Oasis: un sueño agonizante Una historia de ruido y confusión Miércoles, 23 de Octubre de 2024 Tenía seis años en el 2009, cuando Noel Gallagher abandonó Oasis tras bambalinas en París, luego que Liam hubiese destrozado su guitarra. Para entonces, la banda venía de una gira arrastrada del año anterior en promoción de “Dig Out Your Soul” (2008), su último disco hasta la fecha. No había conciencia en mí de quienes eran los Gallagher o qué era Oasis, pero sí me sabía de memoria algunos de sus grandes clásicos, ‘Wonderwall’, ‘Don’t Look Back in Anger’, ‘Stand by Me’. El 27 de agosto de este año me encontraba volviendo de un bar a mi casa, eran cerca de las tres de la madrugada y no quería dormir: las 3 AM en Chile eran las 8 AM en Inglaterra, Oasis anunciaba su regreso. La historia de los Gallagher está lejos de ser una taza de leche; sexo, drogas, rock and roll y pataletas marcaron lo que fue la banda inglesa más grande de los 90 y uno de los históricos de la guitarra y poesía. El nacimiento de Oasis fue un hecho violento en sí. Un compañero de colegio, harto del matonaje de Liam le regaló un martillazo en la cabeza. Con el cráneo sangrante y una sonrisa por haber hecho la cimarra, el futuro cantante fue hospitalizado. Previo al golpe -en sus palabras- los músicos le parecían raros, tontos y golpeables, hasta que en su mente comenzó a escuchar canciones y una noche soñó con John Lennon, quien sería su gurú al punto de nombrar Lennon Gallagher a su primer hijo. Noel por su parte, cinco años mayor que Liam, estaba de gira como roadie de Inspiral Carpets cuando, en mitad de una llamada con su madre, se le ocurrió preguntar por el cabro chico de la casa. - Liam está ensayando. - ¿Ensayando? ¿No se habrá unido a un grupo de Shakespeare? - No, no. Tiene una banda. - ¡¡¿Una banda?!! ¡¡¿Haciendo qué?!! - Es el cantante. - ¡¡¿El cantante?!! - Sí, eso me dijo. De regreso en Manchester, Noel fue a ver al grupo The Rain, donde su hermanito encorvado, sujetándose del micrófono como si estuviera curado, cantando sus propias canciones con una voz dulce y arrolladora a la Lennon, y la actitud de un mocoso pesado y rebelde como Johnny Rotten. Liam cambiaría el nombre del grupo a Oasis e invitaría a su hermano a unirse: “Toca esa canción que siempre cantas”, ‘Live Forever’ invadió el lugar con el sonido de una guitarra barata y la triste voz característica del compositor. Aspirando de un sorbete Cuando estaba en el colegio por allá en 2016, se estrenó el documental “Supersonic”. Lo vi como 5 veces en Netflix y le pedí a mi mamá que me comprara una larga parka verde caqui, que estilaba en los patios junto a mis compañeros. Algo así debieron sentirse los jóvenes británicos en 1994 cuando se publicó la canción himno del gin con tónica que, con un riff pegadizo y la voz indomable de Liam, llegó al N°31 en Inglaterra y sería el puntapié para la publicación de “Definitely Maybe”, disco del mismo año que sería parte del top 10 de todas las listas inglesas. Un grito de los jóvenes de clase obrera de Manchester, sin nada que hacer y sin nada por lo que valiese la pena luchar, sólo cigarros y alcohol para pasar el día. Los hermanos comenzaban a sentirse bien con la fama y a los cigarros se les sumaron otras drogas, más intensas, más rock and roll. Tras una caótica presentación en Los Angeles, Liam y los otros -acelerados en meta- insultaron al único sobrio del lugar: Noel, provocando su salida momentánea del grupo y con ello, una de sus canciones más simples y hermosas: ‘Talk Tonight’. Una conversación con una chica desconocida en el cuarto de un hotel, guitarra y un pasado plagado de traumas y esperanzas sin alas, dieron fruto a un romántico lamento que se quiebra al son de las cuerdas metálicas de su Gibson. Los noventa se agrietaban a la mitad, un terremoto parecido a lo que fue la Beatlemanía remeció las calles de Londres: “(What’s the Story) Morning Glory?” nació para nunca morir. Aburrido de ver la carretera pasar como una película de cine mudo, Noel quebró el silencio para mostrar al resto sus nuevas composiciones. Las lágrimas de Bonehead al escuchar por primera vez ‘Champagne Supernova’ fueron un atisbo de lo que se venía, el disco se instaló en el N°1 en varias listas mundiales, arrasando con sus rivales de Blur. Himno tras himno, Oasis era lo más grande de la época. Un año más tarde el grupo pondría