The Strokes: "Reality Awaits" bajo la lupa Analizando su séptimo LP desde varias miradas Viernes, 28 de Agosto de 2026 Publicado originalmente en revista Rockaxis #278, agosto de 2026. ¿Qué tantas cosas pueden pasar en 25 años? ¿Quiénes somos y quienes fuimos en más de un cuarto siglo de diferencia? La pregunta parece invitar a algo más que detenernos a pensar en el inexorable paso del tiempo, en las cosas que hemos hecho, aquello que nos arrepentimos o que volveríamos a hacer sin dudar. Sin embargo, para The Strokes estos más de 25 años de trayectoria parecen ser un punto de análisis retrospectivo de lo que ha ocurrido tras el lanzamiento de “Is This It”. Karin Ramírez Lo que comenzó con un grupo de jóvenes privilegiados experimentando con instrumentos en un garaje de Nueva York terminó dando origen a “Is This It” (2001), un debut aclamado como la última gran vuelta de tuerca del rock. Hoy, sin embargo, se presentan con “Reality Awaits”, un disco que, en sus capas más profundas, conserva la esencia que los vio nacer, pero la aborda con recursos que solo el paso del tiempo y la experiencia permiten explorar. Casablancas y compañía ya no son aquellos veinteañeros que irrumpieron a comienzos de los 2000. Lo saben. Y, lejos de intentar revivir ese momento, parecen haber comprendido que la mejor forma de dialogar con su pasado es transformándolo. Ante este escenario, resulta imperativo aproximarse a este disco rompiendo, aunque sea levemente, las estructuras clásicas de la crítica. A 25 años del inicio de la trayectoria de The Strokes, vale la pena observar esta entrega desde una perspectiva más amplia, atendiendo a las decisiones que la banda neoyorquina pone en juego para construir, tensionar y reconfigurar su propio recorrido. Bajo esta premisa, reunimos las miradas de Matías Sandoval, músico de Estoy Bien; Bastián Fernández, periodista y músico de Veinte Tr3ce; y Bárbara Henríquez, periodista de Rockaxis, para pensar este nuevo capítulo de The Strokes desde distintas experiencias de escucha, creación y análisis. Nuevos discos, nuevas drogas Para quienes medimos el tiempo en base a discos y lanzamientos, “Reality Awaits” funciona como ese hito que no pasa desapercibido. Tras seis años de silencio –y una pandemia–, este nuevo capítulo de The Strokes consta de nueve canciones, donde la mixtura de sonidos no fue algo fácil de ignorar. Los sencillos fueron evaluados con las peores puntuaciones en sitios especializados como Rate Your Music y Album of the Year, dejando las expectativas de este disco en lo más bajo de su carrera. No obstante, el hype de los fanáticos más acérrimos seguía tan alto como en “The New Abnormal” (2020). Lejos de mediciones cuantitativas, el hecho es que el disco no dejó indiferente a nadie –lo que termina siendo un objetivo cumplido–, pero para profundizar el análisis, lo cierto es que esta nueva entrega es una búsqueda mayor. Sobre esto, Bastián Fernández comenta que este álbum «representa la búsqueda de la banda por nuevos sonidos, siempre bajo la guía de Julian Casablancas, para bien y para mal. El Autotune se va a quedar, es un elemento que, usado de buena forma, ha significado un gran apoyo para su líder. En lo musical, y lo que me parece más atractivo, es el deseo por ir al futuro y no repetir la fórmula de su mítico LP debut. Tal vez lo que deja más claro este regreso es que ellos hacen lo que quieren, no les interesa complacer a su audiencia. Les sería más rentable hacer la misma canción una y otra vez». Desde una perspectiva compositiva, Matías Sandoval agrega que «lo primero que se me vino a la mente fue el contraste entre la nostalgia de su composición y la modernidad de su producción. Esta mezcla define muy bien la identidad actual de The Strokes: una banda que busca mantenerse vigente mediante propuestas sonoras frescas, pero sin desprenderse de sus influencias clásicas al estructurar canciones. Destaco temas como ‘Dine N'Dash’, ‘Lonely in the future’ y ‘Going to babble on’; para mí, son los puntos más altos y memorables del álbum». Si la lectura del bajista de Estoy Bien pone el acento en las decisiones compositivas y sonoras del álbum, Bárbara Henríquez desplaza esa discusión hacia el universo temático que atraviesa el disco y el momento histórico en que emerge: «representa uno de los riesgos más grandes que han tomado y, paradójicamente, una de las producciones más aterrizadas de su carrera hasta el momento. Ya