración que resumía perfectamente el espíritu de la noche. Luego, la emotiva ‘You’ll Never Walk Alone’ —de Rodgers & Hammerstein— aportó un momento de comunión total entre banda y público, antes de que ‘Bring Me Sunshine’ sonara desde las cintas mientras el grupo se despedía, dejando en el aire una sensación de felicidad compartida. Finalmente, ‘La gazza ladra: Overture’ de Rossini acompañó la salida, como un guiño elegante para cerrar una noche que tuvo de todo. Lo de The Adicts en Santiago no fue solo un concierto: fue una celebración. Una de esas noches donde el punk se transforma en carnaval, donde la nostalgia se mezcla con la vigencia y donde queda claro que, despedida o no, hay bandas que simplemente no saben —ni quieren— decir adiós. Matias Arteaga S. Fotos: Hernán Urtubia Tags #The Adicts #Subradical #Monomodo #Mono Modo Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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