la guinda en la torta llenando el Knebworth Park con alrededor de 250.000 jóvenes de patillas largas y lentes redondos vitoreando al unísono la lírica de Gallagher. La batalla del britpop estaba ganada -al menos en lo comercial- y Noel parecía tener un árbol de canciones en su casa. Un taciturno escritor disléxico, que toca la guitarra como diestro siendo zurdo; un rebelde empedernido, parado ante un mar de gente cual profeta, escondiendo la mirada en sus lentes oscuros, estirando el cuello hacia el micrófono rugiendo como la brisa invernal al azote del mar: una laguna de agua turbia en mitad de los suburbios. La bocota de Oasis ha sido tan famosa como sus canciones, pero estas son quienes mejor les definen. El grupo es como el inicio de su obra magna, el dulce rasgueo de ‘Wonderwall’ se escucha a lo lejos, alejándose para interrumpirse con el riff enérgico de ‘Hello’, Liam aparece, tierno y desgarrador: “No siento como si te conociera, tú ocupas todo mi tiempo”. El pre-coro es tan destructivo como un rayo, hermoso y explosivo. Así los hermanos te saludan, a la vez que te mandan a la mierda. Nadie mencionó la cotidianeidad tan afiladamente como Noel y nadie la vomitó con tanto carácter como Liam, la música no volvió a ser la misma y los años parecen escapar al tsunami de Oasis y su porfía por ser invencibles. Emergencia: salida con estilo Moría un siglo, moría un milenio, moría el britpop; para 1997 Blur publicaba su disco homónimo, un jugueteo tomado de lo alternativo y grunge de Norteamérica -recogiendo desde Daniel Johnston hasta Sonic Youth y Nirvana- a lo lofi y alternativo. Un trabajo que gracias a la experimentación artística -y con heroína- le valió a Damon Albarn y compañía, uno de esos galardones invisibles titulados “incomprendido” o “adelantado”. Uno de los creadores del movimiento se transformaba en su verdugo. Los Gallagher por su parte permanecían encerrados en su vida de rockstars y Oasis se despedía de su etapa ícono con “Be Here Now” del mismo año, un álbum rodeado de excesos y conflictos, tanto al interior como al exterior de la agrupación. Noel más tarde lo tildaría de un “fraude” al rock and roll. Aún así, el disco deja momentos memorables: el miedo mortal de ver decaer a una madre, despertar en un mundo de plástico y diamante cuando hace pocos años temías que alguien robara tus sueños, estar cansado de escuchar la voz de ese alguien por teléfono. La revista Q lo definió como “el equivalente musical de la cocaína” y para los fans -y los mismos hermanos- fue un sinónimo de división, para algunos genial, para otros un reciclaje innecesario. Sin embargo, los chilenos podemos agradecerle, pues gracias a la gira de promoción, Oasis tocó por primera vez en el país un 14 de marzo de 1998 en el estadio San Carlos de Apoquindo, la primera de tres citas con Santiago. Así el grupo dejaba pasar la década con la salida de Bonehead y Guigsy -guitarrista y bajista fundadores- en 1999. El gran destello de Manchester, juventud: un anhelo quebradizo y pasajero. Se vende un alma El escritor recibió al nuevo milenio con una crisis por abstinencia, rodeado de fantasmas en mitad del campo. “Si hay un Dios ¿me daría otra oportunidad? Una hora para cantar por su alma” gritaba Liam en aquel concierto de Wembley del 2000 con Gem Archer y Andy Bell como nuevos jugadores -show que gestaría el disco en vivo “Familiar to Millions”- a la vez que atravesaba su primer divorcio. “Standing On The Shoulder Of Giants” significó un cambio desde la música hasta la imagen, con un nuevo logo diseñado por Archer, Oasis sonaba a los 2000. Jugando con samples, sintetizadores, el debut de Liam como compositor y una portada futurista del presente, el disco fue un salto psicodélico y de reinvención. El polvo blanco quedaba fuera del estudio, así como de las letras, los rayos de sol del sur de Francia calentaron la garganta de Liam para dejar atrás su voz pueril y llegar a un tono rasposo que pegaba perfecto con la estética del álbum. Sin embargo, la obra pasó relativamente desapercibida sin alcanzar las cifras a las que estaban acostumbrados. A este le siguió el “Heathen Chemistry” (2002) con uno de sus mayores éxitos ‘Stop Crying Your Heart Out’. El disco fue -en palabras de Noel- un entierro de todo lo rancio del pasado y un flotador a la creatividad. Uno de sus mejores temas -'Songbird'- fue