no se centran tanto en el sentir desde el mal romántico; el foco está en una sensibilidad colectiva. El deterioro del mundo contemporáneo, el auge de los gobiernos de ultraderecha, la IA y el aislamiento como condición existencial del presente se convierten en el punto de partida para confrontar el lugar donde todo eso los deja, tanto como banda como en su posición de individuos politizados. Todo ese peso social termina alimentando una urgencia lógica de escapismo, algo que se resume en la letra de ‘Going shopping’: The worse reality gets / The less you wanna hear about it». Autotune, sintetizadores y el dilema de los recursos «Cinco de las nueve canciones del nuevo álbum de The Strokes son con Autotune. La superioridad de “The New Abnormal” sigue vigente», reza uno de los cientos de comentarios en X, como si de una cacería de brujas se tratase. En efecto, uno de los debates más interesantes sigue siendo el uso del Autotune. Lejos de cerrar una discusión, el recurso ha abierto múltiples lecturas. Parte de la crítica lo entiende como un diálogo entre la estética del álbum y ciertas sensibilidades del pop contemporáneo, tomando como referencia el fenómeno de “Brat” (2024) de Charli XCX. Otras interpretaciones sitúan al procesador de audio dentro de una continuidad creativa con el trabajo que Julian Casablancas ha desarrollado junto a The Voidz, donde el procesamiento de la voz forma parte de una búsqueda artística sostenida. Desde la perspectiva de Matías Sandoval, el Autotune se comprende como una decisión creativa antes que como una concesión estética: «es simplemente un recurso estético y expresivo más dentro del estudio, por lo que no hay que tenerle miedo ni prejuicio. Como cualquier efecto, si se usa con intención, aporta textura y personalidad a la interpretación. En la mayoría del disco está muy bien integrado, aunque en ciertos momentos (como en el track de apertura) puede resultar un poco distractor y sacar al oyente de la experiencia». En esa misma línea, Bárbara Henríquez profundiza en su uso como una decisión estética que dialoga tanto con el presente de la música popular, como con la evolución creativa de Julian Casablancas: «lo interpreto como una decisión súper intencional, coherente con el estado de la música actual y con el ahora de la banda. Tenemos Autotune y sintetizadores en el trap, reggaetón y pop, ¿por qué escanzalizarnos por su uso en un género como el indie, que fue hecho justamente para experimentar? La diferencia es que aquí lo sintético tiene una razón artística: acentuar esa sensación corporal y sonora de distancia y escapismo que es la premisa del LP. Una técnica vocal que, por lo demás, Casablancas lleva usando desde los tiempos de “Angles”, en 'Instant Crush' o hasta con The Voidz. Tengo la teoría de que “Brat” fue un catalizador decisivo. Algo pasó cuando se juntó con Charli XCX en el remix de 'Mean girls', donde vio el tremendo fenómeno global en el que se convirtió y ahí terminó de agarrarle más el gusto, convenciéndose de apostar por un álbum entero con esa idea». Pero Bastián Fernández desplaza el debate desde el recurso técnico hacia la voluntad artística que lo sostiene: «artísticamente, es su forma de decirle a su público: seguiremos buscando nuevas rutas, otros caminos de hacer música. Me parece algo digno de destacar. Al menos por parte de Casablancas está el deseo por no envejecer siendo una mala caricatura de sí mismo». Quizás ahí radica uno de los principales méritos –y también de las mayores incomodidades– de este nuevo capítulo de The Strokes. Más que ofrecer respuestas, el disco obliga a revisar las expectativas con las que nos enfrentamos a una banda que lleva veinticinco años redefiniendo su propio lenguaje. La pregunta, entonces, deja de ser si este álbum suena como The Strokes y pasa a ser otra: ¿estamos dispuestos a escuchar a una banda que todavía prefiere arriesgar antes que repetirse? ¿Futuros posibles o pasado permanente? Toda obra importante carga con una pregunta que solo el tiempo puede responder. En el caso de este nuevo álbum, resulta prematuro anticipar el lugar que ocupará dentro de una discografía marcada por constantes relecturas. Aun así, hay una certeza que comienza a tomar forma y se nombra al mismo estilo que un tópico literario “todo pasado fue mejor”. En efecto, la fractura existente entre ‘The New Abnormal” y “Reality Awaits” se vuelve una declaración de principios, porque