compuesto por Liam, quien por primera vez estaba más concentrado en escribir que en tomar -según su hermano-. El cantante había tenido un momento “bíblico” bajo un árbol, tocó tres acordes y en dos minutos tuvo la letra. Un crack. “Don’t Believe The Truth” de 2005, sería la última venta del alma de Noel para tocar las nubes con los pies en el barro, el último aliento rocanrolero en conjunto de los hermanos. Un retorno a las guitarras ostentosas y a los coros hechos para que miles de fanáticos queden disfónicos. La búsqueda por una bocanada somnífera envuelta en el estruendo de una avalancha. La voz de Liam estaba rota, no sonaba a él si no fuera por el empeño que ponía en cada palabra para que saliera con actitud, Noel en los shows se veía apático y la gira fue un reflejo de ello. Entre los disfónicos estuvo el Velódromo del Estadio Nacional el año 2006 con alrededor de doce mil personas, donde el sonido jugó una mala pasada, Liam solo podía entregar carisma y Noel participó largos ratos dando la espalda. Cuenta la leyenda, que Los Bunkers -teloneros- sonaron mejor. Solo tres años les quedarían de vida, nadie sabe esas cosas, pero su etapa final inconscientemente fue una reverberación anticipada de ello. Hibernar camino al sol que explota a años luz, sentir el fin y hacerse el tonto. “Dig Out Your Soul”: el resultado de una supernova, una nebulosa brillante que se desvaneció en cuanto conoció el viento. Es todo lo que conozco El 2008 sería el punto final de la banda en el estudio, un disco que pareciera ser el pronóstico de una muerte inconsciente. Liam se luce con una canción propia, 'I'm Outta Time', con su voz escabrosa y cansada que distaba de lo que fue alguna vez. La mirada compungida de Noel se acentuó en los shows, teniendo mayor protagonismo como cantante para darle un descanso a su hermano. Para 2009 se desvanecerían sin dar aviso, siendo el Movistar Arena uno de sus últimos shows. Sin quererlo, el 5 de mayo fue la última vez que se vería a los Gallagher juntos en el país, para tres meses más tarde no hablarse -al menos directamente- por casi dos décadas. Un disco beatlesco, un lamento resignado que se difumina a la sombra de las guitarras. Vamos, vuela, ya lo sabes Los Gallagher seguirían por caminos separados, Liam y el resto de la agrupación crearían Beady Eye, proyecto que lo traería a Chile nuevamente en 2011 y que se disolvería tres años después con dos discos en el bolsillo; para luego, en 2017, estrenarse como solista con cuatro títulos hasta el momento, uno de ellos en colaboración con el gran John Squire de The Stone Roses, aterrizando en Santiago en dos ocasiones: su tropezada estancia en Lollapalooza el 2018 y en octubre de 2022 con un camino en solitario ya recorrido. Noel se daría un parón y en 2011 publica el primer disco de “Noel Gallagher’s High Flying Birds”, proyecto solista donde se vería la cara más experimental del compositor, llegando a colaborar en proyectos como Gorillaz y estando en Chile otras tres veces, en 2012 -con su recordado paso por el bar “Barbazul” de Providencia, donde lloró con el triunfo del Manchester City-, 2017 -como telonero de U2- y 2018 -con una visita doble donde una de las paradas fue el Gimnasio Municipal de Concepción, repitiendo su hazaña en el “IrishBar”-. Como un monstruo, Oasis pisa fuerte vaya donde vaya, sin dejar indiferente a nadie. Los hermanos que escaparon de las golpizas de su padre y se volvieron las más brillantes estrellas de su tiempo, los hermanos que se aman y odian a más no poder e hicieron de su personalidad un rostro duro para la fragilidad de su música. Eres libre de hacer lo que quieras, de volar un helicóptero, de irte a vivir al lado del mar; es solo un sueño agonizante, despertarás y vivirás para siempre. Su reunión no es solo un hito musical, sino también cultural, quienes hicieron de todo lo que amaban, parte de su mundo: su estilo, su arte, la forma de andar y su forma de decirle a este horrible mundo que es bello estar aquí y que, si no te gusta, pues jódete. Por ahora, sigo buscando ese polerón Umbro azul para asistir al inminente regreso de los hermanitos a Chile, pero apenas me alcanza para las Adidas Spezial. Benjamín Sandoval Schuffenegger Tags #Oasis #Liam Gallagher #Noel Gallagher Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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