hoy la banda profundiza un rock cada vez más futurista, lúdico y expansivo, donde conviven sintetizadores, interludios, una mirada política más explícita y el deseo permanente de tensionar sus propios límites, pese a sentirse ajeno a esa sonoridad que los antecedió. Para Fernández, esa condición constituye precisamente uno de sus mayores atributos: «Es muy pronto para saber cómo envejecerá este álbum. Sí hay algo claro; el camino que inició “The New Abnormal” es el que se quedará. Un rock futurista, juguetón y que se da espacio para interludios, no teme de hablar de política y toma postura frente al mundo. Claramente no es un clásico instantáneo, ni tampoco es un mal álbum. Por supuesto que las redes sociales toman todo como el mayor fracaso o un acierto total. Para bien o mal, es un trabajo que queda en el limbo. Tal vez lo más importante es saber que Casablancas y compañía todavía tienen algo que decir, mostrar y expresar. Lo que está mal no tiene tanto que ver con ellos; no volverán a hacer un álbum para salvar el rock, y si es que debe ser rescatado». Esa idea dialoga con la lectura de Henríquez, quien propone observar el disco desde una perspectiva histórica más que inmediata: «probablemente las dos cosas. Si hay algo que la historia demuestra es que algunos álbumes que de entrada incomodan suelen envejecer mucho mejor que los que gustan por ser lo que "se espera de". Tiene buenos argumentos como para volverse una obra importante por el simple hecho de atreverse a romper la inercia. En ese sentido, me recuerda mucho a lo que pasó con “Tranquility Base Hotel & Casino” de Arctic Monkeys, que encontró su revalorización tardía cuando su público más joven finalmente maduró a la par del álbum. Asimismo, creo que encapsula muy bien este preciso momento sociopolítico, y eso puede asegurar cierta vigencia». Pensar en el futuro de este álbum también implica imaginar su paso al escenario. En noviembre, The Strokes volverá a Chile como uno de los nombres principales de Fauna Primavera, un show que probablemente ofrecerá las primeras pistas sobre cuáles de estas canciones lograrán instalarse en el repertorio de la banda y cuáles quedarán como parte de un momento específico de su trayectoria. Para el baterista de Veinte Tr3ce, hay composiciones que parecen tener un destino asegurado en vivo: «'Going shopping' me parece que estará sí o sí en los setlists del futuro. 'Lonely in the future' calza perfecto con un bloque en el que quieran colocar algo de “Angles”. Su espíritu bailable y filoso la hace ideal para esos shows en solitario del grupo. Dudo que aparezca en formato festival. 'Going to babble on' puede convertirse, con el pasar de las escuchas, en un fuerte de su en vivo. Es una de las mejores logradas del álbum, le da respiro a lo musical y el hook de guitarra que marca las secciones del track es irresistible». Sandoval amplía esa proyección desde el lugar que ocupa este trabajo dentro de la evolución de la banda: «siento que es un disco que demuestra que The Strokes sigue activo, consumiendo música nueva y creando para sí mismos. Muestra una versión contemporánea de la banda, más dispuesta a la experimentación. No sé si con el tiempo se convertirá en un clásico indispensable, pero sin duda es un paso valiente y honesto en su evolución». En tanto, la periodista de Rockaxis coincide en que algunos sencillos tienen el camino despejado hacia el directo, aunque reserva una apuesta personal para el repertorio en vivo: «objetivamente, 'Falling out of love' y 'Going shopping' van de una al repertorio. Ambas por caer en la categoría de single, pero al mismo tiempo por ser los componentes con más peso de todo el álbum». Al terminar este recorrido, vuelvo inevitablemente a “First Impressions of Earth” (2006), un disco olvidado, pero que en efecto marca un punto donde la desprolijidad del rock se vuelve estructura, permitiendo a The Strokes encontrar su mayor fuerza cuando decide expandir sus propios límites. Quizás por eso este nuevo álbum no necesita parecerse a sus clásicos para justificar su existencia. La pregunta, entonces, ya no parece ser qué disco queremos que vuelvan a hacer, sino una mucho más incómoda: ¿queremos escuchar a The Strokes de hoy o seguimos persiguiendo el recuerdo de quienes fueron hace más de 20 años? Tags #The Strokes #2026 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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